Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2018

Uruguay
El cerrojo progresista

Ernesto Herrera
Correspondencia de Prensa


8 de marzo de 2018. Todas juntas. Portadas de diarios y noticieros televisivos dan cuenta de la enorme demostracin. Las redes sociales explotan de feminismo. Gobernantes y opositores se tien de morado. Ms de 200 mil personas. Mujeres de todas las edades. La colorida multitud tapiza un largo tramo de la principal avenida de Montevideo. Cientos de videos difunden las imgenes del caleidoscopio. Impresionante.

Las demandas de gnero y equidad tienen como destinatarios los poderes del Estado (gobierno parlamento, justicia). La horrible ola de femicidios y la imparable violencia domstica (que afectan sobre todo a mujeres jvenes, trabajadoras y pobres), agregan la cuota de indignacin y de rabia. Al paso de la marcha, en una pantalla gigante del Impo (Centro de Informacin Oficial) se lee que Uruguay es el pas con el ndice de asesinatos de mujeres ms alto del mundo. Lo que, de ser exacto, vendra a contrariar cifras de Naciones Unidas y CEPAL (Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe), que hablan de un pas con poca violencia de gnero. (1)

La brecha salarial figura entre los tantos reclamos. Aunque se viene reduciendo paulatinamente, la desigualdad es un insulto: las mujeres ganan un promedio de 23,9% menos que los hombres por la misma tarea. Lo que implica nada menos que si un hombre y una mujer comenzaran a trabajar el 1 de enero en el mismo cargo, la mujer cobrara a partir del 28 de marzo, por lo que trabajara gratis los primeros 87 das del ao. (2)

Los contrastes en las proclamas ledas en el curso de la Marcha, no disminuyen la intensidad del fenmeno social. Reafirman la fertilidad del movimiento de mujeres que se aduea del espacio pblico. An si puertas adentro del feminismo militante se expresan diferencias ideolgicas y generacionales que reeditan el histrico debate entre la autonoma, la institucionalizacin y el rol del Estado. (3)

Infelizmente, la Huelga Internacional de Mujeres no tuvo el mismo eco. Mientras que en algunos lugares se paralizaron las actividades total o parcialmente (salud pblica, liceos pblicos, Universidad de la Repblica, y pocos del sector privado), la inmensa mayora de las trabajadoras no pudieron acompaar la convocatoria. Aun con sindicalizacin, las asalariadas de fbricas, panaderas, tiendas, restaurantes, farmacias, shoppings, supermercados, empleo domstico, limpieza subcontratada, call centers, celebraron el 8 de Marzo trabajando.

Ellas, tambin, exigen respeto, quieren ser libres, vivir sin miedos. Si bien no estuvieron en la Marcha, ni hicieron la Huelga. Se entienden las razones: integran ese 70% de sectores populares imposibilitado de realizar los paros parciales, que decreta el aparato del PIT-CNT. (4)

Constatacin insoslayable. La crtica de la opresin patriarcal, la reivindicacin de los derechos de gnero, y por tanto, la emancipacin de la mujer, son inseparables de la lucha de clases. Sin alterar las relaciones de fuerza entre trabajo y capital, sin desafiar el despotismo patronal, sin eliminar las condiciones de empleo precario y miseria salarial, sin derrotar la amenaza del despido, sin barrer el acoso machista del lugar de trabajo, la condicin femenina continuar en estado de subordinacin. Mucho peor para trabajadoras, solas o jefas de hogar, cuyo ingreso promedio apenas supera un salario mnimo mensual de 430 dlares.

De todas maneras, es cierto que la Marcha de las Mujeres -pese a sus diferencias y limitaciones- comparte el podio junto a la Marcha del Silencio (20 de mayo), y a la Marcha de la Diversidad Sexual, (28 de setiembre). Son las nicas manifestaciones realmente masivas que sacuden, tres veces al ao, la apata poltica.

Aunque sean muy distintas. Por origen, identidades, reivindicaciones. La Marcha del Silencio (5) convocada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, reclama Verdad y Justicia. Exige, incansablemente, el fin de la impunidad, el castigo a los criminales del terrorismo de Estado. (6) Aunque la burla del gobierno persista. (7)

La Marcha de la Diversidad Sexual, convocada por colectivos LGTBI, feministas y culturales, ONGs e instituciones oficiales, resalta derechos conquistados, avances legales, y alerta sobre discriminaciones enquistadas. Muestra un alto componente juvenil. Aunque desde hace unos aos, se nota un sesgo de marketing poltico progresista.

No obstante distintas, convergen en ellas rasgos comunes. Son pacficas, inclusivas, tolerantes. Revalorizan solidaridades. Si bien ninguna establece barreras de clase, ni levanta consignas anticapitalistas, ni pretende subvertir lo establecido. Es decir, no est en sus intenciones desafiar el orden del capital, ni la autoridad legtima del Estado y sus instituciones.

Lejos de una crtica sectaria, es un dato de la realidad. Las tres Marchas presentan una ntida fotografa del pas progresista. Dnde las diversas agendas democrticas de la sociedad civil, superan, largamente, los ndices de conflictividad laboral y las plataformas clasistas del movimiento obrero organizado. Bastara una simple comparacin: el PIT-CNT dice contar con alrededor de 400 mil afiliados (30% de los/as asalariados/as con empleo formal), sin embargo, desde hace muchos aos, no logra reunir a 5 mil trabajadores en el acto central del 1 de Mayo. La Plaza Mrtires de Chicago a medio llenar. Los parques repletos. Tal cual una jornada de asueto familiar.

Horizonte infranqueable

La resistencia social existe. Es defensiva. La cartelera de luchas da cuenta de ello. Movilizaciones por los Consejos de Salarios (negociacin tripartita entre gobierno, empresarios y sindicatos); protestas contra el modelo extractivista y en defensa del agua; trabajadores rurales que exigen el cumplimiento de la ley de 8 horas y el cese de la represin patronal; familiares de adolescentes presos que testimonian las torturas que aplican los funcionarios sindicalizados del Inisa (Instituto Nacional de Inclusin Social Adolescente); clasificadores de basura que reclaman dignificar su tarea; escraches a los impunes del terrorismo de Estado; mujeres en alerta que denuncian la violencia de gnero; reclamos por mayor presupuesto para la salud, educacin y vivienda.

Pancartas y grafitis callejeros aluden al ajuste fiscal, las rebajas salariales, la privatizacin y tercerizacin de servicios pblicos, a la corrupcin (comprobada) en la Administracin de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Parece que gobernara el neoliberalismo salvaje.

Algunas de esas luchas han sido, masivas, radicales. Como la de maestros/as y profesores/as en el invierno de 2015. Tabar Vzquez les decret la esencialidad de los servicios que prohbe la huelga. El Director Nacional del Trabajo era Juan Castillo, ex dirigente del PIT-CNT, hoy secretario general del Partido Comunista de Uruguay (PCU). Fueron reprimidos por las brigadas antimotines de la Guardia Republicana. Perdieron en esa ocasin y sus organizaciones quedaron debilitadas. Cumplindose as el propsito (hecho pblico ante los medios) de Jos Mujica: a los sindicatos de la enseanza hay que hacerlos mierda. Aunque el 1 de marzo de 2010, ya posesionado como jefe de Estado, le anunciaba al Parlamento sus tres principales objetivos: educacin, educacin, educacin. Una radiante Hillary Clinton lo aplauda de pie.

Los sindicatos de la enseanza continan peleando. Igual que miles de trabajadores/as. Sin embargo, las aspiraciones de salario digno y justicia social, no agrietan eso que muchos comentaristas llaman hegemona progresista, la cual, en verdad, funciona como cerrojo ideolgico y programtico. Donde la perspectiva de emancipacin social y el ir ms all quedan encerrados en las dos premisas fundamentales que definen el cambio posible: aceptacin del capitalismo y colaboracin de clases. Las demandas tienen un lmite: el horizonte infranqueable.

Dicho en palabras del jefe de los tupamaros oficiales. Por un lado, la economa capitalista es una herramienta de la prosperidad econmica. (8) Imposible de vencer con decretos o con decisiones meramente polticas. Es un cambio de poca. Utilizamos los recursos del capitalismo con el mximo de inteligencia para tratar de tener sociedades mucho ms calificadas. (9) Por el otro, las discusiones sindicales no pueden ser solo sobre salarios (...) El trabajador se tiene que ir empezando a envolver de las dificultades y los logros que tienen las empresas para exigir que caminen y que adems se reinvierta. No podemos permanecer tan distantes de las vicisitudes que significa la peripecia de una empresa, cuando est en juego tanta cosa. (10)

La profesora Alma Bolon ya lo haba apuntado lucidamente. Mujica no es solamente hroe de la ms exitosa operacin meditico-tica de la que haya registro en estas tierras; sino el regalo con el que la derecha uruguaya nunca se haba atrevido a soar. (11) Tiempo despus de estas lapidarias afirmaciones, un ndice del Instituto Fraser con apoyo del Centro de Estudios para el Desarrollo, un think thank de corte liberal, certificaba que la adscripcin del antiguo guerrillero a las reglas del mercado es absolutamente sincera: durante su presidencia (2010-2015), el pas consigui el mayor grado de libertad econmica. (12)

Las consecuencias de esta espantosa metamorfosis de la izquierda histrica son aplastantes. Entierran principios. Borran antagonismos entre pobres y ricos. Domestican conciencias. No hay clases irreconciliables. La cultura obrera cede lugar al status de clase media. La lucha de clases se vuelve un juego de intercambios negociados o de contrapartidas acordadas. La convivencia ciudadana y el inters nacional como estandartes. Las percepciones socio-culturales se confunden. Hasta las ms elementales.

Los milicos represores pasaron a ser la Polica amiga. Los efectivos del Ministerio del Interior (que dirige Eduardo Bonomi, otro tupamaro oficial) aducen sentirse rehenes en los barrios crticos de la periferia urbana. (13) Vecinos, comerciantes y sindicatos del transporte, los convocan y apoyan. Son el arma institucional para perseguir a los pobres malos y, sobre todo, para castigar a los principales enemigos de la seguridad: los menores infractores.

El parte de guerra es un horror. Durante la presidencia de Mujica se profundiz el Estado punitivo. Se aumentaron los tiempos de privacin de libertad para los adolescentes. (14) La mayora de muertos y heridos en este combate al delito, tiene menos de 35 aos. La tasa poblacin encarcelada es la ms alta de Amrica Latina (15), el 62% de los 12 mil presos y presas es menor de 29 aos. La cantidad de poblacin reclusa femenina aument 583% en una dcada.

La pobreza ya no tiene races socio-econmicas, sino que es un problema personal y privado (16) cuando no consecuencia de un proceso de lumpenizacin y favelizacin. Un alto porcentaje de personas (muchsimas votantes del Frente Amplio) critican los planes sociales, piensan que lo que se hace para bajar la pobreza es ms de lo necesario. (17) Sin molestarse en saber que las transferencias monetarias directas a los hogares ms pobres apenas representa 0,2% del Presupuesto Nacional; ni que 350 mil personas (11% de la poblacin total del pas) todava sobreviven en el ncleo duro de la pobreza estructural. Desde la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) dicen que el pas igualitario muestra signos de fractura. (17)

El PIT-CNT coopera con los proyectos productivos. Respalda la inversin privada, local y extranjera. Los sindicatos de la Construccin y Metalrgicos (dirigidos por el Partido Comunista), admiten la instalacin de la tercera mega-fbrica transnacional de pasta de celulosa: genera empleos y masa salarial. No importan la contaminacin medio-ambiental, las exoneraciones fiscales, ni que las obras de infraestructura vial sean pagadas por el Estado. (18) En todos los casos mejor. Es la ley de Participacin Pblico-Privada que, al fin, empieza a derramar crecimiento econmico. Porque hasta ahora, solo se haba concretado un solo emprendimiento: la construccin de una crcel modelo con 1.800 plazas, donde los presos comern pescado hasta dos veces por semana!

Los gobiernos del Frente Amplio aceleraron la contrarrevolucin agraria. Los propietarios del agronegocio la definen como una revolucin sorprendente (19) Editorialistas liberales son ms punzantes en el juicio. El gobierno Mujica, ser recordado por no haber concretado los desastres que los tupamaros proponan hace cuatro dcadas () No hay reforma agraria (salvo la que desarrollaron con indudable xito los empresarios brasileos en el campo uruguayo), la banca privada es toda extranjera, las relaciones con el FMI son excelentes, las multinacionales y el capital extranjero no slo son bienvenidos sino que han sido llamados con desesperacin por el liderazgo tupamaro () y la extranjerizacin de la tierra se expandi como pocas veces en la historia del Uruguay durante los dos gobiernos del Frente Amplio. (20) Ayuda memoria: Mujica ejerci como Ministro de Agricultura, Ganadera y Pesca (2010-2014) en el primer mandato de Vzquez.

En un contexto desfavorable, los sindicatos de trabajadores rurales denuncian la sobreexplotacin, los salarios de hambre, la persecucin sindical, las agresiones fsicas, las deplorables condiciones laborales. Y luchan. Aunque la tasa de sindicalizacin ronde apenas el 6%. Reclaman fomento de la produccin libre de transgnicos, destinada al mercado interno; crditos a cooperativas. Es decir, proponen otro modelo de acceso a la tierra. Sin embargo, reforma agraria y expropiaciones estn ausentes de la extensa lista de reivindicaciones inmediatas. (21)

Ciclo o parntesis?

1 de marzo de 2018. Ya no hay entusiasmo. Ni multitudes tomando las calles para saludar a Tabar Vzquez, el compaero presidente. Como ocurra 13 aos atrs, cuando el Frente Amplio asuma el gobierno nacional por primera vez. En esta ocasin, el progresismo opt, para defender su gestin, por una nueva estrategia de comunicacin: la Cadena Nacional de Radio y Televisin. Sin barullo militante ni ondear de banderas. As los votantes meditan atentos en sus casas.

La tropa de choque aprueba sin chistar. Tanto el contenido como la modalidad. Son los miles de cuadros polticos y sindicalistas que se reciclaron como gestores/administradores del aparato de Estado. Para empujar ms a la izquierda". Y que siguen atornillados en sus cargos de confianza poltica. Hace rato que abandonaron la tesis de rumbo en disputa. Sus principales instigadores, el Movimiento de Participacin Popular (MPP) y el Partido Comunista, la tacharon del diccionario. Defienden su cuota de poder en la nueva elite gobernante. Ejerciendo clientelismo, comprando Ongs, traficando influencias, usando dineros pblicos. Haciendo carrera como capa social privilegiada.

Ms de una dcada despus de aquel cimbronazo poltico que prometa, segn Tabar Vzquez, un camino de transformaciones que hara temblar las races de los rboles el resultado es, cuando mucho, avaro. Incluso desde una mirada reformista.

Leyes de proteccin laboral; derechos sindicales; recuperacin salarial (entre 2005-2013); reduccin de la pobreza y la indigencia (entre 2005-2015); agenda de nuevos derechos (despenalizacin del aborto, legalizacin de la marihuana, matrimonio igualitario). En fin, 600 mil personas (27% de la poblacin) integradas al confortable consumo de clase media.

No obstante, las asignaturas pendientes superan la lista de materias aprobadas. A pesar de una dcada con record histrico de crecimiento econmico que permiti una recuperacin salarial sin precedentes, casi la mitad de la fuerza de trabajo percibe una remuneracin inferior a los 600 dlares mensuales. (22) El desempleo se ubica en 8,5%. (145 mil personas). Una cifra no dramtica segn el gobierno. Pero en el caso de los jvenes, el desempleo llega casi al 25%. Alrededor de 185 mil personas habitan los asentamientos irregulares. Las 15 mil viviendas populares que Mujica prometi en el marco de su generoso Plan Juntos, fueron menos de 3 mil al final de su mandato. El embarazo adolescente llega al 17% en los barrios ms pobres y a cero en los ms ricos Apenas 2% de los hijos de clase trabajadora accede a la Universidad. En la enseanza pblica, 6 de cada 10 alumnos no completa los seis aos del ciclo secundario. .

Las pautas del programa econmico, certificado por las Instituciones Financieras Internacionales en junio de 2005, en la ciudad de Washington, estn vigentes. Las ataduras a las condiciones que impone la mundializacin capitalista, tambin. La fraudulenta deuda externa se paga puntualmente. Al final, el progresismo result un cambio posible...en la misma direccin.

Por tanto, es una exageracin hablar de dos ciclos o de dos eras. Neoliberalismo y pos-neoliberalismo convergen en la misma lgica. La prosa neo-desarrollista apenas un eufemismo que no modifica la ecuacin. La matriz fue diseada por los gobiernos de coalicin entre colorados y blancos en la dcada perdida de 1990 y as contina. Los pilares son los mismos. Ley Forestal; Ley de Inversiones; Ley de Zonas Francas; Sistema de Administradoras de Fondos de Ahorro Previsional (Afap); Ley de Puertos. Cuando el Frente Amplio, era oposicin de izquierda, se opuso a este proceso de contrarreformas neoliberales, promoviendo en algunos casos plebiscitos y referndums. Ninguna fue derogada en estos 13 aos.

El ciclo progresista consisti, justamente, en ms continuidad. Desregulacin financiera; desnacionalizacin de la produccin y de la comercializacin de los rubros exportables: soja (100% transgnica), carne, arroz, trigo, lcteos; concentracin-extranjerizacin de la tierra; multiplicacin del rgimen de zonas francas; exoneraciones tributarias a las multinacionales de celulosa y mineras; privatizaciones y subcontrataciones.

Los sucesivos gobiernos del Frente Amplio le agregaron: Impuesto a la Renta de las Personas Fsicas (IRPF), primer mandato de Vzquez; ley de Participacin Pblico-Privada (PPP) y ley de Inclusin Financiera, mandato de Mujica (23); privatizacin-tercerizacin de reas y servicios del Banco de la Repblica (BROU), segundo mandato de Vzquez.

La agenda econmica no contempl, en ningn momento, una real distribucin de la riqueza. La rentabilidad empresarial siempre estuvo a cubierto de los vaivenes cclicos de la economa. En todo caso, el progresismo se benefici del parntesis que abri la bonanza de los commodities (entre 2004-2001), para ocultar el conflicto distributivo y generar recursos de inversin pblica y financiamiento del proceso asistencialista de las polticas sociales. Aunque el monto destinado a esas polticas nunca haya alcanzado el 0,4% del PBI. (24)

Desde el vamos, la poltica econmica fue una sola. Coherente. Jams estuvo en disputa. Ni hubo tire y afloje entre dos equipos econmicos. Las directrices fueron marcadas por su principal terico y ejecutor: el solvente Danilo Astori. El historiador y politlogo Gerardo Caetano, a quin nadie puede tildar de radical o desinformado, lo describe con precisin. Me causa mucha gracia cuando me dicen que Astori es el gran perdedor en la interna frenteamplista. En los tres gobiernos frenteamplistas, luego del presidente, ha sido sin duda el hombre ms poderoso en estos 11 aos. Vzquez lo ha respaldado siempre o casi siempre y Mujica, aun cuando lo ha discutido, a la hora de la verdad tambin lo respald. Entonces la mera discusin de la poltica econmica del gobierno frenteamplista se ha convertido en un tab. (25) Lo contina siendo, aun si de vez en cuando hay gritero y rabieta. Y muchos militantes se sientan desconcertados. Incmodos.

Partido de Estado

Nadie pretenda, o siquiera imaginaba, que el Frente Amplio sera un gobierno de ruptura anticapitalista. Que fuera a poner en tela de juicio las relaciones sociales de produccin o que demolera las instituciones del rgimen burgus de dominacin poltica. Tampoco que asumira una postura soberanista ante la prepotencia del campo imperialista. De hecho, est a favor de firmar Tratados de Libre Comercio con quien sea. Por ejemplo, es uno de los socios del Mercosur ms proclives a concretar, rpidamente, el que se negocia con la Unin Europea.

Su definicin estratgica se bas en llegar al poder de Estado, sometindose al rgimen de democracia gobernable. Ya cuando la brutal crisis econmico-financiera de 2001-2003, su compromiso fue preciso: lealtad institucional. Mientras diversos analistas nacionales e internaciones (hasta incluso el FMI) daban que el presidente de entonces, Jorge Batlle (Partido Colorado) estaba con los das contados, amortigu las terribles consecuencias sociales para no incendiar la pradera. No hubo saqueos, ni huelgas generales, ni asambleas barriales, ni gente con cacerolas en los mnibus como en Buenos Aires. Y mucho menos el que se vayan todos. Fue el ltimo examen y lo aprob. El trampoln hacia la victoria electoral de octubre de 2004.

Cierto. El Frente Amplio no lleg al gobierno empujado por una ola de insurgencias populares, ni rebeliones masivas. Es la diferencia con Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela. No estaba obligado a ir por las reformas estructurales del programa antioligrquico y antiimperialista de 1971, cuando su fundacin. La reforma agraria, la nacionalizacin de los bancos privados, la reforma urbana, la nacionalizacin del comercio exterior, no eran ya una sea programtica de la clase trabajadora y sus aliados populares. La crisis de 2001-2003, fue un punto de inflexin. Las demandas bajaron a tierra. El desastroso cuadro socio-econmico pincho la inflacin de expectativas. Haba que recuperar condiciones de vida soportables. Ms de 150 mil trabajadores/as haban perdido el empleo en el sector privado; el salario sufri una cada del 20%; la pobreza y la indigencia sumaban 39%.

En tal sentido, el progresismo se hizo cargo de la herencia maldita sembrada por la crisis del neoliberalismo; recompuso en parte el tejido social, redujo los ndices de pobreza reciente y, fundamentalmente, restaur la normalizacin sistmica. Ejerciendo el poder como partido de Estado. O sea, como partido del orden capitalista. Hecho cualitativo y definitorio que los sectores frenteamplistas desconcertados, por lo general, omiten de sus anlisis. Con mayoras parlamentarias (en los dos primeros mandatos) y sin formalizar un gobierno de coalicin con la gran burguesa como en el caso del Partido de los Trabajadores en Brasil, el progresismo uruguayo aplic con prudencia la estrategia de unidad nacional a partir de una consistente poltica de colaboracin de clases. Que, debe decirse, cont (y cuenta) con un amplio consentimiento social.

Evidente. La decadencia ideolgica de la centroizquierda fue sorteando etapas. Comenz con las distintas actualizaciones programticas, con el acceso al gobierno municipal de Montevideo hace 28 aos, y con la idea verticalista de que los cambios son ms eficientes, duraderos y sostenibles, si se realizan desde arriba. Desmotivando as cualquier proceso de auto-organizacin por fuera de lo institucional (partidos, sindicatos, gremios estudiantiles, Ongs cooptadas). Razones que tambin olvidan los militantes del Frente Amplio que hoy son crticos y se preguntan qu es lo que termin y qu es lo que comienza. (26) Sin responderse sobre la naturaleza y la funcin actual del Frente Amplio.

Las fuerzas polticas que deciden en el Frente Amplio y sostienen al gobierno, ya no pueden considerarse de izquierda, ni en un sentido prctico ni programtico. Su capa dirigente es, esencialmente, un grupo de funcionarios y parlamentarios que viven de los cargos pblicos y las nominaciones electorales; que negocia por dentro del aparato de Estado con un conjunto de enemigos de la clase trabajadora (derecha poltica, poderes mediticos, corporaciones patronales, instituciones financieras internacionales, gobiernos imperialistas o reaccionarios), Una capa social conservadora que, ms all de sus contorsiones discursivas y espasmdicos virajes a la izquierda, es irrecuperable, incluso para una lucha ms o menos reformista. Su horizonte estratgico es el poder por el poder mismo, su programa est desprovisto de un proyecto de nacin soberana y hurfano de cualquier nocin de emancipacin social.

Obviamente, esto no significa subestimar al Frente Amplio como maquinaria electoral. En este terreno seguir gravitando. Tanto como su indiscutida capacidad de volver a reclutar votos y voluntades que se inclinan por lo menos malo para que no vuelva la derecha.

Las conclusiones que resultan de estos 13 aos de progresismo en Uruguay, coinciden con las realizadas por Decio Machado y Ral Zibechi en torno a los llamados gobiernos nacionales y populares o pos-neoliberales del ciclo progresista en Amrica del Sur. Lo que entr en crisis es un proyecto que busc administrar el capitalismo realmente existente (o sea extractivo) pero con buenos modales. El resultado de los aos dedicados a gerenciar el modelo, fue el ascenso de nuevas proles de gestores que se incrustaron en los altos escalones del Estado, ya sea como en las administraciones centrales, en las empresas estatales en alianza con empresas privadas. La crisis del progresismo devela lo que el discurso pretendi enmascarar: cmo las polticas sociales, bajo el argumento de la justicia social, el combate a la pobreza y la desigualdad, se limitaron a cooptar a los dirigentes populares para intentar domesticar los movimientos de los ms pobres. (27)

La verdadera disputa, entonces, pasa por (re)construir un campo estratgico de la izquierda socialista y revolucionaria. Y no apenas corregir el rumbo perdido de la antigua izquierda. Si la funcin central del progresismo es la de cerrajero del potencial anticapitalista de la clase trabajadora, el desafo de las fuerzas de intencin revolucionaria es (o debera ser) la de forjar una vinculacin real con las resistencias sindicales y populares, siendo protagonista visible, sin pretensiones vanguardistas, proponiendo alternativas programticas y estratgicas antagonistas del poder de Estado y de su arquitectura institucional. En este cuadro, aquellos militantes del Frente Amplio desencantados, enfrentan un dilema: incmodos adentro, peor afuera?

Montevideo, marzo de 2018.

Notas

1) Uruguay es un pas con poca violencia de gnero. La Diaria, edicin Fin de Semana, 3-3-2018.

2) Brecha salarial: las mujeres trabajan 87 das gratis al ao. Informe Equal Pay Day divulgado por el estudio de abogados Ferrere, El Pas, 8-3-2018.

3) Esta es mi revolucin. El feminismo militante en Uruguay, Daiana Garca, Brecha, 9-3-2018, y Correspondencia de Prensa, 9-3-2018.

4) Plenario Intersindical de Trabajadores-Convencin Nacional de Trabajadores, central sindical nica.

5) La Marcha recuerda el 20 de mayo de 1976, durante la dictadura (1973-1985), cuando fueron asesinados en Buenos Aires los legisladores Zelmar Michelini (Frente Amplio) y Hctor Gutirrez Ruiz (Partido Nacional), y Rosario Barredo y William Whitelaw (militantes escindidos del movimiento tupamaro). Todos ellos se encontraban exiliados. El crimen fue cometido por militares uruguayos y argentinos en el marco de coordinacin represiva de las dictaduras del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay), conocida ms tarde como Operacin Cndor.

6) Las cloacas de la impunidad. Ernesto Herrera, Rebelin, 22-1-2015 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194573) y A lencontre, 6-2-2015 (http://alencontre.org/?s=ernesto+herrera+impunit%C3%A9)

7) Hasta ac llegamos, La renuncia de Familiares al Grupo por Verdad y Justicia, Samuel Blixen, Brecha, 2-3-2018 y Correspondencia de Prensa, 3-3-2018.

8) Almuerzo de Mujica (12-12-2012) con 200 empresarios hoteleros, inmobiliarios y gastronmicos, Actividad organizada por Destino Uruguay en el restaurante Boca Chica de Punta del Este. Bsqueda, 27-12-2012.

9) Entrevista a Mujica, diario El Mercurio, Santiago de Chile, 5-1-2014.

10) Entrevista a Mujica, suplemento El Empresario, El Pas, 5-4-2013.

11) El 14 de abril, Ana Bolon, Brecha, 13-4-2012

12) Uruguay tuvo con Mujica su mayor grado de libertad econmica, Bsqueda, 5-10-2017.

13) Los policas denuncian sentirse rehenes en los barrios crticos. El Pas, Montevideo, 9-3-2018.

14) Seguridad, pobreza y criminalizacin. La profundizacin del estado punitivo en Uruguay, Ana Juanche y Giani Di Palma, Revista Contrapunto, Montevideo, mayo de 2014.

15) La benevolencia de la izquierda con los criminales es un mito, entrevista al socilogo Luis Eduardo Mors en el Semanario Hebreo, Montevideo Portal, 3-3-2018 y Correspondencia de Prensa, 10-3-2018

16) La pobreza como un problema personal y privado. El ropaje des-socializante de las nuevas polticas sociales, Bentura, Alonso, Mariatti, Brecha, 2-9-2018.

17) Es pobre por su culpa: la nueva grieta uruguaya, Tomer Urwicz, El Pas, 24-9-2017.

18) Ya existen dos gigantescas fbricas pasteras: una de UPM (ex Botnia), transnacional finlandesa, ubicada en la ciudad de Fray Bentos, departamento de Ro Negro; y otra de Montes del Plata, propiedad de Arauco y Stora Enso, de origen chileno y sueco-finlands, ubicada en Conchillas, departamento de Colonia. La segunda de UPM, se instalar cerca de la ciudad de Paso de los Toros, ubicada entre los departamentos de Durazno y Tacuaremb.

19) Agro. La revolucin sorprendente, Rosanna Dellazoppa, Fin de Siglo, Montevideo, 2014.

20) Dos aos de Mujica, Claudio Paolillo, Bsqueda, 1-3-2012.

21) El conflicto del campo en la mirada de los trabajadores. La sptima mochila, Salvador Neves, Brecha, 9-3-2018, y Correspondencia de Prensa, 10-3-2018.

22) Hijos de la tierra. Apuntes sobre la economa poltica del Uruguay, Gabriel Oyhantabal. y Rodrigo Alonso, artculo publicado en el libro Entre: ensayos sobre lo empieza y lo que termina, Estuario editora, Montevideo, 2017.

23) A propsito del poder de los servicios financieros y sus consecuencias econmicas y sociales, hay un estudio riguroso de Lena Levinas, investigadora del Instituto de Economa de la Universidad Federal de Ro de Janeiro, La financierizacin de la poltica social: el caso brasileo, publicado en el sito de Sin Permiso, el 10-10-2015: (http://www.sinpermiso.info/textos/la-financierizacion-de-la-politica-social-el-caso-brasileno)

24) Modos de ocultar el conflicto distributivo. Focopoltica en Uruguay, Leticia Prez, Brecha, 26-8-2016.

25) El prximo presidente del FA tendr que hacer varios parricidios, entrevista a Gerardo Caetano, Brecha, 22-7-2016, y Correspondencia de Prensa, 23-7-2016.

26) Un resumen de las posiciones de estos sectores crticos, la expone el socilogo Gabriel Delacoste en una entrevista titulada La decadencia del progresismo no es electoral sino ideolgica, Brecha, 9-2-2018. Lacoste integra el colectivo de jvenes acadmicos y activistas de diversas redes sociales, militantes del Frente Amplio, que publicaron el libro citado en la nota 22.

27) Cambiar el mundo desde arriba. Los lmites del progresismo. Decio Machado y Ral Zibechi, Ediciones desde abajo, Bogot, 2016.

https://correspondenciadeprensa.wordpress.com


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