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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-03-2018

La rebelin de los pensionistas (II)

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


En mi artculo de la semana pasada, al filo de la manifestacin de pensionistas, trat el tema de las pensiones. No obstante, limit mi anlisis a la conveniencia de que las prestaciones se actualicen anualmente por la inflacin; postul la necesidad de que su cuanta en trminos reales no se recorte ni se produzcan transferencias del colectivo de los pensionistas a otros colectivos o, lo que es lo mismo, que los poderes pblicos no utilicen la inflacin y las pensiones para solucionar sus problemas presupuestarios. Al final del artculo promet abordar esta semana el manido tema de la suficiencia financiera del sistema pblico de pensiones.

Anticipaba ya que la solucin del problema no poda restringirse a bajar la cuanta de las pensiones. As, lo soluciona cualquiera. Aunque en realidad, en este caso no se trata de solucin sino ms bien de destruccin progresiva del sistema pblico. Adelantaba tambin que, si realmente se pretende resolver la cuestin, hay que rescatar las pensiones del estrecho campo al que las confin el Pacto de Toledo con la separacin de fuentes y de su exclusiva financiacin mediante cotizaciones sociales. En ese marco no hay salida posible, ya que entran en funcionamiento todos esos condicionantes de la pirmide de poblacin, del empleo, de los salarios, e incluso de la presin de los empresarios y la permisividad de algunas fuerzas polticas acerca de la reduccin de las cotizaciones sociales, alegando como excusa que se trata de un impuesto al trabajo.

Hay que negar hasta que haya que plantearse el problema. Por qu especficamente nos preguntamos si es posible la financiacin de las pensiones pblicas y no de la educacin, de la sanidad, del ejrcito, de la polica, de las ayudas a la dependencia, del pago de la deuda, de las subvenciones a los empresarios y emprendedores, de los gastos de los Ayuntamientos, de las Comunidades Autnomas, del servicio exterior del Estado, de la justicia, del seguro de desempleo, del AVE, y de otras muchas obras pblicas, y de tantas y tantas partidas de gasto pblico? Si de algn capitulo de gasto no se debera dudar, es precisamente del de las pensiones, porque en cierto modo se trata de una deuda contrada por el Estado: devolver a los jubilados lo que han aportado (en su conjunto) a lo largo de su vida activa.

La pregunta que hay que hacerse es qu estructura fiscal se precisa para financiar los mltiples aspectos de un Estado social, al que recurrimos continuamente para reclamarle toda clase de servicios y prestaciones, pero al que somos totalmente renuentes a la hora de financiarlo. La cuestin habr que plantearla en toda su amplitud. Es el conjunto de los ingresos del Estado el que debe financiar todos los gastos, sin hacer corralitos, sin comportamientos estancos y sin crear impuestos afectados a finalidades concretas. Desde esta perspectiva, la variable estratgica no es la pirmide de poblacin o la tasa de natalidad. Si lo fuesen, la salida sera relativamente sencilla, permitir mayores tasas de emigracin. Pero para qu queremos incrementar la poblacin activa si se va a traducir en un nmero mayor de desempleados? Tampoco podemos afirmar que el quid radique, en sentido estricto, en el nmero de ocupados. Lo importante no es cuntos producen sino cunto se produce. Lo que no es lo mismo. Un nmero ms reducido de personas puede producir una cantidad mayor de bienes si se incrementa la productividad.

Desde esa perspectiva global, en la que todos los ingresos financian la totalidad de los gastos, la variable fundamental es la evolucin de la renta global del pas (sea cual sea el nmero de activos) y cmo se reparte. Ms concretamente, qu porcin va al Estado, como accionista mayoritario de la economa nacional, para financiar la totalidad de los bienes y servicios pblicos, entre los que se encuentran las pensiones.

Thomas Piketty, en su libro El capital en el siglo XXI, realiza un enorme esfuerzo para obtener series histricas de determinadas magnitudes, remontndose de manera estimable en el tiempo. Entre las variables que estudia se encuentra la elevacin de la renta per cpita como resultado del incremento de la productividad. El PIB por habitante apenas creci hasta 1700, con lo que tampoco se modific sustancialmente el nivel econmico y el gnero de vida de las sociedades. La realidad econmica comienza a modificarse de forma notable a partir de la Revolucin Industrial. En la Europa occidental la renta per cpita en trminos constantes pas de 100 euros mensuales en 1700 a ms de 2.500 euros en 2012, con un crecimiento anual promedio del 1%.

Por supuesto, la evolucin no ha sido homognea a lo largo de todo este tiempo. Centrndonos en los ltimos treinta dos aos (1980-2012), la tasa promedio fue del 1,8%. Aun cuando esta tasa es bastante ms reducida que la de las dcadas anteriores, es lo suficientemente elevada como para que la renta per cpita durante estos aos se haya incrementado en trminos reales el 77% y se haya creado sobrada riqueza para que no exista ningn obstculo en la financiacin en su conjunto del Estado social, incluyendo por supuesto las pensiones. Podemos afirmar que por trmino medio somos cada vez ms ricos, por lo que se viene abajo el famoso discurso de la austeridad y ese intento de convencernos de que ahora no es posible lo que ayer s lo era.

Un ejemplo muy fcil ayudar a entender lo que afirmamos. En aras de la claridad, el supuesto se ha simplificado al mximo, pero el resultado sera siempre parecido por mucho que lo complicsemos. Para hacerlo lo ms sencillo posible se ha supuesto que el nico gasto que tiene que afrontar el Estado es el de las pensiones, de manera que el producto se reparte entre el excedente empresarial, los trabajadores y el Estado, es decir, los pensionistas. Todos los datos se expresan en moneda constante prescindiendo de la inflacin.

En el ao t, existen 20 millones de trabajadores y 8 millones de pensionistas y la renta nacional ha ascendido a 800.000 millones de euros. El excedente empresarial neto de impuestos alcanza el 51% del producto o, lo que es lo mismo, 408.000 millones de euros. La retribucin media anual neta de los 20 millones de trabajadores es de 16.000 euros, y la cantidad global, por tanto, dedicada a salarios asciende a 320.000 millones. Los impuestos absorben los 72.000 millones de euros restantes, con lo que se puede hacer frente a una pensin anual media de 9.000 euros.

En el ao t+25, el nmero de trabajadores ha descendido a 16 millones, mientras que el nmero de pensionistas sube hasta los 12 millones. La renta nacional debido al incremento de productividad se ha elevado en un 25%, ascendiendo por tanto a un billn de euros. El excedente empresarial mantiene su participacin en la renta del 51%, en este caso 510.000 millones de euros. Para mantener la pensin media en 9.000 euros anuales (sin prdida de poder adquisitivo) los impuestos alcanzan los 108.000 millones de euros, lo que permite un sobrante de 382.000 millones de euros que, dividido por el nmero de trabajadores, ofrece un salario medio de 23.875 euros.

Este sencillo ejemplo desmonta todas las profecas catastrofistas de los que ponen en duda la viabilidad del sistema pblico de pensiones. El incremento de un 25% del PIB (porcentaje ms bien modesto de acuerdo con la tendencia existente en Europa desde 1700) permite que, aun cuando la cifra de los jubilados haya crecido un 50% (cuatro millones) y los ocupados hayan descendido en un nmero similar, las pensiones puedan mantener el poder adquisitivo y al mismo tiempo es posible un crecimiento sustancial del excedente empresarial y del salario medio.

La viabilidad del sistema pblico de pensiones, al igual que la del resto de las prestaciones sociales, no es un problema de produccin, sino de distribucin. Trabajadores, empresarios y Estado concurren a participar en la renta nacional. No es tanto una cuestin econmica sino poltica. Qu parte de la renta debe ir mediante impuestos al Estado para acometer todas las cargas del sector pblico? John Kenneth Galbraith anunci ya hace bastantes aos la idea de que cambios como la incorporacin de la mujer al mercado laboral y el aumento en la esperanza de vida exigiran una redistribucin de los bienes y servicios que habran de ser producidos y, en consecuencia, consumidos, a favor de los llamados bienes pblicos y en contra de los privados.

El envejecimiento de la poblacin de ninguna manera provoca la insostenibilidad del sistema pblico de pensiones, pero s obliga a dedicar un mayor porcentaje del PIB no solo a financiar las pensiones, sino tambin a pagar el gasto sanitario y los servicios de atencin a los ancianos y los dependientes. Detraccin por una parte perfectamente factible y, por otra, inevitable si no queremos condenar a la marginalidad y a la miseria a buena parte de la poblacin, precisamente a los ancianos, una especie de eutanasia colectiva. Habr quien diga que estos bienes y servicios, incluidas las pensiones, los podra suministrar el mercado. Pero llevar a la prctica tal aseveracin significara en realidad privar a la mayora de la poblacin de ellos. Muy pocos ciudadanos en Espaa podran permitirse el lujo de costearse todos estos servicios, incluyendo la sanidad, con sus propios recursos. Cuntos ciudadanos tienen la capacidad de ahorrar una cuanta suficiente como para garantizarse una pensin de jubilacin digna?

Hay dos tipos de ahorro: el individual y voluntario; y el pblico y obligatorio mediante impuestos. Desde el punto de vista del Estado social, no se puede confiar en el ahorro privado y voluntario para proporcionar los recursos necesarios a los jubilados. Solo algunos, muy pocos, tendran en ese caso una pensin digna. Sin embargo, la economa nacional produce recursos suficientes para que el ahorro pblico y obligatorio del Estado (impuestos) subvenga a cubrir con carcter general esta contingencia.

La verdadera amenaza a las pensiones y en general al conjunto del Estado social radica en esa postura cada vez ms generalizada que se opone a la subida de impuestos a pesar de que Espaa cuenta con una presin fiscal muy por debajo de la media Europea; y el mayor peligro se encuentra en las fuerzas polticas como Ciudadanos que van ms all, puesto que para pactar con el Gobierno lo primero que exigen es la bajada de impuestos y se niegan despus a la actualizacin de las pensiones de acuerdo con la inflacin. Eso s, pretenden engaar al personal (como buen partido populista) afirmando que la rebaja impositiva va dirigida a los pensionistas.

Los detractores del sistema pblico de pensiones adoptan a menudo un tono compasivo, preocupndose de las futuras generaciones y considerando que no rebajar las pensiones constituye una enorme injusticia intergeneracional, ya que, segn dicen, se har recaer sobre las prximas generaciones una carga muy pesada. En primer lugar, hay que sealar que los ms interesados en que se mantengan las pensiones pblicas o en que no se reduzca su cuanta son los jubilados del futuro, porque el efecto de cualquier recorte o reforma ser tanto mayor cuanto ms se aleje del presente.

En segundo lugar, si cada generacin es ms rica que la precedente se debe en buena medida a que parten de un nivel tcnico, educacional y social mayor, gracias al esfuerzo realizado por las anteriores generaciones que acumularon un bagaje de estructuras y de inteligencia colectiva que ha hecho posible el incremento de la productividad.

Concretamente en el caso de Espaa, los jubilados actuales han costeado con sus impuestos una educacin universal y gratuita de la que la mayora de ellos no gozaron en su infancia y adolescencia. Tambin con sus impuestos han facilitado en buena medida el acceso a la universidad de las generaciones posteriores, facilidades de las que muy pocos de su generacin disfrutaron. Con sus cotizaciones se han mantenido las pensiones de los trabajadores de pocas precedentes. Han sido su trabajo y sus contribuciones al erario pblico los que han hecho posible que hoy las estructuras y el desarrollo econmico en Espaa sean muy superiores a los que conocieron en su niez y que la renta per cpita sea ms del doble de la existente hace cuarenta aos. No tienen derecho a que al menos se mantenga el poder adquisitivo de sus pensiones?

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/03/15/la-rebelion-los-pensionistas-ii/#

 



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