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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2018

Resea de Culpables por la literatura. Imaginacin poltica y contracultura en la transicin espaola (1968-1986), de Germn Labrador Mndez
Un magnfico libro con informacin contrastada, buena erudicin, conjeturas temperadas... y con sorprendentes ausencias

Salvador Lpez Arnal
El viejo topo


As se expresaba Manuel Rodrguez Ribero en El Pas del pasado 1 de julio de 2017: "Fue usted revolucionario entre 1968 y 1978, y conserva an el corazn de izquierda? S que es difcil, pero no del todo imposible. Quiere usted averiguar qu se hizo de aquel entusiasmo que crea que iba a lograr asaltar los cielos? Vot en algn momento por siglas de partidos malditos y poco proclives al "pacto con la burguesa?" Si es as -o si, siendo mucho ms joven, est interesado por lo que pas y por cmo hemos llegado donde estamos- no se pierdan este Culpables por la literatura. Imaginacin poltica y contracultura en la transicin espaola (1968-1986) de GLM, el mejor ensayo histrico-poltico que he ledo en muchos aos sobre la contracultura poltica y cultural de entonces, antes que la Constitucin de 1978 y la movida madrilea (y sus secuelas) llegaran poniendo orden y, hala, chicos, a tranquilizarse que se acab la grande fte y maana madrugamos.

No entro en el asunto de la datacin de la transicin espaola: de 1968 a 1986. A m, personalmente, me resulta extrao este primer anclaje en 1968. El segundo, el ao de la derrota (victoriosa por otra parte) en el referndum otnico me resulta ms convincente (aunque entiendo que otras fechas de final de perodo son tambin posibles). Tampoco entro en el ttulo de este magnfico libro que debe merecer nuestra atencin: "Culpables por la literatura", y que a m se me escapa por momentos.

Entiendo imaginacin poltica en un sentido amplio, no sectario, no biyectable con tal o cual familia supuestamente ms imaginativa que las dems, no identificable con ninguna familia poltico-cultural concreta. Lo mismo en el caso del trmino "contracultura". En tiempos del fascismo, los libertarios hacan contracultura, y los marxistas, ms o menos dogmticos, ms o menos heterodoxos (tambin los libertarios eran ms o menos ortodoxos), tambin aportaban sus numerosos granos de arena.

La estructura del libro es expuesta brevemente por el autor en las pginas 24-27. No es conveniente saltrselas y casi conviene empezar por ellas. Cito las tres grandes partes: 1. Los adoradores del volcn. 2. Hijos del fascismo y la esperanza. 3. Irrevocablemente inadaptados. En total 14 captulos.

Cul es la materia del libro? En palabras del autor: "Son las formas democrticas de la imaginacin poltica", es decir, con sus propias palabras de nuevo, "las capacidades de las personas de imaginar un mundo de relaciones humanas cooperativas usando formas para ello (y no importa si estas son palabras, canciones, poemas, grafitis, imgenes, pronombres o sus propios cuerpos)". Palabras, entiendo, pronombres incluidos, que remiten, no es una suposicin atrevida, a ensayos, novelas, materiales, etc, incluyendo, por supuesto, panfletos, octavillas, documentos de trabajo, seminarios, charlas, conferencias, mtines-relmpago no excluidos. Por ejemplo, la obra de Labordeta es parte de esa materia como lo fue tambin las vidas y acciones de trabajadores asesinados como Ruiz Villalba o Manuel Mrquez. Habla de gentes tan concretas como las 6.872.421 personas borradas por un simple Se impersonal en una frase injusta y de otras que van apareciendo en el libro. Juntas, afirma Labrador Mndez, "forman una colectividad compleja que se expande a travs de una vibrante cultura de oposicin y cambio donde participaron varias generaciones de jvenes entre mayo de 1968 y el referndum de 1986".

Nuestro libro se ocupa, pues, de las formas de imaginar la democracia, en un sentido amplio, que se dieron entre esos dos aos, casi 20 en total, a partir de un amplsimo conjunto de prcticas "creativas protagonizadas por personas y colectivos concretos, en su mayora jvenes antes la democracia por venir".

Es justo decir que estamos ante un libro apabullante: 18 pginas de referencias a doble columna y 36 ms de bibliografa (entre libros y artculos). El autor ha ledo todo (o casi todo como veremos) de casi todo y ha ledo muy bien. No se le ha perdido casi nada en el viaje, hace referencia a autores y textos que muchos habamos olvidado y ensea, mucho, a jvenes de aquellos -como el que suscribe- que pudieron estar adems inmersos en la literatura poltica y cultural de aquel perodo.

Y, adems, Germn Labrador Mndez no es sectario, ms all de sus preferencias. Algunas de ellas manifestadas explcitamente (por ejemplo, por Eduardo Haro Ibars o Leopoldo Mara Panero). No tiene ningn problema en presentar un balance equilibrado, temperado, positivo en muchos momentos, de autores que, en algunos momentos, han estado muy cerca del poder o de algunos de sus tentculos y prolongaciones. Por ejemplo, Miguel Ros.

Ser contracultural, en el buen sentido de la palabra, no le ha empujado a ninguna idealizacin estpida e indocumentada del mundo de los opiceos en nuestro pas. Tampoco a firmar, sin mirada crtica, algunas afirmaciones que muchos hemos realizado, un poco-mucho alegremente sobre el papel de la polica y la guardia civil en la introduccin de la herona en barrios obreros de algunas ciudades espaolas. Las pginas 542 y siguientes son magnficas, de obligada lectura en mi opinin.

Los elogios pueden seguir acumulndose. Son muchos ms de los citados. Aado unas breves notas crticas que no quitan valor de conjunto a la obra, en absoluto:

1. No se entiende fcilmente que un libro que dedica muchas pginas -y contenga muchas referencias- a una revista como Ajoblanco, a la que por supuesto no quieto ningn mrito (fui lector de ella durante aos), contenga tan slo tres referencias -tres, no ms!- a una revista tan decisiva en esos aos como fue El Viejo Topo. No vale decir que Ajobanco era ms contracultural y ms libertaria y el topo ms marxista o ms clsica. No fue el caso realmente y no vale esa demarcacin a no ser que nos asalte algn variante de algn sectarismo.

2. Lo mismo puede decirse de la revista Materiales. Ni una sola referencia en todo el ensayo. Aunque se edit durante slo un par de aos, algunos de sus nmeros, pienso en los extraordinarios por ejemplo, fueron decisivos para el conocimiento de la cultura universitaria antifascista y para el conocimiento de una revolucionaria poco estudiadas entonces, Rosa Luxemburg. Alguien tan importante con Wolfgang Harich public en esa revista.

3. Lo mismo puede decirse de mientras tanto, una revista que, entre otras muchas cosas, fue muy importante, en Catalua y fuera de Catalua, en el movimiento social y contracultural asociado a la lucha antiotnica, por no hablar de su papel en la informacin y formacin de movimientos pacifistas, feministas, ecologistas, antimilitaristas y antinucleares.

4. No hay ninguna referencia tampoco al CANC, al comit antinuclear de Catalua.

5. Muy pocas al movimiento de los PNN,s y a sus luchas. Son escasas las referencias al movimiento universitario estudiantil.

6. No es razonable, en mi opinin, que algunos nombres sean muy citados, merecidamente sin duda, y que no haya ni una sola referencia al papel que activistas revolucionarios, pensadores, escritores como Francisco Fernndez Buey o Miguel Candel jugaron a lo largo de aquel perodo de fuerte represin. No slo en Barcelona y no slo durante aquellos aos desde luego.

7. Cabe decir lo mismo, pero con ms sorpresa si cabe, de alguien que si bien naci mucho antes, como Snchez Ferlosio ms o menos, al que s se cita, fue decisivo en la formacin de muchos jvenes de aquella poca. En muchos. Alguien que, entre otras muchas cosas, tradujo ms de 30 mil pginas al castellano, entre ellas dos libros de Herbert Marcuse y alguno de los movimientos alternativos alemanes. Qu sera de mucha contracultura de aquellos aos sin el trabajo tenaz, permanente, y en muy malas condiciones, perseguido policialmente muchas veces, de un maestro tan decisivo como fue Manuel Sacristn? Alguien que por lo dems conoca profundamente la contracultura norteamericana y a la que, en absoluto, trat de forma despreciativa en sus clases de Metodologa de las ciencias sociales de los cursos 1981-82 y 1983-84.

Por lo dems, l y Francisco Fernndez Buey fueron los editores en la coleccin Hiptesis de Grijalbo de una de las primeras antologas cratas publicadas legalmente despus de la guerra civil.

Gramsci aparece una sola vez. Ginsberg, en cambio, 13 veces. No estoy seguro que en algunas generaciones de aquellos aos el autor de los Quaderni tuviera una influencia menor. Para las formas democrticas de representacin poltica de muchos de ellos fue acaso ms decisivo.

Conviene finalizar con las hermosas palabras con las que el autor da fin a su texto: "La misin del poeta consiste en sealar el lugar que lo demuestra, edificando el poema sobre su radical memoria, mientras, bajo sus pies, de pronto, la ciudad del deseo se ha movido y, en su lugar, hay otra". En eso seguimos.

 

Fuente: El Viejo Topo, enero de 2018



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