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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2018

Mentalidad de plaza sitiada u orfandad de presupuestos de cultura democrtica?

Alexei Padilla Herrera
Rebelin


En mis rpidos recorridos por los sitios web que abordan temas relacionados con Cuba, encuentro, en la Joven Cuba, el texto Universidad revolucionaria: Debate sobre la constitucin, firmado por el bloguero Osmany Snchez.

El post de Osmany, quien junto a Harold Crdenas es uno de los editores del mencionado blog, dialoga con el artculo que el profesor Ren Fidel Garca titul La lealtad constitucional no es eleccin, es deber. Ren Fidel se preocupa ante la frase publicada por un recin egresado de la carrera de Derecho, quien se declara ms revolucionario que jurista. Hecho que parece paradjico a primera vista, pero que hace parte de la normalidad en la isla socialista.

Advierto que aunque no soy graduado de Derecho creo que el artculo de Ren Fidel Garca es perfectamente entendible por la media de los lectores. El jurista santiaguero aborda dos cuestiones importantes: la falta de cultura jurdica entre cuadros polticos y administrativos del Estado cubano, cuyo rasgo ms distintivo es el poco dominio de los contenidos de la Constitucin, y la impunidad con que sujetos poderosos la vulneran con decisiones basadas en la discrecionalidad y el autoritarismo.

Estas violaciones de la Constitucin de la Repblica por parte de quienes deben velar por su cumplimiento, junto a lo que la calle (lo cotidiano) nos muestra cada da, hacen difcil defender la existencia de un Estado de derecho en Cuba. No pretendo denostar al gobierno cubano, ya que el propio Ral Castro reconoci al inicio de su primer mandado el irrespeto a las leyes del pas, tanto de la poblacin como de los propios funcionarios del Estado.

Ren Fidel rememora que la expulsin de la Universidad Central de Las Villas de Karla Prez, estudiante de Periodismo, es un ejemplo de la vulneracin de los derechos ciudadanos. Prez fue separada de su centro de estudio por militar en la organizacin oposicionista Somos +.

Osmany Snchez se distancia del entendimiento de Ren Fidel y defiende la legitimidad de la medida, haciendo propios los argumentos que, esgrimidos por los compaeros de clase de Karla, invalidaron su derecho a estudiar en una universidad cubana. Se pueden alegar uno o mil motivos polticos o acudir a la manida frase de que la universidad es para los revolucionarios, pero la expulsin de la estudiante en trminos jurdicos no se sostiene.

Tampoco sirven las analogas para minimizar el autoritarismo insular. Osmany Snchez expone algunas hiptesis que justificaran la decisin e incluso menciona el caso de un joven comunista alemn que en virtud de una ley de 1970, no pudo estudiar ni trabajar en instituciones pblicas de Alemania. Sin embargo, no explica con claridad cmo la presencia de Karla Prez en las aulas de la UCLV amenazaba la seguridad nacional y/o la de sus colegas.

Que personas como Silvio (y no solo l) hayan manifestado su desacuerdo con esa medida dice muchas cosas. Claro que la estima que la mayora de los isleos siente por el trovador, visibilidad internacional y su independencia econmica (no es un asalariado del Estado cubano) le permiten un margen de libertad de expresin sin consecuencias (serias) que Osmany y yo no tenemos.

En la confrontacin entre medios no estatales y los gerentes del modelo estatal de prensa, muchos de los primeros ya reafirmaron que seguirn trabajando y defendiendo su autonoma. Otros ms cautos, se empean en reafirmar con textos y hechos su lealtad a los arbitrios de los lderes supremos.

Hay que reconocer que cada palabra que se diga en un blog o cualquier publicacin gestionada desde Cuba est a merced de numerosas mediaciones y, sus autores, insertados en un rgimen de censura que algunos consiguen burlar con xito y otros le hacen la media. Una de cal y otra de arena ha sido para muchos en Cuba un mecanismo de supervivencia.

No es fcil defender la autonoma de pensamiento. En cualquier lugar de este convulso mundo los poderosos intentarn acallar las voces disidentes con los mtodos ms convenientes a cada contexto. Pueden variar los mtodos y la intensidad de la violencia, pero el objetivo es idntico. Hay muchas formas de matar. Unos optan por eliminar el cuerpo; otros, por marchitar el alma.

En Mxico o Colombia asesinan a periodistas, lderes sindicales, estudiantiles e indgenas. En Cuba se expulsan profesionales valiosos de universidades, centros de estudio y hospitales. A los ms osados, casi siempre comunicadores que trabajan al margen de los medios legalmente reconocidos, se les detiene, se les confiscan sus equipos de trabajo, al tiempo que sufren frecuentes campaas de difamacin desde blogs y sitios webs oficiales y oficiosos.

A quien guste de comparaciones le cuento que en la universidad pblica brasilea en la que hago vida coexisten personas de diferentes clases sociales, credos religiosos, orientaciones e identidades sexuales y afiliaciones polticas. Nada extrao, ya que las universidades son el foco de la lucha contra el gobierno de Michel Temer, contra el neoliberalismo que amenaza con barrer las conquistas alcanzadas tras dcadas de lucha.

No es que me abrace con los chicos de la extrema derecha, o comulgue con los fundamentalismos religiosos, o los fanatismos de izquierda, pero siempre hay un margen para polemizar y reafirmar la legitimidad del disenso y aprender a vivir con l. Si an me odian por negro, cubano y por defensor de un socialismo realmente democrtico, al menos no amenazan con golpearme, con promover mi expulsin de la universidad ni me difaman en redes sociales.

De hecho, las universidades son tambin el espacio donde colectivos anticapitalistas que promueven sus ideas para un cambio de rgimen en Brasil. Aqu los ves vistiendo camisetas con lemas anarquistas, exigiendo que los estudiantes no paguen el transporte pblico, protestando por los precios del comedor universitario.

No recuerdo que alguien haya sido expulsado de una universidad brasilea por motivos polticos. Las nicas expulsiones de las que tengo noticias han sido por hechos relacionados con crmenes de odio (racismo, xenofobia) y conductas tpicamente delictivas.

Cada pas padece o se inventa sus peligros externos e internos. En la Unin Sovitica, nacin que se hizo de armas nucleares y se extendi por Europa Oriental para disuadir cualquier agresin militar desde Occidente, el PCUS se empe en reprimir y silenciar el disenso. Tal vez no fue el acoso externo lo determinante y s las concepciones leninistas y las prcticas estalinistas en relacin al papel de la prensa, el disenso, la libertad y el pluralismo poltico.

La oligarqua brasilera acudi a la amenaza de la expansin del comunismo y la respuesta fue una dictadura cvico-militar que dur 20 aos y de la que an el pas se recupera. No es que no haya recelos reales. Pas rico en recursos minerales, hdricos, tierras e hidrocarburos, Brasil siempre ha estado en la mira de Estados Unidos y las dems potencias, China incluida. Ms recientemente, fue comprobada la injerencia de la NSA en la Petrobras y la intervencin del telfono de la presidenta Dilma Roussef; no se descarta el apoyo de crculos de poder norteamericanos en el golpe parlamentario que la destituy en 2016.

Por si fuera poco, el trfico de armas, drogas, la desigualdad, la injusticia social y el odio de clase son el motor de una violencia mucho ms palpable que las amenazas Donald Trump. Si hay un consenso en Brasil es que todos estos males pueden ser superados profundizando la democracia, llevndola a su mxima extensin. La opcin de un rgimen que en nombre de la seguridad nacional, el desarrollo o la redencin de la humanidad promueva una visin de mundo y reprima otras est fuera de la agenda.

En 1987, Jos Paulo Netto, uno de los ms prominentes marxistas brasileros expres que la Unin Sovitica, considerada el ejemplo ms logrado del socialismo que "el ordenamiento social sovitico contempla conquistas indiscutiblemente democrticas y de avanzadsimas proporciones".

Son componentes de la democracia, afirma Netto, el rea l derecho al trabajo, a la educacin, a la salud, a la cultura, a la seguridad social. (...) Sin embargo, si es un equvoco limitar la democracia a las dimensiones puramente polticas (democracia liberal), no menos equivocado resulta limitarlas a las conquistas econmico-sociales.

Ya en 2014, durante el Ciclo de Debates Octubre Rojo: las experiencias de construccin del socialismo y los desafos actuales Netto afirm: la experiencia [la construccin socialista en la URSS] se perdi por su dficit de libertad poltica, y que cuando la transicin socialista no encuentra los presupuestos [democrticos] en Marx tiene que crearlos y avanzar sobre ellos. Tal vez ha sido este el principal problema del socialismo real: su incapacidad de otorgar pan y libertad en la misma proporcin.

Se puede entonces hablar de democracia socialista cuando el actuar en nombre de la Revolucin es patente de corso para la limitacin de derechos civiles y polticos, interpretar o ignorar la Constitucin (ya de por s limitada) a conveniencia, perpetuar las prcticas polticas verticalistas, la falta de control popular sobre la actividad de los agentes pblicos, falta de transparencia y el secretismo? Qu tienen de revolucionarias o socialistas las campaas de difamacin contra crticos y disidentes?

La tesis de plaza sitiada (asedio imperialista) no justifica la violacin de las leyes. El verdadero mal de fondo es aqu y acull, la carencia de una cultura democrtica, que haga entender que el disenso y la libertad para expresarlo no son concesiones sino derechos inherentes al ser humano. Es una leccin que todos los cubanos debemos aprender.

Alexei Padilla Herrera. Comunicador social e investigador. Cursos estudios doctorales en la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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