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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-03-2018

Madres de la Plaza de Mayo
De madre biolgica a madre poltica: Hoy Nora Cortias cumple 88 aos en la plaza

Mabel Bellucci
Rebelin

Testimonio extrado del ensayo El Movimiento de Madres de Plaza de Mayo de Mabel Bellucci en Fernanda Gil Lozano y otras (compiladoras) Historia de las Mujeres en la Argentina. Tomo II. Editorial Siglo XX, 2000.


"Soy Nora Morales de Cortias, cofundadora e integrante del movimiento de Madres de Plaza de Mayo- Lnea Fundadora. Tengo 69 aos. Nac en Buenos Aires, Argentina. Par dos hijos. Uno de ellos, Gustavo, est desaparecido. No hace mucho tiempo atrs, muri mi esposo. Mi matrimonio dur 50 aos. Yo fui una mujer tradicional, una seora del hogar. Me cas muy joven. Mi marido era un hombre patriarcal, l quera que me dedicase a la vida familiar.

En ese entonces yo era profesora de alta costura y trabajaba sin salir de mi casa, ensendole a muchas jvenes a coser. Viva todo muy naturalmente, como me haban educado mis padres. Saba de la militancia poltica de Gustavo y de su trabajo solidario en barrios humildes. El no nos ocultaba nunca nada. Se cas siendo un muchacho, cuando estudiaba Ciencias Econmicas en la Universidad de Buenos Aires. Tena 24 aos, una esposa y un hijo muy pequeo.

Lo desaparecieron el l5 de abril de l977. Sali una maana fra y no lleg ms. Lo secuestraron en la estacin de tren, mientras iba camino a su trabajo. Esa noche un operativo militar y policial allan mi casa, en donde estaba mi nuera. Afortunadamente, a ella no le hicieron nada. Fue un milagro teniendo en cuenta que, en la mayora de los casos, al no encontrar a la persona buscada se llevaban a cualquier familiar en represalia.

A partir de ese momento comenz una larga peregrinacin por encontrar a Gustavo. Enviamos cartas al Papa, presentamos recursos de habeas corpus en los juzgados; recorrimos iglesias, dependencias oficiales, cuarteles, morgues, organismos de derechos humanos y visitamos a polticos, periodistas, intelectuales, curas y militares. Slo queramos que nos dijesen la verdad.

Aunque, lo que relat es lo nico que pudimos saber de l en todo este tiempo. Hasta ahora no tengo otra informacin. Perder un hijo es siempre una tragedia pero hay que elaborarlo para no quedar prendida en ese laberinto y poder ayudar a quienes estn en la misma situacin. La soledad nunca es una buena receta si se quiere saber la verdad.

Siempre se consider que el duelo deba hacerse de puertas para adentro. Antes, las mujeres se encerraban en su dolor y quedaban prisioneras de la angustia. Vivan la prdida con resignacin. Si no me equivoco, la escritora Nicole Loreaux es la que cuenta que siempre existi una relacin estrecha entre el duelo y las mujeres(51). Ella dice que en la antiguedad, el duelo tena lamento femenino pero la sociedad no la quera escuchar y el orden poltico no quera ser puesto a prueba por ese grito de dolor.

Por eso todo era intramuros. Actualmente con los grupos, las mujeres se fortalecen, se sienten tiles y descubren que el horror es algo que no slo le pasa a ellas sino tambin a muchsimas otras. Todas tenemos puntos en comn: fuimos madres y hemos perdido a un hijo. Nadie suplanta al hijo que perdiste; pero cuando esa prdida no fue por un accidente, por una enfermedad y cualquier eventualidad, sino por haber sido secuestrado, torturado y despus desaparecido su cuerpo, el dolor adquiere otra dimensin.

Pero tambin tenemos otras diferencias: al no estar el cuerpo es imposible hacer el duelo. Nos queda la incgnita de ese cuerpo que nos niegan. Sin l, no podemos elaborar la muerte y darle la sepultura que se merece. Es el ser y no ser. La angustia se transforma en letana. Las preguntas no cierran y la tragedia tampoco cierra. Una se interroga permanentemente. Nuestros hijos no estn muertos. Estn desaparecidos. Cuando una madre encuentra el cuerpo de su hijo, lo deposita donde corresponde y, de alguna manera se conforma. Es un hecho privado. En cambio, lo nuestro es querer hacer un duelo sin cuerpo.

No nos conformamos y por eso es un hecho poltico. No quisiera competir en quien sufri ms, pero lo vivido por las Madres fueron violaciones a los principios ms fundamentales de los derechos humanos cometidos por el Estado, en manos de un gobierno militar terrorista. Azucena Villaflor fue la que lanz nuestra proclama inicial: "Todas por todas y todos son nuestros hijos" Qu queremos decir con sto? Es una promesa implcita de las Madres: nuestra lucha no es individual, es colectiva.

A lo largo de estos aos, si no fuera por esta filosofa hubiese sido muy difcil afrontar tantas adversidades: varias madres murieron, otras debieron criar a sus nietos por la desaparicin de los padres. A algunas compaeras les desaparecieron todos sus hijos, a otras les quitaron la posibilidad de criar a sus nietos, porque esos nios tambin fueron secuestrados junto con sus padres y mantenidos en cautiverio, hasta que los asesinos de sus familiares se los apropiaron y despus los registraron con una identidad falsa. Slo la fuerza que te da el conjunto permite seguir la bsqueda.

Nosotras ya no somos madres de un solo hijo, somos madres de todos los desaparecidos. Nuestro hijo biolgico se transform en 30.000 hijos. Y por ellos parimos una vida totalmente poltica y en la calle. Los seguimos acompaando, pero no de la misma manera como cuando estaban con nosotras: revalorizamos la maternidad desde un lugar pblico. Somos Madres a las que se nos sum un nuevo rol y en muchos de los casos no estbamos preparadas para ello.

Transmitimos algo ms de lo que antes le transmitamos a nuestros hijos: el espritu de la lucha y el compartir otras luchas. En fin, aprendimos a dar y a tomar. Esa necesidad por entender la historia de nuestros hijos fue la que nos mantuvo enteras, la que nos llev a ocupar espacios hasta ese momento desconocidos por nosotras . Tambin nuestro entorno familiar se alter. Por ejemplo, mi marido me celaba y discutamos bastante porque mi independencia se iba fortaleciendo a lo largo de nuestro accionar.

A veces, por miedo, l se pona obsecado. Mi familia estaba muy temerosa por mi suerte. Era frecuente que despus de la ronda, terminsemos presas. Yo tengo otro hijo quien despus de la tragedia, crey ser nico. Sin embargo, con mi activismo pas a ser invadido por todos los otros hijos que buscamos. Yo viv durante muchos aos la tensin de ser dos madres a la vez: la biolgica y la poltica. Al principio no me daba cuenta que tena otro hijo, hasta que sus planteos cotidianos fueron un llamado de atencin. Ahora, l me ayuda, colabora conmigo, sin ser un activista. Pero no fue el nico en la familia que sinti abandono.

Mi nieto, el hijo de Gustavo, me vea como una abuela "rara". La situacin se fue revirtiendo a partir de los comentarios elogiosos que hacan sus amigos sobre nuestras luchas. Al crecer l comprendi que, si yo no me ocupaba de la manera que me peda, era porque buscaba a su padre .

El 30 de Abril de 1977, nuestro primer da, ramos muy poquitas y todas estbamos atravesadas por el miedo y la angustia. Mientras averigubamos por el paradero de nuestros hijos nos bamos encontrando con mujeres y hombres en la misma situacin. Entonces comenzamos a juntarnos para descubrir las causas, para consolarnos. No nos unan opiniones polticas ni religiosas sino la tragedia, la bsqueda incansable.

Ahora bien, desde el inicio en vez de estar quietas decidimos rondar. No obstante, durante los cuatro primeros meses de reuniones lo que hacamos era estar paradas. Las vueltas comenzaron casi por orden de la polica que nos haca circular. La razn fue muy simple: como el estado de sitio no permita que las personas se juntasen en las calles se nos ocurri caminar alrededor de la plaza. Fue Azucena Villaflor la que propuso esa idea. All podamos expresar nuestro dolor, nuestra angustia y la gente al vernos se iba enterando de lo que estaba sucediendo.

Desde el principio siempre fuimos mujeres. Quizs, el horario elegido no permiti que los hombres nos acompaasen por sus obligaciones laborales Por qu elegimos jueves? Fue una decisin azarosa. Una madre cont que en la tradicin popular los das que se escriben con R traan mala suerte: entonces quedaba slo lunes y jueves. El primero era imposible ya que nosotras tenamos tareas pendientes del fin de semana por ser amas de casa . Por ejemplo, lavar la ropa.

Entonces decidimos por el jueves. Y en cuanto a la hora, se eligi el momento de mayor concentracin de gente justo a la salida de sus oficinas. As fue nuestro comienzo: rondar los jueves a las 15,30. Recin en 1980, empezamos a usar el pauelo blanco en la cabeza con el nombre y apellido del familiar desaparecido, bordado. Fue en la peregrinacin hacia la Baslica de Lujn, convocada anualmente por la juventud catlica.

Era nuestra oportunidad: la Baslica estaba repleta y, en especial, de jvenes. Llevbamos folletos para repartir y frente a tanta multitud debamos identificarnos. Surge en su momento, como una forma de reconocernos entre nosotras. En realidad, cuando comenzamos a utilizarlo no era un pauelo sino un paal de beb; todas tenamos alguno en las casas por nuestros nietos. As, sin quererlo, fundamos el smbolo de las madres.

La identificacin del nombre del desaparecido posibilit que se acercaran aquellas personas que disponan de informacin sobre el paradero de nuestros hijos. Tuvimos que acostumbrarnos a la vida pblica, a las nuevas relaciones, a que nuestra intimidad ya no fuese la misma, a viajar mucho, a tener otro lenguaje, a prepararnos para la discusin con gente del poder, a hablar en los medios de comunicacin y a ser reconocidas por la calle.

Yo dira que nos hicimos mujeres pblicas. Mi caso lo ejemplifica: de ser una ama de casa, fui creciendo y capacitndome hasta lograr el ttulo de psicloga social. Ahora soy titular de la "Ctedra Libre Poder Econmico y Derechos Humanos", de la Facultad de Ciencias Econmicas de la Universidad de Buenos Aires. Al principio muchsima gente nos miraba con cierto recelo. En los primeros aos estbamos muy solas. Nadie rondaba con nosotras. Tenamos inconvenientes con los otros organismos de derechos humanos, algunos de ellos estaban integrados por gente de partidos polticos y tenan otras formas organizativas y otros compromisos. Incluso nos cost mucho compartir ese espacio de resistencia con las feministas.

Ellas comenzaron a venir a la Plaza de Mayo a principio de los ochenta. A las Madres, estas nuevas ideas sobre el ser mujer nos produca confusin y temor y no siempre fueron bien interpretadas. A muchas nos resultaba muy difcil descubrir el carcter patriarcal de la maternidad.

Hay que comprender que nuestra identidad como movimiento fue configurada a partir de ese rol tradicional. De nosotras se desprendi un grupo de Madres que buscaban a sus nietos nacidos en cautiverio y as surgi la Asociacin de Abuelas de Plaza de Mayo, nucleadas bajo el lema " Identidad, Familia, Libertad ".

Nuestra causa ya no es slo la bsqueda de nuestros familiares sino tambin la conquista por la liberacin de las mujeres, el respeto a la libre determinacin del cuerpo, a las minoras de opcin sexual, religiosas y culturales.

Es doloroso decir que el desprendimiento de la vida domstica y privada y el salto a la vida pblica se llev a cabo porque tu hijo/a est desaparecido/a. Pero ya no se vuelve atrs".





Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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