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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2018

Una panormica sobre la actual clase dominante

Jean Nanga
CADTM


A pesar del menor crecimiento de su PIB medio en estos ltimos aos (3,4% y 2,2% en 2015 y 2016, a causa, entre otras, de la cada, desde 2014, de los precios de las materias primas, del petrleo, del que dependen varias economas todava monoproductoras) respecto al que haba alcanzado en los primeros aos de la dcada (alrededor del 5%), la situacin econmica de frica en este siglo XXI es objeto de un discurso muy diferente, incluso contrario al que haba dominado durante las dcadas post-coloniales del siglo XX. En particular durante las dcadas 1980-1990, caracterizadas por la imposicin de polticas de ajuste estructural neoliberal, remedio al endeudamiento crtico de los Estados del Tercer Mundo, y de frica en particular.

No slo la tasa de crecimiento medio del PIB de esta regin del mundo se situ, desde los primeros aos del nuevo siglo, por encima de la media mundial, aunque inferior a las tasas de crecimiento de las economas de China, India o Singapur; tambin ha dado pruebas de resilencia frente a la crisis que ha golpeado al centro tradicional de la economa capitalista mundial, al que est muy ligado o es bastante dependiente.

Adems, aunque este crecimiento del PIB se explica sobre todo por las inversiones directas extranjeras (IDE), atradas por una bastante buena rentabilidad de las inversiones, no se puede ignorar la visibilidad adquirida durante el mismo perodo por empresas africanas consideradas rentables segn los criterios de la economa capitalista. Empresas africanas, no slo en el sentido de empresas instaladas en frica, sucursales de empresas extranjeras, sino empresas que pertenecen o son controladas por gente africana, de Mauricio a Marruecos pasando por Kenya y Nigeria. Empresas individuales o familiares cuyos resultados, capitalistas se entiende, se reflejan en el inters que les conceden empresas consultoras, expertas en capitalismo, como McKinsey o el Boston Consulting Group, o en la entrada de algunos de sus propietarios o accionistas mayoritarios en las listas de las mayores fortunas mundiales publicadas por revistas estadounidenses, como Forbes.

Se puede decir que es uno de los efectos del ajuste estructural neoliberal, de la neoliberalizacin de la mundializacin. Invalidando el diagnstico y el pronstico sobre la burguesa africana que enunci Frantz Fanon −partiendo de lo que era observable entonces en Amrica Latina−, desde los primeros aos post-coloniales: en el seno de esta burguesa nacional no hay ni industriales ni financieros. La burguesa nacional de los pases subdesarrollados no se orienta hacia la produccin, la invencin, la construccin, el trabajo. Se canaliza por completo hacia actividades de tipo intermediario. Estar en la trama, sta parece ser su vocacin profunda (Los Condenados de la tierra, 1961). Lo cual −si no hubiera habido el discurso dominante, desde los aos 1990, sobre el fin de las ideologas, el fin de la historia, o dicho de otra manera, la victoria final del capitalismo− habra podido relanzar el debate de los aos 1950-1960, e incluso 1970, sobre la cuestin de la existencia o no de clases sociales en frica, dentro del cual se planteaba tambin, para los defensores de su existencia, el papel de la burguesa africana en el contexto post-colonial. Al mismo parece responder uno de los capitalistas africanos ms mediticos, el propietario de Heirs Holdings y Transcorp, Tony O. Elumelu, al aadir a capitalismo el prefijo afri (idntico a afro) −considerado positivador por el nacionalismo cultural negro-africano, la dispora (negro-)africana−, formndose el africapitalismo, una prctica africana del capitalismo de naturaleza pretendidamente diferente a la dominante en la tradicin capitalista: un capitalismo inclusivo en vez de exclusivo, que supuestamente aporta prosperidad econmica y riqueza social a frica [1] .

Voy a presentar slo una panormica de algunas caractersticas de esta clase dominante −caractersticas marcadas por las particularidades de cada historia nacional, y tambin de sus relaciones con el resto del mundo, que no van a ser abordadas aqu−, en este contexto de reestructuracin de la economa capitalista mundial, caracterizada entre otras cosas por la emergencia de nuevas potencias capitalistas, no europeas/no occidentales, principalmente China; comenzando por recordar de forma resumida el debate sobre las clases sociales.

El inters de este artculo para el CADTM [Comit pour lAbolition des Dettes Illgitimes, Comit para la Abolicin de las Deudas Ilegtimas], ms all del papel jugado por la crisis de la deuda y el consiguiente ajuste estructural neoliberal, puede estar en que es imposible lograr el objetivo fijado (contribuir a poner en marcha alternativas que liberen a la humanidad de todas las formas de opresin: social, patriarcal, neocolonial, racial) si no se interesa por, o no se tiene en cuenta, esta dinmica capitalista africana que es estructurante de la vida cotidiana de centenares de millones de africanos, oprimidos de formas diversas, los actuales condenados de la tierra, de Port-Louis a Tnez, pasando por Lilongwe y Kinshasa, aunque, repito una vez ms, no se va a analizar una cincuentena de sociedades (pases) africanos, sino tan slo algunas caractersticas generales [2] .

Sobre la existencia o no de clases sociales en frica

En un perodo que se extiende sobre todo entre los aos 1950-1970, esto es, de la vspera del acceso masivo a la independencia de las colonias europeas de frica a las dos primeras dcadas de la llamada independencia, intelectuales y mujeres y hombres polticos africanos, as como africanistas extra-africanos, opinaron, discutieron sobre la existencia o no de clases sociales en frica. De hecho, sobre el papel que debera jugar o no la lucha de clases en frica durante la lucha por la independencia, y sobre todo en la llamada frica post-colonial, pues a la existencia de las clases sociales estn ligadas, inseparablemente, sus luchas.

Atenindonos a algunos actores polticos africanos, entre los principales protagonistas de este debate, grosso modo, estaban por un lado quienes como Lopold Sdar Senghor, Jomo Kenyatta, Julius Nyerere, Kwame Nkrumak, que partiendo del conocimiento que tenan de las sociedades africanas precoloniales as como de la divisin principal de la sociedad colonial, en colonos y colonizados/indgenas, afirmaban que la existencia de las clases sociales era una realidad de las sociedades europeas, desconocida en el frica pre-colonial, ms o menos transportada por la estructuracin colonial, aunque mucho menor respecto a la divisin entre opresores coloniales y oprimidos/explotados indgenas. A pesar de la existencia bajo la colonizacin de afinidades entre el capital colonial y algunas categoras sociales de colonizados, stos tenan un inters comn en liberarse de la dominacin colonial y, una vez adquirida la independencia, construir la nacin post-colonial, en inters de toda la poblacin, volviendo a conectar con las supuestas tradiciones comunitarias africanas o valores tradicionales africanos dominados durante el perodo colonial, excluyendo el principio de la lucha de clases, sin hacer en todo caso tabla rasa de la sociedad construida por, y heredada de, la colonizacin, de su estructuracin social. Todas las personas descolonizadas deban tener el mismo inters en la construccin de la nacin post-colonial, a pesar de las diferenciaciones sociales jerrquicas heredadas de la sociedad colonial: todas las capas sociales deberan comulgar en esta unin nacional. Lo que Lopold Sdar Senghor, por ejemplo, teoriz bajo la denominacin de socialismo africano y que supuestamente practic como presidente del Senegal. En cuanto a Kwame Nkrumh, que le precedi como jefe de Estado, en Ghana, y figura principal del panafricanismo −panafricanismo compartido tambin por Senghor y muchos otros, con quienes llegar a fundar la Organizacin de la Unidad Africana (OUA)−, elabor, sobre las mismas bases del comunitarismo pre-colonial, adaptado a la era post-colonial, una filosofa y una ideologa para la descolonizacin y el desarrollo denominada conciencismo (El Conciencismo, 1964) [3] . Incluso en la segunda edicin de El Conciencismo (1969), esta ideologa est llamada a reconstituir la sociedad igualitaria pre-colonial.

Por otro lado estaban quienes, como Frantz Fanon, comprometido en la guerra de liberacin nacional argelina, Mehdi Ben Barka, tercermundista marroqu, Amilcar Cabral, dirigente del Partido africano para la independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) −que tambin eran panafricanistas−, sostenan que en perodo colonial y post-colonial haba clases sociales indgenas, y despus nacionales, con intereses divergentes, aun cuando no se trataban de calcos de las sociedades occidentales: por ejemplo, inexistencia general de fraccin indgena de la clase capitalista durante la colonizacin, pese a la existencia a veces de algunos individuos.

Por ejemplo, para Fanon, adems de su caracterizacin −inspirada, como hemos dicho, en la realidad de la llamada Amrica Latina post-colonial− de la burguesa africana post-colonial (cf. arriba) como burguesa compradora (intermediaria), la clase revolucionaria en frica no era el proletariado (urbano, relativamente privilegiado, aunque no tanto como la pequea burguesa urbana y rural) sino el pequeo campesinado pobre. Segn Ben Barka, haba entonces en Marruecos una gran burguesa, no progresista y ligada al semi-feudalismo, una media y pequea burguesa titubeante en relacin a la continuacin de la lucha nacional, a la revolucin, un pequeo campesinado sin tierra que ganara acercndose a la clase obrera, fuerza revolucionaria en esta sociedad [4] . Cabral, por su parte, hablaba de la dominacin neocolonialista [] que permite el despertar de la dinmica social (conflictos de intereses en las capas sociales autctonas o lucha de clases), de seudo-burguesa local que cualquiera que fuera su grado de nacionalismo, vista su infeudacin con el imperialismo no puede orientar libremente el desarrollo de las fuerzas productivas: en una palabra, no puede ser burguesa nacional [5] .

Sin embargo, tras el golpe de Estado militar que lo derroc −que plasmaba una coalicin de intereses de clase locales (empresarios privados, pequea burguesa, oficiales superiores del ejrcito ghaniano, jefes tribales−, Nkrumah reconsider su opinin sobre las clases sociales y su lucha [6] , acercndose a los Fanon, Ben Barka, Cabral, Samir Amin [7] , afirmando, por ejemplo, en una obra con significativo ttulo, La Lucha de clases en frica: se ha sugerido que las clases sociales que existen en otras partes del mundo eran desconocidas en frica. Nada ms lejos de la verdad [8] , porque las sociedades africanas de su tiempo estn estructuradas en campesinado, proletariado, pequea burguesa, burguesa nacional y autoridad tradicional, con intereses muchas veces divergentes. Incluso antagonistas: frica es actualmente el teatro de una violenta lucha de clases. Basta con mirar a nuestro alrededor. Como ocurre en todas partes, se trata esencialmente de una lucha entre opresores y oprimidos [] frica posee un ncleo central de burguesa, poco diferente de los colonizadores y colonos por las posiciones privilegiadas que ocupa y que constituye una minora egosta, interesada, reaccionaria, en medio de las masas explotadas y oprimidas [9] . No se trataba ya de oponerse nicamente al imperialismo, como en El Imperialismo, ltimo estadio del neocolonialismo−que junto a El Conciencismo y frica debe unirse constituyen las obras de referencia de cierto panafricanismo, un panafricanismo sin determinacin social/de clase−, sino tambin a la burguesa local, en desarrollo. Dicho de otra manera, haba que salir de ese panafricanismo nostlgico de una mtica frica pre-colonial, fundamento del proyecto de conciliacin de las clases sociales. Forma de panafricanismo que en estos ltimos tiempos goza de una nueva juventud, en editoriales y en internet.

Por desgracia, La Lucha de clases en frica no ha formado parte de las obras de Nrumah reeditadas por Presencia Africana en los aos 1990-2000. Ser porque suele ser ignorada por los panafricanistas, continuadores de la tradicin de ocultacin de la lucha de clases entre africanos? O porque no resultara sexy ni rentable reeditar una obra cuyo primer prrafo afirma que El objetivo principal de los revolucionarios del Mundo Negro debe ser la liberacin y la unificacin totales de frica bajo un gobierno panafricano socialista [10] , precisando que esos objetivos deben ser articulados con el triunfo de la revolucin socialista internacional que har progresar al mundo hacia el comunismo (p. 108), cuando ya desde los aos 1980 la temtica de las clases sociales, de sus luchas, sufra una marginacin editorial en Europa en general, y en Francia (donde se localiza el editor) en particular, consolidada por la destruccin del Muro de Berln y el final de la URSS? Una situacin de la que todava cuesta salir, a la vista de la persistente soledad de la ideologa neoliberal del fin de la historia, que sigue imponiendo en la lectura del frica actual, recubierta de un culturalismo/racialismo centrado, por ejemplo, en el prefijo racializado afro / afri.

Aunque se puede ver que, hoy da, en frica existe objetivamente, grosso modo, un pequeo campesinado agrcola independiente; un proletariado, por lo general ms urbano que rural agrcola, que vive de la venta de su fuerza de trabajo al capital privado y estatal, con ingresos que le permiten reproducir su fuerza de trabajo y acceder, apretndose el cinturn, a algunos esparcimientos de la sociedad de consumo, y al que pueden ser asimiladas algunas categoras de personas empleadas, tanto en el sector pblico como en el privado; personas que comercian en los mercados de las calles, y personas activas en pequeos oficios o pequeas actividades artesanales, incluidas en el llamado sector informal, de tintorera, de zapatera, peluquera, costura, albailera, carpintera, restaurantes/cantinas, soldadura, mecnica, etc., en condiciones de vida que oscilan entre el lumpenproletariado y el proletariado; una pequea burguesa (o clases medias) constituida por la pequea propiedad de medios de produccin o de comercios −una parte de los cuales dentro del sector informal− utilizando principalmente mano de obra familiar o mnimamente mano de obra asalariada, incluso aprendiz, una gran parte de los agentes de la funcin pblica y de las empresas estatales, cuadros de empresas privadas, miembros de las llamadas profesiones liberales (mdicos privados, abogados, notarios, contables), pequeos propietarios; una burguesa capitalista: propietarios de empresas que utilizan mano de obra asalariada en las (pequeas, medianas, grandes) empresas de diferentes sectores, de la explotacin petrolera a los servicios, pasando por el gran comercio, el transporte, la construccin, la hostelera, la importacin.

Esta clase de antigua y nueva gente rica, minoritaria en todo el pas, es la dominante, porque la economa e incluso la sociedad estn organizadas en funcin de sus intereses. En esta clase no slo est la representacin del capital extranjero, sobre todo el occidental, que sigue siendo el principal en frica, sino tambin capitalistas autctonos [11] −los trminos africapitalismo y su derivado africapitalista tienen el mrito de reconocer al menos la existencia de esta clase social− que ejercen, de manera subordinada consentida o en relativa competencia con el capital extranjero, una influencia cierta sobre los y las dirigentes polticas (gobierno, parlamento) −algunos de cuyos miembros pueden ser miembros de esta clase social− y por tanto sobre la existencia de centenares de millones de personas que viven en frica.

Una vieja tradicin en frica

Esta participacin de los indgenas de frica en la dinmica del capital es muy anterior al perodo post-colonial, hay que seguir recordndolo a la vista del discurso mentiroso, o ignorante, sobre el momento actual como el de la integracin de frica en la mundializacin, se sobreentiende que del capital.

Grosso modo, la gente negro-africana ha contribuido a la larga marcha del capital, no slo como esclavos en la Amricas −a su costa−, sino tambin como empresarios de la captura (desde las tierras interiores hasta la costa) de otra gente africana destinada a la esclavitud [12] . Dignatarios de los reinos costeros, celebrados todava hoy por algunos nacionalistas africanos, fueron actores o supervisores, y por supuesto beneficiarios. Ms tarde, con la prohibicin de la trata de esclavos en el siglo XIX, algunos africanos, incluyendo antiguos esclavos regresados de Brasil, pudieron hacer fortuna participando en los circuitos clandestinos de la trata. En algunos pases del golfo de Benn, algunas familias de la actual clase dominantes son descendientes de estos traficantes de los ltimos tiempos de la trata negrera atlntica. Y tambin, en otra configuracin, una parte de la actual burguesa mauriciana, de vieja ascendencia francesa, desciende de los antiguos propietarios de esclavos de los siglos XVIII y XIX en el ocano ndico.

Tambin el perodo colonial (incluyendo los protectorados), pese a las restricciones prcticas, produjo capitalistas africanos [13] . Entre los capitalistas a los que se refera Fanon se pueden incluir comerciantes nigerianos como El Hadj Alhassan Dantata (1877-1855, fundador de Alhassan Dantata & Sons) [14] , un intermediario de la Compaa del Niger, considerado el africano ms rico de las colonias britnicas de frica occidental −uno de sus biznietos, Aliko Dangote, es hoy da el hombre ms rico de frica, dirigiendo un grupo multinacional. Al igual que la cspide de comerciantes nigerianas de tejidos, tanto locales como los de fabricacin industrial colonial llamados tejidos/taparrabos africanos (java, wax): las mujeres ms industriosas posean uno o dos camiones [15] , as como sus colegas de Togo: En los aos 1950, existan al menos tres categoras de revendedoras. El primer grupo inclua a aquellas cuyo volumen de negocios era superior a diez millones de francos CFA [16] −las llamadas Nana Benz−, propietarias indgenas de tierras de Kenya (colonial). As, a diferencia de algunas biografas falsificadas, que los presentan como self-made men/women, algunas figuras actuales de esta clase dominante son herederas de capitalistas, de familias pequeo burguesas o de notables de aquel perodo.

En el perodo postcolonial, anterior a la neoliberalizacin, hubo en varias sociedades africanas una poltica de apoyo o creacin de capitalistas autctonos, de indigenizacin por medio de la reglamentacin de las inversiones: topes mximos a inversores extranjeros en algunos sectores econmicos, exclusividad autctona de algunos sectores econmicos, incluso a costa de los empresarios originarios de otros pases africanos. Fue el caso en Kenya de Jomo Kenyatta (el padre de Uhuru), en Zaire de Mobutu y la zairianizacin, o la indigenizacin en Nigeria por los sucesivos generales-presidentes [17] . Dicho de otra forma, una nueva fase, una ampliacin de la llamada acumulacin primitiva del capital privado local con ayuda del Estado nacional, una expresin de slidos vnculos entre la clase poltica y los miembros autctonos de la clase socio-econmicamente dominante. Una de cuyas consecuencias fue que una parte de los crditos concedidos por bancos pblicos a empresarios, prximos a gobernantes o hacindoles de testaferros, no fue devuelta por los citados empresarios, contribuyendo as, durante los aos 1980, a los dficits o quiebras bancarias. La crisis de estas economas neocoloniales, una de cuyas principales manifestaciones fue la crisis de la deuda pblica exterior, llev al ajuste estructural neoliberal, la solucin standardizada impuesta a los Estados sobreendeudados de frica, Amrica Latina y Asia por las instituciones financieras internacionales, de acuerdo con el Consenso (unilateral) de Washington. Que se sigue aplicando actualmente, con una evidente violencia social, en Grecia.

La neoliberalizacin de la mundializacin: produccin de una nueva clase dominante en las sociedades africanas

Es innegable que hubo capitalistas, embriones de burguesa nacional, en la mayor parte de las sociedades africanas durante el primer perodo post-colonial, lo que no obsta sin embargo para que este dinamismo de la nueva clase dominante −con excepcin de sociedades con vieja burguesa, como la sudafricana, la egipcia, la mauriciana− sea sobre todo una consecuencia de los dictados de las instituciones financieras internacionales, de su imposicin del ajuste estructural neoliberal en los Estados africanos, como solucin a su endeudamiento crtico. Estados cuyos gobernantes no se oponan en principio a la neoliberalizacin [18] . La deseaban por inters, aunque sin los factores de contestacin social popular que suscitaba. En cuanto a las oposiciones polticas, se asociaban por lo general a la definicin de democracia que haca circular el Banco Mundial y otros: democracia = economa de mercado + partidismo + activismo de la sociedad civil. Esta ltima no era considerada como expresin de intereses divergentes, cuando es tambin un espacio de la lucha de clases (asociaciones patronales y sindicatos obreros, por ejemplo, forman parte de la sociedad civil).

Hubo que privatizar las empresas pblicas estratgicas, liberalizar los mercados. Profundizarlo donde ya ocurra antes: en Costa de Marfil, en Egipto, en Ghana, en Kenya, en Tnez, en Zaire, por ejemplo. Este proceso todava est inacabado. Los beneficiarios han sido los inversores extranjeros, los famosos inversores estratgicos. Pero no se debera identificar la privatizacin, la liberalizacin, con una recolonizacin [19] , porque aqu y all, en casi toda frica, miembros de la clase poltica, capitalistas ya instalados −los de la primera dcada postcolonial− o han adquirido acciones en empresas pblicas privatizadas, acciones que eran propiedad de los Estados, o han adquirido otras ex−empresas pblicas, o bien han creado nuevas, privadas. Empresariado autctono que se encontraba en posicin favorable, o seguro de estarlo, en la asignacin de las concesiones pblicas, por el hecho de la proximidad entre la clase poltica / los y las gobernantes presentes o incluso pasados, con la clase social dominante. Un capitalismo de connivencias [20] .

En Sudfrica, donde desde final del siglo XIX exista una clase capitalista que era considerada muy dinmica, y para cuyos intereses fue constitucionalizado el apartheid, se trat de reforzar a esta clase despus del apartheid, favoreciendo el desarrollo de capitalistas negros, con el Black Economic Empowerment (discriminacin positiva, en favor de la pequea burguesa negra en materia econmica/empresarial, por ejemplo en forma de adquisicin de acciones en los sectores econmicos ms importantes, como el minero), iniciado bajo la presidencia de Nelson Mandela (con el apoyo, cuando no la inspiracin, de algunos elementos ilustrados de la burguesa blanca sudafricana).

Todo ello con el aliento cierto de las instituciones financieras internacionales, vigilando que la neoliberalizacin (econmica) siguiese un curso normal y se hiciese efectiva en todo el mundo. La presin sobre los Estados se ha ejercido, entre otros medios, con el acceso a la financiacin, los informes anuales emitidos por el Banco Mundial, el Doing Business que clasifica a los Estados en buenos, medios y malos alumnos en materia de institucin de las condiciones ms favorables para los negocios y las inversiones, como ms exenciones fiscales o bajos tipos impositivos (alrededor de 28% de media, 15% en Mauricio, 13,6 en Lesoto). Tanto para los capitales autctonos como para los provenientes de otros sitios, preferentemente sin distincin de origen en el sentido neoliberal de la igualdad entre David y Goliat.

Actualmente, esta clase dominante autctona est activa en buen nmero de sectores (alimentacin, seguros, construccin y trabajos pblicos, enseanza, finanzas, inmobiliario, medios de comunicacin, farmacutico, extraccin de recursos naturales −minas e hidrocarburos−, transporte, telefona, textil, etc.). Aunque siga apostando por estar en la trama, porque se trata de una prctica inherente al capitalismo, ya no se puede hablar de esta clase como de simples intermediarios [21] .. Ninguna de estas empresas forma parte todava del top 500 (mundial) de empresas, pero las empresas africanas, segn frica CEO Forum, contribuyeron en 2013 a casi el 23% de las inversiones en el continente [8% en 2007], estn en segunda posicin tras las inversiones de las empresas de Europa occidental [], son tambin la segunda fuente de creacin de empleos en el continente [22] . Su crecimiento, sus resultados, son cada vez ms celebrados en la prensa, no slo africana, y por las consultoras que se encargan de la propaganda del crecimiento capitalista neoliberal.

Cada pas africano posee hoy da −adems de cmaras de comercio e industria− su/sus organizaciones patronales, para la defensa de los intereses de esta clase. Es cierto que participan tambin miembros no autctonos de la clase, pero suelen estar dirigidas por autctonos, sin que esto signifique un predominio del capital autctono sobre el alctono. Las polticas econmicas y sociales nacionales se organizan tambin en funcin de los intereses del capital autctono, adems del, ms estructurante, capital internacional (no africano). Estos miembros autctonos de la clase dominante ejercen una presin sobre los gobernantes polticos (ministros, parlamentarios −figurantes rentables en aquellos sitios donde llegan a registrar proyectos de ley−, gobernadores, etc.) [23] que adems, y de manera general, hacen de su paso por el poder un momento de acumulacin primitiva −los sobornos recibidos, el robo de dinero pblico, la autoconcesin de privilegios, mercados para sus empresas y de sus testaferros, etc.− de adquisicin de acciones [24] , o incluso de constitucin de grupos econmicos. Esto crea una gran complicidad, connivencias, una imbricacin entre dirigentes polticos y dominadores econmicos [25] .

Cada vez ms miembros de esta clase capitalista se transforman en actores polticos. En los siete ltimos aos (2004-2011) de la presidencia de Hosni Mubarak, el gobierno se caracteriz, entre otras cosas, por nombrar a reconocidos empresarios capitalistas para ministerios muy ligados a sus intereses privados, individuales o familiares: Comercio y en Industria, Turismo, Agricultura, Salud [26] . Algunos empresarios han conseguido hacerse elegir a la cabeza de Estados, como Marc Ravalomanana (el Berlusconi malgache) en Madagascar, Adama Barrow en Gambia, o Patrice Talon en Benn, uno de cuyos desafortunados competidores es Sbastien Ajavon, un empresario capitalista tanto en Benn como en Francia −rivalidad poltica entre capitalistas que se manifiesta tambin en Kenya entre Uhuru Kenyatta (un heredero de la dinmica empresarial capitalista de los Kenyattas desde la presidencia del padre, Jomo) y Ralia Odinga −cuya eleccin a la presidencia habra mejorado probablemente la situacin de sus negocios, considerados menos prsperos en 2017. El Estado sudafricano corre el riesgo de ser dirigido desde el prximo ao por una de las personas ms ricas de Sudfrica, su actual vicepresidente Cyril Ramaphosa. En RDC, el hombre de negocios Mose Katumbi est en la lista de pretendientes a la sucesin de Joseph Kabila, que tiene fama de haberse enriquecido escandalosamente, junto a miembros de su familia y colaboradores polticas, e invertido tambin en el empresariado.

Un capitalismo transnacional africano

Algunos de los miembros de esta clase dominante que no se contentan con invertir localmente, estn a la cabeza de empresas presentes en varios pases africanos. Son, por ejemplo, Elsewedy Electric, el grupo Dangote presente con sus cementeras y otras actividades en todas las sub-regiones de frica −recurriendo tambin a la subcontratacin−, el grupo Orascom de Osni Sawiris y sus hijos, el grupo Mansour, bancos africanos (Attijariwafa Bank, Ecobank, Nedbank, United Bank of frica, etc.), la sociedad de inversin Heirs Holdings, Transcorp (citada en nota de la pgina anterior) del adalid del africapitalismo Tony Elumelu, Econet del zimbabwense Strive Masiyiwa. Una sesentena, o incluso un centenar de multinacionales a la africana, como dijo un miembro de su serrallo [27] , que invierten fuera de su pas de origen, en su sub-regin y en otras sub-regiones. Ello favorece el proceso de integracin africana, y la existencia de diversos reagrupamientos sub-regionales sirven de referencia a las organizaciones de defensa de los intereses de esta clase dominante. Como la Federacin de organizaciones patronales de frica del Oeste (FOPAO), en el espacio de la Comunidad Econmica de Estados de frica del Oeste (CEDEAO), la Unin de patronales de frica Central (UNIPACE) en la Comunidad Econmica de Estados de frica central (CEEAC). Aunque la FOPAO se quejaba recientemente de cierta persistencia en la proteccin de los mercados locales en el seno de la CEDEAO.

A nivel regional, las organizaciones patronales nacionales se reagrupan en Business frica (antigua Confederacin patronal de empleadores, seccin regional de la Organizacin Internacional de Empleadores, OIE). Esta organizacin patronal panafricana tiene como misin, entre otras, mejorar la posicin de las empresas en las instancias continentales, como la Comisin de la Unin africana, la Comisin econmica de las Naciones Unidas para frica (CEA), la Oficina regional de la OIT para frica, el Banco africano de desarrollo y otras instancias continentales [28] . Lo cual no exige un esfuerzo particular, vista la adhesin de estas instituciones al neoliberalismo [29] −digamos al social-liberalismo en el caso de la OIT (Organizacin Internacional del Trabajo) −, su creencia en el sector privado como motor del desarrollo de frica, tambin en asociacin pblico-privado, ese artilugio de los desarrolladores neoliberales.

As, esta parte de la patronal africana, las multinacionales africanas, est muy interesada en la integracin econmica de frica bajo la forma de un mercado nico, la zona de libre cambio continental (ZLEC), proyecto iniciado en 2012 por la Unin Africana y que debera ser efectivo en 2017, aunque acusa cierto retraso. Para no prolongar este retraso, algunas de estas multinacionales [30] , con el viento en popa, han creado el Club Afrochampions (presidido por Aliko Dangote y copresidido por el antiguo Jefe de Estado sudafricano y adalid del Renacimiento africano, Thabo Mbeki). Esta parte de la clase dominante africana pretende ser, en cierta manera, panafricanista, un panafricanismo claramente capitalista: tener un peso importante en el mercado africano, incluso conseguir una posicin dominante. Sin limitarse a ello.

En efecto, an con el recurso a una adaptacin para frica de la definicin de multinacional, algunas empresas africanas han superado las fronteras continentales, invirtiendo en Europa, en Amrica, en Asia, en Oceana. frica no se limita por tanto a recibir inversiones directas extranjeras, tambin es un punto de partida, aunque las salidas sean inferiores a las entradas. Los flujos de inversiones directas africanas fuera de frica, segn los informes anuales de la CNUCED sobre la inversin en el mundo, de 2011 a 2016, han sido: en 2011 de 23.000 millones de dlares americanos frente a 66.000 recibidos, en 2012 34.000 frente a 77.000 recibidos, en 2013 casi 38.000 frente a 74.000 recibidos, en 2014 28.000 frente a 71.000 recibidos, en 2015 18.000 frente a 61.000 recibidos, en 2016 18.000 frente a 59.000 recibidos.

Teniendo en cuanta las relaciones histricas entre las antiguas colonias y sus metrpolis coloniales/neocoloniales y la dominacin simblica mantenida por stas, las relaciones entre capitalistas estn hoy da bastante establecidas. Business frica habla de la continuacin de su colaboracin con grupos de empresas europeas y americanas −por americanas hay que entender las de Estados Unidos y Canad, no las de la llamada Amrica latina.

Por ejemplo, sobre las inversiones en el sentido considerado inhabitual (frica => Europa), Entre 2007 y 2012, durante la peor recesin de la economa global de Europa, las inversiones africanas crecieron siete veces, alcanzando los 77.000 millones de euros [31] . Estos ltimos aos, han tenido bastante cobertura meditica la adquisicin de participaciones importantes en grandes empresas de Portugal por la multimillonaria angolea Isabel Dos Santos; la adquisicin por Media Global Networks de la familia Sawiris del 60% de participaciones de la cadena de televisin europea Euronews; la compra, entre otras empresas europeas, de la segunda empresa francesa de electrodomsticos Fagor/Brandt por el grupo Cevital del multimillonario argelino Issad Rebrab [32] . Desde luego, no se trata de un vuelco de la tradicional dominacin de los capitales occidentales (estadounidense, europeo) en frica, de un imperialismo al revs (Charles-Albert Michalet [33] ), porque el stock de inversiones africanas en Europa y Estados Unidos est lejos de toda comparacin con los de Estados Unidos, Reino Unido y Francia, pelotn de cabeza en stock de inversiones en frica.

Se suele hablar, por ejemplo, de las inversiones chinas o indias en frica, pero mucho menos de las inversiones africanas en China. Aunque en Johannesburg, en 2013, durante una mesa redonda organizada con ocasin de la primera reunin del Consejo de negocios de los BRICS en Johannesburg [] el empresario africano Tony O. Elumelu, presidente de Heirs Holdings, llam a los empresarios de los pases BRICS a hacer sitio a las empresas africanas que quieren extender sus actividades fuera del continente en los BRICS [34] , existen sin embargo inversiones africanas en estas potencias capitalistas emergentes. En lo que se refiere a la primera de ellas, siguiendo el desarrollo de la economa africana y la progresin del mercado chino, empresas africanas han invertido ms activamente en China. Isla Mauricio, Sudfrica, las Seychelles, Nigeria y Tnez son los principales inversores africanos en China. A finales de 2009, las inversiones directas africanas en China, acumuladas, representaban 9.930 millones de dlares, sobre todo en los sectores de petroqumica, maquinaria, electrnica, transporte y comunicaciones [35] . Tres aos ms tarde se constataba un alza nada despreciable: en 2012, frica haba invertido un total de 14.200 millones de dlares, lo que supone un aumento del 43% respecto a 2009 [] Slo en 2012, las inversiones directas africanas en China [] se han elevado a casi 1.400 millones de dlares [36] . En 2015, representaban la mitad de las inversiones chinas en frica, 15.000 millones frente a 30.000 −no confundir las inversiones directas chinas en frica con las cifras de las relaciones comerciales afro-chinas, los prstamos chinos [37] y los servicios chinos en frica, como construccin de infraestructuras. En India, se ha hablado de inversiones africanas del orden de 170 millones de dlares acumulados entre 2000 y 2010 [38] . El capital sudafricano era, a finales de 2013, el ms dinmico en las sociedades compartidas con las BRICS, con sus 36 empresas en China frente a 72 chinas en Sudfrica, 54 en India frente a 115 indias en Sudfrica, 25 en Brasil y 12 en Rusia frente a respectivamente 4 brasileas y 12 rusas en Sudfrica. Pero parece que, a pesar de la referencia frecuente a las relaciones Sur-Sur en la era de la mundializacin neoliberal, las relaciones intercapitalistas no estn muy desarrolladas, como lo deja entender Business frica que pretende establecer asociaciones con federaciones de empresas surgidas de economas emergentes como China, India, Brasil y Rusia.

Sin embargo, sin negar de ninguna manera la jerarqua intra-capitalista, con sus banderas nacionales, heredada de la historia y actualmente en reestructuracin, con pequeos puntos marcados por algunas empresas africanas frente a algunas multinacionales clsicas que operan en frica, la compartimentacin bajo las banderas nacionales debera ser relativizada, porque no hay muralla china entre capitales en la poca de la neoliberalizacin de la mundializacin. Hay participaciones estadounidenses, europeas, en empresas chinas, indias, etc., y recprocamente participaciones chinas, indias, etc. en empresas estadounidenses, europeas. Hay tambin participaciones africanas en empresas europeas y estadounidenses: las IDE africanas estaran bastante orientadas hacia Europa y los Estados Unidos. Participaciones asiticas, entre ellas las de pases del Golfo (situados en Asia occidental) en empresas africanas: por ejemplo, las consideradas asiticas Olam (Singapur) y Wilmar (Malasia-Singapur), segunda y primera empresas mundiales de produccin de aceite de palma, tienen acciones en su colega costamarfileo SIFCA; el Qatar National Bank es el primer accionista en Ecobank, el llamado banco panafricano, con el 23% de participacin (seguido por el banco sudafricano Nedbank, con el 20%); en 2015, el banco chino Industrial and Commercial Bank of China adquiri el 20% del sudafricano Standard Bank. El gran banco britnico, con muy mala fama, Hong-Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC) (slo) posee el 0,039% de las acciones de Dangote Cement, menos que el 1,4% de Souvereign Fund Investment Corp of Dubai, mientras que Cascade Investment, L.L.C. de Bill Gates, es uno de los tres inversores estadounidenses que compraron, en 2013, una participacin de mil millones de dlares en Orascom Construction Industries de los Sawiris [39] (inversor en telecomunicacin en Corea del Norte, en asociacin con dicho Estado −OCI ha anunciado recientemente su proceso de retirada de este pas, relacionado al parecer con la actual tensin con los Estados Unidos de Amrica); la fundacin de los Zuckerberg (Facebook) ha adquirido participaciones en ndela (Kenya, Nigeria), etc. Tambin est en desarrollo una asociacin entre bancos africanos y chinos. As, esta parte de la clase dominante africana puede ser considerada como partcipe en la formacin de lo que algunos denominan la clase capitalista transnacional [40] , la clase transnacional y dominante a nivel mundial.

Una clase dominante fundamentalmente diferente?

El crecimiento de esta clase no slo es celebrado por las fortunas que genera, como una especie de prueba de la capacidad de los africanos para triunfar econmicamente como los de otras partes −una consideracin que reacciona contra la ideologa de la humanidad inferior de los (negro-)africanos−, hasta presentar a frica como la ltima frontera del capitalismo [41] , sino tambin porque se supone que esta vez pondr a frica en la va de salida del subdesarrollo. El desarrollo de esta clase estara destinado a derramar sobre las otras capas sociales −ms all del tramo superior de la clase media − de las sociedades africanas prosperidad econmica y riqueza social, como le gusta decir al adalid del africapitalismo.

En Sudfrica, vista su importancia en la actividad econmica, el capital privado sudafricano no slo es localmente un gran empleador, sino el principal empleador privado. Lo mismo ocurre en la sociedad egipcia con el grupo Orascom, considerado el primer empleador privado. No obstante, es una creacin de empleos que resulta insuficiente, como se lament, ante la lite nigeriana de la empresa privada, la tecncrata nigeriana, antigua directora del Banco Mundial, y entonces Ministra de Finanzas de Nigeria, Ngozi Okonjo-Iweala: Quienes estis en esta sala: si no asumimos este problema, que necesitamos crear puestos de trabajo y no solo crear riqueza, descubriris que es la economa en su conjunto la que est en peligro [42] . Prioridad al enriquecimiento, a la acumulacin, sobre la creacin de empleos, que es natural a la lgica capitalista, pero puede ser factor de levantamientos populares −a la vista de lo que acababa de pasar en Tnez y Egipto−. Porque los empresarios privados no crean empleos por patriotismo ni por humanismo, sino para la acumulacin de las riquezas, del capital. Poseer capital no basta, para que produzca enriquecimiento hay que explotar la fuerza de trabajo, en la produccin industrial y en el BTP, incluso en los telecoms y el sector financiero, hace falta empleados que hagan vivir la empresa −esperando los tiempos poco probables de la robotizacin integral−, tambin en el comercio [43] . Los trabajadores producen la riqueza, no los poseedores del capital solos con sus capitales (edificios y mquinas incluidas). Una evidencia cada vez ms olvidada.

Esta explotacin del trabajo, de la que depende esta clase dominante, se realiza actualmente en el marco neoliberal establecido por los programas de ajuste estructural de los aos 1980-1990, incluyendo, entre otros, la reforma de los cdigos o legislaciones laborales, a costa de los trabajadores, en beneficio de los inversores, de la patronal. Una flexibilizacin forzada del trabajo, anterior y de la misma naturaleza de la que acaba de confirmar en Francia el gobierno de Emmanuel Macron, despus de la de Franois Hollande, sin haber encontrado por desgracia verdadera resistencia. Peor an, las relaciones de complicidad, de corrupcin, de identidad de clase, entre los inversores privados y los gobernantes, incluso la corrupcin que se ha vuelto cosa corriente en las direcciones sindicales, favorecen la violacin de estas disposiciones legales que ya eran sin embargo favorables a la patronal. Pero todo esto no parece suficiente, como lo expresa regularmente el Forum econmico mundial de Davos, referido a Sudfrica, con su supuestamente rgida legislacin laboral −a pesar de la tragedia de Marikana [44] . Quienes aplauden a estos empresarios millonarios y milmillonarios, se olvidan de decir que stos lo son porque practican, entre otras, la sobreexplotacin de sus obreros y empleados. As, el colectivo de trabajadores de la fbrica senegalesa ms meditica de esta clase dominante, en un comunicado que explicaba que iba a la huelga, revelaba que cobraba los salarios ms de 20 das despus de fin de mes y siempre con el temor de no percibir nuestros salarios mensuales. Despus de cinco meses de trabajo en la fbrica todava no disponemos de nuestros contratos, a pesar de diversas gestiones ante la inspeccin de trabajo. Por ello no disponemos de ninguno de los acuerdos regulados por la legislacin senegalesa [45] , sin cobrar indemnizaciones por transporte, horas suplementarias, cuidados mdicos, etc. Exista adems una discriminacin entre trabajadores, susceptible de producir algn tipo de chovinismo: En esta fbrica donde los extranjeros indios, chinos y egipcios son mayoritarios y mejor tratados que los nacionales experimentados, est plenamente justificada la frustracin de los senegaleses. Por ejemplo, todos los extranjeros reciben su salario a ms tardar el da 2 de cada mes. Como parntesis, el capitalismo africano ha tenido que recurrir, en algunos sectores, a extranjeros, sobre todo entre cuadros, invocando la falta de competencias locales necesarias en algunos pases. Esto se va reduciendo, dando lugar a una gestin mixta [46] . Sin embargo, por ejemplo, en Mauricio las obreras inmigradas de la industria textil, provenientes de Bangladesh, son ms sobreexplotadas que privilegiadas. En otras fbricas del mismo tycoon africano, la situacin est lejos de ser envidiable. As, en Zambia, donde se ha llegado a considerar la situacin de sus trabajadores comparable a la de los esclavos [47] . La sobreexplotacin contribuye por tanto al liderazgo de los multimillonarios africanos. Lo cual no tiene nada de excepcional, es ms bien una regla −bajo formas diversas y variadas− del capitalismo.

Ciertamente se han creado empleos, no ya slo de forma insuficiente, sino que adems no pueden ser considerados como decentes en la acepcin de la onusiana Organizacin Internacional del Trabajo. Segn el director del Bureau Afrique de la OIT, Aeneas Chuma, que considera el estmulo desde 1965 a la creacin de empleos decentes como una de las realizaciones de la OIT en frica: El trabajo decente es un trabajo productivo y correctamente remunerado, acompaado de condiciones de seguridad en el lugar de trabajo y de una proteccin social para la familia; un trabajo que da a los individuos la posibilidad de desarrollarse y de insertarse en la sociedad, as como la libertad de expresar sus preocupaciones, de sindicarse y de tomar parte en las decisiones que tendrn consecuencias sobre su existencia; un trabajo que supone una igualdad de oportunidades y de trato para mujeres y hombres debera estar en el centro de todas las estrategias de desarrollo [48] . Claro que, tomando esta definicin al pie de la letra, el trabajo decente es histricamente un gnero muy raro en las empresas privadas, a nivel mundial. Al margen de cualquier problematizacin del trabajo productivo, de la decencia y del desarrollo en el trabajo asalariado, y ms an en la empresa privada, frica estaba todava recientemente en el pelotn de cabeza de los empleos no decentes y vulnerables en el mundo −algunos Estados incluso consideran intil tener estadsticas en esta materia, no siendo la situacin social de la poblacin una de sus preocupaciones prioritarias.

Con el avance del neoliberalismo la situacin slo puede ser peor, aun cuando en las pginas de la revista del FMI , Finances & Dveloppement, se llega a reconocer, ms vale tarde que nunca, aunque sin explicarlo de forma consistente, que la parte del trabajo en la renta, a saber la fraccin de la renta nacional que vuelve a los trabajadores en forma de salarios y prestaciones, baja en todo el mundo, mientras aumenta la parte del capital [] el capital est concentrado entre las familias ms ricas [49] .

Se desarrolla, en general, el fenmeno de los trabajadores pobres. Aunque los trabajadores en situacin de pobreza extrema en frica estn tendencialmente en un muy ligero descenso, del 29,3% (125,3 millones) en 2016, al 28,2% (124,1 millones) en 2017, la tendencia es al aumento en la categora de trabajadores en situacin de pobreza moderada, del 28,3% (121,2 millones) al 28,7% (126,4 millones) [50] . Grosso modo, 2/3 de los trabajadores en frica son trabajadores pobres. La situacin en frica subsahariana es mucho peor que en el norte de frica.

Se suceden as en frica luchas por una reduccin de la explotacin. Segn la edicin de 2017 de Perspectives conomiques en Afrique (pp. 144-145), se han contabilizado ms de 3.600 protestas civiles motivadas por consideraciones econmicas y polticas [] entre 2011 y 2016. [] Las motivaciones que hay tras las protestas han sido recogidas y analizadas en detalle: entre 2014 y 2016, alrededor del 33% de estas incidencias han sido motivadas por cuestiones ligadas al empleo (salarios, condiciones de trabajo y paro), colocndolos en cabeza de los factores de protesta. Las reivindicaciones de aumento salarial afectan tambin al sector pblico/de Estado, pero son ms importantes en el sector privado, tanto en el perodo 2011-2013 como en el perodo 2014-2016. Nada indica que se trate de trabajadores de empresas o multinacionales no africanas.

Aparte de una nfima minora de los llamados empleos decentes para la pequea burguesa de gestores −celebrada en el discurso sobre el boom de las clases medias en frica−, el crecimiento del capitalismo indgena muestra ser un fracaso en materia de empleos, como ya lo haba planteado la entonces ministra nigeriana Okonjo-Iweala hablando del peligro que haca correr al conjunto de la economa este crecimiento que enriquece a una minora sin crear empleos −una conciencia de las posibles consecuencias de las protestas antes citadas, despus de los levantamientos populares en Tnez, Egipto y Marruecos−, y tambin Business frica parece ser consciente de ello. Sobre cuya dimensin social, sobre todo las huelgas. no se suele insistir.

Business frica −junto a la OIE (Organizacin mundial de la salud animal) y la OIT, con la participacin entre otros, adems de casi veinte asociaciones patronales nacionales, de la FOPAO (Federacin de asociaciones patronales de frica del Oeste), de la Organizacin regional africana de la Confederacin Sindical Internacional y la Organizacin de la unidad sindical africana−, organiz en diciembre de 2015 en Casablanca, una Cumbre de participantes sociales por el Empleo en frica. Como resultado de la misma se edit un Libro Blanco que, por ejemplo, llama a los participantes sociales −patronal, sindicatos, trabajadores− a un espritu de responsabilidad, por una y otra parte, para actuar contra la lacra que constituye la falta de creacin neta de empleos decentes en frica [51] . Parece sin embargo que la preocupacin por el empleo y la empleabilidad, la instauracin de un dilogo constructivo, basado, entre otras, en cuentas oficiales y transparentes, expresadas en la II Declaracin de Casablanca por el empleo y la empleabilidad en frica, corren el riesgo de no materializarse. Al no ser obligatorias las recomendaciones, al guiarse cada empresa por la bsqueda del beneficio, el mayor beneficio posible, y no por la realizacin de un vago proyecto societal de renacimiento africano en el horizonte 2063, la juventud y las mujeres de frica, que al parecer preocuparon en particular a los organizadores de esta cumbre, van a tener que esperar probablemente mucho tiempo. En este perodo, una buena parte del capital africano, incitado por el discurso tanto de las agencias onusianas (CNUCED, PNUD , OIT) como de instituciones financieras panafricanas [52] /internacionales, se muestra ms preocupado por una integracin de las cadenas de valor mundiales.

Irona de la historia, esta cumbre, que deba hacer emerger un verdadero programa pragmtico del tipo Plan Marshall , se celebr en el momento en que llegaba a trmino la agenda del trabajo decente en frica (2007-2015) de la OIT, a la que no se hizo ninguna referencia en los documentos publicados. Habr sin duda otros encuentros sobre el trabajo decente en frica, con posteriores jornadas reservadas habitualmente a las reuniones y recomendaciones o resoluciones internacionales relativas al progreso social de los condenados de la tierra, a los problemas ecolgicos.

Estos capitalistas africanos han aprendido bien de los seores del capitalismo mundial, de la burocracia internacional, que mostrar en la escena internacional buenas intenciones sobre estas materias −gastando importantes sumas para organizar la participacin en este tipo de acontecimientos ilusionistas− tiene mucha ms importancia que intentar hacerlas realidad. Cmo se puede desarrollar la creacin de empleos decentes, si la flexibilidad del trabajo, o dicho de otra manera el bajo coste de la fuerza de trabajo, es uno de los criterios de atraccin de las inversiones? No habra que reformar, en el otro sentido, los cdigos/legislaciones laborales reformados de manera socialmente regresiva (para los trabajadores) por el ajuste estructural neoliberal, en vez del respeto y la aplicacin del cdigo laboral (neoliberalizado) recomendados por la II Declaracin de Casablanca? Dicho de otra manera, que las organizaciones patronales africanas acepten el principio de una reduccin de su parte en las riquezas producidas, por un supuesto buen reparto entre el capital y el trabajo. Una especie de restauracin de lo que estaba en vigor durante los Treinta gloriosos en algunas sociedades capitalistas desarrolladas, principalmente las del norte de Europa. Lo que hoy da sera descrito como socialismo, an sin apropiacin social de las grandes empresas y de los grandes medios de produccin. De hecho, el capitalismo inclusivo con que algunas buenas almas capitalistas, como los africapitalistas, nos calientan las orejas. Sera esto posible sin que los trabajadores instauren otras relaciones de fuerza, tanto a escala local como mundial, distintas que las actuales, de acompaamiento del neoliberalismo por las burocracias sindicales llamadas, con toda razn, colaboradores sociales de la patronal?

En el lmite, algunos miembros de la citada clase, imitando a sus predecesores de otros sitios −principalmente a las fundaciones estadounidenses, asociadas de inicio a los nombres de los barones ladrones de comienzos del siglo XX (Carnegie, Rockefeller, etc.) −, incluso las esposas de los jefes de Estado africanos expresan su sensibilidad a la situacin de los condenados de la tierra creando fundaciones filantrpicas. As ocurre, de la Tony Elumelu Foundation a la Sawiris Foundation for Social Development, pasando por la Khayelitsha Motsepe Foundation, la Rose of Sharon Foundation de Folorunsho Alajika (multimillonario nigeriano), o la Mansour Foundation for Development. El sudafricano Patrice Motsepe coloc la mitad de su fortuna, obtenida principalmente en la explotacin minera, gracias al Black Economic Empowerment, ese sustituto neoliberal al principio de la Carta de la Libertad −que guio la lucha de la corriente hegemnica del movimiento anti-apartheid, identificado con el ANC, y que fue finalmente echado a la basura por el ANC y sus aliados llegados al umbral del poder− segn la cual La riqueza mineral del subsuelo, la banca y los monopolios deben ser propiedad del pueblo en su conjunto; todos los dems sectores y el comercio debern controlarse para que obren en pro del bienestar del pueblo. Tanto la fortuna de Motsepe como la existencia de familias pobres a las que aporta asistencia, son productos de la opcin por el neoliberalismo por parte del ANC de Nelson Mandela. Al igual que la situacin de Nigeria, que hace intervenir a las fundaciones participadas por Dangote y Bill Gates, es la consecuencia del capitalismo de connivencias nigeriano sin el cual Dangote no sera lo que hoy es, de apropiacin privada de la riqueza pblica que afecta gravemente a los sectores sociales (salud, educacin, empleo, etc.), produce una pobreza masiva, agravada por el ajuste estructural neoliberal servido por las instituciones financieras internacionales como solucin a la crisis del capitalismo dependiente nigeriano. La generosidad de Dangote y Bill Gates se manifiesta en sectores que les interesan como inversores: el agro-alimenticio, donde uno es accionista del productor de semillas Monsanto, muy activo en la campaa por la utilizacin de las semillas OGM en frica, y el otro un industrial del sector alimentario; la salud, donde la fundacin Gates, accionista en la industria farmacutica, ha hecho entrismo para adaptar la OMS al neoliberalismo y Dangote ha decidido invertir financiando (1,5 millones de dlares estadounidenses) el nacimiento de la Coalicin africana de empresas de salud (ABC Health) cuyo espritu est bastante bien definido por uno de sus dirigentes: Para el copresidente de su Consejo de administracin, Aigboje Aig-Imoukhuede, el proyecto de una coalicin africana de empresas de salud es un medio de responder a los desafos que en se presentan a la empresa: en conjunto, tenemos la ocasin de demostrar cmo invertir en salud y crear poblaciones ms sanas puede ayudar a las empresas a maximizar el valor para los accionistas, acelerar el crecimiento econmico y hacer ms rentable la entrada en nuevos mercados [53] . Como ya hemos sealado ms arriba, la finalidad no es el bienestar de los humanos, stos slo son interesantes como medios al servicio del crecimiento, de los mercados.

De forma general, esta generosidad filantrpica, que ciertamente contribuye a salvar vidas humanas y acceder a la instruccin, es un sustituto de respuesta a la deficiencia social de los poderes pblicos producida por el capitalismo dependiente, de connivencias, y la imposicin neoliberal de las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial, FMI) y otros donantes de fondos. Deficiencia cuyas consecuencias habran sido relativamente reducidas si −haciendo abstraccin de los reflejos de ladrn de los gobernantes− las grandes empresas no practicasen, casi sistemticamente, el fraude, la evasin y la optimizacin (reduccin al mnimo) fiscales, a pesar de que la parte de los impuestos directos en el PIB alcanza como media el 6% en frica contra el 22% en los pases desarrollados (Perspectives conomiques en Afrique 2017, pg. 74), siendo la tendencia general en frica a una imposicin regresiva. Pero las empresas parecen querer ms bien una generalizacin a toda frica de la realidad de paraso fiscal de pases como Lesoto, Namibia, Mauricio, Tnez.

El Estado ghans afirma perder en fraude y evasin fiscales el equivalente al 50% de su presupuesto. Por su parte, segn el FMI, citado por Oxfam, Nigeria debe a las prcticas fiscales abusivas de las empresas, entre ellas el fraude relativo a los impuestos de la industria extractiva y otras formas de actividad ilcita, que representan la mayor parte de los flujos financieros provenientes de frica (30,5%), una parte correspondiente al 12% de su PIB [54] .

Pero no se trata de un deporte exclusivo de las transnacionales de origen extra-africano. Las empresas africanas, cuyos dirigentes son permanentemente aplaudidos en la prensa econmica, en los think-tanks, las consultoras, tambin lo practican.

As, en 2009, el que era considerado como la segunda fortuna de Nigeria, Mike Adenuga (activo en telefona mvil, hidrocarburos, etc.) fue condenado por no haber pagado 610 millones de dlares en impuestos [55] . A la vez que denunci el enriquecimiento sin creacin suficiente de empleos, la tecncrata neoliberal, entonces Ministra de Finanzas de Nigeria, Okonjo-Iwela lo hizo tambin con la situacin fiscal: the minister said, nothing that 75 percent of registered businesses do not pay taxes [56] . Cuatro aos ms tarde no ha cambiado casi nada, si creemos al Consejo Econmico Nacional de Nigeria que, en marzo de 2017, haba acusado de evasin fiscal a las grandes fortunas y a las multinacionales presentes en el pas por haber instaurado desde hace varios aos mecanismos fraudulentos, incluyendo parasos fiscales, con el fin de escapar al fisco [57] .

Dicho de otra manera, una evidente prdida para el tesoro pblico, un factor de agravacin de la incapacidad de los poderes pblicos para financiar de forma mnimamente viable la salud y la educacin pblicas. Nigeria est en el pelotn de cola en la financiacin de la salud pblica: dedica menos del 1% de su PIB a la salud. Los gastos de salud son inferiores al 15% del umbral de gastos pblicos prescrito en el ttulo del Acuerdo de Abuja de 2001 [58] , firmado por los Estados africanos.

Esta evasin fiscal constituye de hecho un rechazo por parte de los miembros de la clase dirigente, guiados por la fiebre de la acumulacin y del consumismo, a contribuir a la caja comn (nacional). Un desprecio de clase que, por desgracia, no es especfico de Nigeria. En su informe antes citado, Oxfam afirma que las lites africanas organizan fugas de capitales ms importantes, en comparacin con el PIB, que sus homlogos del resto del mundo [59] . Una situacin que favorece la connivencia del empresariado econmico con las autoridades polticas [60] que, a su vez, en tanto que parte del sector empresarial, suelen ignorar sus obligaciones fiscales, viviendo en una contradiccin entre su condicin de gobernantes y de empresariado econmico. En cada revelacin sobre parasos fiscales (Panama Papers. Paradise Papers, etc.) aparecen tanto los nombres de algunos capitalistas africanos como de sus compadres polticos de clase.

Desde luego, la clave principal de la cuestin de las desigualdades sociales en frica no est en la recaudacin de los impuestos (directos) por los Estados africanos. Pero aunque esta clase dominante africana no practicase tambin la delincuencia fiscal, en diferentes formas, y aunque la gente que gobierna dejase de robar y desviar el dinero pblico [61] −un factor del endeudamiento pblico exterior, que se ha vuelto crtico, por ejemplo en frica central, en los Estados de la Comunidad econmica y monetaria de frica central (CEMAC), usuaria del Franco CFA−, la accin de las fundaciones filantrpicas, su supuesta generosidad, no podra reemplazar a algunos deberes de los poderes pblicos.

Estos actos de generosidad, convertidos casi siempre en espectculo, sin poner a disposicin del pblico elementos que permitan comprender el proceso, contribuyen adems a la propaganda del sistema econmico dominante: es el triunfo del sector privado, la resolucin de algunos graves problemas sociales depende de la existencia de una clase de personas ricas o del enriquecimiento de algunas individualidades. Con la dimensin racial misionera que pueden tener las acciones caritativas de un Bill Gates o de una Madonna [62] . Mientras que, con el crecimiento del PIB africano medio durante una dcada, este crecimiento de millonarios y multimillonarios africanos, hombres y mujeres, no deja de ahondar las desigualdades sociales en frica, mucho ms que en otras partes.

De las diecinueve sociedades ms desigualitarias del mundo, diez son africanas, entre ellas Sudfrica, Namibia, Bostwana, Lesoto, Suazilandia, Rwanda, cuyos indicadores econmicos suelen ser por lo general muy apreciados en las calificaciones capitalistas [63] . Nigeria [64] y Egipto [65] , con sus millonarios y multimillonarios, son tambin muy desigualitarias. Como en cualquier otra parte del capitalismo neoliberalizado, tambin en frica las personas ricas se vuelven cada vez ms ricas y las pobres son cada vez ms pobres. En concreto, se podra reducir el actual crecimiento del capitalismo africano a esta regla del capitalismo normal, a pesar de la chchara alimenticia de cierta prensa sobre el africapitalismo, habiendo quedado pasada de moda la palabrera sobre el socialismo africano.

Dominacin, cultura, panafricanismo

La dominacin de esta parte africana del capitalismo se beneficia del favor de la casi totalidad de la prensa africana, de su fervor por el capitalismo en general. Desde la decana de la prensa panafricana Jeune Afrique a frica Business, pasando por African Manager, Les Afriques, Forbes frica, se celebra el crecimiento econmico africano, los resultados de las empresas africanas, y sus propietarios. Tambin lo hacen, en ediciones consagradas a frica, algunos diarios franceses, como La Tribune (La Tribune Afrique). Le Point (Le Point Afrique). Peridicos africanos, incluso editados en Ginebra o Pars, participan de esta dinmica, aun cuando el dominio de las empresas africanas sobre los medios de comunicacin no es por lo general comparable por ejemplo a lo que pasa en Francia [66] .

El Grupo Jeune Afrique, como empresa, es la iniciadora del frica CEO forum, esa misa mayor del capitalismo africano con la participacin de capitalistas no africanos, operando o no en frica [67] . Su larga experiencia le permite no tener que expresar en sus publicaciones otros valores que los del capitalismo o que no le son ni incompatibles ni fundamentalmente crticos. Esto tambin es vlido tanto para los medios de comunicacin del grupo sudafricano Naspers (del multimillonario Koos Bekker) como para los del senegals Groupe Futur Media (del riqusimo cantante Youssou Ndour). La creacin, en 2016, por Media Globe Networks, de la familia Sawiris, de la cadena de televisin panafricana Africanews, provisionalmente instalada en Ponte-Noire (Congro Brazzaville) −aprovechando el impulso de su adquisicin de la mayora (60%) de acciones de Euronews (1915), seguido un ao ms tarde por el despido de una treintena de asalariados−, est llamada a ser, por su difusin en ingls y francs en 33 pases africanos (ninguno del norte de frica) un poderoso vector de la visin burguesa del mundo contemporneo, no estando organizado en absoluto su programa para una concienciacin emancipadora de los telespectadores.

Como ocurre en casi todas partes, difusin de imgenes del mundo, competiciones deportivas en fase con los mercados, pasando por informacin habitualmente superficial −no sin presentacin de algunos hechos, por lo general descontextualizados y sin historia, que pueden suscitar indignacin pasajera−, las entrevistas con Jefes de Estado (por regla general, ladrones o/y criminales respecto a los derechos humanos), las innovaciones tecnolgicas, la cultura krtsch/embrutecedora. Para confortar a los telespectadores de la clase dominante, incluso de las llamadas clases medias superiores, a la espera de promocin social, y suscitar en las clases populares ganas de integracin en el way of life burgus. No basta con decirse altermundista, anti-neoliberal, feminista o anticapitalista, para escapar a esta influencia. Sin tener que llegar a una retirada solitaria de la sociedad, la conciencia crtica debera afectar tambin a su propia relacin cotidiana con las delicias corruptoras del capital, a sus imgenes estructurante del imaginario. Sobre todo, en nuestras sociedades africanas, desprovistas de espacios de culturas alternativas (radicales) al sistema.

Los valores de esta clase dominante, sus efectos de desviacin de la concienciacin crtica pasan tambin, por ejemplo, por la produccin cinematogrfica africana, objeto de consumo popular. A semejanza de la produccin video nigeriana, la llamada Nollywood −considerada la mayor fuente de empleo despus de la agricultura en ese pas−, muy presente en los mercados africanos subsaharianos y que, como ha dicho el dramaturgo nigeriano Femi Osofisan, En efecto, esta es la crtica real a Nollywood, que se han negado a abordar problemas sociales desde una perspectiva racional. Todo va de misterios, milagros y esas cosas. Esto es todo y es una lstima. [68] . Por ello, no sorprende que estas pelculas, como las de la misma calaa producidas en otros pases africanos (a la industria cinematogrfica vecina, de Ghana, se le llama Ghollywood) sean programadas en algunas cadenas televisivas difundidas en frica. Y que Jefes de Estado africanos estn interesados en creer a su entonces colega de Nigeria, Goodluck Jonathan: Cada vez que viajo al extranjero, muchos colegas me preguntan por Nollywood [69] . No suele ser raro or explicaciones msticas de la victoria de tal candidato en tales elecciones (de las presidenciales a las municipales), de la nominacin a tal puesto de direccin, del carcter inquebrantable de tal camarilla financieramente depredadora y particularmente represiva en el poder, o del xito del tal persona riqusima en los negocios. As predomina en algunos palacios y gobiernos africanos, incluso ligados unos con otros, una francmasonera sincrtica, siendo as asimilada popularmente la francmasonera a una especie de brujera con sus encantamientos y sacrificios humanos para protegerse o triunfar en los negocios, como muestran las pelculas de Nollywood. No es por tanto sorprendente encontrar en esta clase dominante africana a pastores neo-pentecostistas o neo-evanglicos exorcistas, a bendecidores que al mismo tiempo son empresarios millonarios. Su influencia en las sociedades africanas de gran poblacin cristiana es hoy da mucho peor que en los tiempos en que Nkrumah denunciaba el evangelismo como uno de los mtodos ms insidiosos empleados por el neocolonialismo (El neocolonialismo, ltimo estadio del imperialismo). La cuestin de las desigualdades sociales queda reducida al nivel individual. La salida de la pobreza es una cuestin individual, de fe individual, siendo el enriquecimiento material o pecuniario una bendicin divina, segn la corriente de la Iglesia de la prosperidad. La organizacin colectiva para luchar contra las desigualdades sociales, las injusticias sociales, est fuera de cuestin. Incluso cuando resulta que la dinmica de las conversiones, ms masiva a partir de los aos 1980-1990, est ligada a la crisis social, a las incertidumbres del futuro, a la fragilidad de algunas posiciones en sociedades que se caracterizan por subjetividades encorsetadas −a falta de mejor expresin− y afectadas por la publicidad del consumismo, ilustrado por la ostentacin de la riqueza material por parte de algunos pastores. La revista estadounidense Forbes tiene tambin su lista de pastores evanglicos africanos millonarios.

El mismo desemparo es factor de aumento de la devocin entre la poblacin musulmana, de la que los medios de comunicacin slo parecen interesarse por la nfima minora que pasa a la violencia armada yihadista, de Somalia a Tnez pasando por Nigeria. Mientras que por lo general, las autoridades religiosas musulmanas, algunas de las cuales pertenecen tambin a la clase dominante, adems de ser lderes de opinin, no son evidentemente favorables a una crtica del capitalismo, ms all de algunas de sus costumbres, consideradas como muestra de la supuesta cultura occidental ms que de la dinmica cultural del capital o del poder del dinero −que no pueden criticar como tal, considerando los lazos histricos entre Islam y comercio. Amalgamando estas costumbres con las de la lucha de emancipacin humana en general, y de las mujeres en particular. Este encuentro entre la religin y el capital, que tan bien encarna Sanusi Lamido Sanusi, el actual emir de Kano, antiguo gobernador del Banco Central de Nigeria y actual presidente del consejo de administracin de Black Rhino, la rama africana del primer fondo de inversiones mundial Blackstone, un fondo buitre [70] . Otro tanto se puede decir de los jefes/reyes y reinas tradicionales, algunos de los cuales descienden (biolgicamente) de los empresarios de la captura durante la trata negrera y que han sido citados al comienzo.

Sin considerarlos como miembros de esta clase dominante, aunque se comportan como si fueran sus aliados, estn los mantenedores de discurso panafricanista, bastante pequeo burgus, como ya se ha sealado antes, muy sonoro en este momento, y que aun denunciando de manera impresionista la dominacin occidental o imperialista, sirve a esta clase por el hecho de ocultar la divergencia, el antagonismo de los intereses de esta clase con los de las clases populares (proletariado, pequeo campesinado, capas precarias del sector informal) [71] , su papel en la reproduccin de las injusticias y de las desigualdades sociales en frica. Como si no fuera ya lo bastante evidente que esta parte africana de la clase dominante en frica, a pesar de su subordinacin relativa a la estructuracin de la economa mundial organizada por el centro tradicional de la economa capitalista mundial, no es, por sus prcticas en la jungla de la concurrencia, nada portadora ni siquiera de un capitalismo con rostro humano como se haba dicho del capitalismo de las sociedades de la Europa nrdica. Aunque se aada afri a capitalismo, el africapitalismo, en el que se han formado hoy los jvenes por el Tony Elumelu Entrepreneurship Programme [72] no cambiar la naturaleza del capitalismo, hecha de violencia respecto a la naturaleza y a los humanos −la fuerza de trabajo explotada, los desposedos−, incluso entre capitalistas (en competencia) −con repercusiones, evidentemente nocivas, sobre los y las asalariadas−, como van a sufrirlo inexorablemente numerosas empresas africanas, a consecuencia de los Acuerdos de Asociacin Econmica (APE) y de la Zona de libre cambio continental.

Por ejemplo, la quinta edicin del frica CEO Forum que pretenda Reinventar un African Business Model, o dicho de otra forma el africapitalismo, slo ha proyectado finalmente lugares comunes del discurso neoliberal sobre el crecimiento [73] : acentuar el uso empresarial de las tecnologas de la informacin y de la comunicacin (lo que no desagradar a Bill Gates y a Mark Zuckerberg, ya en campaa en frica con este tema), la produccin energtica y la electrificacin (Barack Obama y Tony Elumelu haban confraternizado sobre esto), inversiones crecientes en Agrobusiness (el jefe de la patronal costamarfilea, un agro-businessman, ha pedido un tipo impositivo del 0% para abonos, semillas, mquinas, sintonizando as con la Alianza para una revolucin verde en frica / Alliance for a Green Revolution in frica (AGRA) financiada por la USAID, su equivalente britnica, el Departamento para el desarrollo internacional (DFID), la Fundacin Bill y Melinda Gates −accionista de la transnacional campeona mundial de las semillas genticamente modificadas−, la Fundacin Rockefeller), subordinar la educacin escolar a las necesidades de las empresas (la adecuacin formacin-empleo exigida por el Capital a los Estados), el extractivismo.

En relacin a esto, segn los periodistas del grupo iniciador del citado Forum: si hiciese falta una prueba de que las industrias extractivas conservan, a pesar del duro golpe sufrido desde 2014, un gran poder de atraccin sobre los gobernantes y los inversores, el panel dedicado a este sector convencer al observador ms escptico. Un gobernante de Ruanda (muy cotizado durante estos ltimos aos por Doing Business, por sus reformas a favor de la inversin privada), afirm que hay que preparar la insercin de las empresas africanas en la cadena de valor energtica y minera mejorando la formacin de los hombres y la transparencia.

Como se puede dar cuenta, incluso por la referencia hecha al duro golpe (cada de precios de los hidrocarburos y otras materias primas en el mercado mundial y sus consecuencias para los productores) por los periodistas de Jeune Afrique, esta reinvencin africana del capitalismo ignora realmente lo que el crecimiento ha hecho a la naturaleza no humana y humana, los graves riesgos que su continuacin hace correr. Aunque Kodeidja Diallo, directora de operaciones con el sector privado de la Banca Africana de Desarrollo (BAD), al asegurar que su institucin acompaar con su financiacin y sus consejos la esperada recuperacin, ha considerado til aadir que esto ser de manera que ni la poblacin ni el medio ambiente sean dejados en manos de los pozos, de los sondeos y de las plantas de refinado o enriquecimiento, slo se trata de un toque de preocupacin social y ecolgica, que se ha vuelto ritual en las instituciones internacionales, bajo un paradigma del crecimiento ecocida y reproductor acentuado de las desigualdades sociales. Una mentira destinada a los ingenuos, respecto a las prcticas realmente apoyadas por esta institucin y otras de la misma calaa, incluidas agencias de las Naciones Unidas. A la vista de su dinmica concreta, de este capitalismo africano slo se puede decir que es llanamente, estpidamente, cnicamente burgus (Frantz Fanon).

Ni del capitalismo africano, ni del de las nuevas potencias del Sur, las llamadas emergentes, ni de las transnacionales de origen extra-africano, dominantes, se puede esperar la emancipacin de los pueblos africanos de la dominacin, de las diversas opresiones. Solo de las luchas actualmente llevadas por una reduccin de la explotacin y de las opresiones articuladas en proyectos de salida del capitalismo, socialmente nocivo, ecocida y reproductor de antiguas opresiones. As, el carcter panafricano de algunas empresas africanas y la presencia de las transnacionales de origen extra-africano son una oportunidad que hay que abordar para la construccin de las solidaridades, de las luchas comunes de sus explotados en frica, y tambin en otros sitios.

Traducido por: J. Casilla Campos


Notas:

[1] Tony O. Elumelu, Africapitalism. The Path to Economic Prosperity and Social Wealth, The Tony Elumelu Foundation, http://www.tonyelumulufoundation.org7

[2] Marruecos, cuya economa est considerada como una de las ms dinmicas de Africa, no se menciona en esta presentacin, porque es objeto de una presentacin, ilustracin, por Omar Aziki: Maroc: tremplin pour les conqutes nocoloniales de lAfrique, 17/11/2017. http://www.cadtm-org/maroc-tremplin-pour-les-conquetes

[3] La define as: el conciencismo es el conjunto, en trminos intelectuales, de la organizacin de las fuerzas que permitirn a la sociedad africana asimilar los elementos occidentales, musulmanes y euro-cristianos presentes en Africa y transformarlos de manera que se inserten en la personalidad africana. Esta se define a s misma por el conjunto de principios humanistas en que se basa la sociedad africana tradicional (p. 98).

[4] Mehdi Ben Barka, Option rvolutionnaire au Maroc (1965), en Mahdi Ben Barka (recopilacin de textos, introducidos por Bechir Ben Barka), Ginebra, CETIM, 2013 (p.66-68), p. 78 para las clases.

[5] Amilcar Cabral, Fundamentos objetivos de la liberacin nacional y estructura social (La Habana, 1966), en Cabral, Unit et Lutte, Pars, Maspero, (p. 148-170), cita de la p.161.

[6] Para un resumen de la evolucin no lineal de Nkrumah en este tema, por ejemplo entre la primera edicin de Le Consciencisme (1964) y la segunda (1969/1970), cf. las pginas que le dedica Paulin J. Hountondji en Sur la philosophie africaine, Pars, Maspero, 1976, p. 153-179.

[7] Autor en los aos 1960 de Le dveloppement du capitalisme en Cte dIvoire, Pars, Minuit, 1967; Le dveloppement du capitalisme en Afrique noire, LHomme et la societ, Revue International de Recherches et de Synthses sociologiques, n 6, 1967, p. 107-119; La bourgeoisie daffaires sngalaise, LHomme et la societ, n 12, 1969, p. 29-41.

[8] Kwame Nkrumah, La Lutte des classes en Afrique, Pars, Prsence Africaine, 1972 [Londres, Panaf Books Ltd, 1970, traducido del ingls por Marie-Ada Bah-Diop], p. 10 y 13. En un texto anterior a La Lutte des classes en Afrique, Nkrumah haba expresado una conciencia de las relaciones precoloniales no idlicas entre africanos: Hoy, la expresin socialismo africano parece compartir el punto de vista de que la sociedad tradicional africana era una sociedad sin clases imbuida del espritu humanista y manifestar nostalgia por aquel espritu. Esta concepcin del socialismo convierte en fetiche la sociedad africana comunal. Sin embargo, la visin de una idlica sociedad africana sin clases (en la que no haba ricos ni pobres), que gozaba de una serenidad dopada, es sin duda una burda simplificacin; no hay pruebas histricas ni antropolgicas de la existencia de tal sociedad. Me temo que la realidad de la sociedad africana era algo ms srdida. Todas las pruebas disponibles de la historia de frica hasta la vspera de la colonizacin europea demuestran que la sociedad africana no careca de clases ni de una jerarqua social. En algunas partes de frica exista el feudalismo antes de la colonizacin; y el feudalismo implica una profunda estratificacin social explotadora, basada en la propiedad de la tierra. Cabe sealar asimismo que en frica ya exista la esclavitud antes de la colonizacin europea, aunque el anterior contacto con los europeos confiri a la esclavitud en frica algunos de sus rasgos ms perniciosos. No obstante, lo cierto es que antes de la colonizacin, que no se expandi en frica hasta el siglo XIX, los africanos estaban dispuestos a vender, por no ms de treinta monedas de plata, a compaeros de tribu e incluso a miembros de la propia familia extensa y del clan K. Nkrumha, African socialism revisited (1967), ponencia presentada en el Seminario de frica celebrado en El Cairo por invitacin de At-Talia y Problems of Peace and Socialism,

[9] idem, p. 13.

[10] Hacemos la opcin de no discutir aqu la confusin tradicional entre panafricanismo y pan-negrismo, que al integrar a los negros de todas partes −con excepcin de los autctonos del mundo ocenico−, sobre una base racial, lleva implcitamente a hacer discutible la africanidad de las poblaciones no negras de Africa, presentes, ms all del norte de Africa, en todas las otras subregiones de Africa (includas la insular, evidentemente).

[11] El estudio del Banco africano de desarrollo, de 2011, sobre las clases medias (Mthuli Ncube, Charles Leyeka Lufumpa, Dsir Vencatachellum, The Middle of the Pyramid: Dynamics of the Middle Class en Africa, p. 3-4; www.afdb.org) hablaba de una clase rica que constitua casi el 5% de la poblacin. The Africa 2016 Wealth Report habla de 165.000 millonarios en Africa, poseedores de 860.000 millones de dlares estadounidenses.

[12] Tidiane Diakit. La traite des Noirs et ses acteurs africains du XV℮ au XIXe sicle, Pars, Berg International diteurs, 2008

[13] La situacin de pases como Egipto (formalmente independiente en 1922/1936), de las colonias de repoblacin como la sudafricana, la mauriciana, es muy diferente de las otras.

[14] Haba sido nombrado por la colonial Compaa del Nger como uno de los comerciantes indgenas que compraban para ella cacahuete a los productores indgenas.

[15] Catherine Coquery-Vidrovitch, Les Africaines. Histoires des femmes dAfrique subsaharienne du XIXe au XXe sicle, Pars, La Dcouverte, 2013 [Desjonqures, 1994], p. 162.

[16] C. Coquery-Vidrovitch, dem, p. 166.

[17] En Egipto, despus de la crisis de Suez (1956), el rgimen de Nasser procedi a una nacionalizacin estatal de las empresas privadas, incluso de la burguesa local. El empresario Osni Sawiris se exili en Libia, no volviendo a Egipto hasta que el rgimen de Sadat restaur el liberalismo econmico en los aos 1970.

[18] El Estado de Botswana procedi a la neoliberalizacin de su economa, al mismo tiempo que las otras economas africanas, pero sin pasar por el endeudamiento crtico que caracterizaba a stas y que les haba hecho sufrir la imposicin del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.

[19] En las colonias de frica, de manera general, no se trataba de estimular la constitucin de una fraccin indgena de la clase capitalista.

[20] Cf., por ejemplo, la muy breve presentacin del caso egipcio por Samir Amin, en Capitalisme libral, capitalisme de connivences et lumpen-dveloppement: Quelles rponses inmdiates?, Pambazuka News, 19/11/2012, http://pambazuka.org/fr/category/..

[21] Ciertamente, todava existen intermediarios, pero algunos combinan las actividades de intermediacin con otras llamadas productivas. Por ejemplo, la familia egipcia Mansour −de la que forma parte Mohamed Mansour, sptima fortuna de frica−, hizo su fortuna como distribuidor agregado de General Motors, Caterpillar, Philip Morris, Michelin, etc., en varios pases de la sub-regin. Entre las actividades del argelino Issad Rebrah (el ms rico de Argelia, propietario del multisectorial Cevital), est tambin la venta de coches de la coreana Hyundai. El Grupo de Inversores del Maghreb y de Oriente Medio (GIMMO), del argelino Djilali Mehri, comprende Pepsi Cola Algrie. El capitalista y dirigente del sudafricano ANC, antiguo dirigente sindical, Cyril Ramaphosa, es tambin representante de Coca Cola y McDo en Sudfrica

[22] Africa CEO Forum (co-organizado por el grupo Jeune Africa, la suiza Rainbow Unlimited y la Banca Africana de desarrollo, a los que se acaba de sumarse la Societ Financire International, perteneciente al grupo del Banco Mundial), Lentreprise, moteur de la croissance africaine. Construire une Afrique forte grce au secteur priv, 2014, p.22, disponible en www.theafricaceoforum.com. Sin embargo, las dos primeras empresas africanas son empresas estatales, la argelina Sonatrach (Societ Nationale pour la recherche,la production, le transport, la transformation et la commercialisation des hydrocarbures), una transnacional activa en una decena de pases de Africa, Amrica y Europa, y la angolea Sonangol (Societ Nationale Angolaise des hydrocarbures), activa tambin en Africa, Amrica, Asia, Europa.

[23] Por ejemplo: En cuanto Peter Anyang Nyongo, cercano al lder de la oposicin Raila Odinga, fue elegido gobernador de Kisumu en agosto, tuvo que hacer frente a las presiones de los inversores de su condado. stos le plantearon un ultimtum: o renunciaba a apoyar a Odinga en su contestacin al resultado del escrutinio presidencial, o retiraban las inversiones en el condado, Kisumu entre le marteau dOdinga et lenclume des invertisseurs, La Lettre de lOcan Indien, 25/08/2017, p.2.

[24] Por ejemplo, en el contexto de la privatizacin, En 2004, lites econmicas fundaron una empresa, Transnational Corporation (Transcorp), para adquirir las antiguas empresas pblicas, y de la cual era accionista el propio Presidente en aquella poca, Olusegun Obasanjo. ste habra adquirido entre 200 y 600 millones de acciones de Transcorp. Su lanzamiento tuvo lugar en 2005 desde la residencia presidencial. Obasanjo le concedi cuatro bloques de exploracin de petrleo, Olabisi Shoaga, La responsabilit sociales des entreprises an Nigrie depuis la crises del Ogonis: de la realit au discours, tesis para el doctorado en Ciencias Polticas, Universidad de Bordeaux, 2014, p. 77; http://tel.archives-ouvertes.fr/te... Como Jefe del Estado federal nigeriano, Obasanjo haba aceptado, del gobernador de un Estado federado, la atribucin, con gran disgusto de la poblacin local, de una propiedad (pvidada) de 10.000 hectreas de bosque destinadas antes a la conservacin. La haba revendido a continuacin al nmero 1 mundial del aceite de palma, Wilmar International, cuyos principales accionistas son los multimillonarios malayo Robert Kuok y singapuriano Martua Sitorus y la transnacional de origen estadounidense Archer Daniel Midlands (ADM). Una empresa que arrastraba una mala reputacin (cf., por ejemplo, Amnesty International, Scandale de lhuile de palme. Les grandes marques tirent profit de lexploitation des ouvriers, noviembre 2016. www.amnesty.org.fr).

[25] Siguiendo con Nigeria −la sociedad que produce ms millonarios y multimillonarios africanos−, el mismo investigador habla de algunas lites econmicas que se han constitudo en un comit de recogida de fondos bajo el nombre de Corporate Nigeria, durante las ltimas elecciones presidenciales de 2011, a pesar de la ley que prohibe a las empresas contribuir a campaas polticas, entre las cuales hay figuras de la lista de Forbes: Aliko Dangote, Femi Otedela, Mike Adenuga, Tony Elumelu (Shoaga, dem, p. 95). La mayor parte de los miembros del citado comit habran comprado empresas pblicas durante el programa de privatizacin. Hicieron falta cuatro das de huelga general para anular la adquisicin por Dangote de dos refineras de Estado, como regalo de fin de mandato del presidente Olusegun Obasanjo, un acto comprobado de la acumulacin (privada) por desposesin (de la propiedad de Estado o pblica), una caracterstica de la neoliberalizacin.

[26] Amr Ady, Too Big to Fail: Egypts Large Enterprises After the 2011 Uprising, Carnegie Middle East Center, 2/03/2017, http://carnegie-mec.org/2017/03/27...

[27] Definimos una multinacional como una sociedad que tiene su sede en Africa y opera al menos en otros tres pases africanos fuera de su sede domstica. Desde luego, es una definicin simplista segn las normas mundiales [] Las mayores multinacionales africanas −las que tienen una cifra de negocios anual superior a los mil millones de dlares− son ms o menos unas 60 y tienen unos ingresos brutos combinados de 200.000 millones de dlares. Si se rebaja el umbral de los mil millones de dlares, hay ms de cien empresas africanas que tienen una impronta regional; son los principales motores de la reciente explosin de inversiones intra-africanas, Les multinationales africaines contribuent de bien des manires la transformation de leur continent (Michael Kottoh, director general de la consultora Konfidants y de estrategia de Initiative AfroChampions, entrevistado por La Tribune Afrique, 27/10/2017, https://afrique.latribune.fr/entr...). Poniendo el umbral en 500 millones de dlares estadounidenses, son unas 700 (Perspectives conomiques en Afrique 2017).

[28] Extracto de la presentacin de Business Africa en la sede de la OIE (http://www.ioe-emp.org/...)

[29] El PNUD se adhiere, al igual que el Banco africano de desarrollo y la OCDE, a la religin del crecimiento, considerando −tras haber citado rpidamente (en 20 lneas) el desarrollo humano como un fin en s mismo− que como mostrar este captulo, el desarrollo humano es ms que una emancipacin social −es tambin un inductor de crecimiento, el desarrollo humano es un motor del crecimiento, el desarrollo humano es un medio para acelerar la diversificacin econmica y las cadenas de valor, hablando de la visin estratgica comn de Africa en favor del desarrollo humano para favorecer al empresariado (Grupo del Banco africano de desarrollo, Organizacin de cooperacin y de desarrollo econmicos, Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo, Perspectivas econmicas en Africa 2017, Tema especial: Empresariado e industrializacin, 2017, p. 110, 111 y 130), o dicho de otra manera, la finalidad no es el desarrollo humano, sino el crecimiento, la reproduccin del capital.

[30] Se trata por el momento de veinte empresas, segn Michael Kottoh (op.cit.). Entre otras razones del poco entusiasmo manifestado en el seno de la patronal multinacional africana, parecen estar las consecuencias de los acuerdos de libre comercio entre algunos Estados africanos con la Unin Europea (como los Acuerdos de Colaboracin Econmica, el Acuerdo de libre cambio completo y profundizado en negociacin entre Tunez y la UE) y los Estados Unidos. Algunas empresas africanas se arriesgan a sufrir la competencia de mercancas y servicios procedentes de Estados Unidos, de la UE, etc. La competencia no tiene la misma realidad en los diferentes sectores. Hay ya empresas, en el seno de la CEDEAO, por ejemplo, que no estn en condiciones de soportar la competencia de los productos, de las inversiones, provenientes de otro pas miembro de este reagrupamiento sub-regional

[31] PANA, la UE niega haber perdido el compercio africano y la batalla de las inversiones, 31/03/2014, http://www.panapress.com/L-UE..

[32] Dangote ha anunciado grandes inversiones en Europa y en los Estados Unidos durante los prximos aos.

[33] Citado por Pierre Docks, Mondialisation et imprialisme lenvers, en La mondialisation, stade suprme du capitalisme? En hommage Charles-Albert Michalet, Presses Universitaires de Rennes, 2013, http://books.openedition.org/pupo/2740.

[34] El seor Elumelu llama a los empresarios africanos a hacer negocios con los BRICS, African Press Organization (APO), 27/08/2013, https://www.financialafrik.com/2013...

[35] Xinhua, Livre blanc: nouvelles caractristiques des invertissements entre la Chine et lAfrique, Le Quotidien du Peuple on-line, 23/12/2010, http://french.peopledally.com.cn/Ec... Se indica en su presentacin que es tambin consejero (adviser) de la United States Agency for International Development (USAID)s Private Capital Group for Africa.

[36] Bo Li, LAfrique aussi investit en Chine, Afrique Renouveau, agosto 2015, p. 30.

[37] A propsito de los prstamos, no se limitan a los Estados, porque Dangote obtuvo en 2016 un prstamo chino de 2.000 millones de dlares estadounidenses, cf. Bandiare Ndoye, Nigeria: Dangote bnficie dun prt de 2 milliards de dollars de la Bank of China, Financial Afrik, 13/04/2016, https://www.financialafrik.com/2016... Un prstamo interesante para el capital chino, pues adems del banco crediticio, la construccin de nuevas cementeras que justifican este crdito ha sido confiada a la sociedad china Sinoma International Enginnering Co, con la cual Dangote haba firmado el ao anterior contratos por un valor global de 4.340 millones de dlares [] para la construccin de nuevas fbricas en ocho pases de Africa y Asia, Agence Ecofin, Dangote signera pour 4,34 milliards $ avec le chinois Sinoma pour construire des usines en Afrique, 26/08/2015. Sinoma ya estaba subcontratada para su cementera en Zambia (2012-2013)

[38] ChineInde/MaPadioleau, LAfrique, una priorit pour lInde, www.chineinde.info/blog/afr...

[39] Mfonobong Nsehe, Bill Gates And Other U.S. Investors Buy $ 1 Billion Stake in Egyptian Construction Firm, Forbes, 19/01/2013, https://www.forbes.com/sites/mfono...

[40] Leslie Sklair, The Transnational Capitalist Class and the Discourse of Globalization, Cambridge Review of International Affairs 2000, https://www.globalpolicy.org/global... Cf. tambin, por ejemplo, Giulio Azzolini (traducido del italiano por Livio Boni, Raffaelo Cucciniello), Sur la nouvelle classe capitaliste, transnationale et dominante?, Actuel Marx, 2016/2, n 60, p.28-42. http://www.caim.info/revue-actuel...

[41] Frmula que se encuentra tanto en el africapitalista Tony O. Elumelu como en el afropolitano Achille Mbembe (cf., por ejemplo, Achille Mbembe (recogido por Christophe Ayad, Cyril Bensimon, Christophe Chtelot y Serge Michel), Venez en Afrique, venez chez nous!, Le Monde, nmero especial: Africa en alza (p. 6-11), p.10 para la expresin.

[42] AFP, Economic growth not meeting needs of poor, says Okonjo-Iweala, Vanguard, 9/12/2013, http://www.vanguardngr.com/2013/12...

[43] En el caso de las Nana Benz, como escribe Comi Toulabour refirindose a la estructuracin de su comercio, en la base de la pirmide plateada se encuentra un enjambre de pequeas vendedoras ambulantes [], producto del fenmeno del masivo xodo rural femenino [] as como del trfico de nios que afecta al Golfo de Guinea. Remuneradas a veces con tirachinas, y viviendo en condiciones de precaridad subhumana, forman el lumpenproletariado, la cara espantosa de esta economa informal de la que la literatura slo muestra su lado noble y glorificado. El conjunto de la profesin emplea un efectivo que puede estimarse entre dos y cuatro mil personas, cuyas franjas superiores forman la burguesa compradora que sabe reproducirse notablemente pasndose el timn de madres a hijas, Comi Toulabor, Les Nana Benz de Lom, Mutations dune bourgeoisie compradore, entre heurt et dcadence, Afrique Contemporaine, 2012/4 (p.68-80), p. 72 para la cita.

[44] Los mineros reivindicaban una remuneracin superior a la que estaba entonces en vigor, o dicho de otra manera, una menor (sobre-)explotacin de su fuerza de trabajo.

[45] Comunicado del colectivo de trabajadores de la cementera Dangote, Alioune Ndiaye de la 2Stv sest mouill, leuksenegal.com, 17/04/2015, http://www.leuksenegal.com/...

[46] Christopje Le Bec y Stphane Ballong, Stratgie: comment les entreprises africaines montent en puissance face aux multinationales, Jeune Afrique, 11/01/2016, http://www.jeuneafrique,com/mag/289...

[47] Dangote workers being treated like slaves, Zambian Watchdog, 25/01/2016, https://www.zambiawatchdog.com/dang...

[48] Aeneas Chuma (recogido por Franck Kuwonu), Afrique: une croissance sans emploi, Afrique Renouveau, abril 2015 (p. 26-27), p. 26 para la cita, disponible en: www.un.org/africarenewal/fr.

[49] Maria Jovanovic, Le travail en perte de vitesse, Finances & Dveloppement, setiembre 2015 (p. 34-35), p. 35 para la cita.

[50] International Labour Office, World Employment and Social Ourlook: Trends 2017, Ginebra, 2017, p. 15-19.

[51] Organizacin Intrnacional de Empleadores, Business Africa y Organizacin Internacional del Trabajo, Livre Blanc du Sommet des partenaires sociaux pour lEmploi en Afrique, Casablanca, 15/12/2015, p. 13, www.ioe-emp.org

[52] De los 78 Estados accionistas del Banco africano de desarrollo, 25 son no africanos, y entre ellos Alemania, Canad, Estados Unidos, Francia y Japn poseen el 25% del capital de esta institucin llamada panafricana.

[53] Citado por Ristel Tchounand, Fondation Dangote: 1,5 million de dollars pour la cration de la Coalition africaine des entreprises de la sant (ABCHealth), La Tribune Afrique, 20/09/2017.

[54] Oxfam, Parlons argent: lAfrique invite du G7, junio 2015, p. 4, www.oxfam.org

[55] Shoaga, op.cit., nota infra pagina 371, p. 98. Se exili entonces en Londres, bajo la presidencia de Musa Yar Adua (2007-2010), que acab por concederle el perdn, permitiendo as su vuelta al redil. En 2016, el fiscal federal precint las oficinas de su empresa de telefona mvil, n 2 en Nigeria, por lo pagar el IVA evaluado en 24.300 millones de nairas (67 millones de dlares estadounidenses). Nicholas Ibekwe, Adenugas Mountain of debt: Several firms, AMCON chas billionaire for unpaid bills, Premium Times, 27/06/2016, https://www,premiumtimesng.com/news..

[56] AFP, Economic growth not meeting needs of poor, says Okonjo-Iweala, Vanguard, 9/12/2013, http://www.vanguardngr.com/2013/12...

[57] La Tribune Afrique, Nigeria: multinationales et personnes fortunes accuses dvasion fiscal, 17/03/2017, https://afrique.latribune.fr/econom... En esta ocasin no se dieron nombres, pero menos de un ao antes en los Panama Papers, aparecieron nombres, entre ellos el de Dangote, de usuarios de parasos fiscales, a travs de sociedades pantalla: Premium Times was able to uncover several Nigerian business players associated with shell companies, Joshua Olufemi, Emmanuel Mayah, Web of intrigue: Panama Papers reveal shell companies linked to Africas richest man Dangote, Mail & Guardian, 15/04/2016, http://mgafrica.com/article/2016-04...

[58] Perspectives conomiques en Afrique 2017, p. 11

[59] Oxfam, op.cit., p.3. Tras la expresin fuga de capitales puede haber un horizonte econmico-social

[60] Siguiendo con Nigeria −la sociedad que produce ms millonarios y multimillonarios africanos−, el mismo investigador habla de algunas lites econmicas que se han constitudo en un comit de recogida de fondos bajo el nombre de Corporate Nigeria, durante las ltimas elecciones presidenciales de 2011, a pesar de la ley que prohibe a las empresas contribuir a campaas polticas, entre las cuales hay figuras de la lista de Forbes: Aliko Dangote, Femi Otedela, Mike Adenuga, Tony Elumelu (Shoaga, dem, p. 95). En Egipto, bajo el rgimen post-Mubarak de Mohamed Morsi, el fiscal egipcio consider al grupo Orascom responsable, por fraude fiscal, de mil millones de dlares, que pag. Ya haba sido objeto, algunos aos antes en Argelia, de una revisin fiscal (de cinco aos) de cerca de mil millones de dlares estadounidenses.

[61] Los Estados de Kenya, Suazilandia, Tanzania, han podido recaudar ms impuestos estos ltimos tiempos, pero nada indica todava que eso haya tenido efectos positivos en materia de poltica social a favor de las clases sociales populares.

[62] En Malawi −una de las sociedades ms pobres de Africa, dependiente principalmente de la produccin y la exportacin de tabaco−, mientras se agravaba la situacin social de las clases populares, y los dirigentes desviaban dinero pblico, toda una tradicin (Nick Wright, Wholl remember Cashgate?, African Arguments, 3/09/2015, http://africanarguments.org/2015/09... ), lo meditico era la accin filantrpica (construccin de aulas y donacin de camas al hospital principal) de Raising Malawi, la fundacin de la cantante estadounidense Madonna.

[63] Ayodele Odusola, Giovanni Andrea Comia, Haroon Bhorat y Pedro Conceiao (dir.), Ingalits de revenus en Afrique subsaharienne. Tendances divergentes, dterminants et consquences. Aperu gnral, New York Programme des Nations Unies pour le dveloppement Bureau rgional pour lAfrique, 2017, p.3.

[64] Oxfam, Inequallity in Nigeria. Exploring the Drivers, mayo 2017, www.oxfam.org

[65] Maram Mazen, gypte: les riches se barricadent, les inegalits saccentuent La Voix du Nord, 17/06/2017, http://www.lavoixdunord.fr/19413/...

[66] El 90% de los diarios nacionales vendidos cada da pertece a 10 oligarcas! Segn los clculos de Basta!, los mismos poseen televisiones y radios que totalizan el 55% y el 40% de las audiencias, Agns Rousseaux, Le pouvoir dinfluence drirant de dix milliardaires que possdent la presse franaise, Basta!, 5/04/2017, http://www.bastamag.net/Le-pouvoir... El semanario Le Point que se ha puesto a publicar Le Point Afrique, pertenece a la sptima fortuna de Francia, Franois Pinault. En cuanto al diario Le Monde, tiene como copropietario (de tres) a la undcima fortuna francesa, Xavier Niel. Publica Le Monde Afrique con el apoyo de la Agencia francesa de desarrollo, del Banco Mundial, de la fundacin (Bill) Gates y la Open society Iniciative for West Africa del financiero multimillonario George Soros.

[67] Este forum parece haber eclipsado al forum Forbes Africa/Afrique organizado por la revista epnima a partir de 2012 en Brazzaville, bajo el alto patrocinio del Jefe de Estado, y que fue paralizado en 2015, despus de cuatro ediciones. Tendr que ver con la situacin de tensin que imper durante la campaa pro/contra la revisin constitucional?

[68] Femi Osofisan (entrevistado por Yinka Fabowale), Nollywood has good actors, but - Femi Osofisan, Nigerian Films, 20/05/2010, http://www.nigerianfilms.com/news/76... Lo explica as: Nollywood est patrocinado principalmente por distribuidores de repuestos, ellos son los que lo financian y no estn interesados en las cosas serias por razones comprensibles. Simplemente son gente de negocios y quieren recuperar su dinero lo ms rpido posible. No estn interesados en esas consideraciones de cultura ni nada. Entonces, es como las comidas rpidas, solo quieren hacer pelculas y ganar dinero al da siguiente. Entonces, debido a eso, no estn interesados en cosas serias y no puedo culparlos porque es una ley de negocios

[69] Citado por Rebecca Moudio, op. cit., p. 25.

[70] Cf., por ejemplo, Ftima Martn, En Espagne, les fonds vautours dvorent lhabitat, le pain et llectricit, en CADTM, Les autres voix de la plante: Fonds vautours. Les ailes de la dvastation, 4 trimestre 2017, p. 61-63; ric Toussaint, Les fonds vautour prosprent sur la mirre en spculant sur lendettement des particuliers, Basta!, 8/12/2017. https://www.bastamag.net/Les-fonds...

[71] Sigue teniendo una gran actualidad la observacin del activista panafricanista caribeo Walter Rodney: La ocultacin de la nocin de clase en el Africa post-independencia ha hecho del panafricanismo un slogan inofensivo para el imperialismo, aunque chovinistas y reaccionarios africanos lo hayan reivindicado, W. Rodney, Panafricanisme et lutte des classes, Priode, 12/06/2017 (Texto escrito en 1974 y publicado por primera vez en 1975 en Pan-Africanism: Struggle against Neo-colonialism and Imperialism Documents of the Sixth Pan-African Congress, Horace Cambell, ed., Afro-Carib Publications, Toronto, 1975, p. 18-41, traducido del ingls por Leila Khoulalene, a partir de la versin retranscrita por Susan Campbell y puesta a disposicin en la web marxists.org: https://www.marxists.org/subject/af.. ). Hoy da, no es slo la pequea burguesa la que habla en nombre de Africa, tambin la clase capitalista africana, al servicio de la cual tambin se ha puesto desde su desarrollo −al que ha contribudo tambin la pequea burguesa como clase dirigente post-independencia.

[72] Segn la Tony Elumelu Foundation (TEF), El programa consiste en el compromiso de 10 millones de dlares estadounidenses en 10 aos [o sea, 100 millones] de la TEF para identificar, formar, encuadrar y financiar a diez mil empresarios africanos en el horizonte 2024, que debern crear un milln de empleos. 3.000 jvenes empresarios, originarios de 54 pases africanos, han sido formados de 2015 a 2017.

[73] Fuente: artculos publicados por el citado Forum por la prensa pro-capitalista africana, principalmente el de Alain Faujas y Stphane Ballong: Africa CEO Forum: la recherche dn nouveau modle pour lfrique, Jeune Afrique, 28/03/2017, http://www.jeuneafrique.com/mag/421... Y el publicado por la BAD: 5e dition de lAfrica CEO Forum Genve: Rinventer le Business model africain, 20/03/2017, https://www.afdb.org/fr/news...

Jean Nanga es militante del CADTM frica, colabora regularmente con la revista Inprecor.

Fuente: http://www.cadtm.org/Una-panoramica-sobre-la-actual



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