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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2018

Educacin para lo irreconciliable
No es no en muchos casos

Fernando Buen Abad Domnguez
Rebelin/Instituto de Cultura y Comunicacin UNLa


El procedimiento moralizador del filisteo consiste en hacer creer que son idnticos los modos de actuar de la reaccin y los de la revolucin El rasgo fundamental de esas asimilaciones e identificaciones lo constituye el ignorar completamente la base material de las diversas tendencias, es decir, su naturaleza de clase, y por eso mismo su papel histrico objetivo. Len Trotsky

 

Algunos preceptores posmodernos, metidos a idelogos (y viceversa), se han empeado en esfumar de la educacin bsica (y la no tanto) el indispensable mundo de los temas y las cosas irreconciliables. Con el argumento de que nada es para tanto, que todo es relato, que todo es relativo, o que la realidad es segn el cristal con que se mira deslizan una lgica de lo blandengue, servil al olvido o al perdn de las cosas ms imperdonables. As, las dictaduras no fueron tales, el holocausto es una exageracin, Hiroshima fue menor de lo que dicen y Videla junto a Pinochet realmente no fuero tan malos. Y algunos se lo creen. La historia entera de la humanidad lavada en cloro ideolgico para cerebros ambiguos.

Es la dictadura Intelectual de una corriente burguesa, nada ingenua, que se ha cargado, con cierto revisionismo caritativo, a generaciones enteras bajo el cuento del perdn funcional para toda ocasin. Y eso, tambin, es inadmisible. Existe un punto en que la intransigencia crtica es provechosa porque estructura procedimientos lgicos y les da firmeza frente al caos con que se fabrican, y presentan, ciertos eventos ideolgicos o histricos. No hay lucha emancipadora que no posea bastiones principistas irreconciliables. Como la lucha de clases. No hay corpus moral dignificante que no requiera, para su grandeza, de los pilares axiolgicos provistos por una intransigencia crtica y dialctica. Ni uno solo de los grandes inventos cientficos o tecnolgicos hubiese conseguido visa sin los bastiones de ciertas concepciones inamovibles.

No hay leyes, no hay Estados y no hay normas capaces de dar contencin a los contratos sociales sin una estructura consensuada y sistemtica de preceptos intocables. As, entonces, la moda de barnizarlo todo con permisividad, relativismos y blandura, seria imposible sin una dosis de rigidez en sus causas primeras o en sus fines. Aunque lo nieguen.

Es la moral filistea que tanto conviene a los comerciantes interesados en quedar bien con todos. Es la mentalidad de los mercenarios decididos a ensanchar su cartera de clientes. Es la tica de los mercaderes de noticias empecinados en abarcar a la mayor cantidad de personas lbiles y superficiales. La ideologa de los blandengues no requiere compromiso. De ah su xito. Extraamente, para su propaganda de la ambigedad, son muy rgidos.

Y a propsito: no se puede ser neutrales con la neutralidad. Mucho menos cuando intencionalmente se confunden (o equiparan) lo neutral con lo objetivo. Y ms cuando por objetivo se pretende hacer creer que no se toma parte, que existe un lugar (o no-lugar) donde todo se ve con claridad por que no se toma partido, porque no se tiene influencia y ni herencia que tia pensamientos, palabras o acciones. De tal falacia hacen su comidita quienes trafican la objetividad (que tambin es una ideologa) buscando llegar a muchos. As, dicen que la tecnologa no tiene ideologa, que la ciencia no tiene ideologa y que su ideologa es la mejor porque sus silogismos no tributan ni adeudan ante escuela alguna. Y en eso s que son intransigentes.

Asumir principios no supone petrificarlos. Cada conviccin, que afirma sus herencias y sus consecuencias, requiere del antdoto metodolgico de la crtica, y de la auto-critica, para no convertirse en dogma. Un conviccin poderosa lo es si es coherente con su historia y con los fines a que sirve si es necesaria, posible y realizable. Y no por eso es infalible. Una conviccin, tenga la base que tenga, debe mantenerse en evaluacin permanente y debe ser permeable a las fuerzas dialcticas que le dan origen y finalidades. Debe consensuarse, contrastarse y perfeccionarse sobre el crisol de la prctica y desde ah debe producir su desarrollo si no quiere convertirse en soliloquio o en homila de sordos. Y, especialmente debe ser paradigma elevado a la accin donde saldarn sus aportes y sus deudas sin transigir reconciliaciones con lo que combate.

No pocas veces, la velocidad de los acontecimientos histricos va generando lecciones que desnudan debilidades y contradicciones fuertes donde son necesarias habilidades especiales para corregir (sin traicionar) el todo o las partes de los principios y los fines. Parte de la inteligencia social consiste en entrenar esa capacidad de modelado permanente en la praxis (Snchez Vzquez) como expresin de la dialctica de las luchas emancipadoras que enfrentan, sin cesar, enemigos expertos en mutaciones, ambigedades y disfraces de todo tipo. No se trata de habilidades para la adaptacin ni para el acostumbramiento, sino de destrezas tericas y prcticas para desarrollar, en la lucha misma, posiciones cada vez ms poderosas. Sin renuncias por banalidades.

Son de esa estirpe las convicciones y las tesis contra la esclavitud en todas sus expresiones. Son producto de esa dialctica los valores humanistas clsicos (sin individualismos), el respeto por la naturaleza y el respeto por la vida en lo concreto (sin idealismos). Son de esa envergadura los principios ticos que defienden la dignidad, el trabajo, la justicia social y el derecho a vivir sin amos y sin miedos (sin demagogias legalistas de coyuntura). Intransigentes.

No se puede transigir ni reconciliar ideas con los comerciantes de la muerte, con las industrias blicas; no se puede transigir con los manipuladores de conciencias ni con los secuestradores de la educacin pblica y gratuita. No podemos reconciliarnos con los que usurpan tierras y usurpan mares ros y lagos por ms saliva que inviertan en justificarse. No se puede transigir con los especuladores bancarios o financieros ni con la usura de las tasas de inters. No hay conciliacin posible con el hambre, con la insalubridad o con la ignorancia. No se puede transigir con con los valores humanistas comunitarios ni con las plusvalas. Y por ms que leguleyos o preceptores de la alienacin quieran nuestra mansedumbre como presa de caza para sus amos, alguna vez y en algn lugar hemos de rescatar nuestro derecho y nuestra obligacin de ser irreconciliables con todo aquello que, mientras esclaviza o mata seres humanos, hace grandes negocios. Educarnos, pues, para lo irreconciliable necesario.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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