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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2018

Mr. Robot
En busca del arca perdida

Guillermo Paniagua
Hala Bedi/ SerialK


2015. Diez destellos estroboscpicos, perfectamente serializados, ametrallan annimamente el Estado Profundo. Binaria en su cdigo y en su personalidad, la primera temporada de la serie de Sam Esmail, Mr. Robot, encauza algortmicamente el malestar generacional.

1999. Dos conflagraciones cromticas grafiteaban los cimientos de la cultura popular audiovisual. Expansiva con mucha onda, una esttica y temtica avasalladora bipolar se impona con la obra de David Fincher, El club de la lucha, y de las Hermanas Wachowski, Matrix.

1998. Un haz de luz blanconegruno mordisqueaba aquellos mismos pilares fundacionales. Incisivo pero de mandbula discreta, el primer y genial largometraje de Darren Aronofsky, Pi, fe en el caos, se limitaba a indicarles a sus venideras hermanas donde hincarle el diente a la bestia.

Frenemos aqu este ejercicio de arqueologa cinematogrfica tan insaciable como inagotable es el perseguido manantial primigenio. Ni el anim Akira (1988), ni Blade Runner (1982), pondrn fin a esta escalada invertida. Ni el manga o la novela de las que se inspiraron. La estela cyberpunk en la que timonea Mr. Robot proviene de grandes buques zarpados en los mares ochenteros, barcos cargados de sueos y pesadillas de celuloide o celulosa, pero ninguno de ellos tan potente como para hacerse cargo del origen -el arch- de este movimiento contracultural. Para eso hay que hablar de otro barco, infraestructura material, altamente motorizada, cargada de armas y dinero que ensay su artillera en las costas del Cono Sur latinoamericano a mediados de los 70. Una nave muy peculiar que tras su exitoso estreno a manos de generaluchos y terratenientes locales recibi el visto bueno para surcar mares rumbo norte y ofrecer su mercanca, ahora s, al mundo civilizado. Un mediocre actor hollywoodiense ungido emperador de las galaxias y una dama de tanto hierro que reprima al carbn se encargaron de aupar este crucero del amor a la fama mundial. Empapado de un brebaje con burbujas financieras e inmobiliarias, humanas y hermticas, el neoliberalismo globalizado, as bautizado, se despeda de la fragata y se montaba en el drone. Tras el game over setentero y el posterior formateo del disco duro sovitico una nueva partida empezaba para los movimientos contraculturales.

Este es el sofocante contexto en el que se nutre y debate Mr. Robot. Vstago ejemplar de otra generacin perdida, la serie de Sam Esmail explora con talento el registro del thriller psicolgico, poltico-conspirativo, de la mano y mente adiestrada de un joven hacker bipolar, Elliot, comprometido con la destruccin de una ignominiosa trasnacional financiera. Como hiciera Utopia, una de las mejores series de este principio de siglo, Mr Robot, aunque a ritmo ms sosegado, narra una historia compleja, con giros exigentes y esttica sofisticada que salvo en una segunda temporada un tanto confusa y pretenciosa, logra retratar clnicamente la sdica normalidad del sistema y la fra excepcionalidad de un grupo de jvenes decididos a subvertirlo. Las vicisitudes de una resistencia computadorizada alejada del calor de las masas combinadas a los disturbios psicolgicos de un protagonista alejado del calor del hogar sern los explosivos ingredientes narrativos de esta batalla desigual, un tanto desesperada, embebida de geopoltica y de soledad sistmica.

Y es que, como apuntbamos en anteriores entregas, las alambicadas estrategias de supervivencia en un mundo de la pena (y del) capital ofrecen un panorama tan desesperante socialmente como jugoso narrativamente. Si la mayora de las grandes propuestas seriales ponen el acento crtico en una pesadumbre generalizada, normalmente centrada en individuos descolocados y mortalmente heridos, con Mr. Robot pasamos a la ofensiva, con un malestar encauzado por un relato de guerrilla ciberntica anticapitalista, emburbujada, eso s, y conspirativa, cmo no, fiel sntoma de un momento histrico donde el personaje principal del relato emancipador- las masas trabajadoras- fue expulsado de una ecuacin revolucionaria, al parecer, demasiado difcil de resolver. Mientras, en el mar, la utopa organizada sigue a la deriva en aquellas diminutas balsas en las que las fragatas neoliberales convirtieron el arca del Che.

En fase con este mar turbulento, Mr. Robot se impondr a buen seguro con su oscura y rebelde belleza como un exponente serial de culto insoslayable en venideras tentativas arqueolgicas del cyberpunk. Mientras, por nuestra parte y desde nuestra propia balsa, no nos queda ms para ofrecer que un jugueteo final con nuestra propuesta inicial y esperar al menos que aquellas futuras escaladas al revs se escriban desde la indiscreta luz del da, en una plaza pblica atiborrada de cuerpos annimos pero de rebosante personalidad, plenario bullicioso e intergeneracional con algo de ritmo y, sobre todo, en un estado profundo de bienestar. De la conformacin de este akelarre, gran timonel de un arca reconstruida, depender la irrupcin protagnica de las masas en la cultura popular audiovisual.

 

Fuente: http://halabedi.eus/2018/03/23/serialk-en-busca-del-arca-perdida-mr-robot-guillermo-paniagua/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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