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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2018

Mxico 2018 [VI]
Acerca de por qu asesinan candidatos

Arsino Orihuela Ochoa
La digna voz


A propsito de una entrevista reciente con el peridico Tiempo Argentino (https://bit.ly/2IMB5vC), que vers sobre el asesinato de candidatos en Mxico en el marco de la campaa electoral en curso, juzgu oportuno recoger algunas de las reflexiones que arroj la ocasin y presentarlas en formato extendido.

Es habitual que en Mxico estos fenmenos asesinatos en general, y asesinato de candidatos en particular pasen inadvertidos; o bien, que una franja mayoritaria del pblico minimice el hecho en s y/o sus efectos colaterales. La violencia es la divisa dominante de la poltica nacional, tanto en la modalidad de represin llana y abierta como en la accin consuetudinaria de las instituciones, que, sin moderacin, quebrantan el orden constitucional a su antojo. Y este alud de criminalidad e ilegalidad concertada desde las instituciones acaso explica el fenmeno de la naturalizacin del maridaje violencia-poltica. Por cierto, esta violencia poltica est ntimamente entrelazada con la violencia social. Y, por ello, el tema cobra una importancia mayscula.

Con base en esta premisa, y sin descuidar la decisin poltica que desencaden la barbarie en Mxico la guerra contra el narcotrfico, extindome sobre el asunto en cuestin.

T.A.: Se recrudeci el asesinato de candidatos en Mxico o es similar a otros momentos? Qu explica estos asesinatos?

A.O.: El asesinato de candidatos como recurso para determinar el resultado de una eleccin no es una rareza ni un procedimiento indito en la democracia electoral mexicana (ntese el entrecomillado). Los procesos de democratizacin en los pases discurren por diferentes caminos. Y lo primero que hay que entender es que en Mxico nunca ha habido una democratizacin de los canales institucionales-electorales, aun cuando es posible consignar una relativa pluralizacin del sistema de partidos. Rotacin de lites sin cambios sustantivos ni canalizacin institucional de las demandas sociales: esa es la frmula.

Cabe recordar que la Revolucin Mexicana estall bajo la consigna de sufragio efectivo, no reeleccin. Y si bien la insurreccin consigui la abrogacin de la reeleccin, la efectividad del voto popular nunca se cristaliz. De hecho, la crisis de violencia en el pas es fruto entre otros factores de una octogenaria acumulacin de procesos electorales fraudulentos, en la que los asesinatos de aspirantes a cargos de eleccin popular es una norma ms que una excepcin. Tal vez el caso ms emblemtico es el asesinato del candidato presidencial (puntero) Luis Donaldo Colosio, en las vsperas de la eleccin federal de 1994. A propsito de este caso, existe una multiplicidad de interpretaciones. Pero casi todas coinciden en sealar el involucramiento de actores del Estado profundo (concilibulos militares), dinastas familiares del propio partido poltico Partido Revolucionario Institucional (PRI), y el narcotrfico. Y todos los actores referidos continan decidiendo los destinos del pas.

En este sentido, el recurso de la violencia o eliminacin fsica de candidatos s es similar a otros momentos. Pero tambin es cierto que ha habido un agudo recrudecimiento. Justamente porque las fuerzas armadas, las aejas dinastas familiares y el narcotrfico han acumulado cuotas extraordinarias de poder, especialmente en el ltimo decenio. La guerra contra el narcotrfico que decret el expresidente Felipe Caldern en 2006, tan slo 10 das despus de la toma de protesta, y acaso como una estrategia para aplastar por la fuerza las denuncias de fraude en su contra, provoc un desencadenamiento de una violencia sin parangn en el pas. La guerra, que nunca fue contra el narcotrfico porque hoy ste es el actor dominante en la poltica nacional, habilit un escenario blico que propici el fortalecimiento de las fracciones ms criminosas del poder poltico jerarcas militares, dinastas familiares, narcotrfico. El fraude electoral de 2006 acarre la guerra. Y el costo humano fue altsimo: 200 mil muertos, decenas de miles de desaparecidos, millones de familias desterradas de sus territorios o comunidades, y la normalizacin del terror, la criminalidad y la corrupcin.

Esa violencia a gran escala tambin alcanz a la clase poltica y las instituciones. Y esto explica que tan slo en los ltimos cuatro meses hayan sido asesinados ms de 30 aspirantes a cargos de eleccin popular. La OEA recientemente denunci que en Mxico es asesinado un candidato cada cinco das. Si esto aconteciera en Venezuela, no es tan difcil imaginar el escozor internacional que provocara. Pero como acontece en Mxico, donde la barbarie est naturalizada, nadie respinga, con excepcin de unas escasas expresiones de preocupacin.

En Mxico, la gente acostumbra decir, en la antesala de una eleccin, que el pas se va a llenar de muertitos. Advirtase que este clima electoral homicida es comn (de ninguna manera normal). No obstante, cabe insistir que el ascenso del narcotrfico a clase gobernante potencializ aparatosamente la virulencia de los asesinatos polticos. Slo a modo de ejemplificacin: cuando un candidato visita la comunidad o jurisdiccin para la cual est compitiendo, el narco acostumbra secuestrar las unidades vehiculares en las que se transporta el candidato y su crculo de trabajo, incluidos reporteros y personal de prensa. Se trata de un secuestro exprs que consiste en concertar ex profeso una entrevista entre el jefe narco de la plaza (territorio de operacin de algn crtel) y el candidato en cuestin, con el propsito de coordinar a priori la agenda de cooperacin entre el futuro funcionario y las organizaciones criminales. Esto ocurre rutinariamente en todas las geografas del pas. Y las desavenencias se estn pagando con sangre. En la escena poltica nacional rige la ley narco: plata o plomo. Desde el punto de vista del neoliberalismo sin reservas, que profesa el culto de la superioridad de los mercados por encima de cualquier accin del Estado, Mxico es la utopa.

No pocas veces los narcotraficantes responden a encomiendas de ciertas fracciones del aparato poltico-institucional. Tambin el narco efecta tareas de contrainsurgencia. Es un pacto de reciprocidad concertado por narcotraficantes y gobernantes dedicados al bandidaje de Estado. En este sentido, no es gratuito que los candidatos ms perseguidos a sangre y fuego generalmente provengan de las filas del partido de oposicin; pero definitivamente no son lo nicos. Porque el problema rebasa los marcos puramente electorales. El problema de fondo es el ascenso del narcotrfico a clase dirigente.

T.A.: Cmo impacta esta violencia en la participacin electoral y los resultados?

A.O.: El impacto es directo y determinante. Esa es la idea de los asesinatos: afectar la participacin electoral y los resultados.

En relacin con lo primero la participacin electoral, es evidente que el clima homicida alimenta el abstencionismo. En Mxico el voto no es obligatorio. Y, con frecuencia, a los comicios slo asiste entre el 20 y el 40 por ciento del electorado. Naturalmente, el asesinato de candidatos provoca un terror que aleja al pblico de las urnas.

Y con respecto a lo segundo los resultados, sencillamente prevalece la voluntad de los intereses privados, a menudo criminales. Y el narco y clase poltica delincuencial consiguen actualizar la continuidad de eso que llamo el narcoestado, en detrimento de lo que uno podra llamar la voluntad general. En Mxico, nadie llega a un puesto de gobierno clave sin el consentimiento del crimen organizado. Ese es el impacto ms inmediato. Y el impacto mediato, es la sostenida desmoralizacin poltica de una poblacin civil condenada por las clases gobernantes a habitar en condiciones de terror permanente y parlisis social.

T.A.: Algo que agregar?

A.O.: Urge frenar la sistemtica prctica del rgimen de sellar con fraude los procesos electorales. Esa es la tarea poltica de 2018. Este ao el pas se juega la vida. Y no lo digo metafricamente. El derecho a la vida en Mxico es lo que est en disputa en la eleccin de 2018.

Fuente: http://lavoznet.blogspot.com.br/2018/03/mexico-2018-vi-acerca-de-por-que.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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