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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2018

Los Derechos de la Naturaleza como puerta de entrada a otro mundo posible

Esperanza Martnez y Alberto Acosta
Rebelin


Los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza

son dos nombres de la misma dignidad

Eduardo Galeano, 2010

 

La Naturaleza puede vengarse,

pero lo que no puede es defenderse sola

Armando Bartra, 2008


Los derechos en tanto herramienta de dominacin y emancipacin

A los Derechos Humanos se los entiende como una poderosa herramienta de defensa frente a los diversos sistemas de poder. Su emergencia se concibe como parte de la lucha de emancipacin de la Humanidad en contra de los mecanismos de represin, silenciamiento e invisibilizacin de todos aquellos grupos explotados o despojados inclusive de su condicin humana. Los Derechos Humanos surgieron para enfrentar algunas de las ms grandes atrocidades del poder. Inclusive han sido desarrollados para enfrentar sistemas que sostienen privilegios de unos pocos, sustentados a travs de muchas formas de explotacin de los seres humanos y en el despojo de muchos pueblos y territorios.

Sin embargo, en paralelo a la construccin de los Derechos Humanos e inclusive antes, se desarrollaron otros derechos que justifican, permiten y regulan el despojo. El derecho a la propiedad sera uno de ellos. El mismo derecho al desarrollo abre la puerta a un proceso que tolera el atropello de derechos de grupos humanos como costo casi ineludible para conseguir un fin tan preciado como sera el progreso (inalcanzable, por cierto). El derecho al libre comercio justifica la explotacin inmisericorde de economas locales. Y as por el estilo.

Esta introduccin es necesaria para entender la doble utilizacin de los derechos: sea para justificar y reglamentar el despojo, o para evitar las atrocidades y ser una herramienta transformadora de las sociedades. Esta doble condicin en el derecho, la de ser al mismo tiempo conservador y transformador, dominador y liberador, lo convierte en un arma de doble filo que hay que saber conocer y utilizar.

Por lo tanto precisamos identificar aquellos derechos que actan como un instrumento coercitivo de poder, que en esencia no solo no solucionan los problemas que se reclaman sino que permiten sostener la desigualdades o como mximo limitarlas. Y simultneamente tenemos que conocer cules derechos cumplen con aquel papel transformador y emancipador.

La lucha por el reconocimiento de los derechos y, ms precisamente por el derecho a tener derechos, ha sido larga y difcil, y ha pasado por procesos polticos en condiciones y tiempos especficos. Solo as se han podido colocar lmites al poder, a la explotacin y conquistar nuevos derechos, as se han desarrollado derechos anteriormente desconocidos.

Aunque muchos de los derechos reconocidos han dejado diferentes grados de insatisfaccin, es innegable que los derechos abren fisuras y se convierten en herramientas para enfrentar o, al menos, limitar las ms diversas atrocidades en una civilizacin, la capitalista, que por acumular sofoca la vida y todo lo que tiene que ver con ella, sea la vida de los seres humanos o de la misma Naturaleza.

Si los Derechos Humanos emergieron para liberar a los seres humanos de toda forma de esclavitud, los Derechos de la Naturaleza aparecen tambin como parte de un largo proceso para frenar las monstruosidades cometidas contra la Naturaleza, muchas veces incluso para asegurar el derecho al bienestar de los seres humanos. Por eso su construccin debe abrirse paso en medio de maraa de derechos que impiden su pleno ejercicio, estableciendo vnculos estrechos con los Derechos Humanos.

De la Naturaleza objeto a la Naturaleza sujeto

 

Las relaciones de los seres humanos en y con la Naturaleza han sufrido de severas simplificaciones no slo en el mbito poltico y jurdico sino incluso en el cientfico. En general la tendencia fue siempre silenciar a la Naturaleza y distanciar a los seres humanos de ella.

La primera simplificacin ha sido el asumir que Naturaleza y medio ambiente tienen alcances equivalentes. El concepto de medio ambiente naci para describir el entorno fsico que rodeaba a las personas, incorporaba a la Naturaleza pero solo en la medida en que sta serva a los seres humanos. Bajo esta mirada el medio ambiente es solamente un conjunto de elementos biticos y abiticos que coexisten en el entorno.

La segunda simplificacin es que suele asumirse que el ecosistema y el medio ambiente son tambin sinnimos, y que lo que ocurre en el ambiente se comprende exclusivamente en el terreno de la biologa. El ecosistema es el conjunto de sistemas dinmicos en los que intervienen e interactan entre s los elementos biticos y abiticos, pero excluye las relaciones sociales y los vnculos estrechos entre la sociedad y la Naturaleza.

En la mayora de teoras sociales o biolgicas, la relacin entre sociedad y Naturaleza estuvieron ausentes o muy disminuidas. Con el desarrollo de la ecologa como ciencia, se ha logrado crear puntos de encuentro entre las teoras sociales y biolgicas en relacin a la Naturaleza y al ambiente. El ambiente, sin embargo, continu teniendo una referencia antropocntrica autoreferenciada, y la Naturaleza una referencia antropocntrica biocentrada.

Es a partir del reencuentro con las filosofas indgenas y del redescubrimiento de teoras sociales no coloniales, que surgen nuevas formas de entender las relaciones entre la Naturaleza y las sociedades. No perdamos de vista que la ruta del concepto de Naturaleza es muy compleja, pues cada cultura tiene sus propias referencias de Naturaleza. Es desde estas visiones que surgen los conceptos que nos conducen al trnsito de la Naturaleza objeto y cosa, a una Naturaleza viva de la que somos parte y de la que son parte tambin los seres espirituales.

En esta ruta de trnsito de la Naturaleza objeto -regida por las leyes de la mercanca- a una Naturaleza sujeto, con valores intrnsecos y con derechos propios convergen varias discusiones, propuestas y demandas tanto del mundo indgena, como del mundo que conocemos como occidental. La diferencia est en que para el mundo indgena, la Naturaleza forma parte activa de su cosmovisin, es la Naturaleza la que pone lmites y da derechos a los humanos y estas son normas no escritas.

La idea de dotarle de derechos a la Naturaleza y de construir un rgimen jurdico alrededor de ella lo encontramos en varios esfuerzos en el mundo occidental.

Son importantes en este sentido la Declaracin de los Derechos del Animal de 1977, adoptada en Londres en el seno de la UNESCO y, posteriormente, aceptada por la ONU. En este documento se hace referencia a la Comunidad de los Iguales y se plantea reconocer a los animales los derechos a la vida y a la libertad, adems se prohbe la tortura y toda forma de maltrato. Otro texto significativo es la Declaracin sobre los Grandes Simios, de 1993 en la que se les reconoce derechos equiparables a los humanos. En los considerandos se les reconoce derecho a la existencia como fundamento de la correlacin de las especies en el mundo, mientras se seala que el respeto del ser humano hacia los animales est ligado al respeto de los seres humanos entre ellos mismos. En esta Declaracin se dice que: El hombre, como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos, violando ese derecho. Tiene la obligacin de poner sus conocimientos al servicio de los animales. (Singer & Cavalieri, 1998)

Este tratamiento de los simios como personas no humanas ha sido ya recogido en los casos jurdicos de Jimmy, Sandra, Tomy, Kiko, Leo, Hrcules, Toti y Suia, nombres de una serie de simios ms o menos conocidos en la opinin pblica. Estos son algunos de los primates cuya libertad ha sido exigida en los ltimos aos en cortes de tres pases (Estados Unidos de Amrica, Brasil y Argentina) a travs de la interposicin de un habeas corpus en su nombre.

Christopher Stone [2] plante la tesis del reconocimiento de derechos a los rboles y esto provoc importantes reflexiones sobre su importancia para los seres humanos. Es su ya clsico ensayo llamado Deberan los rboles tener derechos en juicio?, Stone plantea

el hecho es que, cada vez que ha habido un movimiento que plantea el reconocimiento de derechos a nuevas entidades, la propuesta es obstaculizada por sonar extraa o espantosa o cmica. Esto es en parte porque hasta que el ente sin derechos no los recibe, nosotros no lo podemos ver como algo ms que una cosa para nuestro uso. () Yo estoy proponiendo seriamente que debemos conferir derechos legales a los bosques, ocanos, ros y otros as llamados recursos naturales en el ambiente es decir, al ambiente natural en su totalidad. (Stone, 2010)  

Incluso se puede mencionar a Italo Calvino en 1957, quien en su novela El barn rampante [3] , cuenta como Cosmo Piovasco de Rond, decide pasar toda su vida encaramado en un rbol. Y desde all propone figurativamente hablando, durante la Revolucin Francesa, un

proyecto de Constitucin para una ciudad republicana con declaracin de los derechos de los hombres, de las mujeres, de los nios, de los animales domsticos y salvajes, incluidos pjaros, peces e insectos, y de las plantas sean de alto tallo u hortalizas y hierbas...

Hay tambin otras razones cientficas que consideran a la Tierra como un superorganismo vivo. James Lovelock, Lynn Margulis, Elizabeth Sahtouris, Jos Luntzenberg caracterizaron a este superorganismo vivo como Gaia, uno de los nombres de la mitologa griega para definir la vitalidad de la Tierra. Este superorganismo extremadamente complejo, que requiere de cuidados y debe ser fortalecido, es sujeto de dignidad y portador de derechos, porque todo lo que vive tiene un valor intrnseco, tenga o no uso humano.

Incluso hay razones cosmolgicas que asumen a la tierra y a la vida como momentos del vasto proceso de evolucin del Universo. La vida humana es, entonces, un momento de la vida en trminos amplios. Y para que esa vida pueda existir y reproducirse necesita de todas las precondiciones que le permitan subsistir.

En todas estas visiones, como resalta Leonardo Boff, es preciso reconocer el carcter de inter-retro-conexiones transversales entre todos los seres: todo tiene que ver con todo, en todos los puntos y en todas las circunstancias, tal como plantea la relacionalidad en las visiones indgenas de la Pacha Mama. Esta ancestralidad o indigenidad tambin est presente en otras latitudes. A modo de ejemplos recientes, veamos que esto ha sido recogido en los reconocimientos como sujeto de derechos el ro Whanganui, venerado por los maores en la Isla Norte, adems se concedi la personalidad jurdica al Parque Te Urewara, declarado como un lugar de valor espiritual, en tanto hogar sagrado del pueblo Tuhoe, en Nueva Zelanda; en Colombia, la Corte Constitucional, en el ao 2017, concedi derechos al ro Atraco, considerado como la columna vertebral del Choc por los pueblos que habitan en sus riveras.

En este camino ya no slo se trata de reconocer la existencia de los grupos indgenas como tal, sino tambin su relacin con el territorio que incluyen entre otros los conocimientos ancestrales acerca de la medicina natural, la filosofa o pachasofa (Joseph Estermann, 1998) .

La economa, cultura y formas de vida de los pueblos indgenas tienen directa relacin con -o se desarrollan principalmente en funcin de- los elementos de la Naturaleza, por lo que la destruccin o daos producidos a stos afecta directamente al bienestar social del grupo. La conservación de la biodiversidad no se basa únicamente en la protección de especies y ecosistemas por su valor intrínseco: la supervivencia de las comunidades humanas está indudablemente ligada a la integridad de su medio ambiente. La mayoría de los bienes de aprovisionamiento que usamos (agua, alimentos, medicinas, combustibles, materiales de construcción, etc.) provienen directamente de ecosistemas en buen funcionamiento. Además, recibimos muchos otros beneficios indirectos de la biodiversidad, como regulación de ciclos hídricos, del carbono, del clima y servicios culturales. [4]

Bajo estas consideraciones los Derechos de la Naturaleza pueden y estn actuando como como un elemento adicional para la defensa del territorio, es el caso de la accin pblica para impedir la construccin de la Hidroelctrica en Bello Monte, Brasil. En la demanda se seal que, teniendo como referente la Constitucin de Ecuador, poda ser ms didctico claro y oportuno aplicar los Derechos de la Naturaleza por la destruccin del territorio de Xingu. [5]

Estos derechos tienen adems la ventaja en tanto abren un canal de comunicacin con grupos de la sociedad que estn ms abiertos a comprender y defender a la Naturaleza que a los territorios de indgenas. Ms all de los derechos de todos los seres vivos, una fuente de jurisprudencia central son las relaciones culturales particulares de los pueblos o nacionalidades indgenas con sus territorios, es decir con sus espacios de vida.

 

  Los Derechos de la Naturaleza

 

Destaquemos que los Derechos de la Naturaleza fueron consagrados en la Constitucin de Ecuador rompiendo con visiones tradicionales. All -sobre todo en los artculos 71, 72, 73 y 74- se cristaliz un reclamo que surge de lo ms profundo del mundo indgena y que recogi elementos presentes en las luchas del ecologismo popular y trabajados desde la ecologa, y sobre todo de la ecologa poltica En un proceso de mestizajes mltiples, esta visin indgena de la vida se complement con el creciente reclamo de amplios segmentos de la poblacin en contra de la acelerada destruccin de la Naturaleza, sobre todo provocada por el extractivismo.

El artculo 71 de la Constitucin es muy claro: 

 

La Naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneracin de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos. Toda persona, comunidad, pueblo, o nacionalidad podr exigir a la autoridad pblica el cumplimiento de los derechos de la Naturaleza. Para aplicar e interpretar estos derechos se observarn los principios establecidos en la Constitucin, en lo que proceda.

 

Pero qu significa el Derecho a que se respete integralmente su existencia o cmo se logra el mantenimiento y regeneracin de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivo?

Sera un error pensar que los Derechos de la Naturaleza solamente se refieren a los enumerados como artculos 71 al 74 de la Constitucin ecuatoriana. Los Derechos de la Naturaleza deben ser ledos de cara a las obligaciones que se imponen a lo largo de toda la Constitucin, destacando que no se pueden confundir con los derechos ambientales, tambin abordados y ampliados en dicha carta magna.

En trminos generales las obligaciones pueden ser de hacer y de no hacer. En el caso de la Constitucin ecuatoriana del 2008 hay varias obligaciones que se imponen que estn dirigidas a respetar integralmente la existencia de la Naturaleza, por ejemplo las prohibiciones a la aplicacin de biotecnologas riesgosas o experimentales (art. 401); el uso de armas qumicas, biolgicas y nucleares, contaminantes orgnicos persistentes, () agroqumicos internacionalmente prohibidos, y las tecnologas y agentes biolgicos experimentales nocivos y organismos genticamente modificados () residuos nucleares y desechos txicos al territorio nacional (art. 15); la actividad extractiva de recursos no renovables en las reas protegidas y en zonas declaradas como intangibles, incluida la explotacin forestal (art. 407); el latifundio y la concentracin de la tierra, as como el acaparamiento o privatizacin del agua y sus fuentes (art. 282); prohibicin de toda forma de privatizacin del agua y la misma prelacin en el uso del lquido vital (art. 318); la apropiacin sobre los recursos genticos que contienen la diversidad biolgica y la agro-biodiversidad (art. 322), entre otros muchos artculos.

Pero, adems, se establecen obligaciones de hacer para mantener los ciclos vitales. En este sentido se habla de una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armona con la Naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay; (prlogo de la Constitucin ecuatoriana).

En esta lnea el Estado se obliga a un rgimen socioeconmico, poltico y cultural que tiene como objetivo recuperar y conservar la Naturaleza (art. 276); en armona con la Naturaleza (art. 283); que conserve la biodiversidad y la capacidad de regeneracin natural de los ecosistemas (art. 395); dentro de los lmites biofsicos de la Naturaleza (art. 284); desincentivar las que atenten contra sus derechos o los de la Naturaleza (art. 319); un ambiente sano, ecolgicamente equilibrado, libre de contaminacin y en armona con la Naturaleza (art. 66,27); promover la preservacin y recuperacin de la agrobiodiversidad y de los saberes ancestrales vinculados a ella; as como el uso, a conservacin e intercambio libre de semillas (art. 281.6); en caso de duda sobre el impacto ambiental adoptar medidas protectoras ( art. 396), limitacin de las emisiones de gases de efecto invernadero, de la deforestacin y de la contaminacin atmosfrica; tomar medidas para la conservacin de los bosques y la vegetacin, y proteger a la poblacin en riesgo (art. 414); proteger a la Naturaleza frente a los efectos negativos de los desastres (art. 389); creacin, ratificacin y vigencia de instrumentos internacionales para la conservacin y regeneracin de los ciclos vitales del planeta y la biosfera (art. 416. 13).

En cuanto a las reas especiales destinadas para la conservacin de la Naturaleza, hay varios artculos que lo mencionan, por ejemplo, deben asegurar la intangibilidad de las reas naturales protegidas, de tal forma que se garantice la conservacin de la biodiversidad y el mantenimiento de las funciones ecolgicas de los ecosistemas (art. 397.4).; la conservacin de ecosistemas frgiles y amenazados (art. 406); el mantenimiento de la posesin de las tierras y territorios ancestrales (art. 57.5); derecho a recuperar, promover y proteger los lugares rituales y sagrados, as como plantas, animales, minerales y ecosistemas dentro de sus territorios (art. 57.12)

Al incorporar el derecho a la restauracin de la Naturaleza (art. 72) cuando ha sido destruida, se estableci otro hito en la Humanidad. La restauracin difiere (pero se complementa con) de la reparacin que es para los seres humanos, cuyas condiciones de vida pueda verse afectadas por algn deterioro ambiental provocado por otros seres humanos. Esta diferenciacin, como ya lo vimos, es fundamental para poder distinguir los derechos ambientales como parte de los derechos Humanos, de lo que representan los Derechos de la Naturaleza para todos los seres vivos y para la Madre Tierra misma. La Constitucin establece que en caso de daos ambientales el Estado actuar de manera inmediata y subsidiaria . Incluso establece que los proyectos de forestacin, reforestacin y revegetacin deben evitar el monocultivo y utilizar, de manera preferente, especies nativas y adaptadas a la zona. (art . 409)

Cuando se habla de re s petar los ciclos vitales, el agua nos ofrece un claro abanico de interpretacin. El agua es un patrimonio nacional estratgico de uso pblico y es un componente fundamental de la Naturaleza (art. 318) , la misma que tiene derechos propios a existir y mantener sus ciclos vitales.

el derecho humano al agua es fundamental e irrenunciable. El agua constituye patrimonio nacional estratgico de uso pblico, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida. (art . 12)

La prelacin en el uso del agua es muy clara: 1) se destinar a consumo humano, 2) riego que garantice la soberana alimentaria, 3) caudal ecolgico y 4) actividades productivas (art. 318); la sustentabilidad de los ecosistemas y el consumo humano sern prioritarios en el uso y aprovechamiento del agua (art. 411); las energas renovables, debern ser diversificadas de bajo impacto y que no pongan en riesgo la soberana alimentaria, el equilibrio ecolgico de los ecosistemas ni el derecho al agua (art. 413)

Esta nueva visin del agua super la visin mercantil del agua y se recuper la del usuario, es decir la del ciudadano y de la ciudadana, en lugar del cliente, que se refiere solo a quien puede pagar. En tanto bien nacional estratgico, se rescat el papel del Estado y de las comunidades en el otorgamiento de los servicios de agua. En tanto patrimonio se pens en el largo plazo, liberando al agua de las presiones cortoplacistas del mercado y la especulacin. Y en tanto componente de la Naturaleza, se reconoci en la Constitucin de Montecristi la importancia de agua como esencial para la vida de todas las especies, que hacia all apuntan los Derechos de la Naturaleza. [6]

En sntesis, como se ha visto en esta apretada presentacin de los principales derechos ambientales y ecolgicos recogidos en esta Constitucin, la lectura de los Derechos de la Naturaleza debe ser mltiple e interdependiente pues esto nos permite sustentar no solo el derecho a tener derechos, sino tambin a ver los Derechos Humanos en vinculacin con los Derechos de la Naturaleza.

 

Las barreras a vencer para una Naturaleza con derechos

 

La construccin de la Naturaleza como sujeto de derechos est an en proceso. El carcter constitucional de este reconocimiento en Ecuador, es importante pero no es suficiente. Es un punto de quiebre con las visiones liberales sobre Naturaleza y ambiente, pero requiere romper barreras complejas, que sostienen los cimientos civilizatorios, las estructuras dominantes del modelo y las formas de operar de los Estados.

- La ruptura con los ciclos metablicos del planeta

La globalizacin de una sociedad humana atrapada en una realidad inventada desde el mundo de las mercancas, la produccin y el consumo rompi los ciclos metablicos del planeta [7] . Por una parte la extraccin de materiales, que han tardado siglos en constituirse, se realiza a velocidades vertiginosas con una creciente prdida de energa, destrozando los ciclos naturales y acumulando montaas de desechos que no alcanzan a reintegrarse a los procesos metablicos del planeta.

A lo anterior se suman las rupturas y las disfuncionalidades de la propia economa mercantilizada: la velocidad de acumulacin productiva difiere del ritmo de acumulacin sustentada en la especulacin financiera. Recordemos que, en los ltimos 200 aos, las tasas de crecimiento econmico, que nos daran cuenta del mundo de la produccin, bordean el 2%, y que las tasas de inters, que reflejaran los niveles de la especulacin financiera, habran alcanzado el 4,5% promedio anual, segn Thomas Pikkety [8] . Estas dos velocidades econmicas, la de la produccin y la de la especulacin, son infinitamente ms aceleradas que lo que podra ser la reproduccin de la vida o lo que podramos entender como la tasa de intercambio con la Naturaleza. Esta constatacin nos grafica una situacin de tres velocidades insostenibles en el tiempo. Y en lnea con el pensamiento de Jos Manuel Naredo (2017)

de esta manera el conflicto entre economa y ecologa est servido de antemano. Mientras la economa se preocupa de acrecentar el valor monetario del subconjunto de objetos apropiables valorables y productibles, sintetizado en el famoso Producto Interior Bruto (PIB) de los pases, la ecologa razona sobre el conjunto de la biosfera y los recursos, con todos sus componentes.

Si hay un divorcio econmico entre produccin y especulacin, lo es ms con la Naturaleza. Lo cierto es que el capitalismo, originado en diversas condiciones de produccin, acompaada de la especulacin, su contracara inseparable, va imponiendo su lgica en muchas otras esferas de la realidad social hasta crear un imaginario que justifica visiones de dominacin, exclusin y depredacin y que rinde culto a lo efmero, a lo que est de moda y que, inclusive, por aquello de la obsolescencia programada, dura poco al tiempo que sigue depredando la Naturaleza y explotando el trabajo.

La tarea parece simple, pero es en extremo compleja. En lugar de mantener el divorcio entre la Naturaleza y el ser humano, hay que propiciar su reencuentro, algo as como intentar atar el nudo gordiano roto por la fuerza de una concepcin de vida depredadora y por cierto intolerable. Bruno Latour dice que

se trata de volver a atar el nudo gordiano atravesando, tantas veces como haga falta, el corte que separa los conocimientos exactos y el ejercicio del poder, digamos la Naturaleza y la cultura. [9]

Para lograr esta transformacin civilizatoria, una de las tareas iniciales radica en la desmercantilizacin de la Naturaleza. [10] Los objetivos econmicos deben estar subordinados a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales, sin perder de vista el respeto a la dignidad humana, es decir asegurando siempre la calidad en la vida de las personas.

Desde una mirada histrica, esto nos conlleva necesariamente a superar el ya ancestral mandato judeocristiano o tecnocientfico de dominacin sobre la Naturaleza que se asienta sobre el extractivismo y que est presente desde hace ya ms de 500 aos en estas tierras. Un mandato que Eduardo Galeano (Brecha, 18.4.08) lo plasm de forma contundente:

desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castig la adoracin de la Naturaleza, que era pecado de idolatra, con penas de azote, horca o fuego. La comunin entre la Naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y despus en nombre de la civilizacin. En toda Amrica, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio.

La desaparicin de pueblos indgenas enteros, se cubri con la incorporacin de esclavos provenientes de Africa: es decir mano de obra barata y sometida. Estos esclavos de origen afro y la misma fuerza de trabajo indgena esclavizada de diversas formas constituiran un importante aporte para el proceso de industrializacin al ser mano de obra en extremo barata. [11] Desde entonces, como elemento bsico del mercado global, se fragu un esquema extractivista de exportacin de Naturaleza desde las colonias en funcin de las demandas de acumulacin del capital de los pases imperiales, los actuales centros del entonces naciente sistema capitalista.

Lo que nos interesa ahora es reconocer que nuestra Abya Yala -como lo fueron frica y Asia- fue integrada en el mercado mundial como suministradora de recursos primarios desde hace ms de 500 aos. De esta regin sali el oro, la plata y las piedras preciosas que financiaran la expansin del imperio espaol, pero, sobre todo, el surgimiento del capitalismo en la Europa central. Esta riqueza hizo bascular el centro del sistema mundial de Asia (que tena su propia crisis interna, en particular la China) a Europa. Y desde entonces estas tierras americanas, sobre todo las del sur, asumieron hasta ahora- una posicin sumisa en el contexto internacional al especializarse en extraer recursos naturales para el mercado mundial.

Conseguida la Independencia de Espaa los pases de Amrica Latina siguieron exportando recursos naturales, es decir Naturaleza, tal como lo haban hecho en la colonia. Desde entonces, la Naturaleza sigue siendo asumida, por gobiernos de diferente orientacin ideolgica, como un elemento a ser domado, explotado y por cierto mercantilizado.

En la bsqueda de respuestas a esta ruptura de relaciones con la Naturaleza, nos tropezamos con un patrn tecnocientfico [12] que, en lugar de construir comprensiones vitales del funcionamiento de la Naturaleza, su metabolismo y sus procesos vitales, irrumpe en ella para explotarla, dominarla y transformarla. Ese parece ser el mandato de la Modernidad. Como record Vandana Shiva, en los aos noventa del siglo pasado,

() con el advenimiento del industrialismo y del colonialismo () se produjo un quiebre conceptual. Los recursos naturales se transformaron en aquellas partes de la Naturaleza, que eran requeridas como insumos para la produccin industrial y el comercio colonial. () La Naturaleza, cuya naturaleza es surgir nuevamente, rebrotar, fue transformada por esta concepcin del mundo originalmente occidental en materia muerta y manejable. Su capacidad para renovarse y crecer ha sido negada. Se ha convertido en dependiente de los seres humanos. [13]

Las transformaciones en marcha en la actualidad son de tal magnitud que configuran nuevos regmenes de trabajo/tecnologas de extraccin de plusvala, que transforman y consolidan las modalidades de explotacin y las formas de organizacin de las sociedades, como anota Horacio Machado Aroz (2016) :

Bajo esta dinmica, el capital avanza creando nuevos regmenes de naturaleza (capital natural) y nuevos regmenes de subjetividad (capital humano), cuyos procesos de (re)produccin se hallan cada vez ms subsumidos bajo la ley del valor. Ese avance del capital supone una fenomenal fuerza de expropiacin/apropiacin de las condiciones materiales y simblicas de la soberana de los pueblos; de las condiciones de autodeterminacin de la propia vida. Y todo ello se realiza a costa de la intensificacin exponencial de la violencia como medio de produccin clave de la acumulacin.

En concreto, la Naturaleza, los recursos naturales y ltimamente los servicios ambientales [14] son vistos como los pilares para alcanzar el desarrollo, en tanto va indiscutible de progreso en su dominante versin materialista y acumuladora sin fin; de suerte que, como anota Jos Manuel Naredo, la metfora de la produccin (y la meta indiscutida del crecimiento) apuntalan la visin lineal de la historia gobernada por el progreso. [15] Y, en este escenario construido ideolgicamente, al extractivismo se lo asume como produccin, que no lo es, y en definitiva como la fuente fundamental de financiamiento para conseguir tan altas metas. Negarlo cerrara las puertas del progreso y del desarrollo, de conformidad con esta visin todava bastante extendida.

Esta visin es aupada por la voracidad de las demandas de acumulacin del capital, y que se sostiene en la firme y dogmtica creencia en el poder todo poderoso de la ciencia y la tecnologa [16] . Una visin que se explicara mejor si aceptamos que en nuestras sociedades, empezando por nuestros gobernantes, ms all de la defensa de los privilegios que genera esta forma de apropiacin de la Naturaleza, se ha desarrollado una suerte de ADN-extractivista, que limita plantear un debate amplio y serio sobre estas cuestiones. Un debate que no se supera simplemente asegurando el control del Estado sobre estos recursos.

- El antropocentrismo como modelo cultural y de pensamiento

 

La vigencia de los Derechos de la Naturaleza plantea cambios profundos, demanda una transformacin de alcance civilizatoria ya no ms pensada en clave antropocntrica , sino como una trama de relaciones armoniosas en las que orbitan naturalezas y sociedades.

La superacin del antropropiocentrismo es clave. La propia Iglesia Catlica termin por aceptar, en la Encclica Laudato Si, que

el antropocentrismo moderno, paradjicamente, ha terminado colocando la razn tcnica sobre la realidad, porque este ser humano ni siente la Naturaleza como norma vlida, ni menos an como refugio viviente... En la modernidad hubo una gran desmesura antropocntrica.

 

Pero el antropocentrismo esta en nuestro ADN y superarlo es mucho ms complejo que cuestionarlo. Demanda de un profundo proceso de decolonizacin intelectual en lo poltico, en lo social, en lo econmico, por cierto en lo cultural; un esfuerzo que encuentra elementos fundamentales en los aportes de uno de los pensadores ms lcidos de Amrica Latina: Anbal Quijano.

Superar el antropocentrismo exige un proceso de transicin sostenido y plural. Un proceso de transicin, poltico en esencia, que nos conmina a incorporar permanentemente la cuestin del poder. La tarea es organizar la sociedad y la economa asegurando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energa y de materiales en la biosfera, manteniendo la fertilidad de la tierra y sin dejar de preservar la biodiversidad del planeta.

En el escenario de los derechos tal y como lo seala Eduardo Gudynas [17] , es necesario reconocer que las formulaciones clsicas de los derechos a un ambiente sano o calidad de vida, en esencia son antropocntricos, y que deben entenderse separadamente de los Derechos de la Naturaleza, o mejor aun, que es preciso disputar ideolgicamente el concepto de derecho a un medio ambiente sano en la lnea de epistemologa del sur, tal como la plantea Boaventura de Souza Santos (2010). De esta manera se podr asegurar los derechos a un ambiente sano en concordancia con los Derechos de la Naturaleza.

En los Derechos Humanos el centro est puesto en la persona. Se trata de una visin antropocntrica, que fue evolucionando desde un reconocimiento individual de ciudadana a unos de aplicacin colectiva [18] que incluyen los derechos ambientales, concretamente el derecho a que los seres humanos gocen de condiciones sociales equitativas y de un medioambiente sano y no contaminado .

Por otro lado, en los Derechos de la Naturaleza la Naturaleza cuenta por s misma, independientemente de la utilidad o de los usos que le d el ser humano. Esto es lo que representa una superacin radical de la visin antropocntrica dominante. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada, que nos lleve, por ejemplo a dejar de tener cultivos, pesca o ganadera.

A los Derechos de la Naturaleza se los considera como derechos ecolgicos para diferenciarlos de los derechos ambientales, que surgen desde los Derechos Humanos. Estos derechos ecolgicos son derechos orientados a proteger ciclos vitales y los diversos procesos evolutivos, no slo las especies amenazadas o las reas naturales.

Estos derechos defienden el mantenimiento de los sistemas de vida, los conjuntos de vida, los ciclos y los ritmos ecolgicos. Su atencin se fija en los ecosistemas, en las colectividades, no en los individuos. Se puede comer carne, pescado y granos, por ejemplo, mientras me asegure que quedan ecosistemas funcionando con sus especies nativas. Es ms, puede haber simbiosis enriquecedoras del conjunto (del ecosistema, NdA) que son precisamente las que la gestin econmica debiera promover, como el caso de las dehesas (Jos Manuel Naredo 2017) o el empleo de terrazas en las laderas de las montaas para prevenir la erosin y disponer de suelos frtiles para la agricultura. 

En este campo, la justicia ecolgica pretende asegurar la persistencia y sobrevivencia de las especies y sus ecosistemas, como conjuntos, como redes de vida. Ms all de la indemnizacin a los humanos por el dao ambiental, se propone la restauracin de los ecosistemas afectados. En realidad se deben aplicar simultneamente las dos justicias: la ambiental para las personas, y la ecolgica para la Naturaleza; son justicias estructural y estratgicamente vinculadas. [19]

En definitiva, habra que distinguir dos planos. Un primer plano descriptivo y crtico en que los Derechos Humanos, y en particular el derecho a un medio ambiente sano en su versin tradicional, son identificables como antropocntricos. Un segundo plano normativo y reconstructivo en que se produce una reconceptualizacin profunda y transversal de los Derechos Humanos en trminos ecolgicos, pues al final la destruccin de la Naturaleza niega las condiciones de existencia de la especie humana y por tanto atenta contra todos los Derechos Humanos.

Inversamente, si la Naturaleza incluye a los seres humanos sus derechos no pueden ser vistos como aislados o reducidos. En consecuencia derechos como el derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, incluso al acceso a la propiedad deben entenderse desde la complejidad de los diferentes sujetos: personas , comunidades y Naturaleza. En este plano prescriptivo, los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza siendo analticamente diferenciables, se complementan y transforman en una suerte de derecho de la vida y a la vida.

- L a criminalizacin como ejercicio de la poltica de Estado

 

En la actualidad, los mayores conflictos y movilizaciones sociales estn presentes justamente ah donde los intereses econmicos del gran capital entran en contradiccin con los intereses de comunidades locales, la salvaguardia del patrimonio natural y cultural de sus territorios. Como se ha visto, el limitar las movilizaciones de dichas comunidades y ms an el criminalizarlas y perseguirlas se convirti en una herramienta bsica de las polticas del Estado en todos los pases de la regin. La criminalizacin a los defensores de la Naturaleza y concomitantemente de sus comunidades ha desatado en ms una de ocasin agresiones directas contra su seguridad y su vida misma.

En todo el mundo, se identifican movilizaciones y luchas, urbanas y rurales, relacionadas con la defensa de la Naturaleza, de los bosques, territorios, playas y ros. La respuesta del Estado frente a las actuaciones en pro de la defensa de la Naturaleza y la defensa de los derechos al territorio, es la de montar acusaciones de diferentes delitos a fin de menoscabar los derechos adquiridos y construir animadversin de la sociedad.

Cuando la Asamblea Nacional Constituyente de Ecuador tramit la amnista para los cientos de defensores de los Derechos de la Naturaleza en 2008, perseguidos por la justicia en los gobiernos anteriores, evidenci la existencia de varios casos de criminalizacin de defensores y defensoras de los Derechos Humanos y de la Naturaleza . Una situacin que se repiti perversamente con el gobierno de Rafael Correa que emergi a la par con dicho proceso constituyente.

La mayora de casos tenan y tienen relacin con la defensa del agua y de los bosques, la resistencia a proyectos mineros y petroleros, el rechazo a la construccin de represas. Se reconoci en dicha amnista que, en todos los casos presentados, las personas involucradas eran

hombres y mujeres de nuestro pas que se han movilizado en defensa de la vida, de los recursos naturales y el ambiente y que haban sido reprimidos y luego enjuiciados por delitos polticos, y comunes, en algunos casos por compaas nacionales y extranjeras en otros por intermediarios e inclusive por funcionarios pblicos.

Dicho proceso de Amnista estableci que, en realidad, todas estas personas estaban en ejercicio de su

derecho al reclamo en defensa de los recursos naturales y por alcanzar una vida digna dentro de un ambiente ecolgicamente sano y libre de contaminacin .

Las personas que recibieron amnista haban sido acusadas de una gran gama de delitos incluyendo

sabotaje y terrorismo, apologa del delito, delitos contra la propiedad, obstculos a la ejecucin de obras pblicas, delitos contra los medios de transporte y paradjicamente daos contra el medio ambiente.

Esos eran los argumentos a travs de los cuales se pretenda descalificar a los defensores de la naturaleza. (Asamblea Nacional Constituyente, 2008) Y estos son los argumentos que us el gobierno de Rafael Correa desde el ao 2009 para reprimir, perseguir y criminalizar a los defensores de los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza.

La represin a los defensores de la vida se da en toda Nuestra Amrica independiente del signo progresista o neoliberal de sus gobiernos, y por cierto a escala mundial. Global Witness ha documentado los asesinatos de casi 200 defensores del medio ambiente y la tierra que se perpetraron por todo el mundo en 2016, de los cuales casi un 60% fueron en Amrica latina. Aparte de los asesinatos, los activistas se enfrentan a ms y ms riesgos, entre ellos la violencia fsica, la persecucin judicial, el acoso meditico desde el poder, las calumnias y las agresiones de todo tipo, la restriccin de sus libertades e incluso la prdida de la vida. Las principales agresiones se dan en proyectos extractivos y proyectos hidroelctricos.

Al oponerse a las actividades de grandes industrias como la petrolfera, la minera y la agrcola, los defensores entran en conflictos con las elites locales e internacionales, que tienen acceso a un poder econmico, legal y poltico que usan para cometer abusos y salir indemnes. Esto aumenta an ms los riesgos a los que se enfrentan los activistas ambientales y de la tierra, ya que estos intereses comerciales pueden tener un elemento delictivo e incluso, en algunos casos, vnculos con el crimen organizado y actuar en connivencia con el Gobierno u operar fuera de su alcance. En muchos pases en los que los activistas reciben amenazas, pueden contratarse sicarios o matones por poco dinero, con el fin de que vigilen ilegalmente, amenacen, ataquen o maten a activistas. (Global Witness, 2014) [20]

La ONU considera a los ambientalistas el segundo colectivo de defensores de derechos humanos ms vulnerable del mundo. (NNUU, 2007) [21]

Vctor Toledo sostiene que las luchas de campesinos e indgenas presentan similitudes y se constituyen en procesos, pasando de lo que fue 1) la lucha por la tierra, por el territorio, por su reconocimiento, por su reparto y por su titulacin; a 2) la lucha por el control del proceso productivo, por la autogestin econmica y poltica, para llegar a 3) la lucha por la Naturaleza, como sujeto de derechos y como utopa e ntimamente unida a la cultura.

Sostiene el mismo autor que la tierra se sustenta en dos pilares, el econmico y el ecolgico, y que, si ste ltimo no est presente, las luchas seguirn siendo incompletas. (Toledo, 1992) En realidad son tres los pilares, si se incorpora a la comunidad humana. Pero eso no es todo. La economa debe subordinarse al ser humano, viviendo ste en armona con la Naturaleza.

 

Un balance crtico de la aplicacin de los Derechos de la Naturaleza en Ecuador

 

Una primera lectura, realizada desde la aplicacin real de esos derechos en la vida jurdica cotidiana, podra resultar muy desalentadora. Sin embargo, hay elementos para el optimismo. Ms an si tenemos en mente que la vigencia constitucional es reciente y que estn rompiendo con las visiones conservadoras tradicionales, al tiempo que estos derechos proponen salidas de alcance civilizatorio. Solo tengamos presente cunto tiempo ha tomado hasta que se acepten los Derechos Humanos, cuyo cumplimiento en muchas partes es ms que deficitario.

Los Derechos de la Naturaleza han permeado rpidamente los procesos sociales, han irrumpido en las agendas de muchos movimientos, en algunos anlisis desde la academia y en general han provocado sensibilidad social.

 

- El rpido aprendizaje desde los movimientos sociales

 

A nivel de la sociedad ecuatoriana, la propuesta de consulta promovida desde el colectivo Yasunidos, puso en evidencia cun importantes son para la sociedad los temas relacionados con la Naturaleza. En el contexto de la propuesta de una consulta popular para dejar el crudo del Yasun ITT en el subsuelo, se corri una encuesta nacional entre el 7 y 8 de septiembre del 2013, en ella se haca la pregunta: Actualmente, usted cul cree que es la mejor opcin para mejorar la calidad de vida de la gente: la conservacin de la vida, las plantas y los animales, o la explotacin de petrleo?. El 63.6% de hombres y el 65.6% de mujeres eligieron la primera opcin.

Para muchas organizaciones de la sociedad civil, los Derechos de la Naturaleza representan un cambio de visin importante, son una herramienta de trabajo, adems de un hecho simblico importantsimo para el pas. Ese fue el resultado de la consulta realizada a las organizaciones de la sociedad civil, en el marco de sus procesos de rendicin de cuentas del 2013 y 2014. (Grupo Faro, 2014) [22]

Esta lucha, esencialmente por la Naturaleza, se convirti en el tema central en Ecuador durante el 2013 y el 2014 y dio como resultado la organizacin de una serie de colectivos en diferentes ciudades que convirtieron a la defensa de la Naturaleza y sus derechos, en objetivo de sus actividades.

Esto no sorprende pues ciertos movimientos sociales, sobre todo de origen indgena y campesino, han asumido histricamente la defensa de la Naturaleza en las luchas por los territorios o en contra de las diferentes formas de despojo. Sus luchas por los territorios, en contextos de presin por nuevos proyectos extractivos, estn alcanzando niveles mximos de expresin. En la actualidad los Derechos de la Naturaleza son clave, no slo por la defensa de los territorios, sino sobre todo porque destaca el papel de los defensores y defensoras que estn siendo criminalizados por sus luchas. Hablar de los Derechos de la Naturaleza es hablar al mismo tiempo de los derechos de sus defensores, es decir de Derechos Humanos.

Ya se mencion que la amnista otorgada en el 2008, por la Asamblea Nacional Constituyente, puso en evidencia que una forma de contener las luchas de defensa de los territorios y de la Naturaleza era la criminalizacin y la acusacin con diferentes delitos a los defensores. A partir del 2008, an a pesar de la amnista, la criminalizacin ha continuado y han aumentado los casos en la misma medida en que se impulsan ms megaproyectos con alta capacidad destructiva en el pas. En la defensa de cada uno de esos casos de criminalizacin, el argumento central de las y los defensores es que se trata de gente, comunidades y organizaciones que defienden derechos fundamentales, incluidos los de la Naturaleza.

El proceso de aprendizaje y desarrollo de mecanismos de exigibilidad de los Derechos de la Naturaleza se observa tambin en las denuncias legales presentadas por los movimientos sociales. En muchos casos se exige su respeto y se desarrollan argumentos sobre las relaciones de interdependencia y las amenazas a los ecosistemas, la destruccin la biodiversidad y la ruptura de los ciclos de la Naturaleza sobre todo en los casos de varios megaproyectos, as como la falta de garantas para la restauracin de los ecosistemas.

- Debilidades y contradicciones a nivel de la institucionalidad nacional

El reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza no resolvi el conflicto entre la naturaleza-objeto y la naturaleza-sujeto. Con una Constitucin no se cambia la realidad, es evidente, pero una Constitucin, ms an una como la de Montecristi, abre el camino para dar paso a los cambios indispensables siempre que la sociedad se empodere de ella.

A pesar del avance constitucional, los conceptos de recursos naturales, bienes naturales o servicios ambientales, utilizados en diferentes leyes, mantienen el sello de naturaleza-objeto.

En la Ley de Minera (2009), se establece que el agua que utilicen las empresas mineras debe ser devueltas al cauce original libre de contaminacin cumpliendo los lmites permisibles establecidos en la normativa ambiental () con el fin que no se afecte a los derechos de las personas y de la Naturaleza reconocidos constitucionalmente (artculo 79). Los lmites permisibles son, y han sido, la forma de legalizar la contaminacin. Nuevamente el recurso del derecho para atropellar derechos. Esto de ninguna manera respeta los derechos del ro, peor an cuando se establecen lmites a las descargas que no se suman, es decir que un ro puede recibir descargas en diferentes sitios, que sumadas podran acabar con la vida del ro y de las especies que alberga.

Igualmente, la Ley de Minera (Ley de Minera, 2009) menciona que, en el proceso de industrializacin se debern respetar los lmites biofsicos de la Naturaleza () est implcita la obligacin de la reparacin y remediacin ambiental (artculo 27). La remediacin, en la historia ambiental del pas, no solo se convirti en un negocio, sino que empeor la situacin pues ha dado lugar a utilizar tecnologas ms contaminantes (como el uso de dispersantes) o simplemente ocultar la contaminacin.

En el caso petrolero, al calcular el dao por metros afectados dio lugar a que las empresas remediadoras no contengan los derrames, sino al contrario que dejen que se extiendan o incluso los provoquen. Adicionalmente, el programa de reparacin ambiental, impulsado desde el Ministerio del Ambiente, recurre con frecuencia al desplazamiento de la gente, dejando a la Naturaleza destruida o facilitando que se sigan los vertidos en ella. En ningn caso se garantizaron los Derechos de la Naturaleza, ni los derechos de las comunidades ligadas a estos ecosistemas.

En la Ley de Soberana Alimentaria se afirma igualmente que se garantizar el respeto irrestricto a los Derechos de la Naturaleza y el manejo de los recursos naturales, en concordancia con los principios de sostenibilidad ambiental y las buenas prcticas de produccin (artculo 2). Es decir que, aunque se hable de los Derechos de la Naturaleza, se la trata con la visin mercantilista de recurso natural y se habla de los principios clsicos tambin de sostenibilidad ambiental y buenas prcticas, con la clsica visin utilitaria. (Ley de Soberana Alimentaria, 2009)

La Ley Orgnica de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales (Ley Orgnica de Tierras Rurales y Territorios Ancestrales, 2016) se esgrime el tema de la funcin ambiental y dice que sta conlleva tambin el respeto a los derechos ambientales individuales, colectivos y los Derechos de la Naturaleza (artculo 12). Sin embargo, la funcin ambiental no est determinada por el valor de la Naturaleza intrnseco, sino por los servicios que pueda ofrecer y ms bien pone en riesgo, por ejemplo, los derechos colectivos y las formas de trabajo comunitarias.

En la Ley Orgnica de Recursos Hdricos Usos y Aprovechamiento de Agua se reconoce al agua como un elemento vital para la Naturaleza y para la existencia de los seres humanos. Se ligan los Derechos de la Naturaleza con el derecho humano al agua para el buen vivir o sumak kawsay, y la preservacin de todas las formas de vida, en un ambiente sano, ecolgicamente equilibrado y libre de contaminacin (artculo 79). En esta ley (Ley Orgnica de Recursos Hdricos Usos y Aprovechamiento de Agua, 2014) se establecen algunos criterios que pueden ser parte de los indicadores para la aplicacin de los Derechos de la Naturaleza. En los artculos 64 y 66 se reconoce a) la proteccin de sus fuentes, zonas de captacin, regulacin, recarga, afloramiento y cauces naturales de agua, en particular, nevados, glaciares, pramos, humedales y manglares; (b) el mantenimiento del caudal ecolgico como garanta de preservacin de los ecosistemas y la biodiversidad; (c) la preservacin de la dinmica natural del ciclo integral del agua o ciclo hidrolgico; (d) la proteccin de las cuencas hidrogrficas y los ecosistemas de toda contaminacin; y, (en) la restauracin y recuperacin de los ecosistemas por efecto de los desequilibrios producidos por la contaminacin de las aguas y la erosin de los suelos (e) Se reconoce finalmente la Restauracin y recuperacin del agua. Lo contradictorio es que se permiten actividades, como son las actividades mineras, que impiden la aplicacin de los puntos sealados.

La Ley de Agrobiodiversidad, Semillas y Fomento Agroecolgico declara a la biodiversidad como patrimonio del Estado y la califica como recurso estratgico. La va por la que se pretende ejercer propiedad de las semillas es a travs de los sistemas de certificacin y as como declarndolas como patrimonio del Estado. Esta misma ley abrira, adems, las puertas a las semillas transgnicas (de importacin no permitida en la Constitucin), pues ahora la prohibicin se resolvera con la solicitud de un permiso.

El Cdigo Orgnico Ambiental hay retrocesos en temas relacionados al sujeto Naturaleza, pues se afecta la integridad de ecosistemas considerados de extrema fragilidad como son las reas protegidas. All, por ejemplo, se permite redelimitarlas o cambiarlas de categora bajo consideraciones tcnicas, segn corresponda (art. 37). Redelimitar las reas protegidas permitir las actividades extractivas dentro de ellas; cambiar sus lmites o su categora, permite reducir el rea conservada y degradar su importancia en trminos de conservacin: un parque nacional puede pasar a ser una reserva ecolgica.

Veamos simplemente cmo se finaliz jurdicamente la Iniciativa-Yasuni-ITT. El Decreto Ejecutivo No. 74, de fecha 15 de agosto de 2013, liquid al Fideicomiso Iniciativa Yasun- ITT, que buscaba recolectar fondos para evitar la explotacin petrolera, y, adems, anunci la solicitud de autorizacin de explotacin en el Parque Nacional Yasun que hizo el Ejecutivo a la Asamblea Nacional. El 03 de octubre de 2013, la Asamblea Nacional aprob la Declaratoria de Inters Nacional de la Explotacin Petrolera de los Bloques 31 y 43 y emprendi actividades que afectarn territorios de Pueblos en Aislamiento Voluntario, irrespetando olmpicamente la Constitucin.

 

- Discriminacin a nivel judicial  

 

Los casos referentes a los Derechos de la Naturaleza que han sido presentados en el Ecuador pueden agruparse: a) en casos relacionados con la conservacin, b) con el ambiente; o, c) con derechos colectivos y territoriales. Los actores son, en unos casos, comunidades u organizaciones de la sociedad civil; y, en otros, instituciones del Estado.

Los primeros han sido, por regla general, desechados, a pesar de tratarse de casos que afectan objetivamente la Naturaleza. En los segundos, se han obtenido sentencias que resuelven temas de menor escala y perjudican a los ms afectados. Los jueces han sido ms abiertos al calificar demandas en contra de detractores del gobierno central que a aceptar demandas en contra del gobierno central. Por ejemplo, no se acepta un caso referente a los Derechos de la Naturaleza para proteger el Yasun, uno de los ltimos espacios, refugio del jaguar; pero si se acepta y se condena a un campesino que mat a un jaguar. No se acepta el caso de minera a gran escala en la Cordillera de El Cndor (Proyecto Mirador), pero si un caso de minera artesanal para abrir la puerta a la gran mineracomo lo hizo el gobierno del presidente Rafael Correa: en clara manipulacin de los Derechos de la Naturaleza.

La Naturaleza ha sido histricamente discriminada, incluso en la actualidad, a pesar de ser sujeto de derechos, pues se los subordina a la economa y el desarrollo desde las visiones, sino neoliberales, por lo menos de la economa liberal clsica. Esa realidad se mantendra con los gobiernos progresistas, empeados tambin en financiar sus economas ampliando los extractivismos.

Como corolario de esta lamentable situacin, el presidente Rafael Correa dira demostrando que no entendi lo que significaban los Derechos de la Naturaleza, el 15 de agosto del 2013, cuando reconoci que le qued grande la Iniciativa Yasun-ITT, que el mayor atentado a los Derechos Humanos es la miseria, y el mayor error es subordinar esos Derechos Humanos a supuestos Derechos de la Naturaleza (Correa, 2013)

Veamos la otra cara de la medalla. De la misma manera como ha sido discriminada la Naturaleza hay causas histricas de desigualdad que tienen que ver con un orden poltico, econmico y social injusto que ha constituido estereotipos o prejuicios sociales que pretenden castigar a los ms pobres, o que ocultan la responsabilidad de empresas o grupos poderosos asumiendo que para ellos existen los permisos.

A modo de ejemplo, en el caso Trinitaria cerca de Guayaquil, el proyecto ecolgico de recuperacin del estero salado, incluye un proceso de reasentamiento involuntario de familias. En la Amazona, en el caso de los Secoyas, se argumentaron violaciones de Derechos de la Naturaleza y contra estos indgenas por la deforestacin del bosque para siembra de palma, a pesar de ser un proyecto impulsado y financiado por el propio Estado, y el Ministerio del Ambiente les impuso una multa que sera pagada con la compensacin por aceptar la entrada de la actividad petrolera.

Ms all de los resultados de los procesos que demandan ante las cortes Derechos de la Naturaleza, el ejercicio que est haciendo la sociedad es importante, porque plantea nuevos horizontes e inclusive nuevas geografas.

Uno de los temas a destacar es la visin de los Derechos de la Naturaleza como derechos universales, as fue planteada la demanda contra la empresa BP, por el derrame/incendi en el Golfo de Mxico. Una empresa que no opera en el Ecuador y un Golfo que tampoco pertenece a su delimitacin nacional, sin embargo la argumentacin presentada fue que la Naturaleza es una sola, tiene derechos y debe ser protegida. A pesar de que se desech la demanda, el solo hecho de plantearla provoc importantes reflexiones [23] .

Un caso en donde emerge una jurisprudencia sobre Derechos de la Naturaleza es el de Vilcabamba, en este se apela al ejercicio del Principio de Jurisdiccin Universal y se presenta una accin de proteccin constitucional a favor de la Naturaleza, particularmente a favor del Ro Vilcabamba, en la provincia de Loja, Ecuador. Y en la decisin de primera instancia seala que dada la indiscutible, elemental e irrenunciable importancia que tiene la Naturaleza, y teniendo en cuenta como hecho notorio o evidente su proceso de degradacin, la accin de proteccin resulta la nica va idnea y eficaz para poner fin y remediar de manera inmediata un dao ambiental focalizado. [24]

A modo de conclusin  

Tenemos que entender que las relaciones emancipatorias con la Naturaleza, entre la sociedad, entre los gneros y entre las generaciones, se construyen desde las prcticas sociales. Son patrimonio de las sociedades y, en su relacin con el Estado, deben ser fortalecidas, protegidas y reconocidas a fin de que no sean reprimidas. Las relaciones de armona con la Naturaleza son ejercidas por parte de muchos pueblos y personas. Son un proceso en construccin, que marca las pautas para asegurar otras formas de reproduccin social, respetuosas de la Naturaleza y de las culturas, destinadas a formular demandas y crear otros imperativos.

As como se tuvieron que crear oficinas de Derechos Humanos para exigir que stos fueran respetados y garantizados por los Estados, el hecho de que un Estado reconozca los Derechos de la Naturaleza no asegura en nada su cumplimiento si no hay la voluntad poltica y las instituciones para que se los respete. Debe ser la sociedad organizada la que mantenga y exija su cumplimiento, abriendo nuevos caminos para su reconocimiento completo, su promocin y verificacin en la vida real. Esto demanda el concurso de la totalidad de la sociedad y de los Estados mismos, pero mientras estos no asuman esta obligacin desde las comunidades habr que continuar la lucha enarbolando simultneamente los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza. Sin justicia ecolgica no ha justicia social, y viceversa.

El trnsito de la Naturaleza objeto a la Naturaleza sujeto ha empezado. En realidad est viva en las percepciones de los pueblos indgenas desde hace mucho tiempo atrs. Y en un esfuerzo poderoso y genial de mestizacin ha sido recogido por muchos juristas y no juristas como sucedi en la Asamblea Constituyente de Montecristi- en la defensa de los derechos de los otros. Este proceso salpica a los escenarios internacionales que reconocen el valor intrnseco de la Naturaleza. Sin embargo, carece de estndares y herramientas concretas para ejercerlos, aunque si permite explicar las diferentes luchas y comprender que hay un inters superior y general en estas luchas por los territorios.

Si en un pequeo pas andino como Ecuador, se dio un paso histrico de trascendencia planetaria, es motivador ver que en otras latitudes se comienza a debatir sobre el tema. Esta es una cuestin global, a todas luces. [25]

Entonces, si estamos frente a una cuestin global, es hora de impulsar a nivel de Naciones Unidas la Declaracin Universal de los Derechos de la Naturaleza, a partir de la propuesta formulada en la Cumbre de la Tierra de Tikipaya, en Bolivia, en el ao 2010. Igualmente urgente es el establecimiento de un tribunal internacional para sancionar los delitos ambientales, contra las personas y la naturaleza como se propuso en la misma Cumbre.

En este punto, la iniciativa que surgi desde diversas instancias de la sociedad civil del Norte y del Sur globales para conformar un Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza [26] , cuyo empeo es profundizar la discusin de esta cuestin vital al tiempo que se prepara el terreno para la construccin de un Tribunal que haga realidad la sancin a las violaciones de estos derechos, seguramente afincado en el seno de Naciones Unidas.

Una Declaracin y un Tribunal de este tipo no ser fcil cristalizar y tampoco tendr resultados inmediatos. Hay que recordar que los Derechos Humanos no surgieron como conceptos totalmente desarrollados, y en la actualidad todava no son adecuada y globalmente respetados. Desde la Revolucin Francesa hasta su Declaracin Universal en diciembre del 1948 fueron muchas las luchas y tambin las frustraciones acumuladas. Su diseo y aplicacin han implicado e implican un esfuerzo sostenido. Y desde entonces cada nuevo derecho implica una compleja accin poltica, en el marco de redoblados pasos incluso diplomticos, pero siempre respaldada por la sociedad civil.

Estas constataciones, sin embargo, no deben conducir al desaliento. Al contrario es indispensable pensar una amplia estrategia a seguir teniendo consciencia de lo vital que resulta este cometido.

En sntesis, la tarea pendiente es compleja. Hay que vencer tanto visiones miopes como resistencias conservadoras y posiciones prepotentes que esconden y protegen una serie de privilegios, al tiempo que se construyen diversas y plurales propuestas estratgicas de accin. La vigencia de los Derechos de la Naturaleza y de los inseparables Derechos Humanos exige la existencia de marcos jurdicos locales, nacionales e internacionales adecuados, teniendo en consideracin que estos temas ataen a la Humanidad en su conjunto.

Para proponer sociedades diferentes, que de eso se trata en estas reflexiones, para concluir el pensamiento del peruano Alberto Flores Galindo,

() no hay una receta. Tampoco un camino trazado, ni una alternativa definida. Hay que construirlo.

 

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[1] Alberto Acosta: Economista ecuatoriano. Exministro de Energa y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la Repblica. Miembro del Tribunal Permanente de los Derechos de la Naturaleza

Esperanza Martnez: Biloga y abogada ecuatoriana. Miembro de Accin Ecolgica y Presidneta de la Fundacin Prodefensa de la N aturaleza y sus Derechos. Fue asesora del presidente de la Asamblea Constituyente. Miembro del Tribunal Permanente de los Derechos de la Naturaleza.

[2] Christopher Stone, es considerado por Jrg Leimbacher (1988) como el padre de los Derechos de la Naturaleza. El mismo trabajo de Leimbacher es un hito en el camino.

[3] Que forma parte de una triloga, completada con El vizconde demediado y El caballero inexistente.

[4] T-622 de 2016. Expediente T-5.016.242. Acción de tutela interpuesta por el Centro de Estudios para la Justicia Social Tierra Digna, en representación del Consejo Comunitario Mayor de la Organización Popular Campesina del Alto Atrato (Cocomopoca), el Consejo Comunitario Mayor de la Asociación Campesina Integral del Atrato (Cocomacia), la Asociación de Consejos Comunitarios del Bajo Atrato (Asocoba), el Foro Inter-étnico Solidaridad Chocó (FISCH) y otros, contra la Presidencia de la República y otros

[5] AÇÃO CIVIL PÚBLICA AMBIENTAL com Pedido de Liminar em face de: Norte Energia S/A (NESA) concessionária de Uso de Bem Público para exploração da UHE Belo Monte, CNPJ/MF 12.300.288/0001-07, com sede no Setor Bancário Norte, Quadra 02, Bloco F, Lote 12, salas 706/708 (parte), Edifício Via Capital, Brasília/DF, CEP 70.041- 906.

[6] Esto implicaba, por cierto, la desprivatizacin del agua y su redistribucin, imposibilitando su acaparamiento. Tareas que, lamentablemente, no asumi el gobierno del presidente Rafael Correa, que a la postre traicion esta Constitucin, se erigi en el caudillo del siglo XXI y se dedic a modernizar el capitalismo.

[7] En una notable explicacin sobre La ideolgica econmica en la historia y el ambiente, Jos Manuel Naredo (2017), nos invita a tener presente que el ser humano no es capaz de producir nada en el mbito agrcola, sino de apenas colaborar con la Naturaleza para aumentar y perfeccionar sus frutos, primero mediante el rito, despus ya mediante la experimentacin racional. todo se considera produccin, aunque sea mera extraccin, demolicin, contaminacin y deterioro (se habla de produccin de oro, de petrleo, u otras substancias cuando se trata de mera extraccin). (), las ideas de produccin y de mercado eliminan la moral y el poder del escenario econmico, que hoy acostumbra a subordinar a los polticos.

[8] Return to capital and growth rate of the world, 0-2200 https://www.quandl.com/data/PIKETTY/T10_3-Return-to-capital-and-growth-rate-of-the-world-0-2200

[9] El aporte de Latour plantea profundos debates en la antropologa sobre la divisin entre Naturaleza en singular y las culturas en plural. Empalmando las dos, la poltica cobra una renovada actualidad.

[10] Tngase presente que Luigi Ferrajoli, destacado filsofo del derecho, desarrolla la teora de la desmercantilizacion de los Derechos Humanos, como punto de partida para asegurar, por ejemplo, el acceso gratuito a la educacin, a la salud, a la vivienda, entre otras demandas bsicas del ser humano.

[11] Esto lo reconocera con claridad Carlos Marx: Sin esclavitud no habra algodn; sin algodn no habra industria moderna. La esclavitud ha dado su valor a las colonias, las colonias han creado el comercio universal, el comercio universal es la condicin necesaria de la gran industria. Por tanto, la esclavitud es una categora econmica de la ms alta importancia.

[12] Sobre esta cuestin, se cuenta con muchas y vigorosas investigaciones de Carlota Prez, disponibles en http://www.carlotaperez.org/?l=es

[13] Aqu cabe rescatar las valiosas reflexiones de Vandana Shiva al respecto en el Diccionario del desarrollo Una gua del conocimiento como poder, editado por Wolfgang Sachs en los aos noventa del siglo pasado (Ver edicin en el Per, 1996).

[14] Seguir hablando de los servicios de los ecosistemas como si de algo ajeno a la especie humana se tratara, presupone seguir asumiendo implcitamente las bases del dualismo cartesiano y el conocimiento parcelario que divorcian especie humana y naturaleza. (Naredo 2017)

[15] Es recomendable el aporte de Jos Manuel Naredo ( 2017).

[16] No olvidemos que en toda tecnologa hay inscrita una forma social, que implica una manera de relacionarnos unos con otros y de construirnos a nosotros mismos. Basta con mirar la sociedad que produce el automvil y el tipo de energa que este demanda. Sin negar la importancia de los avances tecnolgicos, es necesario considerar que no toda la Humanidad se beneficia de ellos. Entonces, cabe pensar cul es la forma social implcita en los avances tecnolgicos presuntamente democratizadores, a los que deberamos enrolarnos todos, cuando realmente muchas tecnologas, tan promocionadas en la actualidad, generan renovadas formas de desigualdad y explotacin, as como de enajenacin. Un tema que amerita una discusin que nos llevara a otros campos de la investigacin, que no son posibles de abordar en el limitado espacio de este artculo.

[17] Un texto clave para profundizar en esta discusin es el de Eduadro Gudynas; Los Derechos de la Naturaleza - Respuestas y aportes desde la ecologa poltica , Abya Yala, Quito, 2016. Tambin ha sido editado en otros pases: Argentina, Bolivia, Colombia, Per.

[18] los derechos sociales econmicos y culturales (vulgarmente conocidos como DESC), conocidos como derechos de tercera generacin

[19] Se recomienda las diversas aproximaciones al tema en el libro: La Naturaleza con Derechos De la filosofa a la poltica , Alberto Acosta y Esperanza Martnez (Eds.), Serie Debate Constituyente, Abya Yala, Quito, 2011. http://www.rosalux.org.ec/es/serie-nuevo-constitucionalismo/254-derechos-naturaleza.html

[20] Global Witness. (2014). Cuntos ms? Londres.

[21] Informe presentado por la Representante Especial del Secretario General sobre la situacin de los defensores de los derechos humanos, Hina Jilani . (2007). (No. A/HRC/4/37).

[22] Grupo Faro. (2014). Informe de rendicin de Cuentas de la OSC - 2013. Grupo Faro.

[23] Identificacin (nmero) de la sentencia: Accin de Proteccin N. 0523-201/17111-2013-00002

[24] Nmero de expediente: Juicio N. 11121-2011-0010

[25] Los Derechos de la Naturaleza se potenciaron con su aprobacin en la Constitucin de Ecuador, el ao 2008. La lista de personas que los estudian crece diariamente: Esperanza Martnez (2009), Diana Murcia (2009), Ral Eugenio Zaffaroni (2011), Ramiro vila (2011), Alberto Acosta (2011, 2013), Eduardo Gudynas (2016 , Michele Carducci (2017). Existen valiosos aportes anteriores, no conocidos en el debate constituyente, de Godofredo Stutzin (1984), Peter Saladin y Jrg Leimbacher (1986), Jrg Leimbacher (1988), Christopher Stone (1996), Cormac Cullinam (2003), por ejemplo. En este breve recuento de personas que han abordado el tema, no puede faltar Arne Naess, visto como el padre de la ecologa profunda, y Baruch Spinoza, de quien se nutre Naess explcitamente.

[26] Sobre esta potente iniciativa se puede consultar en el siguiente portal: https://therightsofnature.org/

Este texte salio publicado en un libro colectivo en Italia: http://amsacta.unibo.it/5799/1/Come_Governare_ecosistema_eng.pdf

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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