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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2018

Violencia de mujeres & Violencia de gnero
Madres asesinas y buenos padres que matan

Miguel Lorente Acosta
Miguelorente

Anlisis del autor sobre el meditico caso del asesinato por parte de Ana Julia Quezada, del nio Gabriel Cruz, el manipuleo que hace el machismo para equiparar la violencia que ejercen algunas mujeres con la violencia de gnero.


Entre los hechos y la realidad est el significado, que es lo que permanece y da sentido a la historia de cada da. Los acontecimientos slo son la inspiracin para redactar el relato, las referencias necesarias que permiten escribir el tiempo con continuidad y sin sobresaltos que rompan el sentido de lo vivido hasta el presente y el maana esperado. Y esta situacin que se observa en la forma de escribir la historia sobre el pasado y transmitirla, de manera especial a la hora de interpretar los conflictos, guerras, victorias y derrotas, sucede cada da en aquellos hechos que de una manera u otra tienen impacto directo en la forma de organizarnos y relacionarnos sobre las ideas, valores, creencias, mitos que se han adoptado y considerado adecuadas para convivir.

Es lo que sucede con a violencia de gnero, una violencia estructural que surge de la propia normalidad que la cultura machista ha establecido y ha cargado de justificaciones para que sea interpretada como algo propio de las relaciones de pareja, no en el sentido de que sea una conducta obligada, pero s bajo la idea de que puede suceder, y que si aparece es reflejo del amor y la preocupacin que siente el hombre ante ciertas actitudes y conductas de la mujer que pueden afectar a la pareja o a la familia. Bajo esa idea, la violencia de gnero no se presenta con el objeto de daar, sino de corregir algo que se ha alterado.

Lo vemos cuando la Macroencuesta de 2015 recoge que el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia sufrida no es lo suficientemente grave, cuando en el Eurobarmetro de 2010 un 3% de la poblacin de la UE dice que hay motivos para agredir a las mujeres, o cuando el 30% de la adolescencia de nuestro pas afirma que cuando una mujer es maltratada se debe a que ella habr hecho algo. Y hablamos de una violencia que cada ao asesina a una media de 60 mujeres, maltrata a 600.000, y permite que unos 840.000 nios y nias sufran su impacto al vivir expuestos en los hogares donde el padre la lleva a cabo, un 10% de nuestra infancia! (Macroencuesta, 2011).

A pesar de esa terrible y dramtica situacin para una sociedad, slo alrededor del 1% de la poblacin considera que se trata de un problema grave (CIS). Y no es casualidad que sea tan bajo, sino consecuencia del significado que se da a esta violencia, la cual es presentada como un descontrol producto de hombres con problemas con el alcohol, las drogas, alguna enfermedad mental o un trastorno psquico. Sobre esta situacin estructural, adems, desde la normalidad machista se lanza una estrategia de confusin que busca mezclar todas las violencias y reactualizar los mitos para seguir construyendo la realidad sobre el significado que ellos deciden.

El ejemplo ms cercano lo tenemos en el asesinato cometido por Ana Julia Quezada sobre el nio Gabriel Cruz, un hecho terrible que comprensiblemente levanta todo el rechazo hacia su autora. La crtica, incluso en sus expresiones ms emocionales, es perfectamente entendible como parte de los sentimientos que se han visto afectados por unos hechos y unas circunstancias tan dolorosas como las que se han vivido. Ese no es el problema, lo que sorprende es la bajeza de quienes lo utilizan y lo instrumentalizan para intentar, una vez ms, confundir y cuestionar la violencia contra las mujeres a travs de una doble estrategia: Por un lado, generar confusin sobre las diferentes violencias y tratar de reducirlas slo a su resultado, es decir, a las lesiones que ocasionan y a la muerte para concluir que todo lo que termina en el mismo final tiene el mismo sentido, algo que es absurdo.

Sera como afirmar que todas las hepatitis son iguales y deben tratarse de la misma forma, sin considerar si son txicas o infecciosas, sin dentro de estas son producidas por bacterias o por virus, y dentro de las vricas si estn ocasionadas por un tipo de virus u otro. Y por otro lado, presentar la violencia que llevan a cabo las mujeres como consecuencia de la maldad y la perversidad que la cultura les ha otorgado con mitos como el de Eva perversa o Pandora. En cambio, con la violencia que llevan a cabo los hombres ocurre lo contrario, ellos son los buenos padres que utiliza el Derecho como referencia para aplicar la ley, y por lo tanto, cuando agreden o matan es por el alcohol, las drogas o los trastornos mentales.

La crtica a la que est siendo sometida Ana Julia Quezada no se ha visto con ningn hombre asesino, ni siquiera con Jos Bretn, que asesin a sus dos hijos y los quem hasta casi hacerlos desaparecer dentro de un plan elaborado hasta el ms mnimo detalle. Es ms, incluso en el juicio hubo un informe pericial psiquitrico y psicolgico que lo presentaba como una vctima. Con Ana Julia Quezada ocurre lo contrario, cada da se profundiza ms en su maldad y perversidad, se ha viajado a Repblica Dominicana para buscar referencias sobre su perversidad original y para que su propia familia se pronuncie sobre la situacin y su condicin.

Hasta el auto judicial se refiere a ella como la responsable de un plan criminal con malvada voluntad. Y mientras que la crtica es entendible y las reacciones son comprensibles ante el dolor que ha generado el asesinato de Gabriel, lo que sorprende es que la reaccin ante los asesinatos de otros nios no haya generado ese rechazo hacia los hombres que los asesinaron, ni se haya buscado testimonios crticos en sus entornos, todo lo contrario, an permanecen en algunos casos las palabras de sus vecinos hablando de ellos como hombres normales y buenos vecinos.

Pero nada de eso es casual y por eso la situacin va ms all en la instrumentalizacin que hace el machismo para hablar de mujeres asesinas, y especialmente de madres que asesinan. Esa es la razn que dio lugar a que desde los primeros das tras conocerse el asesinato de Gabriel salieran noticias y asaltaran las redes sociales con el argumento de que las madres matan ms que los padres, y todo para atacar la Ley Integral contra la violencia de gnero y los avances en Igualdad. Una actitud que demuestra esa bajeza moral del machismo y su afn en escribir la realidad con el significado que los hombres han decidido.

Cuando se toman estudios cientficos amplios, es decir, no circunscritos a un tiempo reducido, que siempre se puede ver afectado por circunstancias del momento, se demuestra que los padres matan ms que las madres, algo que tenemos la responsabilidad de conocer para adoptar medidas preventivas y no alimentar los mitos existentes. En el informe de Save the Children sobre los ltimos 100 casos de muertes violentas no accidentales de nios y nias, 36 fueron homicidios cometidos por los padres y 24 por las madres.

Otros estudios internacionales que analizan un nmero amplio de casos recogen que mientras que los homicidios de las madres y madrastras tuvieron una tasa anual de 292 nios/nias por milln, en los cometidos por los padres y padrastros la cifra fue de 67 nios/nias por milln (V. Weekes-Shackeldford y T. Shackeldford, 2004); y en el trabajo de Harris et al. (2007) los padres asesinaron al 391% de los menores, mientras que las madres lo hicieron sobre el 336%. La propia OMS, en su Informe Mundial sobre Violencia (2002), recoge que los padres son los responsables de la violencia ms grave y comenten ms homicidios y violencia sexual sobre los hijos e hijas.

Lo hemos repetido multitud de veces y desde hace aos, la violencia es llevada a cabo por hombres y mujeres, pero la construccin cultural que lleva a normalizar, invisibilizar y justificar la violencia bajo las referencias de la cultura, esa violencia conocida como violencia de gnero, es cometida por los hombres, unos buenos padres que matan fuera de control, segn los mitos y estereotipos establecidos.

Este significado no se le da a la violencia ejercida por las mujeres, ellas no son buenas madres que matan, todo lo contrario, se presenta como producto de la maldad y perversidad que llena la conciencia de las mujeres, tal y como vemos estos das.

Al final la historia se escribe sobre el significado que se da a los hechos, y para el machismo est claro, mientras que las madres asesinan desde su condicin de maldad, los padres, que ya parten de la condicin de buena paternidad, lo hacen porque hay algo que les hace perder su bondad y control.






Fuente:https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/18/madres-asesinas-y-buenos-padres-que-matan/amp/?__twitter_impression=true


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