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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2018

La tortura y la poltica estadounidense
El ms all de la tortura

Lisa Hajjar
Middle East Research and Information Proyect (MERIP)

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Donald J. Trump se postul para presidente con una plataforma electoral que inclua la promesa de volver a instaurar la tcnica de tortura del submarino [simulacin de ahogamiento] y muchsimas cosas ms. Durante la campaa, Trump dijo a sus seguidores: Tenemos que luchar de forma tan brutal y violenta porque estamos lidiando con gente violenta Tenemos que combatir el fuego con el fuego o no va a quedar gran cosa de nuestro pas [1]. Actuaba, claramente, a partir de la premisa de que esas tcnicas funcionan, de que el tipo de personas sometidas al submarino y otras formas de violencia cuando estn privadas de libertad en la guerra contra el terrorismo es decir, los musulmanes- se las merecen y que fue un gran error que Barack Obama, en 2009, cancelara el programa de torturas de la administracin George W. Bush. Las masas que aplauden la retrica a favor de la tortura de Trump son un reflejo de cmo el apoyo popular a la tortura se ha convertido en la prueba de fuego de un tipo de patriotismo de marca dura en el que el principio universal de la dignidad humana se desprecia como ficcin liberal polticamente correcta.

El da despus de ganar las elecciones, Trump enumer la resurreccin del submarino como una de sus cinco principales prioridades polticas. En una entrevista de finales de noviembre de 2016 con The New York Times, inform de una conversacin que tuvo con la persona que haba elegido para secretario de Defensa, el general James Mattis. Segn Trump, el general Mattis consideraba que [el submarino] era mucho menos importante de lo que yo crea. Ya saben, se le conoce como Perro Loco Mattis, verdad? Y eso de Perro Loco es por algo. Cre que dira: `Es algo estupendo, no debemos suprimirlo. En realidad dijo: No, dame unos cuantos cigarrillos y bebidas y lo haremos an mejor. Y entonces Trump aadi: No estoy queriendo decir que eso me hiciera cambiar de idea [2].

En esa entrevista del Times, Trump dijo algo ms sobre el submarino, que acta retricamente como sustituto de la tortura en un sentido ms amplio: Si es tan importante para el pueblo estadounidense, ira a por ello. Me guiara por eso. Esta declaracin revela al menos dos rasgos del enfoque de Trump sobre el poder que ahora ejerce como presidente. Primero, que ha cultivado una forma de llamamiento populista al que algunos se refieren como trumpismo- que no slo alimenta los prejuicios populares y la ignorancia sino que se apoya en ellos y los eleva como justificacin de algunas de sus polticas. Si la gente quiere tortura, entonces l se la dar. Segundo, al decir que se guiar por el sentimiento popular en esta cuestin, est implicando que no va a guiarse por la ley, que categricamente la tortura. Ni que tampoco va a dejarse influir por una opinin experta ni por las abundantes pruebas de que la tortura es ineficaz para producir una inteligencia justiciable precisa, como el Comit Electo del Senado de Inteligencia concluy en su informe sobre el programa de la CIA. De hecho, el presidente Trump parece estar desinformado o ser indiferente ante el hecho de que el programa de torturas que se puso en prctica tras el 11 de septiembre de 2001, fue un desastre a nivel estratgico para los intereses de la seguridad nacional de EE. UU. [3].

Por qu el presidente Trump y las personas a las que apela quieren resucitar el submarino? Ese deseo y posibilidad sugieren que la tortura obsesiona en estos momentos a la poltica estadounidense. El deseo de practicar el submarino denota unas actitudes pblicas que en los ltimos aos se estn decantando hacia una postura favorable a la tortura, as como las razones de ese cambio. La posibilidad de resucitar el submarino refleja cambios en la forma de entender y ejercer el poder ejecutivo, as como las reinterpretaciones de la ley para racionalizar, excusar o inmunizar estrategias y prcticas que se desven de las normas internacionales e incluso de las normas constitucionales fundamentales. La resurreccin sugiere que algo que vino y se fue, amenaza con volver, lo que podra denominarse el ms all de la tortura. No obstante, para establecer el despus de la otra vida, ayuda iniciar una cronologa de eventos relevantes en la historia estadounidense de la tortura dentro del contexto de la guerra y el conflicto. Esto excluye la tortura dentro del contexto nacional interno, desde la esclavitud hasta el encarcelamiento masivo.

La tortura en el contexto de la guerra y el conflicto

A principios del siglo XX, las leyes prohibieron la tortura en muchos pases, considerndose como algo moralmente inaceptable a niveles muy amplios, incluso antes de los importantes desarrollos que se produjeron en el derecho internacional tras el final de la II Guerra Mundial. Sin embargo, el uso de la tortura se extendi por todo el mundo durante el siglo XX. Por qu? La respuesta tiene que ver con el aumento del Estado de seguridad nacional y la prevalencia de guerras no convencionales o asimtricas que enfrentan a los Estados con grupos no estatales. Torturar a la gente para obtener informacin o como castigo era habitual en las guerras anticoloniales por todo el sur global, tambin en las guerras civiles que enfrentan a Estados represivos con grupos domsticos rebeldes o ideolgicamente sospechosos.

De hecho, EE. UU. entr en el siglo XX involucrado en una guerra asimtrica en Filipinas, durante la cual se document que soldados estadounidenses utilizaron el submarino. Un comandante estadounidense fue suspendido y multado por utilizar la cura del agua, como se describa entonces, pero el presidente Theodore Roosevelt defendi la prctica en una carta escrita en 1902 en la que manifestaba: Nadie result gravemente daado [4]. En el Tribunal de Tokio, establecido tras la II Guerra Mundial, EE. UU. acus a un oficial japons de crmenes de guerra por haber sometido a un civil estadounidense al submarino. Fue sentenciado a quince aos de trabajos forzosos [5]. Durante la guerra de Vietnam, The Washington Post public en primera pgina una foto de soldados estadounidenses sometiendo a esa prctica a un soldado norvietnamita en 1968. La foto provoc una investigacin del ejrcito que llev al soldado ante un tribunal militar. Esos tres sucesos sealan el reconocimiento oficial de que la prctica del submarino especficamente, y la tortura en sentido amplio, no slo eran inaceptables sino criminales.

Pero hay otra historia de la tortura que empieza con la guerra de Corea, el conflicto que marc el inicio de la era de la Guerra Fra. Un soldado estadounidense fue capturado cuatro das despus del inicio de la injerencia estadounidense, y dos das despus pronunci un discurso en la radio en el que se adhera a la propaganda norcoreana [6]. La rapidez de su adoctrinamiento result alarmante para las autoridades de EE. UU., y esta alarma se vio acrecentada por el hecho de que miles de prisioneros de guerra estadounidenses resultaron quebrantados durante su cautiverio, a menudo en intervalos de tiempo igualmente apresurados. Ese comportamiento sin precedentes entre los prisioneros de guerra pareca indicar que los comunistas haban desarrollado tcnicas muy efectivas y de rpido efecto que podan aplicarse con xito para lavar el cerebro a los estadounidenses. Tras la guerra, se estim que uno de cada diez de los 4.428 prisioneros de guerra estadounidenses haba colaborado con el enemigo, de los cuales aproximadamente el 13% fueron considerados culpables de colaboracin grave [7]. Lo que hizo que esta forma de desmoronarse tan veloz fuera tan desconcertante, fue que el trato al que se someti a los prisioneros de guerra no pareca tortura convencional. De hecho, las autoridades estadounidenses reconocieron que la tortura fsica de los presos de guerra fue un hecho raro. Los mtodos clave del proceso tan sorprendentemente exitoso para quebrantar a las personas se componan de una combinacin de vigilancia, aislamiento prolongado, privaciones fsicas y agotamiento, humillaciones psicolgicas y coercin e incesantes demandas de minucias autobiogrficas.

El ejrcito estadounidense aprendi una leccin de la guerra de Corea y en 1955 estableci un programa titulado Supervivencia, Evasin, Resistencia y Escape (SERE). El objetivo del SERE era entrenar a unidades de elite de la fuerza area para que se resistieran a las prcticas de malos tratos, incluyendo el submarino, en caso de que fueran capturados por enemigos que no respetaran los Convenios de Ginebra de 1949, que prohben la tortura y los tratos crueles y degradantes. Este programa de entrenamiento antitortura se extendi a las otras tres ramas del ejrcito durante la guerra de Vietnam. Despus de los ataques del 11-S, estas tcnicas de entrenamiento SERE fueron rediseadas para el programa de torturas de la administracin Bush.

La CIA aprendi una leccin diferente de la guerra de Corea. En 1953, la Agencia empez a invertir en la investigacin para el control de la mente en virtud del programa MK-ULTRA. La primera fase implic experimentos con hipnosis, electrocshok y drogas alucingenas, evolucionando hacia experimentos en tortura psicolgica que adaptaron elementos de los modelos comunistas. El programa secreto de la CIA se convirti pronto en una ciencia aplicada en la Guerra Fra [8]. Los laboratorios incluyeron centros de interrogatorio en varias guerras calientes donde EE. UU. intervena directamente y lugares donde apoyaban o colaboraban con regmenes de extrema derecha.

En 1963, la CIA, que actuaba bajo el nombre en clave Kubark, produjo un manual titulado Interrogatorio de Contrainteligencia Kubark para orientar a agentes y aliados en el arte de extraer informacin de supuestas fuentes resistentes. En Vietnam, estas tcnicas fueron probadas sobre el terreno en el programa Phoenix de la CIA, que combinaba la tortura psicolgica con interrogatorios brutales, experimentacin humana y ejecuciones extrajudiciales. La CIA entren a ms de 85.000 policas sudvietnamitas, que operaban en una red de lugares por todo el pas donde ms de 26.000 prisioneros fueron o torturados hasta la muerte o ejecutados sumariamente tras su interrogatorio.

El programa Phoenix fue un fracaso a la hora de conseguir informacin de inteligencia y EE. UU. perdi la guerra de Vietnam. Sin embargo, el modelo se transport despus a Latinoamrica en la dcada de 1960 a travs del Proyecto X, un programa secreto para entrenar a las fuerzas de seguridad de los regmenes y dictaduras aliados de EE. UU. Las tcnicas del manual Kubark se incorporaron al plan de estudios de la Escuela de las Amricas, una institucin de entrenamiento militar y refuerzo ideolgico para los aliados de EE. UU. en el hemisferio occidental. En el contexto de la era de la Guerra Fra contra el comunismo, como Alfred McCoy y otros han sostenido, EE. UU. fue una fuerza importante en la propagacin de la tortura a nivel mundial.

A mediados de la dcada de 1980, las actividades de la CIA se convirtieron en objeto de las investigaciones del Congreso respecto a las atrocidades apoyadas por EE. UU. en Centroamrica. En 1997, el original manual Kubark y una posterior edicin superviviente se hicieron pblicos como resultado del litigio presentado por The Baltimore Sun en virtud del Acta de Libertad de Informacin. En aquel momento, la Guerra Fra haba terminado y los principales mtodos de la CIA para recoger informacin de inteligencia se haban desplazado de la inteligencia humana (HUMINT) a las seales electrnicas de inteligencia (SIGNIT). Sin embargo, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, revelaron que la falta de inteligencia humana sobre al-Qaida fue una debilidad monumental, y adquirirla se convirti en un imperativo impulsor durante los primeros aos de la guerra contra el terrorismo

Tortura y guerra contra el terror

Cinco das despus de los ataques del 11-S, el presidente Bush firm un memorando secreto que sirvi para paramilitarizar la CIA, dotndola de autoridad para matar o capturar, y establecer operaciones secretas de detencin e interrogatorio en el extranjero. El programa de entregas de la era Clinton, que implicaba el traslado de los sospechosos de terrorismo capturados a terceros pases para su procesamiento, se renov como programa denominado de entregas extraordinarias, para permitir que la CIA secuestrara a personas de pases extranjeros y las hiciera desaparecer en los agujeros negros (prisiones secretas) donde podan mantenerlos incomunicados, como los llamados detenidos-fantasma, o trasladados extrajudicialmente a los servicios de seguridad de otros Estados para que procedieran a su interrogatorio.

En la divisin del trabajo de interrogatorio entre el ejrcito y la CIA, a esta se le asign la principal responsabilidad de los detenidos de alto valor (DAV), personas que se asuma que eran dirigentes terroristas o planificadores de los ataques del 11-S, o que tenan conocimientos de operaciones y complots terroristas. En 28 de marzo de 2002, el primer DAV, Abu Zubaydah, fue capturado en Pakistn y trasladado a un agujero negro en Tailandia, el primero de varios en los que estuvo detenido durante los aos que pas bajo vigilancia de la CIA. La dureza creciente del trato que se aplic a Abu Zubaydah se debi a dos factores. Primero, los altos oficiales asumieron, de forma incorrecta, que era una personalidad importante de al-Qaida (ni siquiera era miembro del grupo cuando se produjeron los ataques del 11-S) y se le exigi que aportara inteligencia procesable. Segundo, la CIA contrat a dos contratistas psiclogos, James Mitchell y Bruce Jessen, para que dirigieran el programa de los DAV, a pesar de no tener ni experiencia destacable en los interrogatorios ni conocimientos sobre terrorismo. Su experiencia anterior haba sido con el programa SERE, y por tanto con su contratacin para dirigir el programa DAV se inici la reingeniera del proceso. Los mtodos brutales y deshumanizados autorizados para Abu Zubaydah, que supusieron someterle durante 83 veces a simulacin de ahogamiento y colocarle en una caja de confinamiento similar a un atad, prepararon el escenario para el nuevo programa de torturas de la CIA, diseado para crear y explotar condiciones de discapacidad, desorientacin y pavor [9]. La teora rectora, si es que puede llamrsela as, se derivaba de los experimentos con perros y trataba de producir indefensin aprendida [10]. Este enfoque se aplic a las personas que la CIA tena en cautiverio bajo la presuncin de que una vez que se vinieran abajo revelaran gran cantidad de inteligencia procesable. En este sentido, el programa de torturas de la CIA fue otro captulo en la historia de la experimentacin con seres humanos apoyada por el gobierno.

A mediados de 2002, algunos agentes de la CIA estaban cada vez ms ansiosos respecto a su vulnerabilidad ante posibles futuros procesamientos en virtud de las leyes federales antitortura. En respuesta, los juristas de la Oficina de Asesora Legal del Departamento de Justicia (OLC, por sus siglas en ingls) elaboraron dos memorandos con fecha 1 de agosto de 2002. Uno de ellos reduca la definicin de tortura para excluir todo menos las formas ms extremadas de dolor fsico y sufrimiento mental prolongado; el otro memorando proporcionaba cobertura legal para las tcticas ya en uso, incluyendo el submarino. Los memorandos articulaban tambin una teora del poder presidencial denominada "tesis unitaria ejecutiva", que ya funcionaba como principio rector de la guerra contra el terrorismo de la administracin Bush. Esta tesis afirma que el presidente, como comandante en jefe, no puede verse limitado por ley alguna ni sujeto a la supervisin de la separacin de poderes en su bsqueda de la seguridad nacional. La tesis ejecutiva unitaria era descaradamente hipersoberanista en su concepcin e imperial en su intencin. La tesis tambin podra interpretarse como un intento de regresar a una era anterior a las principales reformas y desarrollos del derecho internacional despus de la II Guerra Mundial.

Aunque los memorandos de la OLC haban sido redactados por la CIA, la Casa Blanca los envi al Pentgono. En diciembre de 2002, el secretario de defensa Ronald Rumsfeld autoriz un men de tres platos de tcticas SERE de ingeniera inversa para su uso con los detenidos recluidos en la Baha de Guantnamo. Los altos funcionarios judiciales de las cuatro ramas del ejrcito protestaron, pero fueron ignorados por los lderes civiles. El enfoque permisivo de la tortura autorizada para la CIA se extendi a los militares en Guantnamo y posteriormente emigr hasta Iraq en 2003.

El programa de torturas

Varios sucesos sirvieron para expulsar a los militares del programa de torturas. El primero fue la publicacin, en abril de 2004, de las fotos en la prisin de Abu Ghraib de los prisioneros iraques desnudos humillados y agredidos por soldados estadounidenses. Las fotos crearon un escndalo de proporciones globales. Otro punto clave de inflexin fue instigado por el senador John McCain, l mismo superviviente de la tortura en la guerra de Vietnam. En 2005, impuls una legislacin conocida como la Enmienda McCain para volver a prohibir las tcticas que violaban las normas de la Convencin de Ginebra. McCain quera incluir tambin a la CIA, pero el vicepresidente Dick Cheney el principal autor intelectual del programa de torturas- presion en un Congreso dominado por los republicanos para incorporar una excepcin a la CIA en la prohibicin de la tortura, algo que consigui. Otro documento legislativo, el Acta de Trato a los Detenidos (DTA, por sus siglas en ingls), confirm adems la prohibicin de la tortura por parte del ejrcito, pero tambin prohibi que cualquier prisionero de Guantnamo pudiera impugnar su detencin o tratamiento en los tribunales estadounidenses. Cuando el presidente Bush firm la DTA, firm tambin una declaracin en el sentido de que no necesariamente se iba a considerar que l estaba sometido a la prohibicin. Una de las personas que impulsaron esa aclaracin al firmar fue Neil Gorusch, entonces alto funcionario del Departamento de Justicia, convertido ahora en el miembro ms reciente del Tribunal Supremo.

El comienzo del fin del programa de torturas de la CIA podra datar de noviembre de 2005, cuando The Washington Post inform que la Agencia estaba implicada en secuestros y que diriga agujeros negros en Europa (posteriormente revelados por Human Rights Watch y ubicados en Polonia, Rumana y Lituania). Pero fue el Tribunal Supremo quien le asest un golpe ms decisivo en junio de 2006. En Hamdan vs. Rumsfeld, el Tribunal dictamin que el Artculo 3 comn de los Convenios de Ginebra la denominada lnea base humanitaria- se aplica a todas las personas bajo vigilancia estadounidense. En una conferencia de prensa en septiembre, el presidente Bush se burl de la decisin y se quej de la vaguedad de la prohibicin del Artculo 3 comn respecto a las afrentas a la dignidad personal, afirmando que las tcnicas de interrogatorio alternativas mejoradas (eufemismos para la tortura) haban resultado eficaces para mantener seguros a los estadounidenses. Sin embargo, los agujeros negros se vaciaron y 14 DAV fueron reubicados en Guantnamo, incluyendo a Jalid Sheij Mohammed, supuesto cerebro de los ataques del 11-S, que haba sido sometido al submarino en 183 ocasiones.

En octubre de 2006, el Congreso aprob y el presidente Bush firm el Acta de las Comisiones Militares (MCA, por sus siglas en ingls), que permita que las comisiones militares de Guantnamo hicieran uso de las confesiones y otras pruebas obtenidas por medios coercitivos. Otra de las caractersticas de la MCA de 2006 fue la provisin de inmunidad ex post facto para cualquiera de los crmenes de guerra perpetrados, incitados u ordenados por oficiales estadounidenses desde 1997, un ao despus de que el Congreso aprobase el Acta de Crmenes de Guerra. Segn el experto jurista en seguridad nacional Scott Horton, la MCA de 2006 es un documento legislativo que permanecer en la historia junto a las Actas de Sedicin y Alienacin y el Acta de Esclavos Fugitivos como un recuerdo del tipo de vandalismo constitucional de que el Congreso es capaz cuando se pone realmente a ello [11].

En 2006, el Consejo de Europa inform que unas cien personas haban sido secuestradas en el continente. El informe de investigacin del Parlamento Europeo de 2007 expuso la amplia colusin de algunos servicios de seguridad europeos con el programa de entregas extraordinarias de la CIA. En 2005, un tribunal italiano imput a 23 agentes de la CIA implicados en el secuestro de Hassan Mustafa Osama Nasr (aka Abu Omar) en Miln en febrero de 2003, desde donde fue trasladado a Egipto para someterle a brutales torturas. En 2007, un tribunal alemn emiti rdenes de bsqueda y arresto de trece agentes de la CIA implicados en el secuestro en 2003 de Jaled El-Masri, un ciudadano alemn, desde Macedonia. El-Masri fue transportado a Afganistn, donde fue torturado y mantenido en rgimen de incomunicacin durante meses antes de abandonarlo en un lugar remoto de Albania sin papeles ni dinero. El caso alemn se desbarat finalmente como consecuencia de las presiones polticas [12].

El ms all de la tortura

Aunque se puso fin al programa de la tortura de la CIA cuando el presidente Bush estaba an en el poder, se cancel decisivamente en enero de 2009, cuando el presidente Barack Obama firm una orden ejecutiva en su segundo da en el cargo. Es en esta coyuntura cuando el ms all de la tortura adquiere toda su importancia. Cheney, famoso por su secretismo, sali de entre las sombras para montar una campaa pblica burlndose de la orden de cancelacin del presidente Obama, alegando que era una demostracin de que el nuevo presidente era blando con el terrorismo. Cheney, que describi el submarino como una puesta en remojo y que, para l, su utilizacin era algo obvio [13], vio en el repudio de la tortura una especie de reversin a las intrusiones que l y sus aliados ideolgicos haban llevado a cabo al construir una presidencia imperial sin restricciones legales. Afirm repetidamente, desde el plpito intimidante de la Fox News y varios think tanks de extrema derecha, que las tcnicas mejoradas de interrogatorio se haban utilizado slo como ltimo recurso una flagrante falsedad- y que haban sido sorprendentemente eficaces, otra flagrante falsedad. Otros polticos y expertos de extrema derecha siguieron el ejemplo y apoyo pblico de Cheney a la tortura, que haba venido lentamente incrementndose desde 2004, superando la marca del 50% despus de que se cancelara el programa. Entre los republicanos, el apoyo fluctu al alza [14] indicando que los seguidores partidistas se dejan guiar en esos asuntos por las elites polticas y mediticas.

En esta era posterior a la tortura, pueden dividirse las actitudes estadounidenses a favor de la tortura en dos categoras generales: Una, puesta de manifiesto por Cheney y otros campeones de la tesis ejecutiva unitaria, es el proyecto quasi intelectual para legalizar lo ilegal, por ejemplo, negando que el submarino es tortura cuando son los estadounidenses los que lo practican, e incluso si lo fuera, afirmar que la bsqueda de la seguridad nacional por parte del gobierno de EE. UU. no debera verse constreida por el derecho internacional. La segunda categora, que el presidente Trump ejemplifica, es la posicin agresivamente antiintelectual caracterizada por la ignorancia sobre la tortura y la ley, y la indiferencia ante el principio de la dignidad humana. Segn Darius Rejali, que ha investigado extensamente respecto a las actitudes pblicas sobre la tortura: Descubrimos que, en lo que se refiere a la tortura, parece que lo que motiva a la gente son las indicaciones sociales, la supersticin, el resentimiento y la indecisin por encima de la filosofa, la moralidad o los resultados racionales En nuestros experimentos de investigacin controlada, hasta ahora hemos hallado que quienes se decantan a favor de la tortura no les preocupa si produce un resultado positivo o negativo en la seguridad [15].

Decir que la tortura atormenta la poltica estadounidense como si de un fantasma se tratara, implica poner de relieve que la tortura sigue existiendo pero que se esconde, se reprime, se niega y se miente sobre ella. El concepto de lo fantasmal de Avery Gordon en Ghostly Matters ayuda a ilustrar esta idea. Como ella explica: Lo fantasmal es la forma en la cual los sistemas de poder abusivo se dan a conocer, as como la forma en la que sus impactos se sienten en la vida diaria, especialmente cuando supuestamente se les ha puesto fin o se han olvidado o cuando se niega su naturaleza opresiva Lo fantasmal incrementa los espectros y altera la experiencia de ser en el tiempo, la forma en que separamos el pasado, el presente y el futuro. Estos espectros o fantasmas aparecen cuando el problema que representan o indican ya no puede contenerse, ni reprimirse, ni bloquearse de la vista [16].

Muchos de esos espectros atormentan la poltica estadounidense. Cuando el presidente Obama adopt la decisin de no procesar a los responsables del programa de tortura, racionaliz tal negativa como una modalidad de justicia restaurativa bipartidista, dicindole a la nacin que ya era hora de mirar hacia adelante y no hacia atrs. Sin embargo, esa medida fue un asunto fantasmal en la nocin de Gordon, porque esa cancelacin oficial no poda negar la existencia del programa de tortura. Asimismo, los memorandos sobre la tortura aunque la mayora haban sido retirados o cancelados- fueron clave para que el presidente Obama racionalizara que los agentes del Estado que la instigaron o la llevaron a cabo haban actuado de buena fe, otorgando as a dichos memorandos su intencionado poder de escudo dorado. En una orden ejecutiva firmada en enero de 2009, prometi cerrar Guantnamo en un ao, pero en mayo de ese mismo ao ya estaba volvindose atrs de su promesa. Ese octubre firm el Acta revisada de las Comisiones Militares que, aunque reforzaba las normas probatorias sobre confesiones forzadas, no hizo nada para retirar la inmunidad ex post facto para la clusula de crmenes de guerra de la versin de 2006.

Adems, la administracin Obama se apoy en la tesis de la administracin Bush respecto al poder ejecutivo y la guerra territorial ilimitada para justificar el programa de drones, que sustituy al programa de interrogatorios y detencin para convertirse en la piedra angular estratgica del modelo de guerra contraterrorista de su administracin. La guerra con drones y las ejecuciones extrajudiciales se basan en la misma lgica ilegtima de que EE. UU. puede perseguir sus intereses de seguridad nacional a nivel mundial sin que el derecho internacional pueda ponerle lmites.

Secretismo, impunidad, mentiras

Hay tres razones principales para decir que las otras vidas de la tortura atormentan la poltica estadounidense hoy en da. La primera razn es el secretismo. Aunque el programa de la CIA se cancel, toda la informacin sobre el mismo sigue siendo clasificada excepto un resumen ejecutivo redactado en trminos duros del informe autorizado del SSCI (siglas en ingls de Comit Selecto del Senado sobre Inteligencia). La clasificacin de la informacin la convierte en conocimiento subyugado, escondida pero no desaparecida. Algunas personas saben que existe, pero otras no creen lo que no pueden ver. Debido a que el informe del SSCI contiene la verdad de esa historia secreta, los defensores de la CIA y los entusiastas de la tortura en el Congreso trataron de hacerse con todas las copias de ese informe destruido. Fracasaron en el intento, pero slo porque el presidente Obama, durante sus ltimos das en el cargo, orden que su copia quedara preservada en los archivos presidenciales. No obstante, tambin orden que permaneciera clasificada y con un acceso restringido durante doce aos, el tiempo mximo permitido por la ley.

La cuestin del secretismo incluye a las personas que encarnan el conocimiento de la tortura: los individuos que fueron torturados por la CIA, algunos de los cuales siguen encarcelados en Guantnamo como fantasmas vivientes. La administracin Obama clasific como secretos de Estado sus recuerdos de las torturas sufridas. No se les permite comunicar sus experiencias a nadie que no tenga la mxima autorizacin de seguridad y alguna relacin directa y autorizada con las comisiones militares. Incluso los que cuentan con esa habilitacin, como sus abogados, estn amordazados para hablar de ello pblicamente. Los juicios de las comisiones militares para los acusados de ser responsables de los ataques del 11-S, se han prolongado durante aos en la fase previa al juicio porque el gobierno se ha comprometido a preservar los secretos de la CIA. En consecuencia, debe litigarse cada testigo y cada prueba pertinente sobre el interrogatorio y la detencin, lo que exige que los jueces se encarguen de averiguar cmo reconciliar la voluntad del gobierno de opacidad con una apariencia de proceso debido. En trminos generales, este rgimen de secretismo crea oportunidades para promover la falsa narrativa de dominio pblico de que la tortura funcion, que mantuvo seguros a los estadounidenses y que cancelarla hubiera disminuido nuestra capacidad de combatir el terrorismo.

La segunda forma en el que las otras vidas de la tortura atormentan la poltica estadounidense hoy en da es la ausencia de rendicin de cuentas. La tortura es un crimen federal y un crimen muy grave en virtud del derecho internacional. Segn Kathryn Sikking, que ha hecho investigaciones trasnacionales comparativas sobre el procesamiento de funcionarios responsables de violaciones de los derechos humanos, la regin latinoamericana es lder mundial en lo que denomina justicia en cascada [17], porque docenas de exdirigentes han sido procesados y condenados. Averigu que los efectos de los procesamientos incluyen niveles menores de represin y mejores registros de los derechos humanos en esos pases. Sin embargo, el test real, como ella y otros han indicado, es si el derecho internacional y las normas asociadas con la justicia retributiva por crmenes graves influyen o podran influir en un Estado poderoso como EE. UU. A ninguno de los funcionarios estadounidenses responsables del programa de torturas se le ha hecho rendir cuentas. Y debido al poder e influencia de EE. UU., esta falta de rendicin de cuentas socava el poder del derecho internacional y la fortaleza de las normas contra la tortura a nivel mundial. Adems, permitir que los funcionarios de las administraciones del pasado se vayan de rositas respecto a la tortura no ayuda a desalentar la posibilidad de que alguna administracin futura trate de hacerlo de nuevo, y ah es donde la posibilidad de resucitar la tortura en el futuro tiene un efecto perturbador sobre el presente.

La tercera forma en la que el ms all de la tortura atormenta la poltica estadounidense en la actualidad es que el fracaso a la hora de reconocer la verdad tiene un efecto distorsionador sobre la realidad. Aunque Obama cancel el programa de torturas de la CIA en 2009, su administracin hizo cuanto estuvo en su mano para frustrar cualquier justicia hacia las vctimas en tribunales nacionales o extranjeros, y la mayor parte de esos esfuerzos tuvieron xito. No fue hasta agosto de 2014, cuando reconoci oficialmente la tortura no slo como una poltica que haba cancelado sino como las acciones intencionadas de un grupo de personas. Pero incluso este reconocimiento se hizo de forma ineficaz y anodina, con el presidente Obama diciendo: Hicimos un montn de cosas que eran justas [tras los ataques del 11 de septiembre de 2001]. Pero torturamos a alguna gente. As pues, si bien la actitud de Obama no es protortura en s, tampoco es claramente antitortura. No hizo uso de su poder para matar al fantasma mediante alguna de las tres posibilidades de que dispona: desclasificacin, rendicin de cuentas o reconocimiento. Los secretos siguen siendo secretos y las mentiras y los inventos sobre la eficacia de la tortura o su compatibilidad con la ley siguen comprndose y vendindose en el discurso pblico.

En EE. UU. no slo no ha habido rendicin de cuentas sino que algunos de los responsables del programa de torturas continan trabajando en el gobierno e incluso han sido promocionados a niveles de autoridad ms altos. Un ejemplo lo tenemos en el nombramiento de Trump de Gina Haspel como directora adjunta de la CIA. Haspel estuvo directamente implicada en el programa de torturas de los agujeros negros y comparti responsabilidades en la orden de destruir 91 cintas de video de varios prisioneros cuando estaban siendo sometidos al submarino y torturados con otros medios. El campo a favor de la tortura considera su promocin dentro de la CIA como una reivindicacin, si no del programa de torturas mismo, al menos de su legitimidad en la historia.

No obstante, ha habido varios desarrollos positivos recientes en el mbito de la rendicin de cuentas: los dos contratistas psiclogos a quienes se contrat y pag 81 millones de dlares para disear y poner en marcha el programa de torturas de la CIA, James Mitchell y Bruce Jessen, fueron demandados en el estado de Washington por varias de sus vctimas. El tribunal no slo permiti que este caso siguiera adelante, lo que en s mismo supuso una ruptura innovadora de la tendencia a aceptar los argumentos de los secretos del gobierno para cerrar los casos, sino que tambin dictamin que varios altos funcionarios de la CIA pudieran ser llamados a declarar como testigos. El caso termin cuando Mitchell y Jessen llegaron a un acuerdo con los demandantes, concediendo as al menos algn grado de culpabilidad por este grave delito. Y en octubre de 2016, el IV Tribunal del Circuito de Apelaciones readmiti una demanda previamente desestimada presentada por las vctimas de torturas en Abu Ghraib contra la firma privada de contratistas CACI Premier Technology. En una sentencia concurrente, un juez subray: Est ms all del poder, incluso del presidente, declarar que la tortura es legal [18].

Matar el fantasma de la tortura

Estamos viviendo en una poca en la que, en lo a la tortura se refiere, la verdad y la justicia son ilusorias. Y por eso la tortura atormenta nuestra poltica. Al igual que un fantasma amenaza con apoderarse de la casa, el presidente Trump provoca grandes vtores cuando le dice a la muchedumbre que quiere traer de nuevo la simulacin de ahogamiento. Que l o un futuro presidente puedan resucitar un programa as sigue siendo una incgnita. Aunque el ejrcito y los funcionarios de la CIA han declarado que no apoyaran ni instituiran un retorno a la tortura, la opinin pblica ha dado un giro en sentido contrario [19].

Este creciente deseo pblico a favor de la tortura subraya la importancia de la educacin cvica sobre las lecciones de la historia. La educacin cvica empieza con una batalla por las narrativas con objeto de informar y contribuir a una mayor comprensin pblica de todo lo inmoral contenido en la tortura. La educacin cvica incluye tambin el empoderamiento del pueblo para que pueda acometer agresivamente al electorado que se manifiesta a favor de la tortura. Ah es donde los estudiantes y los acadmicos pueden desempear un papel importante. Corresponde a quienes se preocupan por estos temas elaborar empricamente argumentos slidos y analticamente persuasivos contra la tortura y contra quienes la apoyan-, porque es un modo de demostrar respeto por la democracia y el imperio de la ley en EE. UU. y por los derechos humanos y los principios humanitarios a escala mundial. A partir de los resultados de las elecciones de 2016 y de la victoria de un candidato ardientemente protortura, la educacin cvica sobre la tortura y la organizacin en contra de la misma pueden muy bien convertirse en la versin del movimiento abolicionista del siglo XXI.

NOTAS:

[1] David M. Jackson, Trump Advocates Waterboarding and Much Worse To Battle Terrorists, USA Today, June 16, 2016.

[2] Donald Trumps New York Times Interview: Full Transcript, The New York Times, November 23, 2016.

[3] Douglas A. Johnson, Alberto Mora, and Averell Schmidt, The Strategic Costs of Torture: How Enhanced Interrogations Hurt America, Foreign Affairs 95/5 (September/October 2016) pp. 121132.

[4] Eric Weiner, Waterboarding: A Tortured History, National Public Radio, November 3, 2007.

[5] Ibid.

[6] Louis Menand, Brainwashed, The New Yorker, September 15, 2003.

[7] Eugene Kinkead, The Study of Something New in History, The New Yorker, October 26, 1957, p. 120.

[8] Naomi Klein, The Shock Doctrine: The Rise of Disaster Capitalism (New York: Picador, 2008). Darius Rejali, Torture and Democracy (Princeton: Princeton University Press, 2009).

[9] Alfred McCoy, Torture and Impunity: The US Doctrine of Coercive Interrogation (Madison, WI: University of Wisconsin Press, 2012), p. 102.

[10] Jane Mayer, The Dark Side: The Inside Story of How the War on Terror Turned into a War on American Ideals (New York: Random House, 2008), p. 164.

[11] Scott Horton, State of Exception: Bushs War on the Rule of Law, Harpers Magazine (July 2007).

[12] Lisa Hajjar, Wikileaking the Truth about American Unaccountability for Torture, Societies without Borders 7 (2012).

[13] Demetri Sevastapulo, Cheney Endorses Simulated Drowning: Says Use of Water Boarding to Get Terrorist Intelligence Is a No Brainer, Financial Times, October 26, 2006.

[14] Paul Gronke, Darius Rejali, and Peter Miller, Americans Are Deeply Divided about Torture, The Conversation, December 10, 2014.

[15] Darius Rejali, Donald Trumps Pro-torture Rhetoric Could Help Bring Abuse to a Neighborhood Near You, The Los Angeles Times, February 19, 2017.

[16] Avery Gordon, Ghostly Matters: Haunting and the Sociological Imagination (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2008), p. xvi.

[17] Kathryn Sikkink, The Justice Cascade: How Human Rights Prosecutions Are Changing World Politics (New York: W.W. Norton, 2012).

[18] Baher Azmy, No OneNot Even the PresidentCan Declare Torture Lawful, Open Society Foundations, October 31, 2016.

[19] Alex Tyson, Americans Divided in Use of Torture in US Anti-Terror Efforts, Pew Research Center Fact Tank, January 26, 2017.

Lisa Hajjar es profesora de Sociologa en la Universidad de California, Santa Brbara. Sus investigaciones se centran en cuestiones de leyes y legalidad, guerra y conflicto, derechos humanos y tortura. Ha escrito Courting Conflict: The Israeli Military Court System in the West Bank and Gaza (University of California Press, 2005) y Torture: A Sociology of Violence and Human Rights (Routledge, 2012). Adems de ser coeditora en Jadaliyya , colabora con los comits editoriales de Middle East Report y Journal of Palestine Studies . En la actualidad, trabaja en un libro sobre la abogaca en lucha contra la tortura en EEUU.

Fuente: http://merip.org/mer/mer283/afterlives-torture-0

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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