Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2018

Cultivos sociales
Cuando el dilema va mucho ms all de calles o instituciones

ngel Calle Collado
eldiario.es

La condicin necesaria para una transformacin radical frente a propuestas ecofascistas vendr de la construccin de realidades contestatarias que anen voluntad de protesta y capacidad para generar otros mundos


Un enfoque recurrente entre sectores vinculados a la izquierda ms institucionalizada suele partir de una eleccin dicotmica entre reforma o revolucin, accionarnos para modificar el arriba u organizarnos para construir desde abajo, hacerlo pensando en mayoras sociales o desde nuevos laboratorios de la poltica, impulsando la protesta o centrndose en una concrecin de propuestas. Termino de leer el libro del lder de Izquierda Unida Alberto Garzn, Por qu soy comunista. Una reflexin sobre los nuevos retos de la izquierda (Pennsula, 2017), y ante la crisis que nos atraviesa la vida nos invita a analizar el famoso debate entre calles o instituciones. El libro, en lnea con otras manifestaciones de intelectuales de izquierda en los ltimos tiempos, recupera la dialctica marxista anclada en la explotacin capitalista pero incorporando algunas cuestiones sobre el pico del petrleo, el cambio climtico, la depredacin social asociada a la demanda de recursos por parte de las economas centrales o la relevancia de otras formas de desigualdad ms all de la visin de clase por razones de gnero, cultura o acceso a educacin. La construccin de una conciencia de clase que impulse una conquista del poder colectivo a travs del Estado se recupera como propuesta esencial, urgente.

Con la que se nos viene encima, llmese colapso civilizatorio o cuarta guerra mundial entre las de arriba y las de abajo, ciertamente haramos bien en preocuparnos por tener a nuestro favor todas las herramientas (iniciativas, organizaciones polticas, instituciones) que nos permitan recuperar cierta conciencia de especie desde premisas de sostenibilidad intergeneracional, igualdad y solidaridad. Pero, es suficiente?, todos los anlisis, por el hecho de tener una hemeroteca histrica detrs, nos valen para enfrentar un presente incierto e insostenible? Si el cambio climtico lo cambia todo, como afirma Naomi Klein, no deberan tambin cambiar nuestras preguntas, algunos de nuestros debates?

Pienso que s. Me cuesta imaginar otro mundo si ese mundo ha de pasar necesariamente por la toma de algn palacio financiero o electoral y no por la construccin de otras economas, de otras formas de entender la poltica y la manera que tenemos de cuidar la T(t)ierra que nos alimenta (Jorge Riechmann dixit). Afirma la ecofeminista Mery Mellor que para hablar de socialismo no es posible disociar el cuidado mutuo del cuidado del mundo. De la misma manera creo que no es posible hoy hablar de hacer poltica ( decidir sobre lo pblic o ) sin cultivar social mente otros modos de estar en lo poltico ( tejer otros cotidiano s ). No busquemos una palanca o unos dicotmicos debates, apostemos por explorar otras formas de vida que reclamen otras organizaciones polticas.

De esta manera, si pensamos en quines estn ah sosteniendo agendas que contrarresten el gran desplazamiento de la vida como razn de ser de la poltica, nos encontramos con grupos que insisten en cultivar otros lazos sociales , partiendo de lo experimentable, lo inclusivo y cotidiano, lo solidarizable desde abajo. Me estoy refiriendo en estos ltimos aos a la capacidad de parar pases y dinmicas autoritarias, al menos intentarlo, por parte de redes de mujeres capaces de plantear, como no son capaces otros movimientos sociales, una huelga feminista y mundial, de convocar y convocarse frente a Donald Trump en los Estados Unidos o contra el golpe patriarcal de Tremer en Brasil, como ellas afirman. La pervivencia del zapatismo se fundamenta en un municipalismo arraigado en territorios y en una radicalizacin de la democracia: asambleas comunitarias se entralazan a mayor escala con cooperativas econmicas bajo las llamadas J untas de B uen G obierno. Pienso sobre todo en la persistencia secular del movimiento indgena. O en las formas campesinas que se vinculan en movimientos por una reforma agraria integral. Observo cmo sus formas de vida tienen expresin y autonoma social dentro de marcos polticos de mayor escala, incluso internacionales: coordinadoras como el Consejo Indgena de Centroamrica (CICA), la Red de Mujeres Indgenas por la Biodiversidad, la Va Campesina. La coordinacin a gran escala de pequeos mundos, es ms que un marchar separados y golpear juntos. Sito aqu dinmicas de afinidad entre iniciativas de economas sociales y solidarias y el ciclo de protesta que despeg en los 90 bajo las redes antiglobalizacin. Esta perspectiva de otra poltica a travs de otras economas y redes de alta sociabilidad ha marcado tambin, por ejemplo, la lucha contra los desahucios en este pas. Si lleg a irrumpir social y mediticamente en nuestra cotidianidad, si tuvo potencialidad para ser palanca de partidos polticos de naturaleza municipalista, lo fue sin duda por su capacidad para tejer otras sociedades, lo que llamaron Grupos de afinidad y apoyo mutuo (GAYAM) en medio de un mar hostil y revuelto que nos precipita hacia la exclusin. Es lo que he definido en otro lugar (Democracia Radical, Icaria, 2011) como cultivos sociales: iniciativas de autonoma social destinadas a (auto)gestionarse necesidades humanas bsicas: materiales, afectivas, de solidaridad, de relacin con el medio. Mujeres, indgenas, campesinados y nuevos comunes comparten esos mimbres: parten de lazos sociales que promueven lazos sociales, hacen del bienestar socioemocional una variable importante para contrarrestar el desquicio enfermo de este planeta. Democratizan dnde y cmo se decide polticamente, democratizan tambin nuestras economas, proponen otras formas de vida frente a unas lites que insisten en depredar la vida. Enfrente, los fascismos incluso de tintes verdes, buscan desalentar la autonoma de lo social, la auto-organizacin desde abajo, nos retrotraen a la bandera y al hombre-masa, al hombre-fuerte, a la necesidad del padre. Los actuales partidos de izquierda, por otro lado, se alejan mucho de estar enraizados en estos cultivos sociales. Les estorban. No estn en sus crculos de legitimacin, en sus programas, en sus mentes. En particular, el ecofeminismo como apuesta que hace de la vida la gnesis de la nueva poltica, y el reconocimiento de autonomas desde abajo que ello supone, les asustan, no cuadran en sus juegos de tronos y de votos.

No nos olvidemos. El dilema no es calles o institucin. La condicin necesaria para una transformacin radical frente a propuestas ecofascistas vendr de la construccin de realidades contestatarias que anen voluntad de protesta y capacidad para generar otros mundos.

Fuente: http://www.eldiario.es/ultima-llamada/Cultivos-sociales-dilema-calles-instituciones_6_749335060.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter