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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2018

El feminismo militante
Esta es mi revolucin

Daiana Garca
Brecha

La fertilidad de la militancia feminista en Uruguay acompaa un fenmeno internacional de caractersticas inditas. Puertas adentro las diferencias ideolgicas y generacionales marcan distintas formas de ponerle el cuerpo a la causa y reeditan el histrico debate entre la autonoma, la institucionalizacin y el rol del Estado. Pero hay una preocupacin compartida: cmo llegar a los sectores populares.


Foto: archivo brecha

Como un ro desbordado tras una tormenta, el pensamiento feminista cautiva hoy, quizs ms que nunca, a mujeres de todas las generaciones, pero fundamentalmente a las ms jvenes. Esto tiene su espejo en el brazo militante que tambin se ensancha y diversifica. Pero an no est claro cmo ser el cauce del ro. Dos grandes paradigmas parecen dividir a la militancia feminista en Uruguay: la autonoma o la institucionalidad. Las autnomas, un adjetivo que las define aunque no todas sientan que es el que mejor las representa, estn nucleadas en la Coordinadora de Feminismos (CF), conformada en noviembre de 2014 como una secuela del I Encuentro de Feminismos de Uruguay.

En ella participan colectivos de mujeres (1) y mujeres a ttulo personal. El segundo grupo est comprendido en la Intersocial Feminista (2) conformada el 8 de marzo de 2017 como una escisin de la CF e integrada por organizaciones de mujeres y mixtas, ya que no admite la participacin individual. La militancia no se agota en estos dos espacios.

Existen organizaciones, como Mujer y Salud Uruguay (Mysu), que no participan de ninguno y otras que lo hacen en ambos. Tambin hay diversos colectivos del Interior cuyo contacto con el capitalino es muy puntual, y est el Paro Internacional de Mujeres (Pim), cuya gnesis es la que se adivina en su nombre, que actualmente se consolida como un lugar de coordinacin, encuentro y accin, y aunque participa en algunas actividades de la CF, se define como independiente.

Esta geografa feminista en la que coexisten diferencias ideolgicas, estratgicas e incluso generacionales, no ha logrado, hasta el momento, concretar un espacio de coordinacin. Para la organizacin de la marcha de ayer acoplaron algunas acciones puntuales, pero con concepciones que parecen casi irreconciliables acerca de cmo aprovechar y gestionar la masividad esperada. Si colocar o no un estrado, si leer la proclama de forma colectiva o seleccionando a una vocera, y si hacerle o no reclamos al Estado fueron algunos de los principales desencuentros de cara al denominado 8M.

Es casi un clich decir que la izquierda progresista ya no enamora. El feminismo parece abrazar el mrito de conquistar ideolgicamente y el principal desafo para las militantes parece ser cmo capitalizar esta efervescencia, o cmo traducir la masiva convocatoria en mejoras que resientan las desigualdades de gnero.

El estado de la materia


La concepcin en torno al rol del Estado y cmo interactuar con l es uno de los parteaguas del feminismo. Mariana Gonzlez Guyer, investigadora del rea de gnero de la Facultad de Ciencias Sociales (Udelar), explic en conversacin con Brecha que el debate entre la autonoma, la institucionalizacin y el rol del Estado es muy viejo en el movimiento feminista: es una discusin que tiene varias dcadas y que ahora se reedita. En Uruguay ya se esbozaba tmidamente en los primeros movimientos posdictadura, si bien en ese momento la institucionalidad feminista prcticamente no exista o era muy reciente (Cotidiano Mujer se cre en 1985).

Pero se instal con fuerza en los noventa a partir de la histrica Conferencia sobre la Mujer, de las Naciones Unidas, realizada en Beijing. Gonzlez entiende que esta discusin implica una distancia difcil de reconciliar, porque determina con quin interactus y la accin. Soledad Gonzlez (Cotidiano Mujer), una de las impulsoras de la creacin de la Intersocial, afirma que su surgimiento tuvo que ver con la necesidad de incidir polticamente y hacerle reclamos concretos al Estado y al gobierno, y su objetivo es consolidarse como un actor de peso. En ese sentido, cont, dieron los primeros pasos al estudiar los textos de la ltima rendicin de cuentas y luego lograron revertir algunos cambios de la ley integral sobre violencia de gnero que se haban introducido en la Cmara de Senadores y que eran poco favorables.

Si bien hay quienes reconocen en la CF rasgos anarquistas, no es una definicin ideolgica que sus integrantes levanten explcitamente. La mayora parece reconocerse con el concepto de autonoma. Florencia y Vernica, dos de sus siete voceras, que prefirieron figurar slo por sus nombres de pila, explicaron a Brecha que no buscan reclamarle nada al Estado, sino hablarnos a nosotras mismas, desde el contacto. No tenemos una lista de reivindicaciones, tenemos una bsqueda que es transformar las relaciones entre mujeres.

Su encare se propone cambiar el foco, no hablarle a otros, puntualmente al Estado, porque lo consideran una estructura que reproduce las lgicas patriarcales. La CF lleva adelante las alertas feministas, instancias situadas en el espacio pblico que se convocan cada vez que una mujer es asesinada por violencia de gnero. Esta forma de protesta es distinta a una marcha tradicional, el sentir es el clima predominante, con las performances, el abrazo caracol (una dinmica de abrazo colectivo) y la lectura de la proclama en forma grupal.

Para Florencia es una lucha que te atraviesa, es mucho ms que una lista de reivindicaciones. Vernica redobla la apuesta. Explica que pedirle algo al Estado es pensar que el cambio va suceder dependiendo de ellos, cuando nos den tal presupuesto, por ejemplo. No negamos que exista, pero apelamos a estas otras formas. Lilin Celiberti, coordinadora de Cotidiano Mujer, define a este colectivo como un feminismo que quiere interpelar al Estado respecto de sus responsabilidades, pero manteniendo la autonoma y la visin crtica, porque hay luchas concretas que exceden nuestra accin.

En esa lnea, Gonzlez reconoce que hay cambios ms de orden cultural que no dependen exclusivamente de las polticas pblicas, pero relativiza al afirmar que hay problemas ms urgentes. Pone como ejemplo las mujeres que sufren violencia en sus casas hoy: Necesitan refugio, proteccin legal, trmites fciles, campaas de comunicacin estable, y para eso se necesita plata. Por eso nuestro foco es pedir recursos al Estado.

Volver a la calle


Si hay un mrito que se les reconoce a las jvenes integrantes de la CF es el retorno del feminismo al espacio pblico, con las alertas. En ocasiones, lamentablemente, ms de una vez por semana. Algunas de ellas visualizan una dicotoma entre la presencia en las calles y hacer poltica tras los escritorios de las instituciones feministas. Mariana Menndez, integrante de Minervas, un colectivo que articula a travs de la CF, considera que el mapa de feminismos de los noventa, muy encerrado en las polticas pblicas y de gnero, ha sido superado, en algn punto.

La militante considera que reconquistar el espacio pblico como lugar de encuentro y protesta no es poca cosa, ante cuerpos que de noche tienen miedo de estar solos en la calle, es experiencia poltica, aunque se desestime desde las visiones ms dogmticas. Aunque la prioridad de Minervas no ha sido la intervencin en la agenda, Menndez reconoce que a veces hay que arrancarle cosas al Estado, o ponerle lmites; admite que el movimiento est madurando y quizs maana haya que hacerlo. El empuje de las nuevas generaciones propone una nueva forma de hacer poltica, a travs del cuerpo, si bien advierten que quizs no es entendida. La revalorizacin de los vnculos entre mujeres en un sistema que abona la competencia y la presencia en las calles son su motor.

Los billetes

Cmo financiar una causa o generar conocimiento y evidencia sin dinero?, cul es el organismo que subvenciona y en qu medida condiciona las agendas?, son algunas de las interrogantes a la hora de pensar el financiamiento del movimiento feminista organizado. Desde los colectivos institucionalizados entienden que es difcil hacer poltica sin dinero; desde la CF repelen completamente la financiacin que provenga de organismos internacionales (de donde surge la gran mayora de los recursos de las organizaciones que reciben financiamiento) y prefieren apelar a la autogestin o a la solidaridad de los sindicatos.

Lilin Abracinskas, directora de Mysu, fundado en 1996, reconoce que la institucionalidad de la lucha a travs de las polticas de gnero ha sido dbil y muy mezquina, pero entiende que con la autoorganizacin no alcanza: no se logran los recursos para realizar campaas que impulsen polticas pblicas o para monitorear al Estado. Si hay dinero es posible, adems, remunerar a las personas que trabajan en estas instituciones. Abracinskas se pregunta por qu, si las mujeres cargan con la doble o triple jornada, deben trabajar gratis para la causa.

Los espacios feministas ms distantes de la institucionalidad prefieren para s mismos formas de financiacin ajenas a organismos como las Naciones Unidas o la Unin Europea, por la carga simblica y porque entienden que hay un riesgo de contaminar las agendas. Este tipo de subvenciones, explic Celiberti, se genera a travs de concursos de proyectos transparentes, y se financia al ganador sin modificar su propuesta. En 1995, ante la Conferencia sobre la Mujer, de Beijing, varias fueron las voces feministas que se alzaron en el mundo preocupadas por la cooptacin de la agenda.

La talo-estadounidense Silvia Federici, por ejemplo, en su texto Rumbo a Beijing. Cmo las Naciones Unidas colonizaron el movimiento feminista?, realiza un anlisis de la influencia que tuvo este organismo en favorecer una neutralizacin y apaciguamiento del feminismo: domestic un movimiento que contaba con un enorme potencial subversivo y fuertemente autnomo (hasta el momento). Parece de Perogrullo que las actividades que hoy hacen los colectivos ms institucionales no podran sostenerse con bailes, rifas o colaboraciones de los sindicatos. Pero tambin que la financiacin no es clave para las formas de militancia propuestas desde la CF.

De todas


Pero dentro del feminismo en Uruguay tambin hay concepciones compartidas: la oposicin al punitivismo como respuesta a la violencia, la sensibilidad a la interseccionalidad con otras desigualdades (vase recuadro), la definicin de izquierda y la importancia y la preocupacin por un feminismo popular. En este sentido, Abracinskas reconoce que hay un ncleo duro de la sociedad al que an no se llega con el feminismo. Es un desafo, porque es donde llegan, por ejemplo, los sectores religiosos neopentecostales, consolidando espacios en los que las mujeres siguen reproduciendo lgicas de sometimiento. Desde cada lugar se trabaja para que el feminismo no se convierta en algo que involucre exclusivamente a determinadas mujeres, generalmente universitarias y de clase media.

Cotidiano Mujer busc reforzar su trabajo en el territorio, con lderes barriales, de cara al ltimo Encuentro Feminista Latinoamericano (que llev el sintomtico lema Diversas pero no dispersas), est organizando un tribunal popular por el derecho a la vivienda y desarrolla actividades en la crcel de mujeres. La necesidad de consolidar un feminismo desde bases populares es tambin desvelo de las autnomas. Menndez, de Minervas, cuenta que uno de los ejes sobre los que se ha trabajado es la generacin de una red de feminismos desde abajo, junto a colectivos de base, que incluyen la dinmica de hacer asambleas en barrios como Cerro y Casavalle.

La estrategia de ese feminismo ms de base, explica, la han aprendido de la interaccin con las argentinas, que tienen una importante tradicin territorial. En el Pim tambin germina una organizacin popular. Hekatherina Delgado, una de sus representantes en Uruguay, lo define como un movimiento, no como un colectivo, que si bien desembarc el ao pasado con la plataforma de un paro internacional, hoy ha trascendido aquella instancia concreta. Para este 8 de marzo, cont, se realizaron desde enero asambleas en los barrios para pensarse con autonoma. Delgado advierte que hay una necesidad de que ese espacio se sostenga, tenemos la inquietud de visibilizar voces que no estn visibles, que nadie est procesando: las compaeras presas, las trans del Comcar, las manicomializadas.

El Pim busca consolidarse como un espacio transfeminista, una corriente que comienza a emerger en Uruguay, la cual trasciende la visin binaria de otros feminismos: les damos un lugar a los varones trans que no lo tienen en el movimiento, ejemplific. Tambin es cierto que en los espacios populares la palabra feminismo suele generar algunas resistencias. Ilustrativo es el ejemplo del colectivo La Pitanga, que realiza un trabajo que podra enmarcarse dentro del feminismo, pero no lo sienten as todas las que participan de ese espacio.

La Pitanga trabaja la violencia de gnero con mujeres de la franja que va de Punta de Rieles a Villa Garca, fomentando redes solidarias de ayuda y contencin mutua, generando herramientas de acompaamiento y promoviendo el empoderamiento de las mujeres de estos barrios.

Unidas y adelante

Pero la posibilidad de trazar un mapa feminista con una diversidad tan amplia era imposible de imaginar antes de 2014. Hoy, con un mismo fin ltimo eliminar las desigualdades de gnero, los feminismos uruguayos conviven con escaso dilogo, pero admitiendo, quizs por lo bajo, que los caminos no son excluyentes y que, al final del da, nos necesitamos todas, en las calles, en los barrios, en el Parlamento, en la academia, en la cultura, en lo cotidiano. Amparo Ochoa cantaba ya en los aos ochenta: Maana es tarde y el tiempo apremia/ Nos sirven estas mujeres de ahora para ilustrar una sensacin parecida a la que se respira hoy: este es el momento.

La bsqueda de la unidad y de algunos consensos emerge como preocupacin, quizs con mayor ahnco en las generaciones ms viejas, que ya piensan en el legado y en el rumbo que tomar el movimiento. Ellas creen que, en el feminismo, al igual que en muchos movimientos sociales, hay una crisis de representatividad y de confianza. Mientras tanto, la nueva camada desestima los liderazgos como forma de hacer poltica. En cualquier caso, la vitalidad del feminismo la determinar el hecho de permanecer en movimiento.

Notas:

(1) Los colectivos que articulan en la Coordinadora de Feminismos son: Minervas, Decidoras Desobedientas, Taller por la Liberacin de la Mujer Clica Gmez, Encuentro de Feministas Diversas, Paro Internacional de Mujeres, y Amatistas.

(2) Los colectivos que integran la Intersocial Feminista son: Amnista Internacional Uruguay; rea de Gnero de Fucvam; Asociacin Civil El Paso; Centro de Promocin y Defensa de los Derechos Humanos; Colectivo Ellas; Colectivo La Pitanga; Colectivo Ovejas Negras; Coordinadora Nacional Afro-Uruguaya; Cotidiano Mujer; Departamento de Jvenes del Pit-Cnt; Dilogo Poltico de Mujeres Afrouruguayas; El Abrojo; Las Puadito; Mujeres de Negro Uruguay; Mujeres en el Horno; Mujer Ahora; Nacer Mejor; Proderechos; Red Uruguaya contra la Violencia Domstica y Sexual; Red Canarias en Movimiento; Secretara de Gnero, Equidad y Diversidad Sexual del Pit-Cnt; y Uafro Colectivos.

Fuente: https://brecha.com.uy/esta-es-mi-revolucion/



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