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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2018

Sistema colonial estadounidense en Puerto Rico
Camino a la central azucarera de Aguirre

Rafael Rodrguez Cruz
Rebelin


Robando bolas y palos de golf

Creo que fue para 1963 o 1964 que a mi primo Reuben le vino la idea de construir un campo de golf en el barrio Hoyingls de Guayama. Si descabellada era la ocurrencia, ms desmochado era el plan para lograrlo. Se trataba, segn l, de robar bolas y palos de golf en las facilidades de atletismo de la central Aguirre. El reto, naturalmente era cmo acceder al campo de juego de ese lugar; pues, membresa, lo que se dice membresa, no la tenamos ni la podamos conseguir. Para superar el obstculo, mi primo desarroll un operativo que pareca sacado de las picardas del Lazarillo de Tormes: unirnos a la Liga Atltica Policaca de Guayama, para as poder robar.

Efectivamente, los miembros de la mencionada organizacin policaca, todos jovenzuelos como l y yo, gozaban de abundantes privilegios en Guayama. En primer lugar, entraban gratis a la matin del Cine Calimano los domingos por la tarde. Claro, tenan que ir en uniforme de la Liga y no hacer las maldades acostumbradas, como comentar las pelculas y tirar trompetillas; pero, no tenan que pagar ni pasar por el trabajo de colarse. El segundo privilegio era el poder entrar a tomar agua de la fuente del cuartel de la polica, en la calle Ashford, sin que el guardia de turno les entrara a patadas. El tercero, y quizs ms importante, era el poder ir a la central Aguirre a los programas de la YMCA, incluyendo el nadar en la piscina. Para m, que no saba nada de natacin, eso era un incentivo adicional. En menos de un minuto, me convenc de la infalibilidad del plan mi primo, o sea, de hacernos policas de embuste, para robar.

Fue as que un da de verano de 1963 o 1964 salimos en una guagua [bus] escolar para la central Aguirre. En cuanto llegamos, sin embargo, comenzaron a surgir problemas con el plan de robo. Lo primero fue que acceso a la piscina del Club Aguirre, como tal, no tuvimos. Ms bien, lo que hizo la YMCA fue habilitar una vagoneta de arrastre para que sirviera de alberca en el estacionamiento de uno de los edificios. El polica a cargo de la Liga Atltica, cuyo nombre no recuerdo, ya vena enfadado con nosotros desde que nos portamos mal durante la procesin de viernes Santo en Guayama. Ese da sagrado, y bajo el sol candente de mi pueblo, que licuaba el mazacote de brillantina Alka en nuestras cabezas, l haba jurado, entre maldiciones y blasfemias, que algn da le habramos de pagar el desplante. El momento del cobro de la deuda, creo yo, lleg con la visita a la piscina de la central. Ah est, trense al agua, y no jodan ms. El que no sepa nadar, mejor que aprenda o se ahoga en el vagn de mierda ese, dijo con una sinceridad que espantaba. Nadie muri, para contrariedad del jefe de la Liga Atltica Policaca de Guayama. Y es que el menos atltico de los presentes era, precisamente yo y, al or la advertencia del posible ahogamiento, me alej lo ms que pude del dronzote agua. Eso explica por qu hoy, an ya viejo, no s nadar. Las piscinas me dan un repelillo enorme y, si me meto en ellas, no paso de la cintura; especialmente si es un Viernes Santo, no vaya a ser que la maldicin de ese polica endiablado brinque cinco dcadas y venga a materializarse conmigo ahogado en una alberca, precisamente, un da de rezar. Brujo al fin, creo en las premoniciones.

De todos modos, yo tena ese da otros riegos ms grandes que confrontar en la central Aguirre. Para robar las bolas de golf tenamos un plan que hoy me suena un poquito chiflado. Todo era asunto de esperar a que las bolas cayeran al suelo para recogerlas, s, inmediatamente antes de que llegara el dueo. Djate llevar por el ruido del golpe del palo de golf, as sabrs adnde caer la bola, me dijo mi primo en un tono que, al menos para m, era ms que convincente. Logramos con este mtodo recoger diez o doce bolas, entre la gritera de varios jugadores que no queran tanto recuperar sus golf balls, como matarnos. Uno que otro de ellos, de hecho, lo intent, apuntando el tiro lejos del hoyo y en direccin a nosotros. De camino a Guayama, con los bolsillos llenos de bolas de golf, sentimos la satisfaccin de haber logrado el plan. Pero fue entonces que nos acordamos del detalle que sin palos no se poda jugar golf.

Sea, como sea, en cuanto llegamos a la calle Duques, nos enfrascamos en la construccin del campo de golf de Hoyingls. En nuestras mentes, el proyecto era mayor que en la vida real. Es un hecho inexplicable por qu los ojos de los nios lo amplifican todo, como si uno anduviera en la infancia con lupas. Ya de adultos, pues, nos quitan la lupas, y todo se achiquita; todo, menos los recuerdos. En fin, el patio de mi ta no era grande, pero eso no afect el tamao imaginario del campo de golf. En una esquina tena su montaita con hoyo y bandera; en la otra, un terrapln para golpear la bola. De algn modo, y por medios extraos, cay en nuestra posesin un fino palo de golf. Exactamente cmo, no lo s. Ser que es verdad eso de que Dios acta por medios misteriosos, porque lo que fui yo nunca ms volv a la central. Y as fue, como lo cuento, que el barrio Hoyingls tuvo su campo de golf mucho antes de que Chi Chi Rodrguez construyera el suyo a las afueras de Guayama.

Ahora, cincuenta aos despus del gran robo con mi primo, me toca volver a los predios de la antigua central Aguirre para disfrutar de los eventos del Cuarto Libre Soberao, el 7 de abril. Es una gran fiesta cultural y de baile de bomba de los pobladores de El Coqu, el pueblito pequeo en que vivan los trabajadores de la caa y sus familias. Aunque me entusiasma la idea de volver a los predios de la central, tambin tengo sentimientos encontrados. De seguro, pienso yo, que todo se habr achiquitado. Lo que hoy quede de aquellas casotas blancas y grandsimas de los administradores estadounidenses de la central, con sus balcones seoriales, y de aquellos grandes edificios de la molienda, me provocar la misma sensacin que tengo cada vez que voy al sureste que me vio crecer. El mundo es ms pequeo de lo que yo pensaba en mi niez. Es como si la vida preparara a uno, poco a poco, y ajustndole la visin a uno para aceptar, algn da, que en realidad basta con un panten pequeo para acomodar los huesos viejos hasta la eternidad.

Recuerdo, dicho sea de paso, que de nio mi abuelo sola llevarme por todo el litoral del sureste, central por central, buscando molasas frescas para beber con sangre de toro. Nunca prob la infusin. Pero s vi a mi abuelo empinar un envase con sangre de buey y melao espeso, como si fuera la mejor miel. Me dijo que era cosa de la manera en que los negros, sus ancestros, cristalizaban el azcar, con sangre fresca. La remembranza de la actividad en una central, justo en medio de la molienda, no es fcil de olvidar. El olor intenso del jugo de caa, el ruido de los vagones de tren, las gras y cadenas chillando a toda voz, el ajetreo humano y los gestos de mi abuelo, con sus seis pies de negritud; todo eso , ni se olvida ni se achiquita en la mente. Qu grande era todo aquello, ante mis ojos de nio! Un mundo alucinante de metal y gente. A escondidas, yo calmaba mi ansiedad, haciendo remolinos en los latones de melao fresco y chupndome los dedos ennegrecidos con el dulce elixir. Y luego, pues, llega la vida de adulto, y se le achiquita a uno el mundo real. Nada permanece grande, salvo en la memoria. En fin, ya la caa de azcar no se cultiva en el sureste de mi pas, ni en las centrales se exprime melao.

 

Los pauperizados del caaveral

El gran ao para la produccin de azcar en el sureste de Puerto Rico fue el 1915. En ese momento se consolid, realmente, la siembra y molienda de caa en toda la regin. S, centrales como la de Aguirre contaban con maquinaria de la ms avanzada, desde haca ms de una dcada. Sin embargo, un estudio del Departamento de Comercio de Estados Unidos en 1907 sealaba que el problema de la azcar de la isla durante la primera dcada del siglo XX no era la molienda, sino el rendimiento de toneladas de caa por acre, o sea, las tcnicas de cultivo.1 Ya para 1906 en Puerto Rico, gracias a la concentracin de capital, el nmero de centrales se haba reducido a cuarenta y seis y la tecnologa era de primera. El desarrollo entre 1899 y 1906 fue verdaderamente sorprendente:

La ocupacin estadounidense trajo una completa transformacin de los mtodos de molienda. Los molinos impulsados por fuerza animal casi han desaparecido, y el tren jamaiquino, con su sistema de pailas abiertas, est siendo desplazado por novedosas tcnicas de evaporacin, de manera que hoy, adems de las innovaciones de las centrales mejor equipadas, muchas de la pequeas estn instalando maquinaria moderna y expanden su capacidad para moler la caa de azcar de las plantaciones aledaas. Los molinos de nueve rodillos se han hecho comunes en los distritos en que, antes, la extraccin por la va de una o dos prensadas era considerada suficiente, y se estn recibiendo rdenes de molinos de hasta 12 rodillos, precedidos por una prensa. En el perodo de 1905-1906, se abrieron dos nuevas centrales modernas y hay al menos dos ms planeadas para 1908. La ms grande, la central Gunica, tiene una capacidad de 2,500 toneladas de caa diarias, y algunas otras procesan hasta 500 toneladas por da. El costo de erigir una de estas fbricas oscila entre $350,000 y $350,000, y algunas cuestan un milln y ms.2 (Traduccin libre)

La realidad es que, a pesar de la sentencia del Departamento de Comercio, tampoco hay que minimizar el avance de la siembra y cultivo de caa de azcar entre 1900 y 1906. Para este ltimo ao, la cosecha se tradujo en 203,000 toneladas de azcar. Esto, a pesar de que la inmensa mayora de los terrenos de la isla no eran naturalmente favorables al cultivo de esa planta. Aqu no hay que sentir vergenza alguna. Cuba es el lugar, por excelencia, para el cultivo de caa por medios naturales. El mismo Departamento del Comercio de Estados Unidos lo reconoci en varios estudios: En Cuba, la caa de azcar se cultiva casi en su totalidad por medios naturales durante la poca normal de lluvia de cuatros meses de duracin.3 Adems, sus vastas llanuras de terrenos hmedos y frtiles eran la envidia de los agrnomos del mundo entero en 1906. En esto, Puerto Rico y su isla hermana se parecan muy poco. J. T. Crawley, quien diriga los estudios de suelos para las compaas azucareras estadounidenses en ambos lugares, seal la clave de la distincin: En Cuba, no hay una clara diferenciacin entre distritos agrcolas, como ocurre en Puerto Rico y, por lo tanto, en Cuba hay ms uniformidad en los tipos de suelos.4 Precisamente lo que se necesita para el cultivo natural de la caa de azcar!

Decimos que no hay que sentir vergenza alguna, porque lo que le falta a una isla, le sobra a la otra. En Puerto Rico, escasean las llanuras hmedos con terrenos frtiles propicios para el cultivo de la caa (salvo en zonas de no mucha extensin, como Arecibo, Fajardo y valles del oeste).5 Pero tenemos un interior montaoso de una riqueza natural incomparable en el Caribe. Basta con visitar los montes cercanos al oriente de Cuba para ver la diferencia y hacer la comparacin. La fertilidad natural de nuestras pendientes montaosas es simplemente mayor. En eso, quizs, somos ms hermanos de Martinica que de Cuba. Muy posiblemente, entonces, ya en 1906 la siembra y cultivo de caa en Puerto Rico haba alcanzado su mayor desarrollo posible, al menos sobre la base de nuestra particular geografa y dadas las variedades de caa en uso.6

El empeo de transformar a Puerto Rico en una isla productora y exportadora de azcar a gran escala fue, pues, un capricho del gran capital estadounidense y sus aliados anexionistas. Muy poco tena que ver ese antojo con las condiciones geogrficas e hidrolgicas de la isla. Ms que nada fue una aberracin, dictada no por la voluntad libre de nuestro pueblo, sino por el antojo de los monopolios extranjeros. Nada de eso tena ni deba de suceder, incluso por las leyes normales de la produccin capitalista.

Para desgracia nuestra, la primera dcada del siglo XX estuvo marcada por una revolucin en la agricultura estadounidense, fundada en la modificacin por medios artificiales del rendimiento de la tierra.7 Fue la consumacin de lo que Marx llam la transformacin de la agricultura en una esfera ms de la gran industria. El campo devino una fbrica, en cuyo espacio se fabricaba la fertilidad del suelo como se confeccionaba cualquier otra mercanca, cientficamente, y sin medir las consecuencias para el ambiente y la sobrevivencia humana a largo plazo.

En qu lugar del planeta Tierra exista un modelo a seguir para tan siniestro proyecto? O sea, dnde haba un cultivo de caa de azcar por mtodos cientficos exactos, que se impusieran a contrapelo a la aridez de los terrenos del sureste de Puerto Rico? Pues, nada ms y nada menos que en Hawi. Mejor habramos salido con una erupcin volcnica, como la del Mont Pele 1902 en Martinica, que con la implantacin del modelo anglohawaiano en nuestra agricultura, a partir de 1906.

Las cuatros islas de mayor cultivo de caa de azcar en el archipilago hawaiano en 1906 eran Kauai, Oahu, Maui y Hawi.8 Estas compartan con Puerto Rico una geologa predominantemente escarpada, ros en nmeros abundantes y llanuras no muy extensas dominadas por la aridez. Resulta interesante que tanto en Hawi como en Puerto Rico no haba lagos naturales en 1906. En ambos lugares, el agua flua libre y constantemente, por cauces naturales, desde las montaas hasta las costas. Hidrolgicamente, ambos archipilagos son casi gemelos. La nica diferencia es que en los suelos montaosos de Hawi no se pueden construir lagos, pues son muy porosos y chupan el agua enseguida. En Puerto Rico, la situacin es distinta.

Con la inclusin de Hawi en la tarifa azucarera, el cultivo de la caa cobr un auge tremendo en ese archipilago. Para resolver el problema, parecido al de Puerto Rico, de la escasez de llanuras hmedas, la burguesa anglohawaiana se embarc entre 1900 y 1906 en un proyecto de irrigacin sin precedentes a nivel de Estados Unidos, y quizs del mundo. Aunque financiado exclusivamente por el capital privado de las compaas monopolistas azucareras de Hawi, conocidas como las Cinco Grandes, el resultado fue la canalizacin de la totalidad de las corrientes de agua dulce en las montaas. De hecho, la construccin de sistemas de regados en ese archipilago devino rpidamente una esfera separada de inversin para la clase capitalista anglohawaiana. El tamao de la obra no es fcil de describir, pues incluy, entre otros detalles, canales y flumes de millas y millas de distancia, tneles sin fin a travs de las rocas ms gigantescas y sifones aparatosos que elevaban el agua a miles de pies de altura (para luego dejarla caer, creando de este modo una fuente de energa electrifica). Ni Leonardo da Vinci, en su sueo frustrado de fabricar un gran canal que permitiera la navegacin entre Florencia y el mar Mediterrneo, lleg a disear un monstruo de la ingeniera hdrica de semejante tamao. Su marca distintiva era el sistema de fluming, o sea, canales de riego tan anchos y potentes que transportaban barcazas cargadas de caa de azcar por el agua, desde las plantaciones ms remotas hasta la boca de la central. Nada de trenes ni camiones. Todo ello construido sobre la espalda de decenas de miles de trabajadores japoneses trados al archipilago en condiciones de semiesclavitud, desde fines del siglo XIX.9

Segn los estndares corporativos de 1906-1917, el sistema de cultivo de caa de azcar en Hawi era el ms cientfico e intensivo de la poca.10 En un extremo tecnolgico estaba Cuba, con su agricultura de caa extensiva y sus mtodos naturales; en el otro, Hawi con sus cultivos intensivos, basados en la irrigacin y los fertilizantes. En lo que toca a Puerto Rico, un estudio comparativo realizado en 1906 ya haba indicado que el rendimiento de azcar cruda por acre en Puerto Rico no pasaba de 2 toneladas, mientras que en Hawi, gracias a la aplicacin cientfica de fertilizantes y la irrigacin, llegaba a veces hasta 15. Ni en Hawi ni en Puerto Rico quedaban tierras vrgenes en 1906-1917; pero en Cuba, apenas se haban cultivado los extraordinariamente frtiles suelos de Oriente.

Cules eran, pues, las alternativas que se presentaban para la clase poltica dirigente de Puerto Rico entre 1906-1917? Rechazar el capricho de los monopolios extranjeros de convertir la isla en una gigantesca factora de azcar, por la va de un cultivo intensivo en el sureste rido, y a contrapelo de nuestra geografa? O promover el camino de la pequea agricultura, incluso sobre bases capitalistas avanzadas, en las montaas frtiles de la Cordillera Central? No era esto ltimo lo que vena pasando en lugares como California, en que las granjas de menor extensin de terreno estaban a la cabeza del cambio tecnolgico en la agricultura del imperio? El promedio de extensin de las granjas de avanzada en el noreste montaoso de Estados Unidos era de 64 acres; en Puerto Rico, predominaban numricamente las granjas pequeas de 50 acres. Dnde manda el gran capital imperialista no manda el pequeo! La construccin del sistema de riego del sureste, una aberracin de ingeniera que vendra a destruir la ecologa de nuestros frtiles montes, comenz en 1907 y se inaugur en 1914, condenndonos a la dependencia y a la gran agricultura de exportacin de azcar. Encima de eso, la canalizacin de los ros se financi en Puerto Rico por la va de la deuda pblica. No le cost nada a los grandes monopolios del azcar. Un regalo como pocos, en la historia agrcola moderna del imperio. Simultneamente, la importacin de fertilizantes para el cultivo local de caa de azcar aument de 2,034 toneladas en 1906 a 24,290 en 1915, o sea, un incremento de 2,000 por ciento.11 Con ello, Puerto Rico haca su debut en la modernidad.

Qu efecto tuvo la construccin del sistema pblico de regado del sureste sobre la competitividad del azcar producido en Puerto Rico? Entre 1915 y 1917 las ganancias de las compaas azucareras en la isla adquirieron niveles escandalosos, como resultado de los elevados precios de los alimentos durante la Primera Guerra Mundial. Respondiendo a los reclamos de los productores de azcar en lugares como Louisiana, el Departamento del Comercio de Estados Unidos llev a cabo un estudio detallado de los costos de la siembra, molienda y mercadeo del azcar de Cuba, Puerto Rico y Hawi. La crema y nata de los empleados del sistema federal de censos visit los tres lugares, obteniendo todo tipo de informacin, generalmente de los libros de contabilidad de las compaas. Fue publicado en 1917 con el ttulo The Sugar Cane Industry, y contiene varios captulos sobre Puerto Rico.12 Aqu, por supuesto, solo vamos a detenernos en la cuestin de la competitividad del azcar boricua al llegar al mercado estadounidense.

De acuerdo con el citado estudio, en 1917 una libra de azcar puertorriquea entregada en el mercado de la metrpoli tena un costo de 2,828 centavos; la de Hawi, 2,697 centavos y, la de Cuba, solo 1,719 centavos.13 La comparacin entre Hawi y Puerto Rico no nos interesa, porque el mercado natural de los productores anglohawaianos era California, no Nueva York. Lo que nos interesa es la comparacin entre Cuba y Puerto Rico. La diferencia del costo del azcar proveniente de estas dos islas del Caribe era de 1,109 centavos por libra, al llegar a Estados Unidos. Obviamente, esta discrepancia reflejaba ante todo la extraordinaria fertilidad natural de la tierra llana de Cuba, en lo que concierne al cultivo de caa. Cmo lograban los monopolios azucareros estadounidenses operando en Puerto Rico competir con el azcar cubana? Pelo a pelo no podan. La clave era el aparato colonial, que subsidiaba agresivamente las operaciones de las centrales azucareras extranjeras, particularmente en el sureste de la isla.

Efectivamente, la produccin de azcar por los monopolios estadounidenses en la isla reciba tres beneficios inmediatos de la situacin colonial. En primer lugar, y esto fue estudiado con profundidad por Pedro Albizu Campos,14 estaba la bonificacin arancelaria. En 1917, la libra de azcar originada en Cuba estaba sujeta a un arancel punitivo de 1,0048 centavos. De entrada, esto elevaba su costo en el mercado estadounidense a 2,7238 centavos la unidad.

La construccin del sistema de irrigacin pblico tambin operaba como un subsidio para las compaas estadounidenses en la isla. En Cuba, como sabemos, la irrigacin era casi inexistente. Las pocas plantaciones pequeas que irrigaban artificialmente los terrenos incurran en un costo de $2,18 por acre o la cantidad de 8 centavos por tonelada de caa. Pero esto era una rareza. En Puerto Rico, dada la aridez de nuestros llanos del sureste, la irrigacin era una tcnica indispensable. El costo promedio de mantener un sistema privado de riego en la isla era de $50 el acre. La irrigacin privada exista, pero no era la regla en el sureste. La central Aguirre y sus compinches en ese litoral gozaban desde 1914 de agua suministrada pblicamente. Cunto le costaba este uso de un recurso natural perteneciente al pueblo de Puerto Rico? Tericamente, el costo era de $2,50 el acre-pie entregado en el caaveral. Pero esto era as nicamente en el caso de que no existieran concesiones otorgadas por el gobierno federal, que eximan a las compaas del pago de la tarifa. Las centrales del sureste, localizadas precisamente en la regin ms rida y monopolizada de Puerto Rico, aportaron en 1917 el 40% de toda la azcar que se export al mercado estadounidense. Adems, con el manipuleo de los contratos con los colonos, centrales como la Aguirre no incurran en costo alguno por el agua. Y el azcar es un producto que requiere mucha agua para el cultivo.

El subsidio mayor que reciban los monopolios azucareros operando en la isla en 1917, sin embargo, era la superexplotacin de la fuerza de trabajo bajo el sistema colonial. Ya desde 1906, el gobierno federal reconoci que la destruccin de nuestra vibrante pequea propiedad agraria (particularmente el caf) era caldo de cultivo para una sobrepoblacin relativa de trabajadores desesperados:

Gran parte de la tierra cafetalera est revirtiendo a bosques, buena parte se vende para pagar impuestos, y, probablemente, mucha ms tierra se vender antes de que las condiciones mejoren. Muchos cultivadores continan, sin mucha esperanza, trabajando en plantaciones que desde hace tiempo perdieron completamente su valor. Todas las partes competentes, interesadas en el bienestar de la isla y sus habitantes, lamentan la decadencia de esta otrora floreciente industria, que supla un empleo relativamente fcil para los hombres, mujeres y nios, en la agradable y refrescante atmosfera del centro de la isla, impresionantemente libre de influencias negativas a la salud.15 (Traduccin libre)

Resulta penoso ver cmo, a veces, los propios investigadores del imperio muestran ms empata por la gente de la colonia, que los representantes polticos locales y los sindicatos corruptos. As, mientras que algunos funcionarios federales se lamentaban de la condicin de la industria cafetalera y de su impacto sobre las familias del campo, la Federacin Libre de Trabajadores de Puerto Rico no escatim esfuerzos para proporcionarle honras a Roosevelt durante su visita de 1906. Despus de un psame hipcrita a la Asociacin de Caficultores, el presidente habl de su simpata por la extensin de la ciudadana estadounidense a los sbditos de la colonia y, all en el Congreso, mencion con agrado a la Federacin.

Los datos, sin embargo, son tercos, como deca Marx. A pesar de las genuflexiones de la Federacin Libre de Trabajadores, todava en 1917 los salarios agrcolas y caeros en Puerto Rico estaban muy por debajo de los de Cuba, Hawi y el sur de Estados Unidos. De acuerdo con el estudio del Departamento de Comercio, el salario promedio en los caaverales de la isla, en 1917, era de 63 centavos por da para los cultivadores y, de 70 centavos por da para los cortadores. En Cuba, para la misma fecha, era de $1,26 por da para los cultivadores y, de $1,60 para los cortadores de caa. Incluso en Louisiana, con una fuerza de trabajo compuesta casi en su totalidad por negros en condiciones de opresin racial extrema, los sembradores varones reciban un promedio de 84 centavos diarios. En Hawi, el salario promedio era de 97 centavos al da para los sembradores, y de $1,04 para los cortadores. Adems, dependiendo de las ventas, a los trabajadores de la caa en Hawi les pagaban un bono de fin de ao.16

Naturalmente, la comparacin de las tasas salariales nicamente nos da una imagen aproximada de las condiciones de vida de los trabajadores. Esto es as, en particular, en el caso de Puerto Rico, en que la dependencia de medios de vida caros provenientes de Estados Unidos imponan una carga extra sobre los pobres y los trabajadores. Durante la Primera Guerra Mundial el valor de las importaciones de medios de vida a la isla creci sin que aumentara, simultneamente, la cantidad de productos.17 Era pura inflacin.

En nuestra isla, la pobreza de los trabajadores se agudizaba por el fenmeno del tiempo muerto, es decir, los siete meses del ao en que no haba corte y molienda. En Hawi, por el contrario, no se daba el fenmeno del tiempo muerto. El corte y la molienda se extendan de 208 a 306 das al ao en ese archipilago.18 La clase obrera hawaiana, a pesar de su condicin semifeudal, presionaba al patrono los doce meses del ao. En Puerto Rico, el proletariado agrcola sufra una dolorosa transmutacin conforme avanzaba el ciclo. Por cinco meses, conformaba propiamente un proletariado agrcola, empleado en el corte y molienda; el resto del tiempo, oscilaba entre las dos formas ms penosas de existencia de lo que Marx llam la sobrepoblacin relativa: la estancada y la pauperizada.19 Bajo la primera, formaba un ejrcito de desempleados siempre disponible para las necesidades de cualquier empleo agrcola, donde fuera y con los salarios ms bajos; bajo la segunda, los trabajadores caan en la mendicidad y completa marginacin social, vctimas de la pobreza ms extrema y las enfermedades, como la anemia. El fenmeno de los bajos salarios alimentaba la pobreza, y viceversa.

Cul era, segn el cinismo del informe del Departamento del Comercio, el principal obstculo a una mayor competitividad de la industria azucarera de Puerto Rico en 1917? Pues, la supuesta ineficiencia comparativa de los trabajadores boricuas. El estudio de 1917 le dedica una seccin entera al tema, confirindoles una dudosa distincin a nuestros trabajadores de la caa: la de ser mendigos!20 Y aunque falla en no destacar el vnculo entre la destruccin de la pequea propiedad agrcola y la superexplotacin en los caaverales, el estudio s muestra una cierta preocupacin humanstica con la desaparicin fsica de la clase trabajadora del azcar, cuyo futuro es todo menos prometedor.21 A los bajos salarios se suma la mala alimentacin. Por suerte, nos dice el informe, hay quienes se compadecen: Algunas de las plantaciones ms grandes informan que, con motivo de mejorar la condicin fsica de sus trabajadores de campo y factora, les dan carnes para que coman tan frecuentemente como dos veces a la semana.22

La tarifa azucarera, el sistema de riego del sureste y la superexplotacin de la clase trabajadora puertorriquea eran, pues, los tres pilares sobre los cuales descansaba la fortuna de la industria del azcar en Puerto Rico. Ninguna de estos tres factores les cost nada a las grandes compaas extranjeras que se aduearon de nuestro pas. Mejor habramos salido siendo independientes.

 

Retorno al comienzo

Llegado este punto, el lector o lectora probablemente habr olvidado que nuestra narracin comenz con la referencia a un hurto inocente por dos pilluelos. Y es que quizs el robo mayor en nuestra patria, del cual an no nos hemos recuperado, ha sido de conciencia: borraron de nuestras mentes la historia real del despojo a que fuimos sometidos en el siglo XX. Como en el poema El patito feo, de Luis Llorns Torres, cada da nos toca desler la bruma de los mitos de nuestra incapacidad de ser libres. Y esto no se puede lograr sin una reflexin sobre el comienzo, el punto de partida del engao: la llegada del invasor.

La industria azucarera del sureste de Puerto Rico, centrada alrededor de la otrora gigantesca central Aguirre, fue, en realidad, una gran mquina de robarle los recursos naturales a un pueblo rico en belleza y potencial humano. Los tentculos de esta factora de azcar se extendieron, por medio de las finanzas, a todo el litoral sur y, por medio del sistema de riego, a nuestro centro montaoso y frtil. Incluso llegaron a la costa norte, a la desembocadura del ro La Plata. Como un tumor parasitario, la central Aguirre se aloj en uno de los lugares ms bellos del Caribe: la costa de Salinas.

La edicin de marzo de 2018 de la revista National Geographic, curiosamente, fue dedicada a Puerto Rico y, con cierta particularidad, al sureste.23 El tema, por supuesto, es la devastacin causada por el huracn Mara y la resiliencia de nuestra gente, ante lo que los editores bautizan como la interrupcin de energa elctrica ms duradera en la historia de Estados Unidos. El cuadro que dibujan es conmovedor:

La tormenta ms fuerte en azotar a Puerto Rico en los ltimos 80 aos, los vientos de fuerza de tornado del huracn Mara golpearon con violencia a la isla. Las lluvias masivas trajeron inundaciones catastrficas, llevndose los puentes e inundando barrios enteros. La infraestructura de la isla, ya debilitada por aos de inatencin, qued devastada.24

Quizs valdra la pena remontarnos aqu, por medio de los archivos de la revista National Geographic, al momento mismo del comienzo de la pesadilla colonial que vive Puerto Rico bajo Estados Unidos. Precisamente el mismo ao del desembarco de las tropas estadounidenses, uno de los reporteros ms prominentes de la mencionada publicacin, el gelogo Robert Hill, escribi sobre el sur de la isla, expresando admiracin por sus ciudades costeras, que eran de considerable importancia como centros de comercio y agricultura.25

O, tal vez, podramos ser ms especficos y retomar la descripcin que hizo para National Geographic el capitn Whitney, un espa militar estadounidense en la isla que, meses antes del desembarco de julio de 1898, inform a los altos mandos militares estadounidenses acerca de las riquezas de nuestro pas. De particular valor e importancia le pareci a Whitney, precisamente, la baha de Jobos en Salinas, as como toda la costa cercana, donde pronto se establecera la gran central Aguirre. Nada extrao, ya que Whitney conoca el texto titulado Hanbuch der Goegraphie, publicado en Europa en 1868, que identificaba la baha de Jobos como un lugar ideal para establecer un puerto martimo de gran importancia. Sin perder tiempo, el U.S. Coast and Geodesic Survey y su barco el Blake, visitaron en 1898 la costa entre Guayama y Salinas, para desarrollar mapas y guas de navegacin. Sobre la baha de Jobos y sus alrededores, la edicin de junio de 1899 de la revista National Geographic expres lo siguiente:

La entrada occidental de la baha est cerca de 25 millas al este de Ponce. La baha, como tal, est formada por una hilera o lnea de arrecife de coral con baja vegetacin, entre el cual y la orilla de la tierra hay un paso de mar perfectamente resguardado con amplia profundidad para naves de calado moderado. Las embarcaciones de mayor calado pueden entrar por el acceso occidental, pero nuestro conocimiento actual nos deja con dudas acerca de la amplitud del canal en el interior, y no ser hasta que acabe el trabajo de la nave Blake que aquilataremos toda la importancia de la baha. Una segunda entrada, cuatro millas al este, lleva el nombre sugestivo de Boca de infierno, y carga 12 pies de agua. Desde esta entrada, la sonda se extiende por dos millas al norte y, por tres millas en direccin al este, formando una ensenada en la cual el agua es decididamente menos profunda que en la parte occidental.26

Es imposible no percibir una cierta circularidad en la temtica del coloniaje estadounidense en Puerto Rico, no importa el nivel de concrecin del anlisis. Todo, absolutamente todo, parece remitirnos directamente al comienzo, al ao funesto ese del 1898. Es decir, al momento en que un imperio avaricioso se encaprich con nosotros y nos invadi la patria, interrumpindonos, porque s, una existencia aldeana prspera, pero ajena al curso de la historia. Y ao tambin, con carga ominosa, de todo lo dems: de la respuesta cobarde de una burguesa local, pusilnime como pocas en todo el continente; de la llegada de una oleada de gelogos, hidrlogos, y hasta espas, que produjeron subrepticiamente una valoracin exacta de nuestros recursos; de la previsin del capital azucarero estadounidense, que se ubic estratgicamente en la regin llana del sureste; de la exageracin de la naturaleza boricua, que puso abundante agua dulce en nuestras frtiles montaas (ni sequa tuvimos en el 1898!); de la conducta ingenua de nuestro medio ambiente, que se mostr virgen y fructfero, ante el ojo invasor; de la muerte del padre de la patria, Ramn Emeterio Betances, y de las otras tantas casualidades que se dieron cita ese 1898 en una coyuntura de fin de siglo, que no pareca tanto producto de las leyes de la historia, como de la puetera mala suerte! Y ahora, en pleno siglo XXI, con una circularidad inclemente, se nos repite el tema del gran huracn, 119 aos despus.

Volver al comienzo, para lograr un mejor avanzar; tal parece ser el camino obligado para comprender el maleficio de la dominacin imperialista de nuestro pas. Y he de llegar, as, a mi encuentro con la vieja central Aguirre este abril de 2018: buscando claves para desler la aparente fatalidad de un pueblo que nunca ha conocido la libertad. Qu no nos subestime el rubio avaricioso del norte! Ya no somos mero cisne de azul pluma y rojo pico, inermes en el nido del guila imperial, ni pilluelos inocentes que roban bolas y palos de golf.

El huracn Mara ha inyectado vida en nuestra espiritualidad antillana y rebelde. En el sur, suenan de nuevo los tambores ancestrales, instrumentos mgicos que invitan al combate en la tierra de Pals! Y por todos los rincones de este sufrido y mgico litoral de mi infancia, la juventud despierta hoy a los versos que Luis Llorns Torres escribiera, casi cien aos atrs, en la ciudad surea de Juana Daz: Alma de la patria ma, / cisne azul puertorriqueo, / si quieres vivir el sueo / de tu honor y tu hidalgua, / escucha la voz brava / de tu independencia santa / cuando el cielo la levanta / el huracn del Caribe / que con rayos la escribe / y con sus truenos la canta.

Notas:

1 U. S. Department of Commerce. (1907). Commercial Porto Rico in 1906. Washington: Government Printing Office, p. 18.

2 Ibid., p. 19.

3 U. S. Department of Commerce. (1917). The Sugar cane Industry: Agricultural, Manufacturing, and Marketing Costs in Hawaii, Porto Rico, Louisiana, and Cuba. Washington: Government Printing Office, p. 26.

4 Ibid., p.

5 Ibid., p. 29.

6 Ibid., pp. 257-258.

7 Hurt, R. D. (2002). American Agriculture: A brief History. Purdue: Purdue University Press, pp. 221-280.

8 Wilcox, C. (1996). Sugar water: Hawaiis Plantation Ditches. Honolulu: University of Hawaii Press, p. 43.

9 Kent, N. J. (1883). Hawaii: Islands under the Influence. New York: Monthly Review Press, pp. 69-94.

10 U. S. Department of Commerce. (1917), p. 25.

11 Ibid., p. 260,

12 Ibid., pp. 11-24.

13 Ibid., p. 27.

14 Albizu Campos, P. (1975). Obras Escogidas, 1923-1936. Tomo I. San Juan: Editorial Jelofe, pp. 11-114.

15 U. S. Department of Commerce. (1907), p. 20.

16 U. S. Department of Commerce. (1917), p. 28.

17 Annual Report of The governor of Porto Rico. (1918). Washington: Government Printing Office, p. 15.

18 U.S. Department of Commerce. (1917), p. 28.

19 Marx, K. (1887). Capital: A Critique of Political Economy. Volume 1, Section 4, online: https://www.marxists.org/archive/marx/works/1867-c1/ch25.htm#S4.

20 U.S. Department of Commerce. (1917), p. 261.

21 Ibidem.

22 Ibidem.

23 National Geographic. (March 2018). Puerto Rico Still Struggling in the Dark. Online: https://www.nationalgeographic.com/magazine/2018/03/puerto-rico-after-hurricane-maria-dispatches/.

24 Ibid.

25 Hill, R. T. (1899). Cuba and Porto Rico: With the Other islands of the West Indies. New York: The Century Co., pp. 179-180.

26 National Geographic (June 1899). Jobos Harbor. Vol. X, No. 6, p. 206.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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