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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2018

Marcha por nuestras vidas
Podrn entender los adultos?

Pablo Boczkowski
Revista Anfibia

La marcha por nuestras vidas en Estados Unidos dej claro que los jvenes no se van a quedar quietos frente a la ineptitud de los adultos en controlar la crisis de violencia armada que golpea a las escuelas estadounidenses. Pablo Boczkowski y Sofa, su hija de 17 aos, fueron a la manifestacin y reconstruyen un nuevo actor poltico: los adolescentes.


Qu hacen Miley Cyrus, Demi Lovato y Ariana Grande, estrellas surgidas de las canteras de Disney y Nickelodeon, arengando a una multitud que reclama por ms seguridad en Estados Unidos? En el escenario tambin estn Lin-Manuel Miranda, creador del gran suceso teatral de Broadway Hamilton, y Jennifer Hudson, cantante de soul surgida del programa de bsqueda de talentos American Idol, que perdi a su madre, hermano y sobrino en un episodio de violencia armada hace una dcada. Y qu hacen esos adolescentes dando discursos para miles de personas en la Avenida Pennsylvania, cerca del Capitolio, en el corazn de Washington? Y Naomi Wadler? Una alumna de 11 aos de quinto ao de primaria de un colegio de Alexandria, Virginia, que dice con voz firme: Estoy ac para hablar de las chicas cuyas historias no salen en los peridicos.

Es una marcha ms, s. Pero evidentemente hay diferencias. Los chicos hablaron y los adultos escucharon. Cmo se entiende esta inversin generacional en la cultura poltica norteamericana?

En un estado normal de las cosas, en un hogar tpico, los adultos deciden y comunican, y los adolescentes y los nios escuchan, a menudo discuten, y a veces se rebelan. Esta dinmica generacional suele trasladarse a los actos polticos masivos, donde los adultos suelen dar los discursos y ocupar el centro de la escena. Si hay adolescentes y nios presentes en el podio, es para acompaar a los adultos y dar una imagen de familia feliz y funcional. Pero rara vez tienen la palabra y menos an liderando el acto.

Esta ecuacin generacional se alter radicalmente en La Marcha por Nuestras Vidas para exigir el control en el acceso a las armas de la poblacin norteamericana. Tuvo epicentro en Washington y se repiti en numerosas ciudades de Estados Unidos y otros pases, el 24 de marzo pasado. Fue organizada por un grupo de estudiantes de la escuela secundaria de la ciudad de Parkland, en el sur de la Florida, en la que un episodio de violencia armada en febrero dej un saldo de 17 muertos.

Como en un hogar familiar en el que los adultos son incapaces de funcionar normalmente y los hijos se ven obligados a tomar la iniciativa, La Marcha por Nuestras Vidas escenific la respuesta adolescente frente a la ineptitud de los adultos en manejar apropiadamente la crisis de violencia armada que azota de manera cada vez ms frecuente a las escuelas estadounidenses. Es que en lo que hace a la poltica, la familia ya no parece ni feliz ni, sobre todo, funcional.

Frustracin, hartazgo y empoderamiento fueron los sentimientos que emanaron desde el podio en una sucesin de arengas polticas de corta duracin pero de alto contenido poltico y emocional. Frustracin por la seguidilla de tiroteos y amenazas en escuelas y universidades, por las muertes trgicas e innecesarias y por el trauma psicolgico en familiares y amigos. Hartazgo por la conviccin cada vez ms potente de que la dinmica interna de los partidos polticos y el financiamiento de las campaas electorales incapacitan a los legisladores y gobernantes para resolver la crisis. Empoderamiento por la sensacin de sentirse protagonistas en lugar de solamente vctimas, y motores de una posible solucin en lugar de meramente audiencias.

Entre las cientos de miles de personas que escuchaban los discursos, la percepcin era la misma: la ineptitud del mundo adulto y la esperanza de que una nueva mirada pueda destrabar un conflicto social complejo. En ese sentido la inversin generacional no se daba solo en quienes tomaron la palabra sino en cmo la misma fue escuchada: asentimiento, admiracin y alivio, en lugar de rebelda, oposicin o enojo.

Esto tambin tuvo que ver con lo que se transmiti desde el podio. En parte a travs del contenido de los discursos pero sobre todo mediante una puesta en escena que deja entrever una postura distinta frente al problema y su eventual solucin. Diversidad, cultura pop y frontalidad son tres caractersticas claves para entender tanto lo que sucedi en el podio como su recepcin en el pblico.

Los organizadores, estudiantes de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas de Parkland, podran haber sido los nicos en hablar. Sin embargo, invitaron a participar a estudiantes vctimas de violencia armada en sus respectivas comunidades. Lo hicieron de manera tal que aquellos que subieran al escenario representaran la diversidad racial, tnica y socioeconmica de la poblacin norteamericana. Y aprovecharon para recordarle a los asistentes, y a la sociedad en general, que la mayora de la cobertura de las masacres en los medios de comunicacin haba silenciado las voces de las minoras.

Quin puede resistir al encanto del entretenimiento de masas?

Los artistas convocados para participar del acto son conos de una cultura pop mainstream que cala con particular fuerza entre los adolescentes. En lugar de msicos cuya obra tiene un componente alto de conflictividad tanto en sus letras como en su estilo de performance, los organizadores compartieron el escenario con figuras emblemticas del pop.