Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-03-2018

De la violencia directa a la violencia estructural

Alberto Acosta
Rebelin


En los pases democrticos no se percibe la naturaleza violenta de la economa,

mientras que en los pases autoritarios lo que no se percibe

es la naturaleza econmica de la violencia.

Bertolt Brecht

Hace pocos das nos conmocion el asesinato en Rio de Janeiro de la concejala Marielle Franco. La joven poltica, que investigaba la accin policial y militar en las favelas, fue ejecutada con municin procedente de los depsitos policiales, en pleno corazn de una gran metrpoli. Fue una noticia impactante, pues perdimos a una activista defensora de los Derechos Humanos, negra y lesbiana, con un acumulado de vida aleccionador. Este hecho nos remite a otro caso emblemtico: hace dos aos fue asesinada Berta Cceres, activista que le torci la mano al Banco Mundial y a China, frenando en Honduras la construccin de una represa hidroelctrica

Penosamente semejantes asesinatos son diarios y se dan en todo el mundo. Por doquier emergen crmenes en contra de activistas defensores de los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, justamente por defenderlos. El ao pasado, por apenas dar una cifra, fueron asesinados cerca de 200 defensores de la vida por enfrentar a los extractivismos y a sus acciones conexas (como precisamente la construccin de represas hidroelctricas). De estos crmenes, un 60% se registran en Amrica Latina .

Las razones en cada caso son mltiples. Pero todo indica que tan brutal ola de violencia posee un trasfondo estructural. Es obvio que violencia directa y violencia estructural no son la misma cosa, ya que cada una tiene sus propios problemas. Pero se gana conocimiento al verlas como parte de un conjunto ms vasto que, en este caso, es el de sus relaciones mutuas, seala el destacado socilogo alicantino Jos Mara Tortosa. l, en un libro sobre las Violencias Ocultadas, publicado en el 2003 en Ecuador , en consecuencia, recomienda que, si quieren prevenir la violencia directa o la violencia fsica, atajen otras violencias institucionales, estructurales, antes de que se conviertan en agresiones y entren en complicadas dinmicas de accin-reaccin.

Por ello, centrar la atencin en las particularidades de cada acto de violencia directa, marginando su esencia estructural, es peligroso. Hacerlo as impide buscar respuestas a un tema tan enmaraado como el combate a la violencia en todas sus manifestaciones sea desde el asesinato de activistas de derechos, al trfico de personas, el negocio de la guerra y de las armas (basta ver el caso estadounidense, donde el negocio de las armas genera millones de dlares , a la vez que miles de personas mueren y emergen las protestas exigiendo que dicha realidad cambie ), la pornografa infantil, las muertes causadas por el narcotrfico, el crimen organizado, la destruccin medioambiental, la injusticia y desigualdad social causas y expresiones de las violencias enmarcadas en el patriarcado, la colonialidad, que incluye la violencia del racismo y la xenofobia.

En definitiva no podemos olvidar las violencias que provocan las rupturas y las disfuncionalidades de la propia economa mercantilizada: la velocidad de acumulacin productiva difiere del ritmo de acumulacin sustentada en la especulacin financiera.

Recordemos que, en los ltimos 200 aos, las tasas de crecimiento econmico, que nos daran cuenta del mundo de la produccin, bordean el 2%, y que las tasas de inters, que reflejaran los niveles de la especulacin financiera, habran alcanzado el 4,5% promedio anual, segn Thomas Pikkety. Esta financiarizacin de la economa se acelera cada vez ms: los stocks financieros del mundo superan ms 3,5 veces el PIB mundial, especialmente desde la gran arremetida neoliberal de la dcada del 80.

Adems, estas dos velocidades econmicas, la de la produccin y la de la especulacin, son infinitamente ms aceleradas que lo que podra ser la reproduccin de la vida o lo que podramos entender como la tasa de intercambio con la Naturaleza. Esta constatacin nos grafica una situacin de tres velocidades insostenibles en el tiempo. Aqu asoma tambin el antropocentrismo como una matriz estructural de tanta violencia.

Si hay algo capitalista, entonces, son muchas de estas violencias, no la violencia en general, que es, obviamente, precapitalista. No podemos marginar de ninguna manera las graves violencias vividas dentro del socialismo real: inmerso en la economa-mundo, tal como la entiende Immanuel Wallerstein.

Debemos reflexionar en las causas de tantas violencias, que terminan siendo aristas de una violencia estructural subyacente, propias d el capitalismo en tanto civilizacin dominante, la civilizacin de la desigualdad en palabras de Joseph Schumpeter . Al hacerlo vemos que emerge -como causa comn- la acumulacin capitalista que, desde una lgica y estructura complejas, sobrevive a travs de explotar la fuerza de trabajo; de dominar mercados con prcticas monoplicas; de aumentar la financiarizacin de negocios cada vez ms especulativos y alejados de la produccin; de desbocar extractivismos que destruyen la Naturaleza y las comunidades; de concentrar y centralizar beneficios en pocos centros de poder a travs del comercio internacional; de aprovechar las ms diversas formas de crimen organizado; de alentar guerras buscando casi siempre la permanencia de la acumulacin de capitales, sobre todo transnacionales.

Es justo en estos -y otros- procesos que la lgica de la acumulacin capitalista tiende a emanar una violencia estructural. No olvidemos que el sistema mundial capitalista es maldesarrollador por su propia lgica, hacia la cual debemos dirigir la atencin. En este punto resulta indispensable recomendar un libro del mismo Jos Mara Tortosa que aborda a profundidad esta cuestin: Maldesarrollo y mal vivir - Pobreza y violencia a escala mundial .

De hecho, la pobreza y su contracara la concentracin de la riqueza son causas profundas de violencia, constituyen graves amenazas para la paz. Contradicciones y desigualdades propias de una civilizacin inequitativa, un sistema en esencia depredador y explotador, un sistema, el capitalista, que como anot el filsofo ecuatoriano Bolvar Echeverra- vive de sofocar a la vida y al mundo de la vida. Como bien mencion Marx en El Capital- la acumulacin capitalista es violenta por naturaleza pues implica un proceso de violenta creacin de los proletarios libres y desheredados, [implica un] rgimen sanguinario con que se les [convierte] en obreros asalariados .

En sntesis, la violencia estructural va en crescendo a la par con la desaforada hambre de capital cada vez ms globalizada (que, en definitiva, implica hambre de poder). Esto asoma por todos lados, pero quizs con fuerza inusitada en los extractivismos, donde la violencia no es solo consecuencia sino incluso condicin necesaria. Y como vemos a diario en Amrica Latina, esta violencia se retroalimenta de corrupcin , que termina potenciando a la propia acumulacin. Adems, ese complejo mundo de extractivismos se expresa tambin con la especulacin de petrleo y minerales en los mercados de futuros, con la explotacin laboral, con el intercambio comercial y ecolgicamente desigual y, para colmo, hasta con la represin estatal y el crimen organizado que han devenido en pilares fundamentales de la civilizacin del capital.

Para sostener esta espiral concentradora de poder poltico y econmico desde la violencia, la corrupcin y la represin -sea con gobiernos neoliberales o con progresistas como sucede en Amrica Latina- se necesita del autoritarismo para sostener estructuras injustas e inequitativas. Recurdese que la explotacin del trabajo y la Naturaleza -el fin mismo de la economa en el capitalismo, podramos acotar- es parte de un entramado de factores polticos, incluyendo en ellos los mediticos, donde los beneficiados defienden sus privilegios pero venden a la sociedad la idea de que eso es lo normal y adecuado, llegando a extremos de violencia cultural impulsada desde la construccin de hegemona.

Al vender un mundo y una civilizacin podridas como adecuadas, el capitalismo ha llegado incluso a transformar a las vctimas del sistema en beneficiarias de potenciales (siempre insuficientes) medidas de remediacin -por ejemplo a consecuencia de un deslave minero o derrame petrolero- frente a las cuales terminan hasta agradecidas: la vctima bendiciendo al criminal. Asimismo, aceptar este mundo como adecuado implica tambin aceptar la falacia de que el capitalismo, especialmente en su faceta globalizadora, es inevitable, es la nica e indiscutible opcin, es -segn los voceros del poder- una alternativas viable y posible: es casi como hablar de la muerte vestida con tnica de ngel Bien sabemos que en palabras de Carlos Marx- si el dinero () nace con manchas naturales de sangre en un carrillo, el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza .

Aceptar el capitalismo implica cerrar un crculo de violencia. Aceptacin que, a ms de violenta -como se demuestra a lo largo de su existencia- se da en medio de una fase de masiva globalizacin que, aunque a momentos no lo parezca, s hay salidas del laberinto capitalista .-


 El autor es economista ecuatoriano. Profesor universitario. Exministro de Energa y Minas. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la Repblica del Ecuador.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter