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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2018

La propuesta que sus medios no apoyarn
Feminismo con o sin clase?

Jon E. Illescas
El viejo topo

El autor nos comparte una reflexin crtica sobre"la histrica" disyuntiva de si la variable prioritaria para la transformacin social tiene que ser la clase social o el gnero. Nos ofrece una respuesta priorizando la variable de desigualdad de clase social como la variable esencial para la transformacin: "No poner el acento en la divisin sexual o de gnero, sino en la unin y la igualdad que no slo debe ser el fin sino el medio". En el artculo, adems, nos hace una propuesta concreta que: " los medios de comunicacin capitalistas no apoyarn nunca".


Despus de la huelga feminista del pasado 8 de marzo, dos ideas resuenan en mi cabeza. La primera es que, pese a todo el camino que queda por recorrer, el feminismo amplio [1] est ms cerca de transformarse en una fuerza hegemnica en la sociedad espaola (algo que en la izquierda sucedi hace tiempo). En segundo lugar, conectado con lo anterior, hay que reconocer lo esencial que ha sido el apoyo de una parte importante de los medios de comunicacin a la causa. A medio y a corto plazo. No es slo que los casos de violencia machista tengan sistemticamente hueco en gran parte de los telediarios ms vistos o que una parte de la cultura de masas refleje el empoderamiento de la mujer como consumidora/espectadora a la que hay que tener en consideracin [2] es algo mucho ms inmediato que ese proceso de acumulacin en el tiempo.

Tenemos que ser honestos y reconocer que sin todos los medios privados progres que los das previos a la huelga feminista la publicitaron incluso animando a las mujeres a secundarla, jams hubiera habido 6 millones de personas en las calles. Jams. Sin su apoyo, hubiera sido otra movilizacin feminista con las y los militantes de izquierda de siempre. Es decir: una minora [3] En este sentido, apremia que desde la izquierda (y el feminismo como parte integrante de ella) superemos esa ingenuidad infantil que ve los medios privados progresistas como agentes aliados de nuestras causas. Es necesario entender que los grandes medios privados sean de izquierdas o de derechas estn controlados por una oligarqua meditica conectada con una frrea oligarqua econmico-poltica transnacional. Una lite capitalista que no apoya algo porque s o porque considere que es justo, sino porque de algn modo le interesa o lo prefiere a otra cosa que pudiera ser ms peligrosa para sus intereses de clase.

Esta lite conoce perfectamente el poder que conlleva tener la propiedad de los medios de produccin simblica (las industrias culturales). No en vano, son los que producen las ideas, las imgenes e incluso las melodas que condicionan nuestros anhelos, sueos y lmites de lo deseable: a derecha e izquierda del espectro poltico. Y esa misma oligarqua meditica que decidi apoyar la huelga feminista, sabe cmo utilizarlos perfectamente, sabe cmo utilizarnos. Ms en los tiempos del fdback instantneo y la Big Data.

Buen ejemplo de este uso oportunista e ingenioso de los anhelos populares fue la irrupcin/promocin de Podemos hace casi cuatro aos. Una parte de la oligarqua apoy a ese otrora inexistente y radical partido en las elecciones europeas de 2014, antes de que los mismos medios que lo auparon al imaginario colectivo en detrimento de una Izquierda Unida que alzaba el vuelo pisndole los talones al PSOE [4] decidieran empequeecer a la organizacin morada para aupar a Ciudadanos (otra entidad de origen meditico-poltico, en su caso, pensada para el electorado de centro-derecha).

Cuatro aos despus nos encontramos con que Podemos roza porcentajes de intencin de voto similares a los que las encuestas auguraban a IU, pero la diferencia es que 1) Podemos est en declive, 2) ha disfrutado de ms tiempo en pantalla que IU en toda su historia y 3) no es un partido creado por una militancia histrica formada de raigambre marxista curtida en mltiples batallas poltico-sociales sino desde una lite poltico-meditica.

Dan igual las intenciones de sus ms o menos ilustrados dirigentes. Tampoco importa su honestidad. Podemos es un partido con poco msculo en sus bases (ni tradicin ni garantas asamblearias) y a diferencia de IU (que jams ha tenido el favor de los medios), su existencia depende mayoritariamente del tiempo que la oligarqua meditica decida dejarlo en las pantallas que condicionan la voluntad poltica de las mayoras [5]. Su principal fuente de alimentacin proviene de una parte de la lite de la clase dominante pues no se sustenta (ni puede hacerlo) en una militancia slida.

As, tras la (parcial) construccin/destruccin meditica de Podemos, la oligarqua ha conseguido sortear lo peor que la crisis econmica pudiera haberles trado evitando que 1) ningn comunista de IU/PCE llegase al frente de ningn gobierno local o autonmico de importancia, por muy socialdemcrata que fuera su praxis, 2) el sorpasso de Izquierda Unida al PSOE y 3) el difcilmente probable (aunque no descartable) nacimiento o reconfiguracin de una nueva organizacin anticapitalista surgida de la unin de las luchas populares que se estaban produciendo antes de la irrupcin de Pablo Iglesias, Errejn y compaa.



 

Otro ejemplo de movimientos populares apoyados/utilizados desde los medios privados para sus intereses de clase ocurri en 2003 con la guerra de Irak, cuando la empresa Mediaset, controlada por el derechista y multimillonario italiano Silvio Berlusconi, apoy a las decenas de millones de ciudadanos que se manifestaron contra la guerra imperialista de Estados Unidos. Por aquel entonces, el apoyo de Telecinco a las fuerzas progresistas fue impresionante.

Recuerdo que en Espaa se abran los telediarios con noticias sobre las nuevas movilizaciones que se tomaban a lo largo y ancho del territorio: universidades, plazas, centros de trabajo, etc. Pareciese como si de repente, la cadena de Berlusconi, otrora famosa por Las Mama Chicho y Gran Hermano, se hubiera transformado en un medio anticapitalista. Nada ms lejos de la realidad.

Cul era el origen de este apoyo pacifista interesado? Que Berlusconi, por entonces Primer Ministro de Italia, tena firmados millonarios contratos entre empresas italianas y el Gobierno de Sadam Husein. Por lo que estaba muy preocupado que con la invasin estadounidense esos contratos se esfumaran y, con ellos, el capital que sus amigos empresarios pensaban revalorizar. Semejante a lo ocurrido con Jacques Chirac y el gran empresariado francs. Nada de causas humanitarias ni de diplomacia civilizatoria.

Intereses y temores capitalistas ciertamente prosaicos que se vieron justificados una vez consumada la invasin. As es, pues las empresas de Italia y Francia, junto a las de otros pases con gobiernos contrarios a la guerra, fueron excluidas de la jugosamente rentable destruccin/reconstruccin del pas [6]. Y qu demonios tiene que ver Podemos o la guerra de Irak con la huelga feminista del pasado 8 de marzo? Que como apunt al inicio, los medios privados dirigidos a un pblico comprendido entre el centro y la izquierda apoyaron con firmeza la huelga incluso alardeando de que algunas de sus mediticas presentadoras la secundaran [7]. Cundo se ha visto que un medio controlado por el gran capital apoye una huelga general de trabajadores? Por qu ahora s? Por algn acuerdo secreto entre la oligarqua meditica y alguna agrupacin de militantes feministas? Por supuesto que no. Pero, entonces, por qu? En mi opinin, porque el movimiento feminista no luchaba en esa jornada por ninguna propuesta concreta ni tangible que fuera peligrosa para el sistema en su conjunto. Todo lo contenido en el Manifiesto 8M eran brindis al sol rodeados de buenas intenciones, excesivas demandas inconcretas, aseveraciones parcialmente falsas o lemas estticamente contundentes, pero materialmente inofensivos, como el fin de la violencia machista, los basta ya!, las denuncias a la asociacin entre el capitalismo y el patriarcado, etc.[8]

Situacin semejante a cuando desde UNICEF o algn ayuntamiento del signo que sea, se celebran movilizaciones pidiendo el fin del hambre en el mundo con el Imagine de John Lennon cantado por nios sonando de fondo. Muy bonito s, pero poco til. Pues sin propuestas concretas no hay soluciones. En otras palabras: la del pasado 8 de marzo fue una huelga sin peligro para los que estn en la cima de la pirmide. Pero sumado a ello se da el hecho de que el feminismo, bien utilizado/manipulado, como las luchas parciales de cualquier tipo, tienen la virtud de dividir los esfuerzos de las personas oprimidas por su emancipacin. Y ese es justo el tipo de feminismo que los medios estn apoyando. Si colocas el acento principal de las luchas populares y el tiempo (cada vez ms escaso) de activismo de los militantes en el gnero o en la nacin, relegas a la clase. Y la clase es la categora ms inclusiva que une a todas las personas explotadas del sistema: hombres y mujeres, negros y blancos, nativos e inmigrantes, murcianos y catalanes, religiosos y ateos, heteros y homosexuales, etc.

De hecho, el principal punto que caus iras entre la patronal y los partidos de derechas en la jornada feminista del 8 de marzo radicaba en que la protesta tomara la forma de huelga (contenido de clase) y no en su contenido feminista (que fue apoyado casi por unanimidad) [9]. En este sentido, hay que recordar que nadie ha luchado tanto por los derechos de las mujeres como el movimiento obrero. No en vano, celebramos el Da Internacional de la Mujer a propuesta de la socialista y marxista alemana Clara Zetkin (1857/1933).

Y lo hacemos el 8 de marzo porque ese da en 1917 se produjo en Rusia una manifestacin masiva de obreras textiles en Petrogrado que llev al Zar Nicols II a abdicar y al gobierno provisional a garantizar el voto femenino [10]. Ms an, sabe quin fue la primera mujer de la historia en gobernar un pas? Curiosamente una socialista, Sirimavo Bandaranaike, que lleg a primera ministra de Sri Lanka en 1960 [11]. Y la primera ministra? Aleksandra Kollontai, comunista en el gabinete de Lenin tras la Revolucin de Octubre de 1917. Todas estas heronas del movimiento obrero y la emancipacin de la mujer se opusieron al feminismo burgus como ajeno a sus luchas.

En palabras de Zetkin: El principio-gua debe ser el siguiente: ninguna agitacin especficamente feminista, sino agitacin socialista entre las mujeres. No debemos poner en primer plano los intereses ms mezquinos del mundo de la mujer: nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases [] Las reformas que se deben conseguir para las mujeres en el seno del sistema social existente ya estn incluidas en el programa mnimo de nuestro partido [12]. Por ello creo que la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres debera volver a estos orgenes buscando una igualdad real, trabajadora, materialista.

No poner el acento en la divisin sexual o de gnero, sino en la unin y la igualdad que no slo debe ser el fin sino el medio. Hay que desterrar de los programas polticos de izquierda las protestas para que haya ms mujeres en los consejos de administracin de las grandes empresas o por la llamada discriminacin positiva en la administracin o las organizaciones polticas. stas polticas discriminatorias que pretenden acelerar la igualdad, en realidad fomentan la desigualdad daando, dividiendo y enfrentando a una parte de la clase trabajadora con la otra segn sexo (polticas discriminatorias que, por cierto, provienen de gobiernos liberales de mitad del siglo XX como los de Kennedy o Nixon) [13].