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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2018

Las benditas bombas

Amanda Aguilar
ELN Voces


La palabra 'terrorismo' empez a ser empleada a fines del siglo XVIII y originalmente denotaba los actos violentos del gobernante, dirigidos a asegurar la sumisin popular. Evidentemente, este concepto no favoreca en nada a los autores del terrorismo de Estado, pero como estos tenan el poder en sus manos, y estaban por consiguiente en condiciones de controlar el sistema de pensamiento y expresin, se renunci al sentido original de este este concepto y el trmino 'terrorismo' se aplica hoy principalmente al 'terrorismo al por menor' que cometen individuos o grupos. Mientras en otros tiempos el trmino se aplicaba a emperadores que molestaban a sus propios sbditos, en el mundo de hoy su aplicacin se restringe a los asaltantes que molestan a los poderosos.

Noam Chomsky [1]


Las primeras bombas estallaron en Colombia colocando en prctica las instrucciones del general Yarborough, de las Fuerzas Especiales o Boinas Verdes de los Estados Unidos, quien en 1962 capacit a los militares colombianos para impulsar sabotajes y/o actividades terroristas paramilitares contra los partidarios conocidos del comunismo [2]. Esto ocurri dos aos antes del nacimiento de las guerrillas revolucionarias de las FARC y del Ejrcito de Liberacin Nacional.

Ms adelante, el ELN comenz a usar el sabotaje con explosivos contra las instalaciones de las empresas petroleras transnacionales.

En el apogeo de los carteles de la cocana, el uso de bombas de gran poder fue caracterstico de Pablo Escobar; incluido el atentado contra un avin de pasajeros, que ahora recientemente se ha venido a conocer, que se trat de un fallo de la aeronave y que no fue un ataque con bomba.

Tambin con una bomba la agencia de espionaje estatal (DAS) atent contra Vargas Lleras, uno de los actuales candidatos presidenciales de la derecha.

Con otra bomba, los esbirros del rgimen atentaron contra el senador Navarro Wolf, en los aos 80.

Una reflexin en la historia de la guerra

MK, Lanza de la Nacin (Umkhonto we Sizwe), comandada por Nelson Mandela, fue la organizacin armada dentro del Congreso Nacional Africano (CNA), que desarroll acciones de violencia legtima contra el rgimen opresor surafricano. Uno de los autores que recientemente estudia las denominadas Guerras Justas, Alex J. Bellamy [3], seala cmo el MK puso bombas en las casas de negros que apoyaban al gobierno y de otros opositores del CNA; as como hubo atentados con bombas en dos bares de Durban que eran frecuentados por blancos. Las bombas estaban diseadas para matar al mayor nmero posible de personas, con balas y trozos de metal en su interior En 1985, una bomba del MK mat a 19 no combatientes en el cuartel general de la Fuerza Area sudafricana en Pretoria (pg. 239).

Esa etapa de violencia signada por el apartheid o segregacin racial, termin; el CNA se impuso como principal fuerza poltica y es hasta el da de hoy la que gobierna ese pas africano. Mandela, adems de ser Premio Nobel de Paz en 1993, ha pasado a la historia como uno de los grandes luchadores por la libertad y dignidad humanas. La Asamblea de las Naciones Unidas proclam su cumpleaos, el 18 de julio, como el Da Internacional de Nelson Mandela, por su contribucin a la lucha contra el apartheid.

Bellamy seala en su libro que, aunque varios hechos del MK fueron calificados de terroristas, opinin que mantienen unos pocos autores, est claro que la lucha del CNA era justa, y que La guerra de guerrillas era limitada y regulada cuidadosamente. Este analista, al igual que otros investigadores, retoman criterios o principios del Derecho Internacional Humanitario, o ms ampliamente del derecho en la guerra, relativo a los medios o mtodos empleados (en latn: ius in bello), e indican dos conceptos claves: proporcionalidad y debido cuidado, que se refieren a las medidas adecuadas para minimizar la prdida de vidas de no combatientes. Adems, Bellamy anota que los ataques del CNA o del MK a los no combatientes fueron espordicos, lo cual permite suponer que no fueron sistemticos; y que existe evidencia de que el entrenamiento provisto por el MK estaba dirigido a la destruccin de propiedad clave para el rgimen y no a matar a no combatientes (cit. Pg. 240).

En la historia de los conflictos armados podemos hallar numerosos ejemplos no slo de organizaciones armadas rebeldes que han estado inmersas en resolver dilemas entre eficacia y tica en la guerra, sino de momentos y decisiones histricas de alianzas o centro de poder, como lo fue el lanzamiento por los EE.UU de bombas atmicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, al trmino de la Segunda Guerra Mundial, en agosto de 1945. En la primera, en pocos segundos, y con las quemaduras a 130 mil de heridos al poco tiempo, se acab con la vida de 166 mil personas. En un acto validado cuando no aplaudido hasta al da de hoy. El presidente estadounidense Harry Truman se justific, al atacar la segunda ciudad y producir 80 mil muertos con dicha arma nuclear: La usamos para acortar la agona de la guerra, para salvar las vidas de miles y miles de jvenes estadounidenses.

Fue el uso de un Arma de Destruccin Masiva, en el que claramente sus ejecutores ni se preocuparon por discriminar entre combatientes y civiles. Fue un salto de la barbarie ya conocida y que se haba echado a andar con otro tipo de bombardeos: lo que se descarg con la bomba atmica en unos segundos, era la sumatoria de cientos de bombardeos con aviones B29, utilizados por EE.UU, con lo que arras otras 70 ciudades japonesas; como lo hizo luego con esos aviones tambin en Corea hasta 1953.

Ese cuadro de horror hay que verlo asociado al crecimiento exponencial de la vasta industria armamentstica hasta el da de hoy, tiempo en que nos llega el debate de Hiroshima, que pone al descubierto razones econmicas, geoestratgicas, de venganza y de afirmacin de un pensamiento hegemnico ante la opinin pblica, o sea sobre los verdaderos motivos de EE.UU. para aplicar esa arma de guerra. Cadena que se reedita en muchas guerras, entre ellas la confrontacin en Colombia.

Bombas buenas y bombas malas

El debate sobre bombas buenas y bombas del terror no es nuevo, como ya hemos visto. En Colombia lo tenemos presente. As, recientemente, el ELN fue objeto de severas crticas, unas con cierto o supuesto aire moral y pulso normativo, ampliadas por los parlantes mediticos que sealaron cmo en los ataques insurgentes a estaciones de la Polica nacional, por el uso de explosivos, incurrimos en actos terroristas o violamos presuntamente el Derecho Internacional Humanitario.

La primera razn esgrimida es que la Polica nacional no es un cuerpo de combatientes. Esto es falso. Porque el papel real que cumple esta polica militarizada, adscrito al Ministerio de Defensa, es de represin militar a la protesta social y de componente activo en operaciones militares de contrainsurgencia.

Segundo: que en nuestra guerra irregular, de resistencia, popular o de guerrillas -no circunscrita slo a los campos o zonas rurales-, el uso de explosivos resulta condenable. No as, el uso de bombas que los poderosos emplean para acabar no slo con insurgentes sino para arrasar la vida campesina, indgena y de comunidades negras, lejos de la tibieza urbana y sus burbujas, para las que se pide inmunidad olvidndose del pas campesino.

Un tercer motivo: el altsimo costo econmico, pues se depreda en aventuras militares el erario pblico, el dinero del presupuesto nacional, en aplicacin y desarrollo de tecnologas e industrias modernas al servicio de un orden de dominacin, que se ensaa y que usa fuerza desproporcionada, con carga de inteligencia mltiple y en planeacin y ejecucin sistemtica de la violencia, articulada a estrategias de multinacionales y de otros gobiernos, limpiando zonas donde no se busca el bienestar y preservar o dignificar la vida humana, sino la destruccin de tejidos sociales colectivos para dar paso a voraces intereses del gran capital.

Ganancias y guerra

Esas bombas morales antes eran Made in USA; y lo siguen siendo algunas. Pero luego, hace ms de diez aos, algunas de esas buenas armas pasaron a ser industria nacional: Planeacin Nacional y el Ministerio de Defensa alertaron sobre el alto costo de seguir adquiriendo bombas de fabricacin norteamericana MK81 (250 libras), MK82 (500 libras), BDU 33 y CFB27-300, a un promedio de 6 mil por ao. Slo para 2008 la Fuerza Area present un plan de compras que super los 15 mil millones de pesos. Cinco aos antes el requerimiento presupuestal 021 del Ministerio de Defensa a Planeacin Nacional era de 3.700 bombas a un costo de 3.103 millones de pesos [4].

Resea la informacin ac citada que se confirma que en abril de 2008 se entregaron a la Fuerza Area colombiana, 1.500 bombas de 250 y 500 libras de propsito general, con ahorros totales por ms de 1.950 millones de pesos frente al precio de importacin, lo cual contribuye a la autosuficiencia y al desarrollo tecnolgico de Indumil. Los artefactos empezaron a ser usados en operaciones reales y las calificaciones tanto de los pilotos como de las tropas que hicieron barridos en las zonas de operaciones fueron excelentes por objetivos cumplidos. Hace ocho aos de esa informacin, que ya apuntaba: Ahora los aviones bombarderos cuentan con mayores recursos de precisin: radares de ltima generacin, cmaras multiespectro, sistemas de deteccin por calor Flir, sensores de radiofrecuencias, aerofotografa satelital, radiogoniometra. Todo puesto al servicio de precisar las coordenadas sobre las que se van a dirigir las bombas con rayos lser.

Y se subrayaba cmo el 29 de abril de 2009, el hoy presidente Santos, actuando como ministro de Defensa, confirm la fabricacin de bombas contramarcadas como IMC XUE, ya no slo de propsito general (PG), sino prefragmentadas (PF), con una onda explosiva ms letal. Se explicaba cmo ese ao La produccin de bombas era intensa: el Ministerio de Defensa, la FAC e Indumil firmaron el contrato interadministrativo directo 324, por un valor de 3.459 millones de pesos. Se trata de565 bombas de 250 libras (PG), cada una a un precio de 5 millones 278.327 pesos ms IVA. Fueron entregadas en el primer semestre de este ao [2010] en las bases areas de Palanquero (Cundinamarca) y Apiay (Meta), desde donde despegan hoy en da [2010] ms bombarderos junto con las de Tres Esquinas y Larandia, en las selvas del sur del pas. Las de 500 libras cuestan 7 millones la unidad / El proceso ya es motivo de anlisis internacional. Un informe de julio del Observatorio del Cono Sur para Defensa y Fuerzas Armadas reporta: La Industria Militar de Colombia comenz a fabricar bombas inteligentes y explosivos biodegradables () Juan Manuel Santos dej consignado que la efectividad de los diseos es tal que, una vez quede cubierto el suministro para el conflicto interno, se iniciar la fabricacin en serie y comercializacin a nivel latinoamericano, incluso de bombas de mil libras.

Los indefensos

Las bombas de las clase dominantes resultan no slo bendecidas -no se olvide que obispos o sacerdotes catlicos efectivamente desde hace dcadas han bendecido las armas oficiales en ceremonias militares-, sino altamente rentables y por supuesto justificables, tanto para sectores de la opinin pblica, como por polticos y organismos que condenaron acciones guerrilleras del ELN, pero guardaron absoluto silencio en las recientes acciones de bombardeo contra nuestras unidades rebeldes en Choc, Antioquia, Sur de Bolvar, Norte de Santander y otras zonas del pas.

Esas voces no tienen reparo alguno en sealar que es condenable que el ELN ataque a policas en formacin y armados a plena luz del da, asumiendo la guerrilla riesgos evidentes por la desventaja de la que se parte, mientras enmudecen cuando se descargan de modo premeditado y de forma absolutamente segura, con total ventaja o superioridad material, decenas de bombas sobre campamentos guerrilleros en plena noche, cuando existe objetivamente uso excesivo de la fuerza gubernamental y estado de indefensin de nuestros combatientes, apenas minsculos puntos en la selva en la que sobrevuelan decenas de aviones y helicpteros con los ms modernos recursos de guerra, apoyados por circuitos satelitales, asistidos por bases de los EE.UU.

Esas son operaciones blicas que el ELN no ha protestado, por razones de coherencia y de honor militar, pero que resultan incomparables a las nuestras. Son indiscutiblemente distintas, por el nmero de vidas perdidas o sacrificadas y lo son tambin por dos razones adicionales. Una, muy importante, por la legitimacin que el rgimen hace extendiendo y profundizando una cultura de muerte que vitorea esas bombas, enseando trofeos de guerra, pero escondiendo las causas que generan la confrontacin, no resolvindolas. Es la celebracin del ms fuerte y de su ley, que busca encorvar servilmente a millones de colombianos para que alaben el buen xito militar con el que se ovaciona el hoy ministro Villegas y los mandos militares y policiales que se felicitan por la muerte de guerrilleros y guerrilleras.

La autocontencin

El ELN educa a sus integrantes en la limitacin de la guerra, en la regulacin, en la auto-contencin, con consideraciones ticas y reglas sobre la proporcionalidad de la fuerza y el debido cuidado, para no afectar civiles innecesariamente valorando la situacin de ataque al adversario y el resultado previsto.

En la actual etapa de los dilogos que desarrollamos, mirando a la posibilidad de un nuevo Cese al Fuego Bilateral Temporal y Nacional, la discusin sobre las acciones ofensivas de cada parte, debe comprender no slo la parlisis de ataques con explosivos a bases militares o policiales, de hecho y jurdicamente blancos u objetivos legtimos, que pudiera realizar el ELN, sino el no empleo en absoluto de ningn tipo de arma o procedimiento equivalente por parte del rgimen.

Notas

[1] Noam Chomsky. A propsito de Irangate: Libia en la demonologa de Estados Unidos. Pueblos, Bogot, 1987.

[2] Suplemento secreto: Informe de la visita de asesora militar a Colombia realizada en febrero de 1962, por el General Yarborough, Director del Centro de Investigaciones de Guerra Especial de Fort Bragg (Carolina del norte), del Ejrcito de los EEUU; archivado en la Casilla 319 de los Archivos de Seguridad Nacional de la Biblioteca Kennedy. Citado por Michael McClintock en Instruments Statecraft, Pantheon Books, New York. 1992, pag 222.

3] Aex J. Bellamy. Guerras Justas. De Cicern a Iraq, FCE, Madrid, 2009.

[4] http://www.elespectador.com/impreso/mono-jojoy/articuloimpreso-227496-bombas-acabaron-jojoy.

Fuente: https://www.eln-voces.com/index.php/voces-del-eln/militancia/1507-las-benditas-bombas



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