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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2018

Plata no hay, pltano s hay

Camilo Alzate
Colombia Plural


Ya es de noche y nuestra entrada a la Casa Cultural El Chontaduro parece surrealista: seis buses de colores de esos que en Colombia llamamos Chivas o Escaleras, atiborrados de comida y con gente colgando hasta de los espejos, sortean los callejones estrechos de Aguablanca, buscando el barrio Marroqun 3. Aguablanca, un enorme y empobrecido distrito al oriente de Cali con ms de 300 barrios, concentra una de las poblaciones afro ms grandes del pas. Debemos esquivar los cables del alumbrado pblico que serpentean a ras de nuestras cabezas mientras avanzamos por un laberinto de callejones, desde los andenes y balcones sale la gente a saludar. En el capacete de las chivas nos amontonamos junto a racimos de pltano y banano, universitarios melenudos, bultos de limones, tambores y guitarras y chirimas con quenas que los msicos hacen sonar a todo pulmn, arrumes de yuca, una parejita de franceses, varias pacas de arroz, un grupo de cirqueros de Medelln, costalados de calabazas y ahuyamas, cientos de indgenas nasa con sus paoletas y banderas que combinan el rojo con el verde: la sangre, la tierra.

Estos son alimentos sanos, que vienen de una tierra baada con sangre, dice un comunero indgena mientras la comunidad afro de Aguablanca rodea la comitiva con un recibimiento de danzas y alabados. El 23 y 24 de marzo 300 indgenas nasa de Corinto y Caloto se movilizaron hacia Cali para repartir alimentos en los barrios ms pobres de la ciudad. Partieron desde los que ellos llaman puntos de liberacin de la Madre Tierra. Estos puntos son ocho grandes fincas que pertenecan a terratenientes vallunos o caucanos y ahora estn ocupadas por los nativos, quienes las reclaman para la ampliacin de sus resguardos. Desde que comenz el conflicto por estas tierras los indgenas se han enfrentado centenares de veces con la Polica, el Ejrcito, la seguridad privada de los empresarios y el ESMAD, durante operativos fallidos de desalojo que han dejado un saldo de varios comuneros asesinados y cientos de indgenas heridos o mutilados. La mayora de estas fincas eran dedicadas al cultivo de caa para abastecer a los ingenios azucareros del Valle del Cauca, una de las industrias ms poderosas del pas en manos del monopolio de Carlos Ardila Lulle. Los nasa han tumbado la caa para sembrar rboles y alimentos de manera orgnica, aseguran que as devuelven la vida y la alegra a Uma kiwe su madre tierra, nuestra madre tierra, que estaba muerta y agotada por la sobreexplotacin del monocultivo agroindustrial cuya nica finalidad es enriquecer a los ms ricos y empobrecer a los ms pobres. Monte pa los pjaros, agua en los cerros, comida pa vos, se lee en una de las pancartas que llevan en las chivas. Liberacin de la Madre Tierra: Plata no hay, pltano si hay, se lee en otra.

En su programa de siete puntos o siete sueos, que elaboraron tras un ao de discusin, los comuneros que han luchado en las fincas ocupadas determinaron que uno de los propsitos de la liberacin sera la Marcha de la Comida: Vamos a compartir la cosecha de la liberacin con gente arrinconada en barrios pobres que el capitalismo ha ido creando en las ciudades. Para cumplir este, que es el ltimo sueo de su programa, los indgenas se treparon a seis chivas repletas y cargadas hasta los topes de revuelto, y marcharon rumbo a la ciudad.

Gracias por esa solidaridad, prosigue el comunero en su discurso mientras los habitantes de Aguablanca se acercan sorprendidos. Hoy hemos venido a hacer esta minga de compartir los alimentos sanos, nos sentimos muy contentos de la hermandad de otros pueblos.

Ese viernes 23 de marzo, Mximo Noscu, de setenta aos y torso menudito, madrug a las cuatro de la maana, se ech agua fra encima y sali sin desayunar de su parcela en el resguardo indgena de Lpez Adentro, Norte del Cauca, a subir en la chiva que parta para Cali. Mximo fue delegado por la guardia de su comunidad para ir como acompaante a la Marcha de la Comida. Como estbamos trasnochados me toc salirme sin tinto, confes rindose, la lucha es as.

Mximo, que apenas portaba su bastn de mando, su paoleta rojiverde y un morral pequeo con ropa, pidi el micrfono en un punto del recorrido de la marcha. Con su espaol atropellado dijo que los cultivos ilcitos no dejan nada bueno, que la plata fcil no rinde y envenena la tierra, que los indgenas deben volver a sembrar comida, alimento, para estar en armona con la naturaleza. Mximo me cont que ajusta setenta aos pero an madruga todos los das a desherbar la platanera y el cafetal que cuida en sus 13 plazas de tierra, donde tambin cultiva arroz, caa panelera, yuca y revuelto para comer. Tambin me cont que aquella tierra la consigui cuando los indgenas nasa liderados por el padre lvaro Ulcu Chocu y el concejal Hermides Ceballos ocuparon en 1977 una gran hacienda ganadera de 1.300 hectreas del terrateniente Salomn Vlez. Ayer como hoy, hoy como ayer. Segn ttulos coloniales, aquellos terrenos antes haban pertenecido al resguardo de Corinto, por eso los indgenas emprendieron una larga lucha para recuperar sus tierras. Yo ya tena un hijo y no tena tierra, prosigue Mximo, por eso me met a recuperar. Ahora ya no tengo hijo, me lo mat la guerrilla de 23 aos. La primera mujer se me muri enferma cuando l era pequeo, la segunda se muri despus. Es una negra la que ahora me acompaa.

En 1984, el mismo ao que los nasa lograron que el gobierno les entregara los ttulos de Lpez Adentro, fue secuestrado el concejal Hermides Ceballos, cuyo cadver apareci con signos de tortura en un corregimiento de Belalczar, Cauca. Adems, el diez de noviembre de ese ao en Santander de Quilichao unos sicarios asesinaron al sacerdote lvaro Ulcu Chocu, un crimen donde estuvieron involucrados miembros del F2 del ejrcito y otros agentes del Estado. Eso fue peleando duro, recuerda Mximo. All en Lpez Adentro dirigi Julio Trchez, que ya no vive. El Ejrcito nos atacaba, golpeaba y dejaba heridas a las mujeres, a los nios. Tres veces nos desalojaron y tres veces volvimos a entrar. Le pregunto a Mximo si l recuerda a las vctimas fatales de aquellos desalojos. Claro, cinco muertos, dice. Por eso fue que se recuper la tierra, porque cmo bamos a perder la sangre?.

El sbado 24 de marzo los marchantes avanzan por la Comuna 18 de Cali, cruzando Prados del sur, Alto Npoles, Los chorros. Todos son asentamientos de ladera, barrios empinados y recostados sobre las montaas, con callejuelas estrechsimas llenas de curvas, de casas en ladrillo a la vista y escalinatas. Lina Rodrguez, del equipo comunitario de ladera para la promocin de la vida y la salud, que lidera un proceso de huertas comunitarias en la zona, asegura que la mayor problemtica en los barrios de ladera es la hambruna. En una cartografa que hicimos del territorio encontramos que la gente de la Comuna 18 no tena para comer o su alimentacin no era nutritiva, dice. Por eso vimos que era necesario generar procesos de autonoma alimentaria. Como comunidad organizada tenemos la capacidad de generar autogobierno y construir propuestas autnomas. Si tenemos que alimentarnos a punta de Frutio, de huevo y arroz, nosotros decimos que no, que ac hay hombres y mujeres que resistimos y empezamos a sembrar, en la matera, en el zapato, en la canastilla, en cualquier espacio. No nos arrodillamos a la fuerza policial, ni a la fuerza de las ONG y sus proyectos que compran conciencias a punta de refrigerios.

Los indgenas han venido hasta ac articulando su proceso con organizaciones comunitarias y estudiantiles de Cali que tambin los apoyaron durante la lucha en las fincas. La Liberacin de la Madre Tierra no es de indios, ni para indios: es para todo ser viviente de este planeta, aclara un nasa que va en la movilizacin. De la marcha participan colectivos como Radio Carajo, el Comit de Estudiantes y Egresados del Sena, el Colectivo Desalambrarte de la Universidad del Valle, comits barriales y culturales, la Comisin de Derechos Humanos de la Central Unitaria de Trabajadores, entre una veintena de organizaciones ms. Hasta el ltimo momento hubo zozobra porque, apelando a las facultades que otorga el nuevo Cdigo de Polica, las autoridades locales haban prohibido la marcha. Se habl de fotomultas a las chivas, pues todas llevaban sobrecupo, pero al final la Polica de trnsito termin acompaando y facilitando la movilizacin, que ocurri sin sobresaltos.

Nos ha ido muy bien, hemos compartido con la gente que de verdad necesita la comida. La idea era esa, traer los productos de nuestra madre tierra, que son orgnicos y no tienen qumicos, asegura una muchacha indgena, toda la vida nos han dicho indios robatierra, pero nosotros somos milenarios, no nos agachamos, seguimos de frente demostrando al mundo entero que queremos un pas diferente. Los organizadores recalcan que no hay propsitos electorales ni proselitismos, slo el inters de compartir los frutos de su lucha.

Lina Pelez, estudiante de la Universidad ICESI, considera que la marcha, aunque simblica, es una victoria para el movimiento indgena, que ha sido reprimido y perseguido por atreverse a cuestionar la legitimidad de las empresas ms poderosas en el Valle del Cauca: La disputa por la soberana alimentaria vale la pena. Encontrarnos en una movilizacin para marchar, para arengar, pero tambin para que los liberadores y liberadoras sepan que no estn solos, para repartirnos comida, comida que los compaeros le han arrebatado a los grandes monopolios de Cali, es muy significativo. Ir a entregarla a la gente de Aguablanca es un acto histrico y liberador para ellos tambin.

A mediados de 2017 apareci el primer panfleto de las guilas Negras amenazando de muerte a los comuneros indgenas del proceso de liberacin de la Madre Tierra que ocupaban las fincas. Figuraban algunos de ellos con nombres y apellidos, algunos con precio sobre sus cabezas. A comienzos de este ao apareci un segundo panfleto y hace un par de semanas, el 14 de marzo, un automvil pas arrojando hojas impresas con un tercer panfleto en la entrada de las fincas. Chepe*, uno de los indgenas amenazados, fue a Cali con sus dems compaeros a repartir racimos de pltano entre la gente pobre de Aguablanca. Chepe me explic que en los tres panfletos l figura con nombre y apellido, y que su cabeza ha subido de precio: En el primero ofrecan 5 millones al que me matara, en el segundo ofrecan 25 millones y ahora ya van en 30.

Cuando la mano del terror no funciona, funciona la mano del Estado. En febrero los encargados de Derechos Humanos de la Asociacin de Cabildos del Norte obtuvieron una informacin segn la cual estaran cursando 170 rdenes de captura contra los indgenas que han participado de la ocupacin en las fincas. Aunque esta informacin no pudo ser confirmada, las sospechas de los indgenas se agravaron pues el 21 de febrero dos soldados y un funcionario del Cuerpo Tcnico de Investigaciones fueron sorprendidos al interior de La Emperatriz, una de las fincas ocupadas por los indgenas, al parecer mientras se encaminaban a realizar la detencin de un comunero. Los soldados fueron retenidos y desarmados por la guardia indgena, al funcionario de la Fiscala le quitaron tambin una pistola.

La noche en que la caravana arrib con su fiesta y alegra hasta el Distrito de Aguablanca un pelotn de policas motorizados escolt a las chivas y desvi el trfico para impedir atascos. Varios de los participantes descubrieron que uno de los policas que iba en las motos era el mismo teniente del ESMAD que haba comandado los violentos operativos de desalojo contra ellos en la hacienda La Emperatriz. Una vez las chivas llegaron a su destino en la Casa Cultural El Chontaduro, mientras los indgenas repartan pltanos y yucas entre la poblacin que se agolpaba a montones a su alrededor, uno tom un racimo, camin derecho hasta donde aguardaban los policas y dijo al teniente. Este pltano viene de La Emperatriz, tmelo, no nos reprima ms. El uniformado se puso plido y qued sin palabras. Al final nada ms atin a decir: Yo slo recibo rdenes, disclpenme.


Fuente original: https://colombiaplural.com/plata-no-platano/


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