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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2018

Volviendo al 68
De cmo y por qu los jvenes (no) envejecieron

David Guzmn Jtiva
Ctxt


La imagen que podemos salvar de una poca, en un momento de peligro, posiblemente nos engae, nos aliente, nos detenga. Cuando pensamos en una poca de revueltas, tal vez la ltima poca propiamente rebelde, la imagen de ese momento, la figura que sobrevive hasta hoy, medio siglo despus, es la de la juventud. Existe algn Dios consagrado a la juventud como tal? Acaso Dionisio? Algn hroe antiguo? Espartaco? La belleza es sin lugar a dudas joven. Venus? En la juventud, o ms bien, en los jvenes de los aos sesenta se combinaban, con ansiedad y de manera indiferenciada, la alegra, la rebelin, el erotismo. Quiz la imagen que podramos inventar de esos aos es la de una Venus mexicana de la mano de un Espartaco vietnamita recibiendo flores y poemas de un Dionisio parisino. Todos jvenes y hermosos. Inocentes y, quiz demasiado pronto, ya viejos.

La imagen de aquellos aos se ha convertido en una fuente de ilusiones sobre el futuro. Es posible que nosotros, habitantes del presente, podamos vivir de nuevo como en aquellos tiempos? No slo deseamos, a veces, y por lo general da a da en secreto, las fuerzas de la juventud que desafa las costumbres y los miedos, que es capaz de cambiar la lgica y la tradicin y descubrir una nueva poesa, una nueva forma de amor y de comunin. Deseamos tambin, de manera mucho ms desgarradora, perecer bajo las balas en las plazas, morir en las montaas con un fusil guerrillero. Los aos sesenta encarnan la imagen ms pura del deseo: pero junto a los goces que ofrece, anidan los ms dolorosos padecimientos.

Nosotros, que no vivimos aquellos aos, a quienes slo llega el eco y el reflejo, sabemos que la radicalidad poltica y esttica, el oro en polvo de la rebelda no pueden resucitarse as noms. Despus de los excesos enloquecedores de los alucingenos, la poesa vanguardista, las guerrillas en las montaas y en las ciudades, el amor libre y el rock, qu ha quedado? El narcotrfico, el mercado editorial, la violencia comn, la soledad y el ruido. Nosotros, que miramos con deseo el pasado, vivimos en medio de las ruinas de ese pasado, o ms bien, las ruinas de ese pasado son justamente las torres y castillos indestructibles que hoy nos aplastan y que ostentan, en gran medida, el blasn de nobleza de una poca en la que los jvenes conquistaron el mundo. Los jvenes de ayer levantaron un imperio todopoderoso que guarda, en su centro, la imagen de la juventud.

Sucedi, como tantas otras veces, que la revuelta degener en revolucin y, quienes queran socavar y aniquilar el poder, terminaron por alimentar nuevas formas de poder, an ms insidiosas, ms seductoras, ms terribles. Los jvenes se fueron haciendo viejos y a medida que se distanciaban de su punto de partida, intentaban transmitir su herencia filosfica, poltica, histrica, civilizatoria a quienes les sucedan. Era la mejor herencia que alguien poda recibir, pero a costa de renunciar al propio momento vital y extraviarse en las lejanas de lo que ya no se poda vivir.

Hay que reinventar el amor! Hay que ser absolutamente moderno! Ha llegado el tiempo de los asesinos! Sera malsano acusar a una generacin llena de virtudes de los defectos de las generaciones que le sucedieron. Lo que la juventud de entonces fue capaz de hacer signific, muchas veces, la locura o la muerte. Hay que pensar en eso antes de echar maldiciones sobre su herencia. Si resultaba ms cmodo y rentable convertir la experimentacin con drogas en consumo de estupefacientes, eso no es culpa de la generacin que se volc a probar LSD, marihuana, hachs, peyote hasta reventar. Es evidente la diferencia que existe entre, pongamos por caso, El almuerzo desnudo (1959) y Trainspotting (1996). Cmo es posible que despus de treinta aos las drogas se hayan convertido en una forma de aniquilacin? En el prlogo de su libro, Burroughs elabora la lista larga lista de psicotrpicos que prob y, con una frialdad heroica, cuenta cmo se deshizo de la adiccin a algunas. All no hubo lucha, ni drama: el poeta beat no busca nuestra admiracin ni nuestra compasin. Mientras en Trainspotting las drogas son un aliciente, ayudan a soportar, y finalmente son un negocio. No percibimos la grandeza del cientfico experimental en la pelcula de John Boyle. La herencia que queda a los jvenes de Edimburgo de los aos noventa es el consumo y la pobreza de la adiccin. Podramos comparar al mismo Burroughs, que se adentr en el Amazonas para probar el yag, con Pablo Escobar que, aos despus, desangr a Colombia por vender cocana y amasar fortunas. Cmo podramos responsabilizar a la curiosidad de Burroughs por la maldad y vesania de Escobar? No tendra sentido, y sin embargo, el viejo maestro de Kerouac y Ginsberg estaba abriendo un camino, estaba dando una seal que sus seguidores continuaron, a veces, de una manera estpida y espantosa. Cmo es posible que la promesa de una percepcin ms amplia se haya convertido en el submundo de la adiccin y en la mierda del crimen? No atino an una respuesta cabal, pero advierto que existi un descenso degenerativo, un envejecimiento prematuro.

Lo mismo podramos decir de la poesa y el arte, de la poltica y la guerrilla, del amor y la msica, del nomadismo y el internacionalismo. Haba en los aos sesenta una pureza que logr cristalizar pero que, las generaciones que vinieron luego, no han logrado distinguir o reinventar. Creo que una de las causas, quiz la razn principal, reside en que los sucesores, los herederos, los continuadores se empearon en comprender y recomponer-descomponer-criticar la forma, y olvidaron que esa forma era al mismo tiempo mensaje y experiencia e imaginacin. La confusin y desidia en la que hoy nos encontramos empantanados reside, en gran parte, en mirar para otro lado cuando los problemas y los dilemas se presentan frente a nosotros y nos exigen asumir una conciencia y una accin, a veces, titnica. Creo que esa que podemos llamar una generacin heroica, fue capaz de exponerse a la disolucin en nombre de su deseo y de su sueo. Fue, en ese sentido, una juventud creadora. Quienes copiaron los gestos, la forma, la rutina, los vaciaron de proyeccin. Pensemos, por ejemplo, en lo que ha sucedido con el amor libre. O con el cine ertico. Cuando hablamos de erotismo nos referimos a una rebelin contra el matrimonio, o ms bien, a un rechazo al matrimonio sin amor. Hablamos tambin de la experimentacin sexual, de la perpetuacin del deseo. Se me ocurre que podra comparar El graduado (1967) con Neon Demon (2016). Se me ocurre que El graduado, una pelcula que me gusta volver a ver cada cierto tiempo, logra presentar la agona de esa generacin. Supongo que la mayora de ustedes han visto El graduado. Ben escapa con Elaine en un autobs, mientras el novio de Elaine y los invitados a la boda de Elaine se quedan atrapados en la iglesia cuya puerta Ben se encarg de cerrar con una cruz. Durante casi la mitad de la pelcula, despus de haber practicado el sexo por el sexo con la madre de Elaine, Ben entra en rebelda y persigue a Elaine y la busca y, contra todo pronstico, se marcha con ella. La pelcula tiene un final esperanzador, pero no es un final conformista: Ben y Elaine se han echado encima a la sociedad, a la Iglesia, a la familia. Tendrn que enfrentarlos, pero se tienen a s mismos y la pureza y grandeza de su amor.

Neon Demon no es propiamente una historia de amor; en realidad, parece lo contrario. Una adolescente hermosa llega a Los ngeles para convertirse en modelo. Su belleza natural desata las envidias de sus compaeras y competidoras. Aunque al comienzo ella acta con inocencia, muy pronto se pervierte y presume de superioridad natural para con sus adversarias y an para con un muchacho que la acompaa y la quiere. El resultado final de esta toma de conciencia es que ella se queda sola, a merced de la maldad y el vampirismo de sus enemigas, quienes finalmente la matan y se la comen. Es una historia devastadora, y aun asquerosa. Casi que podra decir que es una inversin o una perversin de El graduado. Mientras el graduado recupera la inocencia y el amor, tras haber cado en la rutina del sexo, la modelo pierde la naturalidad y la inocencia tras caer en las garras de la ambicin material, del narcisismo y del sentimiento de superioridad.

Lo que sucede con la modelo de Neon Demon, el esteticismo sin alma, o como dira Jameson, la confusin de la economa y la cultura, es en gran parte una especie de sincdoque de lo que pasa en todas las esferas de la vida que, en realidad, es una sola esfera. Lo que hemos perdido al someternos a la repeticin sin sentido, a la belleza sin lo sublime, a la poltica sin utopa, se puede advertir a cabalidad en los testimonios de un autor como Chuck Palahniuk. Pude escuchar a Palahniuk hace algunos aos en Espaa y, aunque no me provoc inters leerlo, si me sorprendi lo que deca. El escritor se refera a un mundo en el que la violencia, la mutilacin, la tortura, la muerte se haban convertido en una especie de atraccin, de goce, de iluminacin. Como si fuera un periodista de crnica roja Palahniuk describa diversos tipos de heridas, quemaduras, muertes que sufran las personas, y cmo el relato de esas crueldades se converta, por s mismo, en literatura, o diramos, tambin, en poesa. Como si la violencia, o las marcas de la violencia, fuesen figuras literarias, metforas, un lenguaje por s mismo seductor. Del arte por el arte pasamos a la crueldad por la crueldad. Ahora bien, las guerrillas revolucionarias y nacionalistas de los aos sesenta y setenta y ochenta eran capaces de utilizar la violencia, a veces de manera cuestionable, pero segn su programa y su tica, estas guerrillas libraban una guerra de resistencia o de liberacin. Cmo podamos pedirles a los vietnamitas que dejen las armas frente a los norteamericanos? Podamos condenar la violencia contra civiles desarmados, pero en el terreno del enfrentamiento militar no podamos condenar la violencia de los vietnamitas o de los argelinos. No creo que pudiramos decir lo mismo de los norteamericanos o de los franceses. As mismo no podamos decir lo mismo de la violencia del ejrcito colombiano contra la Repblica independiente de Marquetalia en la que se juntaban pobres gentes a intentar una vida nueva. Sin embargo, como muestra el ejemplo de Palahniuk, y del consumo de un cine y una literatura llena de crmenes gratuitos y de una violencia extrema, hoy mismo carecemos de una reflexin moral y tica sobre la violencia y el mal. La violencia y el mal nos provocan un goce puramente sdico, un goce sin lmites: los rebeldes de antao saban que la violencia no deba provocar goce. Posiblemente hubiera muchos sdicos entre los guerrilleros y rebeldes, pero la orientacin general de una rebelin violenta no resida en el goce sino, como he dicho ya, en la liberacin y a veces en la resistencia a un invasor. Este es uno de los aspectos ms sensibles que podemos tocar en relacin con la herencia de los aos sesenta. Quisiera recordar, para explicar mejor mi posicin sobre este tema, a dos personajes histricos. El primero es Hlder Cmara, un obispo brasileo de los aos sesenta. El otro es el poltico heleno Alekos Panagulis.

Tanto Cmara como Panagulis se enfrentan a dictaduras sangrientas. Los dos sufren persecucin y, aunque Cmara no llega a la violencia, termina por justificar la violencia de las guerrillas contra el ejrcito, aunque admite que los jvenes guerrilleros no tienen ninguna oportunidad frente a las fuerzas militares. Pese a admitir la derrota, para el obispo la lucha de los guerrilleros es justa.

Panagulis intenta matar con una bomba al dictador de Grecia, pero falla. Lo someten a torturas y, algo que me conmovi profundamente es que Panagulis, an en medio de las torturas, se sigue enfrentando con sus opresores. Escapa varias veces de prisin y otras tantas veces lo vuelven a encarcelar. Cuando el dictador pretende regalarle una amnista, Panagulis se niega.

Podramos encontrar ejemplos semejantes en nuestro mundo actual? Resulta muy difcil. Quienes antao encarnaron las fuerzas de la libertad, como los guerrilleros de la Sierra Maestra, hoy mismo, tras casi sesenta aos de mantenerse en el poder, son en realidad las fuerzas de la opresin y la tirana. Han envejecido sin advertirlo. Y quienes utilizan el terrorismo contra civiles, aun cuando terminen inmolndose, carecen de la grandeza de los guerrilleros que se enfrentaban con el ejrcito o de Panagulis que encaraba a sus torturadores. Posiblemente por eso, al carecer de grandeza, la violencia con la que entramos en contacto nos produce vergenza y rabia en lugar de la melancola que pudo sentir en su momento Cmara por los guerrilleros cados. Es una violencia de cobardes.

Creo que, ltimamente, el rock y la poesa son ncleos duros de la historia y el destino. Y al revs: las canciones de la repblica espaola y los cantos partisanos resuenan en los aullidos de Jim Morrison y en la indignacin de Tzntzicos, Nadastas, Horacerianos, del cinema Novo y del arte experimental, como el Land art. Existe un hilo de continuidad entre la victoria de los Aliados y la resistencia contra los nazis y los jvenes rebeldes de 1960. Es ms, existe una corriente comn entre la victoria del socialismo en 1917 y las guerras de independencia y las revoluciones en el llamado Tercer Mundo que se extienden hasta los aos 90. Si lo miramos bien, existe una proyeccin an mucho ms larga que comunica, abierta o soterradamente, el lenguaje de la Comuna de 1871 con el lenguaje del Foro Social Mundial del siglo XXI. Ese lenguaje, si escuchamos bien, es el mismo que hablan Victor Hugo, Baudelaire, Rimbaud y los surrealistas, los beats, los situacionistas y las vanguardias de Amrica Latina; es el mismo lenguaje de Roque Dalton, Juan Gelman y Nicanor Parra. Franz Fanon dice palabras que resuenan en Jos Mara Arguedas! Lu Xun y Roberto Bolao no son tan diferentes entre s!

Lo que sucede con esa lengua franca, que atraviesa el tiempo y el espacio, es que ha debido de saltar, oponerse, interrumpirse. Tras la victoria contra los nazis, tras el ascenso de una cultura libertaria en los aos 60, se vino un periodo de reaccin: la victoria de los neoconservadores en Inglaterra y Estados Unidos; las dictaduras sanguinarias y el monopolio de los partidos nicos en Amrica Latina; el anquilosamiento de las revoluciones socialistas en Rusia, Europa del Este, China, Cuba; la degeneracin de los nacionalismos revolucionarios en tiranas y dogmatismos religiosos. Quienes antao luchaban en nombre del nacionalismo y el socialismo hoy lo hacen en nombre de Al y la fe en el Islam! El lenguaje internacionalista de los oprimidos, arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan, ha sido invertido y convertido en el lenguaje internacionalista de las corporaciones industriales y financieras. La poltica y la poesa de la libertad y la comunin que atravesaban fronteras han sido reemplazadas por los gobiernos mundiales y por el mercado cultural. Ese es el fondo y el trasfondo de por qu la herencia de los aos sesenta se nos vuelve al mismo tiempo extraa y atractiva: entre nosotros y la juventud de aquellos aos media una derrota. Quienes nacimos y vivimos despus cargamos con el peso de la derrota y por eso la imagen de aquellos aos luce borrosa y atractiva.

Pero cmo logr consumarse una derrota semejante? Por qu las fuerzas del socialismo libertario fueron incapaces, esta vez, de resistir? Por qu la poesa y la belleza se disolvieron en vanagloria y decoracin?

Tenemos, antes del hundimiento del espritu libertario, tres regiones que experimentan cambios histricos distintos. El que se denominaba Primer Mundo se encuentra, a fines de los aos sesenta, en medio de un pacto paradjico entre el capital y el trabajo. Las industrias han elevado el nivel de vida de los obreros y stos han terminado por identificarse, al menos culturalmente, con el estilo de vida de la burguesa. En aquellos aos Marcuse se refiere a la sociedad sin oposicin para definir cmo la izquierda y la derecha han logrado zanjar sus diferencias al menos las ideolgicas y han derivado en una civilizacin nueva: los obreros ya no buscan la revolucin mundial sino un aumento de sueldo. Este confort termina por disolver la mentalidad crtica y es, en ltimo trmino, engaoso: la crisis de los aos setenta va a dar inicio a la expropiacin del confort y al nacimiento de lo que Eric Hobsbawm denomin una subclase, es decir, aquellos que no tienen trabajo ni ninguna perspectiva de conseguirlo.

Cuando industriales y empresarios advierten cmo el pacto con los trabajadores implica finalmente la reduccin de sus ganancias, o ms bien, la imposibilidad de conseguir ganancias, terminan con el pacto y se llevan las industrias y los capitales a pases donde la mano de obra sea ms barata. Simultneamente, el capital financiero se instala en un lugar central con respecto a las industrias y al comercio y da origen a una economa especulativa. Es un momento de expansin del capitalismo frente al cual los obreros de los pases centrales no atinaron a reaccionar y que, en apariencia, resultaba beneficioso para los pases del Tercer Mundo que reciban a los inversores como enviados del progreso, la ciencia, la libertad, etc., por qu los capitalistas abandonaron sus industrias y mercados locales y se lanzaron a buscar nuevos obreros y nuevos mercados? Wallerstein lo explica de la siguiente manera: con el tiempo los trabajadores se organizan y mejoran sus condiciones de vida reduciendo el margen de ganancia de los capitalistas, que, para ampliar su produccin y mercado, abandonan a los trabajadores y se lanzan a la caza de nueva mano de obra y de nuevos mercados. Ya la produccin no resulta rentable. El territorio de este peligroso pacto es el Estado: cuando los capitalistas deciden desechar a los obreros rompen el pacto y se quedan con el Estado.

Tras la derrota de los trabajadores en el mundo industrializado, el capitalismo financiero y productivo se desplaza a terrenos en los que puede explotar mejor la mano de obra y en los que existen mercados ansiosos por consumir. Aunque los trabajadores del primer mundo pierden sus empleos de forma masiva, el Estado cubre de alguna manera sus necesidades y las grandes empresas mantienen los centros de investigacin y la produccin sofisticada en los estados centrales. Es decir, se establece adems una jerarqua entre trabajadores. Mientras, los estados subdesarrollados comienzan a desarrollarse, segn el modelo implantado por los capitalistas extranjeros y propios. En los captulos finales de Las venas abiertas de Amrica Latina, Eduardo Galeano denunci el nacimiento de este nuevo orden mundial cuando contaba, por ejemplo, cmo se instalaban plantas de produccin de automviles Volkswagen en Brasil, Mxico o Argentina. La integracin econmica termin por sustituir el internacionalismo revolucionario: es as como, saltndose el socialismo, los pases del Tercer Mundo se modernizaban y parecan compartir la riqueza y el saber de las potencias centrales. Esta modernizacin significaba la victoria del Primer Mundo en un territorio en disputa con el comunismo esclavista. El Tercer Mundo, Asia, frica y Amrica Latina, se dividi a su vez entre pases que optaron por el nacionalismo revolucionario cuya simpata por la URSS era abierta y pases que adoptaron la democracia y el capitalismo. Mxico, Argentina, Brasil son ejemplos de cmo gobiernos nacionalistas revolucionarios Crdenas, Pern y Vargas fueron quebrados violentamente por dictaduras fascistas que instalaron el liberalismo y el neoliberalismo. Pero en otras latitudes, Siria, Egipto, Libia, Angola o Mazambique, los gobiernos oscilaron entre el nacionalismo revolucionario, el socialismo y finalmente la dictadura. Como sucedi con Cuba.

Con el estancamiento y la derrota del socialismo real las coordenadas geopolticas y culturales cambian completamente. Aunque ahora el fracaso de los bolcheviques nos parezca lgico por el centralismo y el autoritarismo con que actuaron al inicio, y el hundimiento de la URSS resulte evidente por el terror mediante el que se impuso Stalin, y la desintegracin del mundo socialista parezca natural cara a la corrupcin e incompetencia que Hobsbawm seala en relacin con la poca de Brezhnev, lo cierto es que en los aos setenta semejante derrumbe estaba lejos de ser previsto y, aunque los crticos ms agudos, como Octavio Paz, daban por muerto al paciente, eso no significaba todava que las nociones de socialismo, libertad e independencia deban enterrarse.

Creo que cuando reflexionamos sobre estos acontecimientos podemos creer que el socialismo consistira solamente en una reparticin de los bienes, es decir, en una aparente igualdad econmica algo as llega a decir Leonardo Padura en su novela sobre Trotski, pero creo que semejante creencia es limitada, pues de nada nos servira contar con el sustento bsico si tenemos que vivir sometidos a un rgimen autoritario o totalitario que, cuando le plazca, puede sacarnos de nuestra casa y enviarnos a un campo de trabajos forzados. Es ms, el socialismo no sera solamente una conquista econmica y un goce de la libertad poltica, sino que implicara una esfera cultural en la que podamos expresarnos con libertad y en el que nuestras energas se orienten en direccin de nuestros deseos y, por lo tanto, de nuestra creatividad. De ah que las vanguardias de los aos sesenta sealaran el sustrato poltico de las decisiones personales. Lo personal es poltico, decan.

Cuando enterramos a la URSS, enterramos, tambin, al socialismo. Ese es el peso que cargamos quienes no vivimos ninguna efervescencia libertaria ni ninguna cercana con los sueos utpicos. Para quienes crecimos y vivimos en los ochenta y noventa, lo que nos qued fue la desilusin y la desesperanza. El consumo o el desempleo. El conformismo poltico y el canibalismo cultural. O sea, un mundo sin poesa, sin libertad ni igualdad. Quedaba China, donde el comunismo haba sido comprado. Quedaban los escritores profesionales. Quedaba el feminismo, el indigenismo, el ecologismo. Pero ya no era posible decir palabras en una lengua que atravesara las fronteras y prometiera la comunin entre los hombres. Existan las corporaciones multinacionales que atravesaban fronteras, pero su lenguaje era el de la sumisin. La etno-poltica, las reivindicaciones de las mujeres, el cuidado de la naturaleza suenan a particularismos, a un lenguaje que por su misma naturaleza no puede atravesar las fronteras nacionales y las fronteras de clase y gnero y signifique un reencuentro con los hombres. Este es el estado de cosas en que nos dej la prdida del espritu libertario de los aos 60.

La derrota poltica fue, al mismo tiempo, una expropiacin econmica y una imposicin cultural. Jameson lo aclara al comparar la resistencia que tuvo la guerra de Vietnam en los aos setenta con el silencio con el que fue recibida la guerra del Golfo en los aos noventa. Cuando se refiere a la literatura, el cine y el arte de los aos noventa y advierte su nostalgia por el pasado, su incapacidad para dar respuesta a los problemas del presente. Cuando observa cmo el esteticismo se asienta en la vida cotidiana y termina por disolver la potencia crtica y la experiencia de lo sublime. En un afn similar se embarcan Lipovetsky y Juvin cuando apuntan a la completa subversin de la alta cultura por la cultura de masas, cuando sealan cmo el capitalismo occidental ha terminado por convertirse en la base cultural de las sociedades no occidentales, cuando muestran que de la libertad individual hemos pasado a la vida solitaria y aislada. El conformismo, la nostalgia, la belleza decorativa; la cultura antao rebelde o espiritual convertida en mercanca, la aparente diversidad sometida a la lgica de la ganancia y el inters, la soledad: todas son experiencias de enfermedad, de envejecimiento, de renuncia y de derrota.

En la adolescencia me senta confundido por la msica y la literatura de pocas distintas. Me gustaban Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, pero mis contemporneos eran Nirvana y Queen y Metallica. Me gustaba Hemingway, John Dos Passos, Garca Mrquez, Herman Hesse; quiz porque era un lector solitario encontraba una grandeza natural en las novelas de aventura y donde los personajes intentaban algn tipo de hazaa. Creo que me sigue gustando Polvo y ceniza. En la escuela de literatura los que resultaban mis hroes naturales fueron reemplazados por el culto al texto y la asepsia poltica y cultural. Los dioses acadmicos eran Joyce, Eliot, Mallarm, Barthes, Foucault, etc. No quiero decir que Joyce sea un incapaz, sino que en los aos noventa lo utilizaban para restar un valor vital a la escritura. Lo mismo suceda con los dems. Por lo tanto Hemingway, Dos Passos, Roque Dalton eran residuos del pasado: el culto por el texto provocaba justamente ese sentimiento de melancola que anida en la derrota. Lo mismo suceda con Hendrix, Joplin, Morrison: haban cado para siempre y, aunque se escucharan, haba que ser contemporneo y cambiarlos por cualquier cosa, como por ejemplo por el rock sinfnico y msicas ms sofisticadas. No digo que Queen o Metallica sonaran mal. Pero eran demasiado suaves o demasiado severos. Dnde estaba finalmente la vida? Termin por enamorarme de Rimbaud, de Henry Miller, de Ernesto Cardenal, a quienes lea como quien comete a propsito una disonancia para aproximarse al hilo de la poesa y la historia que estaba perdido.

Quiz quepa preguntarnos si las fuerzas libertarias podan vencer verdaderamente sin convertirse con el tiempo en regmenes dictatoriales, o si hubieran podido sobrevivir a la expansin de empresas multinacionales, de la burocracia internacional financiera y poltica, y al poder de las potencias centrales. En su Historia del siglo XX Hobsbawm seala que la URSS intentaba reformar sus estructuras polticas, econmicas y sociales. Quera adoptar un modelo parecido al de Suecia, de carcter cooperativo y democrtico. La pregunta sera, entonces, por qu el ejemplo de Suecia no prosper, al menos en Europa, Estados Unidos y Amrica Latina? Por qu en lugar de crear empresas autogestionadas y sociedades libres los trabajadores terminaron por someterse a las corporaciones multinacionales y al poder de partidos y burocracias? Quisiera aadir que la vida cooperativa y democrtica de Suecia se encuentra muy cerca de las comunas libertarias de los aos treinta en Espaa y los soviets de la revolucin de 1917. Es decir que, si los soviets y las comunas hubieran podido sostenerse en el tiempo hubieran terminado por encontrar una forma similar a la de las cooperativas suecas. Si las comunas hippies de los aos 60 y las comunas anarquistas de principios del siglo XX hubieran logrado sobrevivir, hubieran recreado y ampliado una forma similar a la del cooperativismo. Por qu no sobrevivieron? Es ms, por qu en la misma Suecia estas invenciones sociales han entrado en retroceso?

Hardt y Negri sealan, en su conocido ensayo Imperio, que los discursos poscoloniales y posmodernos sobre la diferencia, el binarismo, la hibridacin no son una alternativa al nuevo orden mundial. Seran ms bien posiciones tericas que describen y terminan por reforzar el carcter expansivo, descentrado y jerrquico del Imperio (que segn los autores sera una versin ampliada de las formas polticas y culturales de los Estados Unidos). Los autores afirman all que el fundamentalismo religioso el Islmico o el Cristiano sera una respuesta de los perdedores frente al poder sin lmites del nuevo orden mundial. Creo que este libro es de una extraordinaria riqueza histrica y conceptual, y sin embargo, me atrevo a pensar que los autores se equivocan al creer que los fundamentalismos son una reaccin de resistencia al mercado, el consumo, el liberalismo y el fin de las fronteras. Aunque nuestra mirada apunta al futuro creo que las verdaderas alternativas al nuevo orden mundial se encuentran en experiencias histricas prximas al cooperativismo, el comunitarismo o las comunas, es decir, a experiencias que cobraron realidad en los aos sesenta, aunque hayan sufrido la violencia de la represin o hayan desaparecido por la desilusin de los comuneros.

El cineasta Raymundo Gleyzer, al que conoc por el querido amigo Joaqun Manzi, es un preclaro ejemplo de que es posible crear organizaciones obreras igualitarias y, al mismo tiempo, denunciar las traiciones al interior de los grupos de trabajadores. Gleyzer es una especie de cristalizacin de lo que he dicho unas lneas arriba, es decir, es una sntesis, y su experiencia es de una riqueza y de una ayuda enorme. Qu es lo que hizo este cineasta argentino? Como en muchos otros niveles en imprentas, fbricas, astilleros, etc., el grupo de trabajadores que haca pelculas con Gleyzer careca de jerarquas, es decir, aunque cumplan funciones diferentes, los utileros tenan una participacin semejante a la de los actores, los camargrafos estaban en igualdad de condiciones que el director. Admitir la igualdad es el principio de la creacin de grupos cooperativos o comunitarios. Una de las pelculas de Gleyzer, Los traidores, relata cmo el ascenso de un dirigente obrero va ligado a la entrega que hace el mismo de sus trabajadores a los patronos. En Los traidores Gleyzer muestra cmo se hunde el sindicalismo, la poltica de la representacin y finalmente la bsqueda de igualdad y de libertad. Su grupo de trabajo, Cine de la Base, contrasta abiertamente con lo que muestra en esta pelcula. Gleyzer muri asesinado por la dictadura argentina en 1976.

En el Cine de la Base est contenido el espritu libertario de los aos 60, su fortaleza crtica y la represin que experiment. Es cierto que el Cine de la Base se organiza en una poca diferente, en la que encuentra correlatos y un clima cultural que lo alienta y sostiene. El Cine de la Base no podra existir sin otras experiencias similares, que, a la manera de los consejos de obreros, terminen por crear una repblica de Soviets. Pero es preciso hacer nfasis en el principio de igualdad que neutraliza cualquier afn representativo, jerrquico y, en ltimo trmino clasista, y cmo ese principio puede dar lugar a experiencias semejantes en el presente.

No quiero mostrarme ingenuo y tengo muy presente un pequeo relato de Fernando Pessoa: El banquero anarquista. All el narrador, un banquero, defiende la libertad por sobre cualquier otro bien. Dice que, en el mundo en el que vive, la libertad significa controlar el dinero, y que no importa lo que haya que hacer para controlar el dinero, que significa la libertad. Sin embargo, el banquero anarquista suprime la igualdad como principio de la libertad. Cuando entr a militar en un grupo anarquista dice ms o menos el banquero me di cuenta de que siempre hay alguien que quiere dar rdenes, que quiere prevalecer. Es decir que en el grupo anarquista no exista una igualdad real, pues constantemente haba una lucha individual por prevalecer, es decir, por someter a los dems a una jerarqua.

Frente a este relato pesimista, que sin embargo debemos tener muy presente, una pelcula de Ken Loach, Tierra y libertad, relata la historia de una escuadra de milicianos internacionalistas durante la Repblica Espaola. Son nueve o diez combatientes, incluidas mujeres, que pelean en las filas republicanas y pertenecen a la CGT, el sindicato anarquista. Hay un momento en la pelcula en el que liberan un pequeo pueblo y, tras discutir y razonar con los pobladores, los milicianos y los campesinos en conjunto deciden, por medio de una votacin, colectivizar la tierra. Al final de la historia los milicianos son aplastados por el estalinismo del partido comunista. La pelcula comienza cuando el protagonista del film, un obrero ingls, muchos aos despus de los acontecimientos de la Repblica espaola, muere en soledad en la pobreza de su departamento. Su nieta llega al lugar donde el viejo miliciano est muerto. Despus la nieta lee las cartas y encuentra las fotos de los aos de miliciano de su abuelo. Y finalmente encuentra un pauelo con la tierra que los milicianos y campesinos colectivizaron. La nieta entierra a su abuelo con ese puado de tierra libre y comunal y se queda con el pauelo.

Creo que estos ejemplos y reflexiones pueden ayudar a comprender en qu medida la herencia de los aos sesenta est viva o puede revivirse. Esa herencia comprende, en su base, la invencin, permanencia y expansin de organizaciones y grupos libres e igualitarios capaces de producir bienes y mensajes y de imaginarse como alternativa al actual orden de cosas. Dice Edgar Morin: Pensaba y sigo pensando que el ncleo inventivo, ardiente, libertario comunitario es lo esencial de Mayo.


David Guzmn Jtiva (Quito, Ecuador, 1980) es novelista, ensayista y agitador cultural, impulsor de varias revistas. Es tambin profesor en la Universidad San Francisco de Quito y la Universidad Central del Ecuador. Recientemente ha publicado Detectives en la vanguardia. Modernidad y posmodernidad en Roberto Bolao (Quito, 2016).

Fuente original: http://ctxt.es/es/20180328/Culturas/18719/mayo-68-contracultura-neoliberalismo-colonialismo-cultura-literatura.htm

 


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