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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2018

Cultura popular
Entre el arte, el negocio y el control social

Marcelo Colussi
Rebelin


La televisin sin dudas que es muy instructiva porque cada vez que la prenden, me voy al cuarto contiguo a leer un libro. Groucho Marx

 

I

El arte fue, histricamente, un producto destinado a pequeas minoras, a las elites dueas del poder y a iniciados. Con la llegada del capitalismo y su gran produccin masificada, en el siglo XX tambin pasa a ser una mercadera ms para consumir. Surge as el arte de masas, la produccin artstica en serie dedicada a la gran muchedumbre de consumidores. Pero aparece entonces la pregunta: es eso verdaderamente arte popular? Qu entender por tal?

Definir lo popular es complejo. Puede tomrselo, desde una posicin conservadora, de derecha, en sentido casi despectivo, contraponindolo a elegante, a refinado. En ese caso, lo popular sera lo opuesto a aquello considerado de buena calidad; siguiendo esa lgica, entonces, estara vinculado con algo ms bien tosco, rstico. De ah a salvaje o primitivo, solo un pequeo paso.

Pero en otro sentido, con un carcter ms bien positivo, de afirmacin -posicin que encontramos en las izquierdas polticas, en los pensamientos de vanguardia, en las posiciones contestatarias- lo popular tiene el valor de reivindicacin, de grito de protesta. As, lo popular se opone a lo elitesco.

Ahora bien: si ahondamos la reflexin, en verdad qu es el arte popular? El surgido espontneamente del pueblo? Las composiciones annimas como La Cucaracha o Green Leaves? -quin no tarare estas melodas alguna vez?-. Los versos que podemos encontrar en cualquier pared de un bao pblico? Groseros muchas veces, pero sumamente ingeniosos otras. Las canciones de Silvio Rodrguez? Un mural de Diego Rivera? Una comparsa callejera? Es arte popular una pelcula de Chaplin (el actor ms visto en la historia) o una pieza de The Beatles (los msicos ms escuchados en el mundo, ms populares que Jess, segn dijo John Lennon)? Qu distingue a una manifestacin cultural como popular? Se debe considerar popular al Quijote de la Mancha, el libro ms vendido en todo el planeta luego de la Biblia? Eso es literatura popular? Lo es acaso Harry Potter o El cdigo da Vinci? (super vendidos best sellers, conocidos en todos los continentes). Y a propsito: La Mona Lisa, de Leonardo da Vinci es, seguramente, la pintura ms conocida del orbe. Es popular? Es eso arte popular? Pero, qu hay ms popular que los cmics? Quin no conoce a Superman, Popeye o al ratn Mickey? Son, entonces, ellos los representantes de la cultura popular?

Vemos que hay una gran complejidad para definir cundo una expresin cultural pasa a ser popular. Qu la define como tal: su masividad, su compromiso con las penurias de las grandes mayoras, su simplicidad? El Himno a la Alegra, es decir la musicalizacin del poema homnimo de Friedrich von Schiller que constituye el cuarto movimiento de la Sinfona nmero 9 en re menor de Ludwig van Beethoven es, quiz, una de las piezas musicales ms famosas del mundo, adoptada como himno nacional por la Unin Europea y nombrada por la UNIESCO como patrimonio cultural de la humanidad. Es, sin ningn lugar a dudas, absolutamente popular, pero nada tiene que ver con la simplicidad (es de una complejidad tcnica endiablada). No hay dudas que esto de definir lo popular es harto difcil.

Las revistas Vanidades o Selecciones son muy conocidas, muy vendidas. Las encuadraramos como populares entonces? Y por qu la pintura mal llamada naf -quin dijo que es ingenua o primitiva?- es popular? Porque la hacen pintores del pueblo sin formacin acadmica? La Gioconda goza de mucha ms popularidad en el mundo que cualquier cuadro de un pintor indgena -naf o primitivista- del lago de Atitln en Guatemala, o de Tahit, en la Polinesia. Cul es ms popular?

II

 

Como vemos, la cuestin no es sencilla. Estas preguntas no son novedosas, en modo alguno. Sobre lo que simplemente intentaremos enfatizar es respecto a que la masividad de algo no significa, por fuerza, que sea una creacin genuinamente popular; con lo que queremos afirmar, entonces, que lo popular no define, por s mismo, la calidad de lo producido. En todo caso, dadas las caractersticas de la moderna sociedad masificada y de hiper consumo que trajo el capitalismo, y como producto de estrategias mercadolgicas de comercializacin de gigantescas empresas, hoy da, desde el siglo XX en adelante, asistimos a una produccin cultural que llega a grandes masas pero no tiene nada que ver con los intereses profundos de la poblacin. Y tampoco con la calidad. Lo cual fuerza, una vez ms, a adoptar criterios para definir esta ltima. Por qu decir que la Novena Sinfona de van Beethoven tiene ms calidad que La Cucaracha?

Hoy da figura como segundo autor en lengua espaola ms ledo, por detrs de Cervantes, nada ms y nada menos que Corn Tellado, la escritora de novelas rosa (100.000 ejemplares semanales en su mejor momento de ventas). Por otro lado las fortunas que mueve el cine de Hollywood colocan a la industria cinematogrfica como una de las grandes fuentes de ingreso de la economa estadounidense (85 % de la produccin flmica mundial viene de all). Pero es sabido, de todos modos, que toda esta produccin lejos est de presentar una alta calidad artstica, ms all de los impresionantes efectos especiales que nos sorprenden da a da; y ese cine, sin ningn lugar a dudas, es popular en cuanto a su masividad. Los smbolos hollywoodenses son ya conos de nuestra cultura moderna global. Alguien podra atreverse a decir que no son populares? Los buenos y los malos, el muchachito ganador y la rubia bonita y tonta no son ya modelos prefigurados que indefectiblemente muchsimos habitantes del planeta tenemos incorporados sin haberlo pensado?

Valga agregar que muchas de las pautas culturales (que tienen que ver con el consumo y/o con la ideologa dominante) del mundo contemporneo, absolutamente globalizado, provienen de esa industria cinematogrfica: se expandi el uso del cigarrillo porque las estrellas de Hollywood aparecan fumando en sus pelculas; nos han hecho creer que los musulmanes son terroristas porque as lo presenta el cine; y ltimamente se premia ya no el muchachito bueno sino el transgresor como el ganador (sntoma de un capitalismo imperialista decadente que entroniza la impunidad como mensaje). Todos esos mensajes, completamente ideolgicos, son populares, en cuanto llegan y permean a las ms amplias masas. Por qu se expandi el cigarrillo en las primeras dcadas del siglo XX, y por qu ahora se empieza a abandonar? Porque los conos hollywoodenses lo estipulan (ahora el cigarrillo est de salida porque el gobierno federal estadounidense prefiere bajarle el dedo, dada la enorme cantidad de juicios perdidos por las aseguradoras que deban pagar enormes sumas a los afectados por las consecuencias de ese daino producto).

Tomemos, por otro lado, las telenovelas, produccin muy comn en el mercado latinoamericano y vistas en buena parte del mundo, desde Europa del Este a China, desde el frica al mundo rabe. Su impacto econmico es igualmente enorme, y para algunos pases como Venezuela, Mxico, Colombia, Brasil, Argentina, su volumen comercial es asunto de Estado. De hecho, en muchos canales las telenovelas actan como una columna vertebral de la programacin de la estacin, ya que si son exitosas ayudan a mejorar los niveles de audiencia del resto de la oferta televisiva de la seal. Es por eso que las estaciones televisivas destinan grandes presupuestos en la produccin de este tipo de programas. Adems las telenovelas son un producto de exportacin en que los derechos de transmisin son vendidos a otros pases del mundo, generando an ms ganancias.

Quin no ha visto alguna vez Alcanzar una estrella, Cristal o Betty, la fea? Kassandra tiene el rcord Mundial de Guinness por ser la telenovela vista en ms pases (128 en total). Durante la guerra de Bosnia exista un alto al fuego durante la transmisin de la telenovela brasilea La Esclava Isaura, y de acuerdo a datos suministrados por la UNESCO, en 1999 en Costa de Marfil muchas mezquitas adelantaron sus horarios de oraciones para permitir a los televidentes disfrutar de la mexicana Marimar. Son esas expresiones de arte popular?

Folletines, novelas por entregas, fotonovelas, radioteatros, telenovelas, cine de entretenimiento, oferta musical masiva, best sellers, cmics: en todas estas expresiones culturales que nos deja la industria capitalista hay un comn denominador. Son todos productos concebidos desde un planteamiento empresarial, son mercaderas preparadas, ante todo, para ser vendidas. A partir de ello, la mercadera -con las diferencias del caso en cada mbito- tiene siempre un sello distintivo: son novelas rosas. Es decir: mercaderas fabricadas para que el consumidor entre en un mundo imaginario, sin cuestionamientos, sin preguntas. El goce esttico profundo es reemplazado por la satisfaccin inmediatista, simplona. Como dijera el escritor espaol Javier Memba: Calidad y comercialidad raramente conjugan, esa es la opinin generalizada de la crtica en todas las manifestaciones culturales.

Preguntado sobre la novela rosa, el escritor cubano Reynaldo Gonzlez as se expres: Surgi como parte de los reclamos publicitarios de los peridicos de las grandes capitales, para aumentar el nmero de lectores. Acu un descubrimiento: el del pblico lector femenino, para el que establecieron frmulas, mensajes y un alambicamiento que dejaba a sus lectoras como presas dctiles de la moral heredada. A las mujeres destinaron esa produccin -nunca mejor colocada la palabra, pues como a tal se la vea-, con cuanto de peligroso conductivismo tiene esa concepcin de un trabajo que originalmente debera considerarse artstico. Degener en industria, en procedimiento serializado. () La llamada novela rosa es parte de la subcultura. Evidentemente, lo es porque no genera nuevas ideas, sino que reitera y consagra cuanto constituye el statu quo , asevera lo ya sabido y se apoya en recursos ya descubiertos por la literatura verdadera, la que implica riesgos ideoestticos. [Debe remarcarse] su subliminal magnificacin del consumismo y su afirmacin de conceptos de vida que subrayan el quietismo frente a las convulsiones sociales.

III

En un sentido amplio, toda la produccin cultural masificada tiene estas caractersticas de novela rosa. El best seller es fundamentalmente un producto ms de la moda, un producto equivalente a una superproduccin cinematogrfica, a un ritmo musical, a un perfume, y hasta a un modelo de coche, se expresaba el espaol Luis Goytisolo hablando de la literatura comercial, pero reflexionando sobre la totalidad de esta nueva mercadera que la gran empresa nos vende da a da. Dicho en otros trminos: la produccin artstica, o al menos buena parte de ella, a partir de la masificacin consumista que trajo el capitalismo desde fines del siglo XIX y ya en forma imparable en el XX, se troc en industria del entretenimiento. Por cierto, industria muy redituable: en el ao 2016, para no olvidar el dato, la facturacin de toda esta parafernalia de la industria cultural (peridicos, libros, radio, cine, televisin, discos, videoclips, videojuegos, internet) ronda los dos billones de dlares.

Esto implica una serie de problemas, abre interrogantes. Acaso no tienen derecho las grandes masas populares a acceder a una produccin que por milenios le estuvo vedada? En esa lgica, entonces, podra decirse que la gran industria en serie del capitalismo trajo mejoras a la humanidad, en todo sentido, incluido tambin el campo de la cultura. Desde la imprenta de Gutenberg o el daguerrotipo en adelante, las grandes masas populares pudieron empezar a tener contacto con el mundo selecto de las artes, de las letras, de la produccin cultural en su sentido amplio. Hoy da, desde un telfono celular en cualquier parte del planeta, cualquiera puede, por ejemplo, recorrer las galeras del Museo del Louvre, o tener acceso a toda la obra literaria de cualquier autor clsico. Desde la primera impresin de Gutenberg al internet de alta velocidad y los telfonos inteligentes, solo un paso. El paso se dio, y se sigue dando con una velocidad asombrosa, por lo que hoy millones de millones de seres humanos en todo el mundo se supone que pueden gozar del arte, tener acceso a la cultura, leer, investigar, gozar las ms grandes producciones culturales de la humanidad. Pero gozan del arte? Qu recibe la gran poblacin con toda esta oferta de entretenimiento llevado hasta su casa? Tal vez arte; pero quiz, ms seguramente: diversin, pasatiempo. Dato interesante: los libros ms vendidos en el planeta son los de autoayuda (Si usted quiere, puede!), los nicos para los que las casas editoriales invierten, no pidiendo a sus autores que se autofinancien la impresin.

Por supuesto que todos tenemos derecho a divertirnos. Por otro lado, la diversin es parte imprescindible de la dinmica humana. Es vital para nuestro equilibrio emocional, y una buena parte de nuestra vida la dedicamos a actividades que nos reportan goce. Lo importante a remarcar, no obstante, es la manipulacin grosera que se esconde en esta industria del entretenimiento. Es negocio, bsicamente; y no para el pueblo consumidor precisamente. Por otro lado, es una produccin concebida como mercadera banal, fcil de digerir, que lo nico que hace es reforzar el estereotipo de el que piensa, pierde. Tenga su tarjeta de crdito y. divirtase. Esa, seguramente, es la arista ms grandemente cuestionable: no hay nada de arte, y lo ms abundante, lo ms constatable es el manejo del pblico a quien se dirige.

No es ninguna novedad que el gran comercio meditico, esto que se dio en llamar industria del entretenimiento, manejado siempre por grandes corporaciones globales de las potencias capitalistas, termina siendo, junto a fabuloso negocio, la ms poderosa arma de control social que gener el sistema. Eso ya se entreva dcadas atrs, cuando comenzaba la monopolizacin de la comunicacin masiva. En el Informe Un solo mundo, voces mltiples. Comunicacin e informacin en nuestro tiempo, ms conocido como Informe MacBride, presentado en la Conferencia General de la UNESCO en Belgrado, 1980, se alertaba ya que la industria de la comunicacin est dominada por un nmero relativamente pequeo de empresas que engloban todos los aspectos de la produccin y la distribucin, las cuales estn situadas en los principales pases desarrollados y cuyas actividades son transnacionales. Se deca asimismo que con harta frecuencia se trata a los lectores, oyentes y los espectadores como si fueran receptores pasivos de informacin. Los responsables de los medios de comunicacin social deberan incitar a su pblico a desempear un papel ms activo en la comunicacin, al concederle un lugar ms importante en sus peridicos o en sus programas de radiodifusin con objeto de que los miembros de la sociedad y los grupos sociales organizados puedan expresar su opinin. Es decir que hace casi 40 aos atrs se denunciaba una tendencia ya evidente en aquel entonces, y que con el curso del tiempo fue agigantndose: la monopolizacin comunicativa unilateral, con los peligros que eso conllevaba.

Hoy en da es groseramente evidente esa tendencia: la clase dominante global (estamos en una fase de globalizacin total de los capitales) logra el control del mundo, adems de con armas cada vez ms poderosas, con estas armas ideolgico-culturales. De hecho, para ejemplificarlo con algo icnico, la vanguardia de la produccin cinematogrfica capitalista: Hollywood (con una pelcula puesta en el mercado cada 36 horas transmitiendo las bondades del american way of life), es una muy sopesada avanzada del gobierno federal de Estados Unidos.

En definitiva: esta difundida cultura popular, de popular no tiene ms que la masividad. Y eso, lo sabemos, no es sino una forma descarada de utilizacin de la gente. Pues, como dijo Adolf Hitler: A quin debe dirigirse la propaganda? A los intelectuales o a la masa menos instruida? Debe dirigirse siempre y nicamente a la masa! () La tarea de la propaganda no consiste en instruir cientficamente al individuo aislado, sino en atraer la atencin de las masas sobre hechos y necesidades. () Toda propaganda debe ser popular, y situar su nivel en el lmite de las facultades de asimilacin del ms corto de alcances de entre aquellos a quienes se dirige.

Ya sea desde una posicin de derecha que homologa popular con grosero, propio de la chusma, o desde una de izquierda que lo asimila a una reivindicacin y empata para con los oprimidos, ambas lecturas del fenmeno cultural en tanto hecho popular pueden ser cuestionables. Si existe alguna posibilidad de arte o cultura popular -nocin discutible por cierto; el arte es arte, a secas-, su condicin de popularidad radica en el acceso masivo que toda la poblacin puede tener para con l.

De dnde sali el prejuicio que lo popular debe ser de baja calidad? Eso es, justamente, lo que permite desarrollar una industria del entretenimiento basada en el desprecio por el buen gusto, fcil de digerir, pensada ms bien como anestesia. La gente quiere basura, por tanto le damos basura se escucha decir con ligereza a ms de un productor televisivo o cinematogrfico. Quin puede asegurar que eso quiera la gente? Cuando las poblaciones tienen otras oportunidades van ms all de la cosa ramplona. Vase, como ejemplo, Cuba, o la ex Unin Sovitica. En promedio, en esas dos sociedades est la mayor cantidad de lectores de literatura (no de best sellers). Quin dijo que la gente quiere basura? Eso quiere (y necesita!) el sistema para perpetuarse.

Vladimir Lenin, lder de la revolucin bolchevique, consultado alguna vez sobre por qu usaba camisas de seda siendo un militante comunista, contest que l luchaba para que todos pudieran usar ese tipo de ropa. Quin dijo que el arte, o la produccin cultural en su sentido ms amplio, debe ser producto de elites? Lo popular est en lo masivo, pero lo masivo puede -debe- ser algo ms que un videojuego que transmite valores de consumismo y hedonismo individualista, o la telenovela rosa donde la empleada domstica se termina casando con el acaudalado patrn . Por qu tenemos que estar condenados a Hollywood? El mal gusto est de moda, dijo el cubano Pablo Milans. Pero quin impone las modas? Podemos -debemos!- ir ms all de las banalidades.


https://mcolussi.blogspot.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 


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