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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2018

Apuntes sobre el eje verde que se desvanece

Miguel Muiz
Mientras tanto


 Y, por mucho que la dinmica de las banderas intente tapar el debate, tenemos ante nosotros una serie de sismos sociales de enorme amplitud y relevancia social. Solo a ttulo de recordatorio:

- La crisis del sistema de pensiones

- La nueva crisis de la vivienda en las grandes ciudades

- La precariedad del empleo y la pobreza

- El deterioro de los servicios sociales

- La violencia y las desigualdades de gnero

(Me gustara incluir la cuestin medioambiental, pero hay que reconocer que excepto en algunos conflictos locales, se trata de un tema que por desgracia no genera la percepcin social que merece, lo que no debe ser bice para seguir trabajando el tema).

Albert Recio, Romper los techos de cristal, despegarse de los suelos pegajosos , mt-e, n 166

Resultan perturba doras las implicaciones de esta reflexin de Albert Recio, por su acertada diagnosis sobre la ausencia de la cuestin medioambiental en las movilizaciones sociales, y por las implicaciones de futuro que dicha ausencia encierra. Pues, como el autor explicaba en otro artculo [1], la cuestin medioambiental no es un aspecto ms, sino que se halla estrechamente vinculada al binomio produccin/destruccin de bienes y servicios. Por tanto, tiene relacin con los cinco sismos sociales que Albert Recio menciona y, adems, permite vislumbrar las cada vez ms escasas opciones de las clases subalternas para que "tras esta noche oscura de la crisis de una civilizacin despuntara una humanidad ms justa en una Tierra habitable" [2].

Hay, pues, que interrogarse sobre las causas de esa ausencia de percepcin social del choque entre clases dirigentes y acomodadas, por una parte, y clases subalternas, por otra, en la produccin, gestin y distribucin de energa, residuos, agua potable y usos del territorio. Cuatro aspectos relacionados hoy y an ms en un futuro inmediato con cuestiones como pensiones, pobreza, empleo, servicios sociales, desigualdades y violencia de gnero o vivienda en las grandes ciudades.

Estos apuntes son, en gran medida, una exposicin de hechos que ya no tienen remedio.

Una parte de la ausencia es explicada, de manera indirecta, en el propio artculo cuando se apunta el papel clave del trabajo voluntario de personas jubiladas con cultura organizativa en el funcionamiento de organizaciones sociales activas en los cinco frentes que menciona. La cuestin medioambiental es el caso opuesto: un mbito en que el activismo profesional de jvenes o personas de mediana edad es casi exclusivo, lo que tiene implicaciones sociales; especialmente por el papel que juegan las zonas de confort en dicho activismo [3]. Pero, aun considerando esta explicacin acertada, creo que se pueden apuntar causas ms profundas.

As, la ausencia tambin puede entenderse a partir de la formulacin temprana del conflicto ambiental desde el primer da de la Tierra (1970), siguiendo su proyeccin internacional en la Conferencia de Estocolmo (1972) y llegando a la primera formulacin global, el informe Los lmites del crecimiento del Club de Roma (1972).

A partir del concepto pensar y actuar globalmente y localmente, derivacin del naf pensar globalmente, actuar localmente del primer ecologismo, se constata que los conflictos medioambientales no se dan directamente entre grupos sociales, sino a travs del medio natural, el mbito de la produccin/destruccin en que se basan. Esa mediacin distorsiona la percepcin social y propicia visiones/interpretaciones falsas, unas visiones/interpretaciones repetidas infatigablemente por las clases dominantes que se benefician de los conflictos ambientales. Nos limitaremos a enunciar cuatro: lo medioambiental como problema", el "todos somos responsables", el papel del "estudio de impacto" y la tecnociencia como solucin a los "problemas ambientales. Desarrollar slo estas cuatro ya superara de largo los lmites de este texto. As que podemos dejarlo aqu y seguir hacia las consecuencias.

Las falsas visiones/interpretaciones parten de un dficit que ya aparece en Los lmites del crecimiento y que se mantiene hasta hoy: la ausencia de un anlisis econmico riguroso del conflicto ecolgico. La economa, la disciplina que analiza/codifica todo lo relacionado con la produccin/destruccin de bienes y servicios y sus consecuencias, la que se halla en la base de los cinco sismos sociales enunciados por Albert Recio, no tiene vinculaciones slidas con la cuestin medioambiental. Un ejemplo: Naomi Klein, en su libro Esto lo cambia todo (2015), sobre el cambio climtico, denuncia no slo la desconexin entre los acuerdos sobre el clima de las COP, y las normas comerciales de la OMC (procesos que se desarrollan en paralelo), pese a que la actividad econmica y comercial est en la base de la devastacin ambiental, sino el contraste entre las formulaciones polticas de unos y otros: acuerdos difusos y de vinculacin laxa, en el mejor de los casos, en el mbito del clima; normas estrictas, minuciosas, y con sanciones en caso de no cumplimiento, en el caso del comercio.

Porque la inmensa literatura (libros, informes, dosieres, documentos, etc.) que ha analizado la catstrofe ambiental y denunciado sus secuelas se ha limitado a explicar problemas o amenazas genricas o concretas, nunca ha abordado el conflicto social subyacente y las implicaciones econmicas profundas, no ha incorporado la base material de las actividades de produccin/destruccin en su anlisis, ni sus consecuencias en la distribucin de bienes y servicios; ni lo han hecho los investigadores u organizaciones que han elaborado esos materiales, como tampoco lo han hecho aquellos que Albert Recio denomina economistas ecolgicos, cuya propia existencia resulta difcilmente demostrable [4].

Abundan los ejemplos de inconsistencia econmica en cuestiones ecolgicas; se pueden mencionar varios casos: la confusin y contradiccin en la concepcin de los llamados impuestos ambientales, la consideracin de servicio pblico de demandas que implican variables ambientales sin tener presente las desigualdades o desequilibrios de fondo, o todo el ruido organizado en torno a un concepto tan confuso como el decrecimiento. Estos tres ejemplos muestran esa forma de razonar en clave de universos paralelos en que se desenvuelven los ecologistas que se autoadjudican la etiqueta de economistas.

Sin una teorizacin econmica slida detrs, la etiqueta economa ecolgica, o economistas ecolgicos, engloba a un conjunto de aproximaciones: ecologismo de los pobres, economa descalza, metabolismos econmicos o el propio decrecimiento, que se dedican a extraer consecuencias genricas o descripciones econmicas de impactos ecolgicos o actividades ecologistas. Aproximaciones que se definen como alternativas a las corrientes de pensamiento en la economa; lo que es una manera de eludir las proyecciones sociales del conflicto o de cuestionar en profundidad, desde el ecologismo, los conceptos econmicos al uso.

Por tanto, slo queda esperar. Cerremos estos apuntes con un catlogo de deseos no cumplidos de un maestro de muchos y profesor de unos pocos:

La tarea se puede ver de varios modos []: consiste, por ejemplo, en conseguir que los movimientos ecologistas, que se cuentan entre los portadores de la ciencia autocrtica de este fin de siglo se doten de capacidad poltica revolucionaria; consiste tambin, por otro ejemplo, en que los movimientos feministas, llegando a la principal consecuencia de la dimensin especficamente, universalmente humana de su contenido, decidan fundir su potencial emancipador con la de las dems fuerzas de libertad; o consiste en que las organizaciones revolucionarias clsicas comprendan que su capacidad de trabajar por una humanidad justa y libre tiene que depurarse y confirmarse a travs de la autocrtica del viejo conocimiento social que inform su nacimiento, [] para reconocer que ellos mismos, los que viven por sus manos, han estado demasiado deslumbrados por los ricos, por los descreadores de la Tierra [...] [2].

El prrafo final de ese escrito de Manuel Sacristn tambin ayuda a explicar la ausencia de percepcin social que Albert Recio expone. De los tres ejes de la emancipacin (o cuatro, pues tambin haba que contar con el eje blanco del pacifismo), el rojo, el violeta y el verde, el eje verde se desvanece a medida que el conflicto ambiental se vuelve ms violento [5], implacable e ineludible.

Notas

[1] La crisis ecolgica llama a la puerta? Cuaderno de postcrisis: 2, en http://www.mientrastanto.org/boletin-163/notas/la-crisis-ecologica-llama-a-la-puerta .

[2] Mientras Tanto, n 1, noviembre-diciembre de 1979, pp. 5-7, en Manuel Sacristn, Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Icaria, 1987.

[3] Vase http://www.mientrastanto.org/boletin-151/notas/el-ecologismo-y-sus-zonas-de-confort .

[4] Es importante constatar que el excelente y exhaustivo anlisis crtico de la economa desarrollado por Steve Keen en su obra La economa desenmascarada no menciona la economa ecolgica en el captulo 18, dedicado a exponer las alternativas a la actual escuela hegemnica. El anlisis de las obras de Manfred Max-Neef y Joan Martnez Alier, e incluso la aproximacin al decrecimiento ms argumentada y rigurosa, Prosperidad sin crecimiento. Economa para un planeta finito , de Tim Jackson, muestran ese carcter de discurso paralelo. Mencin aparte, por su intento de profundizar ms all del pensamiento paralelo, merecen las reflexiones y los llamamientos de Jos Manuel Naredo (y Antonio Valero) recogidos en su artculo Reflexiones sobre la bandera del decrecimiento, que an no he podido analizar con detalle, aunque, como el propio autor reconoce, no parecen haber tenido eco ni en el campo del ecologismo ni en el de la economa. Vase http://cdn.vientosur.info/VScompletos/vs_0118.pdf .

[5] Es importante conocer la obra de Harald Welzer Guerras climticas. Por qu mataremos (y nos matarn) en el siglo XXI (Katz Editores, 2010) para valorar el peso de la opcin de uso de la violencia en conflictos ambientales en un futuro. Un futuro que ya es casi un presente.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-167/notas/apuntes-sobre-el-eje-verde-que-se-desvanece 



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