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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2018

Entrevista a Rafael Hernndez, director de la revista Temas
Por un socialismo sin miedo (y III)

Christine Arnaud
TopoExpress


Christine Arnaud: El 7 congreso del PCC en 2016 seal la necesidad de perfeccionar la democracia socialista, mejorando la participacin de los ciudadanos, as como el control popular. T mismo, hace diez aos, deca en una entrevista publicada en El viejo topo que haba que reinventar el socialismo y la democracia para el siglo XXI. Cules son los elementos que favoreceran a tu entender la aparicin de un salto cualitativo en ese proceso democratizador? Cmo definir los parmetros de los cambios democrticos que requiere el pas e implementar los mecanismos que conduzcan a esa nueva democracia y garantizar su viabilidad?

Rafael Hernndez : La promesa de elevar el bienestar es inseparable de la agenda del socialismo. El apoyo masivo a la Revolucin en los aos 59-60-61 fue el de las personas humildes, que haban sido inoculadas con el virus del anti-comunismo, porque de pronto sus vidas mejoraron. La idea de que todos nos fuimos detrs de un bello ideal, del sueo de Mart finalmente realizado, encarnado por los barbudos que bajaron de la Sierra Maestra, envueltos en un halo de gloria, es una parte de la verdad. La otra, la decisiva, es que la poblacin humilde de Cuba, de los ms jodidos de la tierra, vieron por primera vez que el bienestar tambin les tocaba a ellos. El socialismo demostr su capacidad, no solamente para desafiar a los poderosos, a los norteamericanos, a los dueos, a los ricos, sino para que eso se tradujera en empleo, salario digno, acceso a la canasta bsica de alimentos y hasta algo ms, a la educacin, la salud, la seguridad social, comprar lo necesario para vivir; pero tambin disfrutar de vacaciones pagadas, e irse unos das a la playa, o a bailar, o a un restaurante. Todo formaba parte de las cosas por las que se luchaba y se mantena la bandera del socialismo en Cuba. Y por esa vida digna para todos vala la pena hacer sacrificios, incluso sacrificios muy grandes.

Por consiguiente, lo primero es no olvidar que el bienestar repartido y el nivel de vida estn en el pacto social de la Revolucin, por decirlo as, desde sus orgenes, y que resulta inseparable de la idea democrtica. Pues si la gente est preocupada por cmo va a resolver sus necesidades bsicas para su familia el da de maana, la posibilidad de que sea un ciudadano pleno y participativo est muy limitada.

La cuestin de la democracia socialista conlleva al menos tres nudos de problemas, que es necesario entender antes de poder concebir soluciones.

La primera es la centralizacin del sistema. Este socialismo hipercentralizado y de estilo poltico verticalista nos ha acompaado todos estos aos, desde los 60 o sea, antes, durante y despus de la Unin Sovitica. Pero realmente es un problema tan viejo como nuestra historia. El rgimen colonial espaol imperante cuatrocientos aos era altamente centralizado, verticalista y muy burocratizado. Su herencia marc nuestra cultura cvica con rasgos como el que recoga aquella frase de se acata, pero no se cumple, reveladora de una actitud medio cnica frente a las leyes, a la pretensin de controlarlo todo desde un poder central. Las dos repblicas capitalistas dependientes pre-revolucionarias, a pesar de sus sucesivas modernizaciones, no cambiaron sustancialmente ese orden central. Finalmente, el socialismo le aport lo suyo a esa cultura centralizadora, y hasta la convirti en un rasgo virtuoso del sistema poltico y partidista.

Naturalmente, un sistema de toma de decisiones descentralizado es la premisa de un sistema ms democrtico. La solucin no consiste simplemente en desconcentrar el orden centralizado, sino en horizontalizar el proceso de toma de decisiones, as como el del control y participacin ciudadana en las polticas. Se dice fcil. Pero llevamos casi ocho aos desde el 6 Congreso del Partido, hasta se ha celebrado un 7 Congreso hace dos aos, y ambos han aprobado lineamientos que insisten en la descentralizacin. Sigue formando parte de las polticas de la Actualizacin del modelo, hasta el propio Ral Castro ha dicho que no habr reformas econmicas exitosas si no hay descentralizacin. Cunto ha avanzado la descentralizacin en Cuba? En qu provincia, territorio, municipio o localidad, a nivel de las bases, hasta qu punto las decisiones se han transferido, los gobiernos locales tienen ms control y capacidad de decisin sobre los recursos que tienen a su alcance y sobre las polticas que pueden implementar? Probablemente no hay poltica ms atrasada que esta.

No se puede avanzar en la descentralizacin econmica si no se logra hacerlo en la descentralizacin poltica, porque son lo mismo. En este socialismo no es posible modificar la economa sin cambiar el proceso de toma de decisiones polticas, pues se trata de una economa mayoritariamente estatal, sujeta a polticas, que si se deciden arriba, no se toman abajo.

El segundo nudo es la falta de reflejo de la diversidad de la sociedad en el sistema de direccin de la economa y el sistema poltico. Somos una sociedad ms heterognea que nunca en el ltimo medio siglo. A reserva de examinar los defectos que trae la mayor desigualdad, los grupos sociales existentes con un perfil bien marcado tienen conciencia de s, incluidos sus intereses, que deberan ser recogidos por la poltica. En cambio, muchos discursos todava parecen corresponder a la dictadura del proletariado. Para que exista un socialismo democrtico, esos intereses deben ser ventilados por las instituciones del sistema poltico, incluidas las representativas de la ciudadana. No me refiero a un sistema multipartidista, sino a hacer que el sistema poltico y sus organizaciones se hagan cargo de esta diversidad de intereses no solo legalmente reconocidos, sino legitimados por el nuevo discurso socialista.

Esa rectificacin del funcionamiento de los rganos polticos tambin es parte de la agenda de la Actualizacin del modelo. Dice Ral que, para ser partido nico, el PCC tiene que ser el ms democrtico del mundo. Hay mucho, sin embargo, que enmendar en el funcionamiento real del sistema poltico. La Asamblea Nacional, que es el mximo rgano del poder del Estado segn la Constitucin vigente, es un coro de voces coincidentes. As no es la sociedad cubana.

La solucin no es tan simple como establecer un sistema multipartidista, porque ningn caso nacional ensea que, por su obra y gracia, se alcance una democracia entendida como el gobierno de los ciudadanos, por los ciudadanos, para los ciudadanos, sino ms bien una partidocracia. A veces esa autocracia de los aparatos partidarios se rompe; pero casi nunca lo hace por la izquierda. Cuando sale por la derecha, podemos tener a Donald Trump.

El sistema del Poder Popular en Cuba se basa en un proceso electoral muy democrtico y transparente, del cual se parte a nivel de base. Y que se va haciendo menos transparente y abierto a medida que sube. Si las reglas que gobiernan la participacin ciudadana en el proceso de candidaturas y libre sufragio popular en las circunscripciones electorales se aplicaran no solo a nivel de base, sino de abajo arriba, estaramos ms cerca que nadie de alcanzar una democracia plena. Si nosotros logrramos tener las mismas reglas de democracia y transparencia arriba, tendramos la Asamblea Nacional ms democrtica que existe en el universo.

Pensando en las experiencias polticas que podramos aprovechar de otros, como por ejemplo, las de Vietnam, all existe un partido comunista que no permite la competencia de otros. Ahora bien, las sesiones de su Asamblea nacional duran 90 das al ao (45 y 45 cada una). Mientras que las nuestras ocupan solo seis (3 y 3). Cmo puede ser que con tan poco tiempo, la Asamblea Nacional del Poder Popular alcance alguna capacidad de discernimiento sobre nada menos an poder de decisin? En cambio, en esos 90 das los vietnamitas interpelan y cuestionan a los ministros, de manera que hasta al Primer ministro lo ponen contra la pared, por decirlo as. Aunque la experiencia histrica tiende a sugerir que un sistema poltico encabezado por un partido comunista no puede ser as, los vietnamitas lo hacen. Sin lograr esa participacin ciudadana en un sistema transparente y abierto, desde la circunscripcin hasta la Asamblea, no vamos a tener jams ese socialismo democrtico nuevo.

El tercer nudo es el de la ley. En los aos 60, incluso cuando t llegaste a Cuba, casi ninguno de nosotros estaba estudiando derecho. Porque se perciba como un oficio propio del orden burgus. Las revoluciones se hacen contra ese orden, de manera que los revolucionarios se cagan en la ley. Sin embargo, cuando avanzamos en los 70, el reordenamiento y la institucionalizacin demandaron juristas, as que las facultades de derecho se llenaron otra vez. La ley se fortaleci como expresin de un orden institucional nuevo y de sus reglas de funcionamiento, pero su alcance estuvo determinado a la larga por los ciclos de la poltica imperante, una especie de herramienta subordinada a las necesidades de cada momento, con un poder real disminuido frente al arbitrio de la burocracia.

Es decir, que la toma de decisiones en los diversos sectores e instancias del gobierno, el funcionariado que las administra se ha acostumbrado a generar reglas particulares que pueden alejarse incluso de las leyes y tambin de la Constitucin. As que, por ejemplo, una norma dictada por un ministro no se aviene con enunciados constitucionales. Y no pasa nada. Esa falta de conciencia sobre la importancia de un ordenamiento legal que se respete, y que le permita a los ciudadanos cuestionar las instituciones; que le entregue, a travs de la ley, de manera real y eficaz, no solo formal, la capacidad para disputarle a cualquier organismo sus decisiones, ahora mismo descansa ms en el Partido que en los rganos que administran justicia. De manera que se recurre ms al PCC que a los tribunales para zanjar problemas o reparar arbitrariedades. Y no es por falta de leyes, fiscalas, bufetes de abogados que defiendan a los ciudadanos, sistema de tribunales de abajo arriba, cdigos de todo tipo, concepciones avanzadas sobre el castigo, la rehabilitacin de sancionados y su reincorporacin social, muy escasas en otras partes.

Lo paradjico es que se trata de una ciudadana ms preparada en su conjunto para actuar dentro de un estado de derecho que en la mayora de los pases, en el sentido de autoconciencia ciudadana sobre sus derechos y deberes ante la sociedad. Por dems, se trata de un nudo central en las polticas de la Actualizacin [1], respecto a las de cualquier momento anterior. En ninguna otra etapa, ni Fidel ni ninguno de sus primeros ministros, los ms altos dirigentes, que dejaron huella en cada etapa de la historia revolucionaria, el uso de la ley como instrumento central de cambio social, econmico, poltico, ha tenido tanto relieve y significacin como ahora para construir un orden socialista nuevo y estable, y al mismo tiempo abierto a una matriz de cambio, que permita renovar conceptos y polticas a medida que se avance. Se trata de que tanto la cultura cvica como la de las instituciones asuman realmente el papel fundamental de la ley.

Qu pasa con las leyes que deben acompaar la actualizacin del modelo, que casi sin excepcin estn atrasadas? La demora en formular, implementar y aplicar las leyes que respondan a las polticas vertebrales aprobadas y declaradas por la Actualizacin es uno de los fenmenos polticos ms difciles de entender, y al mismo tiempo, ms reveladores sobre los problemas de la transicin. Hablamos no de meses, sino de aos. Lo mismo ocurre con la aplicacin de los reglamentos establecidos por las leyes (casi siempre, decretos-leyes, dictados por el gobierno central), que permitan avanzar sin desorden, sin incoherencia, sin corrupcin, sin relajo. Se toman decisiones, se aprueban regulaciones, se colegian proyectos de ley, se aprueban decretos de consejos de ministros, y finalmente, donde se poner en prctica, que es abajo, no se controla su aplicacin. La carencia de mecanismos que eviten la demora innecesaria de las polticas, e imponga la aplicacin de medidas y controles que han sido adoptados, y los complemente, provoca una especie de trabazn. Trabados, no encuentro otra palabra. Esta trabazn es muy costosa, sobre todo porque tiene un efecto de desgaste en la ciudadana. Ocurre con el estatus de la pequea y mediana empresa en el sector privado, el funcionamiento y extensin de las cooperativas, las atribuciones de los poderes municipales, la anunciada extensin de las experiencias pilotos de provincias como Mayabeque y Artemisa, en relacin con un sistema ms descentralizado a nivel territorial, o una nueva ley electoral. Pero tambin con un nuevo Cdigo de la familia, una Ley de asociaciones, de Cultos religiosos, y una larga lista de otras cosas.

P: A lo largo del siglo XX ha existido en Europa una corriente marxista heterodoxa. Esa corriente estuvo tambin presente en Cuba, en la facultad de filosofa de la Universidad de La Habana, a finales de los aos 60 y principios de los 70 y se expres a travs de la revista Pensamiento crtico. En la dcada de los aos 60, en sus Apuntes crticos a la economa poltica, el Che desarroll una concepcin terica que se apartaba del modelo ortodoxo imperante en aquellos aos. En qu medida una corriente heterodoxa, no dogmtica, ha estado siempre presente en la Revolucin cubana?

R: Entre los mximos dirigentes de la Revolucin cubana, la heterodoxia sobre el socialismo y sus ideas centrales ha sido parte central de un legado que sigue vivo. Ese legado no se ha caracterizado por copiar a nadie, ni por asumir ideas aceptadas, aquello que Flaubert llamaba ides reues. En los ltimos das de su vida, Fidel, ya anciano, y a fin de cuentas un ser sujeto a la condicin humana, sin embargo segua siendo muy heterodoxo en numerosas ocasiones. Lo era hasta el punto de decir: nosotros creamos saber que exista una ciencia del socialismo y la verdad es que despus de todos estos aos nos hemos dado cuenta de que nadie tiene realmente dominio de esa ciencia. O cuando afirm que la Revolucin no la puede destruir el imperialismo, pero s nosotros mismos. En los ltimos aos de su vida, esas eran an las ideas de un hombre acostumbrado a pensar a contra corriente, no segn la lgica de los apotegmas aceptados y de los dogmas.

El principal peligro de la Revolucin hoy no son los dogmas. Claro que hay gente dogmtica, con una mente cerrada, resistente al pensamiento crtico y al conocimiento aunque tambin hemos tenido ejemplos de dogmatismo ilustrado, algunos de los cuales escriben en el peridico. A quienes piensan que el socialismo es esto, y no lo otro, no se les acusa hoy de antimarxistas, revisionistas y otras etiquetas de aquellos 70. A m juicio la peor enfermedad infantil del socialismo sigue siendo el sectarismo, consistente en calificar a los que no piensan dentro de cierta lnea que es supuestamente la de la Revolucin, como enemigos, influidos por la mentalidad del capitalismo y del imperialismo, agentes diversionistas a su servicio, de manera consciente o inconsciente. Esas divisiones discriminatorias en las filas de la Revolucin se emplazaron pblicamente por Fidel y el Che en el ao 62, y volvieron a emerger en un juicio pblico en 1964, y en una conspiracin vinculada a la URSS en 1968, todas relacionados con figuras y estilos presentes en una parte de la antigua dirigencia comunista, la del Partido Socialista Popular.

Ms all de aquellos eventos remotos, se trata de una mentalidad, presente en la cultura poltica socialista cubana, que tilda de desviados ideolgicos y quintacolumnistas a los que no piensan como los sectarios, quienes ya no suelen tener que ver con ningn viejo partido o corriente ideolgica particular. Dedicarse a poner etiquetas a todos los que critican o simplemente no replican el discurso conservador es muy peligroso, porque provoca fisuras dentro de las filas de la Revolucin. Porque los sectarios son ms celosos con los que no piensan como ellos dentro de las filas que con el enemigo real. Cuando digo que es una enfermedad infantil, no se vaya a pensar en una fiebre puerperal o un sarampin, sino una especie de cncer, que ataca uno de los pilares fundamentales de la ideologa revolucionaria, recurrente antes y ahora en el discurso fidelista y raulista, la unidad de los revolucionarios.

Aun despus de toda esta experiencia traumtica de la crisis del perodo especial, y de las ltimas ideas de Fidel sobre el socialismo y el futuro del pas, el dogmatismo y el sectarismo debieron darse por erradicados. Si revisas la definicin que hace Fidel de la Revolucin en 2000, compuesta por catorce cualidades o aspectos, fjate en la primera de todas: Revolucin es sentido del momento histrico. Luego agrega que es Luchar con audacia, inteligencia y realismo. Eso es lo contrario del dogma. Luchar por la unidad, la independencia, nuestros sueos de justicia para Cuba y para el mundo es lo contrario de descalificar como enemigos a los que piensan diferente. A pesar de Fidel, y del discurso del propio Ral, quien como presidente ha contribuido a ese legado heterodoxo, calificando como vieja mentalidad y tonto el apego a las definiciones y los esquemas del pasado, la veta sectaria no se ha agotado entre nosotros, ni se mantiene asociada a las viejas generaciones, nada de eso. En lugar de rechazar como traicin al ideal socialista todo lo diferente, se ha convocado al debate de ideas. Y debatir es lo contrario de martillar, de pensar y educarnos a martillazos.

El debate de ideas requiere hoy ms que nunca de un pensamiento creativo, que identifique los problemas reales de la sociedad cubana, asuma la necesidad vital del pensamiento crtico para investigar y entender esos problemas, de ventilarlos pblicamente, para que sirva a todos, no solo a los decisores, y se convierta en un instrumento de cambio, porque la sociedad se apropie de l. Rescatar la cultura heterodoxa de los padres fundadores es imprescindible para el socialismo cubano. Como ocurre con la hereja religiosa, aunque la propia iglesia la anatematice, la hereja socialista resulta ser la fuente de renovacin de la doctrina.

P: Estos das Cuba fue azotada por el cicln Irma. Pude observar a la poblacin volcarse espontneamente en la recogida de ramas y de rboles cados, hasta bajo la lluvia. Hubo hace unos das una concentracin masiva en Cienfuegos para celebrar el 60 aniversario del levantamiento popular del 5 de septiembre contra la dictadura de Batista. Se percibe una gran energa que recorre la sociedad y hay algo que une a los cubanos, ms all de las vicisitudes. Quedan reservas subjetivas importantes en el pas? De qu est hecho el cemento que une a los cubanos?

R: A lo largo de nuestra conversacin, hemos tocado el tema de alguna manera. Est claro que bajo una amenaza externa, la tendencia a la unificacin, a la defensa nacional, que es la defensa de la sociedad y de nuestra vida como cubanos, del pueblo, lgicamente se refuerza. Incluso los cubanos que critican fuertemente el sistema y tambin a nuestro liderazgo, cuando se miran en el espejo que nos rodea, en el de Amrica Latina y el resto del mundo, pueden apreciar nuestros problemas desde otra perspectiva. Cuando alguien sale de Cuba de manera temporal, a explorar otras regiones, en busca de oportunidades que no se le presentan aqu; cuando sale, regresa, vuelve a salir y a regresar, segn mi experiencia personal con ellos, han profundizado su mirada sobre la realidad cubana y de verse a s mismo en relacin con esa realidad. O sea, que incluso cuando no quisiramos que la gente se fuera, que lamentamos la salida de jvenes a trabajar o a emplear sus conocimientos en otra parte -y lo lamentamos realmente-, si uno se fija bien, no existe educacin poltica como la de viajar y vivir en otra parte. Paradjicamente, ese desprendimiento, aunque a menudo doloroso, nos permite a los cubanos reencontrarnos a nosotros mismos en relacin con el resto del mundo, lo que por s mismo no perjudica, sino enriquece a la larga la unidad nacional, y eso que Fernando Ortiz llamaba la cubana. Y muchas veces regresan a Cuba pensando tambin que las cosas que han aprendido afuera les ayudan para poder aplicarlas aqu.

Este es el contexto social del socialismo y de cualquier unidad posible dentro de la sociedad cubana: contribuir al desarrollo del pas sobre reglas que faciliten la participacin de todos, desde sus experiencias diversas, trayendo consigo las cosas que hayan aprendido y que los acompaan. Carece de fundamento la afirmacin de que la mayor parte de los jvenes se quiera ir de Cuba, aunque a muchos la idea de viajar y probar fuerzas en otra parte les haya pasado por la mente, porque casi todos tienen un amigo o muchos que han tenido esa experiencia. Yo me pregunto: es maligno ese sentimiento? Indica que nos estamos desintegrando como sociedad o como nacin? Cuando yo tena 20 aos, en la Cuba de 1968, mi sueo era viajar por Amrica Latina, hacer lo que luego supe que haba hecho el Che, recorrer por tierra cada pas, y compartir directamente la vida de la gente. No tuve otro proyecto ms acariciado que ese. As que entiendo bien por qu la gente joven, y an menos joven, quiere viajar y conocer el mundo desde adentro.

Nuestra historia muestra que la conciencia nacional cubana, y tambin el socialismo, surgieron en una interaccin con el mundo, en un dilogo con otros. Aunque muchos crean que los cubanos vivimos en otro planeta, aislados del mundo, en un estado de desconexin, lo cierto es que las ideas, las mentalidades y las conductas de los ciudadanos reales indican otra cosa incluidos aquellos que repiten esa misma idea. Esa cultura abierta hacia afuera de los cubanos, su capacidad para captar el polen de las cosas que lo rodean, e incorporarlo al torrente sanguneo del pas, esa es una inmensa fortaleza de la cultura nacional. Se trata del funcionamiento de esa cultura, que rebasa el alcance de la ideologa, consistente en la capacidad de metabolizarlo todo.

Esa capacidad de metabolizar resulta esencial para pensar y practicar la unidad nacional. De manera que temerle a la cultura norteamericana, porque nos va a tragar, ya que son un pas ms grande y poderoso militar y econmicamente es un error. O peor, una debilidad estratgica. Claro que hay que estar alerta, vigilar las intenciones del gobierno y los otros poderes americanos, sobre todo cuando quieren traernos la libertad y la democracia. Pero no hay que temer el contacto con ninguna cultura externa, ni con la de esos americanos que nos visitan. Nuestra cultura nacional no es ms dbil que la de ellos de ninguna manera. En mi experiencia de hablarles casi cada semana a un grupo de visitantes de Estados Unidos, a lo largo de los ltimos diez aos, lo que ms me impresiona es que quedan hechizados por Cuba y los cubanos, mucho ms que el embeleso de algunos de nosotros con la cultura de los Estados Unidos.

P: Qu es lo mejor y qu es lo peor que podra pasarle a Cuba en los aos venideros?

R: Lo mejor que podra pasar es que los americanos nos dejaran en paz. Pero no tengo ninguna razn para pensar que ocurrir, pues difcilmente el gobierno de los EEUU renunciar a meter la cuchara en las cosas nuestras. Seguir siendo un factor de nuestra vida poltica, como en los ltimos 200 aos. Ellos no van a dejar que nos olvidemos de su antigua vocacin de meter la cuchara, para ensearnos cmo debemos gobernarnos. Histricamente, ese factor ha incidido en intensificar la conciencia nacional. Pero tambin ha alimentado el sndrome de fortaleza sitiada, que no facilita aperturas, ni favorece cambios, espacios de deliberacin, o la naturalizacin del disentimiento.

En consecuencia, lo mejor que nos puede pasar es precisamente tomar conciencia de nuestras fortalezas culturales, que no son inferiores a las de la cultura de la dominacin que ellos ejercen, y a sus valores ajenos a los nuestros, como dej dicho y demostrado Jos Mart. Solo as podemos contrabalancear la asimetra de poder econmico y militar con ellos mediante la la activacin inteligente de nuestras riquezas, que siempre han sido las de la cultura, incluida la resiliencia de lo cubano en nosotros, nuestra capacidad probada para prevalecer, y la determinacin de hacerlo. La raz de esa cultura nacional, y de la conciencia de la cubana, predata la ideologa socialista, y es ms honda que ninguna otra. Si el socialismo pudo germinar, crecer y fortalecerse como para aguantar las ventoleras del Norte, y las que se generaron aqu dentro, no fue sino porque se arraig en esa cultura.

Lo peor que nos podra pasar es que en lugar de pensar as, nos metiramos en una trinchera y nos pusiramos una mscara antigs, como si enfrentramos una guerra biolgica, y con eso evitramos que sus valores y artefactos nos infecten. Si en lugar de reconocer que la cultura de ellos tambin est en nosotros, y que esta opera como una vacuna, de manera que tenemos ms anticuerpos que, por ejemplo, los ciudadanos de la URSS, donde ni de casualidad se pona cine norteamericano en la tele; si en vez de hacer uso de esos anticuerpos, y nos defendiramos sobre el principio de inmunidad, creyramos en el poder aislante del condn, eso tambin sera lo peor que nos podra pasar. Porque en materia de valores y productos culturales, no hay condones que valgan. Ms bien ser contraproducente, pues no distraer de invertir en el desarrollo de un mayor conocimiento y acercamiento crtico a las cosas malas y buenas de esa sociedad norteamericana que tenemos al lado. Recuerdo ahora a un astrofsico alemn, al que conoc despus de la reunificacin, un hombre de izquierda, quien me explicaba el derrumbe del socialismo en la RDA a causa, deca l, no de ninguna situacin econmica o de falta de convicciones, sino de la ideologa del miedo. No se refera a la Stasi, sino a la otra Alemania, cuya amenaza penetr el sistema hasta los huesos, y entorpeci el desarrollo de una cultura poltica socialista sana, porque estaba pendiente de la competencia con la otra cultura, todava ms cercana que la cultura americana de la nuestra, pues era tambin alemana. Esa es una leccin que no debemos ignorar.

Por suerte, hoy hay bastante conciencia de esta situacin, no solo en el mundo cultural, acadmico, intelectual, y en la esfera pblica cubana, sino tambin en el gobierno, que se da cuenta de que la estrategia de la guerra biolgica no nos lleva a ninguna parte. En vez de estar ponindonos mscaras y cavando trincheras intiles, para cuando vengan los americanos, deberamos percatarnos de que no estn desembarcando de portaaviones, sino de cruceros, y de que ahora mismo se sientan en el borde de nuestra trinchera, con un mojito en la mano. As que ms vale avanzar hacia la retaguardia de ellos, seguros de que no nos van a lavar el cerebro, buscando todo lo aprovechable, y lo utilizable, para asociarnos con quienes podamos, no solo con nuestros viejos amigos de la solidaridad. Porque entre las muchas cosas que nos leg Fidel es el sentido poltico de buscar alianzas con todos aquellos con quienes tengamos intereses comunes, aun cuando no compartamos muchas otras cosas. La fortaleza de la Revolucin a nivel internacional se consigui precisamente as, porque su liderazgo, Fidel Castro y el Che Guevara, fueron capaces de encontrar aliados entre aquellos que no compartan nuestra ideologa, en la medida en que tenamos intereses comunes. Aparecieron esos intereses en todas partes, en Asia, Oriente Medio, Amrica Latina y Caribe, frica, gente que pensaba muy distinto de los revolucionarios cubanos y se convirtieron, gracias a una sabia estrategia poltica sostenida en principios, no en puro pragmatismo u oportunismo, en aliados de la Revolucin cubana, y esta en su aliada.

Ese principio estratgico es vlido de cara a la sociedad norteamericana. Claro que existen peligros y problemas. Te podra hacer una lista de veinte o ms. Pero ninguno de ellos est asociado a la endeblez cultural y social de Cuba. Se trata de algo que los propios doctrinarios de la poltica norteamericana advierten, y que expresan a su manera limitada en la idea del soft power. Entre los cuales uno es el desafo de una relacin diferente con los EEUU.

La capacidad de lidiar con esos riesgos y peligros no se limita a fomentar una conciencia poltica, sino es eminentemente cultural. Al desarrollo de esa cultura pueden contribuir hoy ms que nunca el pensamiento de las ciencias sociales y las humanidades, que son tambin patrimonio de una poltica ilustrada. La poltica puede hacer cosas muy por encima de lo que est haciendo, nada ms que aprovechando ms los resultados del conocimiento. Creo que el nuevo liderazgo cubano tiene ms conciencia que en ningn momento anterior del valor del conocimiento para la eficacia de una poltica socialista.

Nota:

[1] Ttulo otorgado por el gobierno cubano a la poltica de reformas aprobada por el VI Congreso del PCC en abril de 2011.

Tercera parte de la entrevista realizada por Christine Arnaud en La Habana, septiembre 2017. Editada por Alejandro Garca Arnaud y revisada por el entrevistado

Cuba. Por un socialismo sin miedo (I)
Cuba. Por un socialismo sin miedo (II)

 



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