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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2005

La historia de Cheney necesita una revisin

Tim Rutten
Los Angeles Times


Si el debate acerca de la guerra en Irak, encarnizada polmica que ahora acapara las primeras planas de nuestros peridicos, y las ondas de radio y televisin no prueba otra cosa, al menos ya ha demostrado que este gobierno considera que el perodo de atencin de la opinin pblica puede medirse en nanosegundos y que la memoria dura lo que un merengue a la puerta de un colegio.

Tomemos como ejemplo la sorprendente declaracin pblica en extremo reveladora hecha esta semana por el vicepresidente Dick Cheney y el director de la Agencia Central de Inteligencia Porter J. Goss:

Cheney declar este lunes ante una audiencia en el American Enterprise Institute que todo el que sugiriera que el presidente Bush o cualquier otra persona en su gobierno, haba tergiversado o exagerado los informes de inteligencia previos a la guerra que indicaban que Saddam Hussein supuestamente posea armas biolgicas o nucleares, para justificar la invasin a Irak, era culpable "del ms corrupto y desvergonzado revisionismo" histrico.

Segn el vicepresidente: "cualquier sugerencia de que la informacin previa a la guerra fue tergiversada, exagerada o fabricada por el lder de la nacin es completamente falsa" y es el resultado de un "pesimismo contraproducente".

Seguro.

Solo 24 horas antes, Bob Drogin y John Goetz de The Times describieron con detalles vvidos y convincentes la forma en que el gobierno exager y utiliz de manera insensata e incorrecta los informes de inteligencia sobre la presunta fabricacin de armas biolgicas de Hussein, proporcionados por el ahora notorio desertor iraqu de seudnimo "Curveball" (Curva). Quin dice que los espas no tienen sentido del humor? Segn Drogin y Goetz, los oficiales que atendieron a Curveball en Alemania, donde solicitara asilo poltico, advirtieron en reiteradas ocasiones a sus homlogos estadounidenses que su informante era un fabricador -posiblemente inestable- y poco confiable. Aun as, Bush y el entonces Secretario de Estado Colin L. Powell incorporaron sus fantasas entre sus argumentos de guerra. Los concienzudos agentes de la CIA, que trataron de denunciar el engao que el gobierno encontr deliciosamente conveniente, fueron enviados a oficinas sin ventanas ni telfonos.

Las razones de Cheney para ignorar estos hechos -y para calificar de "revisionistas", epteto con una fuerte carga poltica, a aquellos que se niegan a seguirlos- son muy claras. Un amplio espectro de encuestas de opiniones pblicas muestran que en la actualidad ms de la mitad del pueblo estadounidense cree que la guerra en Irak es un error y que el presidente los enga para justificar la invasin. El vicepresidente y sus aliados dentro del gobierno fueron los ms enrgicos defensores de la guerra y una reciente encuesta del Newsweek concluy que solo el 29% de los estadounidenses considera que Cheney es honesto o tico.

Por qu entonces ponerlo a dar la cara para justificar las acciones del gobierno? Como dijo William Kristol del Weekly Standard: "su popularidad ha disminuido y probablemente no sea el mejor mensajero para los independientes y los electores indecisos, pero si de discusiones se trata, hay que reconocer que es bueno y que su estilo es el apropiado."

Claro.

Aqu la cuestin no es llegar a la verdad de nuestra precipitada zambullida en el lodazal de Irak,- y, s, es hora de retomar esa palabra- se trata de ganar una discusin que ha reducido considerablemente la popularidad del Presidente.

Y esto nos lleva a Goss, de la CIA, que esta semana afirm al USA Today: "Esta agencia no tortura. Utilizamos capacidades legales para recopilar informacin de vital importancia y para ello empleamos una serie de tcticas especiales e innovadoras, todas legales y ninguna consiste en la tortura."

Afortunadamente, algunos de los que estn obligados a trabajar para Goss tienen la conciencia ms fuerte que su estmago. Las tcnicas de interrogacin descritas a la cadena televisiva ABC News no pueden catalogarse como "innovadoras o especiales," y s como tortura. Por ejemplo, emplearon los trminos "sacudir o golpear" a los prisioneros para provocarles dolor o miedo. Tambin refieren que a los prisioneros con grilletes en las manos y los pies se les obliga a permanecer de pie hasta cuarenta horas. A otros se les confina desnudos en celdas con temperaturas heladas, y los rocan peridicamente con agua fra.

Sin embargo, lo mejor es algo que se denomina "waterboarding" (simulacin de ahogamiento) y que las fuentes de la ABC en la CIA describieron de esta forma: "Se ata al prisionero a una tabla inclinada, con los pies en alto y la cabeza un poco mas abajo de los pies. Se cubre el rostro del prisionero con papel celofn y se vierte agua sobre este. Inevitablemente, los invaden las nuseas y un miedo aterrador a ahogarse que los lleva a suplicar de inmediato que pongan fin a la tortura."

El mircoles, en un editorial muy preciso sobre el tema, el peridico The Washington Post se preguntaba: "Acaso estas tcnicas 'no son tortura' como alega el Sr. Goss? De hecho, muchas de ellas han sido aplicadas por regimenes represivos en todo el mundo y el Departamento de Estado sola condenarlas con regularidad en sus informes anuales de derechos humanos. Al insistir en que no son torturas, el Sr. Goss establece una nueva norma, tanto para el tratamiento que otros gobiernos dan a los detenidos como para el manejo de los prisioneros estadounidenses. Si un piloto estadounidense es capturado en el Oriente Medio y luego golpeado, confinado desnudo en una celda fra y sometido a la tcnica de simulacin de ahogamiento Goss dira que no fue torturado.

Acaso importa?

Aparentemente a otras personas en la CIA s les importa. Como publicara el peridico New York Times el jueves, una de las razones principales por las que el Gobierno atenu los cargos contra el presunto terrorista Jos Padilla, a quien en un principio el Gobierno acus de haber conspirado para hacer estallar la llamada bomba "sucia" en los Estados Unidos, fue que los testigos ms importantes en su contra haban sido torturados. Son dos lderes de alto rango de Al Qaeda, Abu Zubeida y Khalid Shaikh Mohammed, actualmente detenidos en secreto por el gobierno de los Estados Unidos.

Segn el New York Times, el inspector general de la CIA descubri que Mohammed, considerado como el artfice de los ataques de 2001 al World Trade Center y el Pentgono, "haba sido sometido al uso excesivo de una tcnica que consista prcticamente en ahogarlo durante los primeros meses de su captura".

Aparentemente los informes relacionados con el tema nunca llegaron al escritorio de Goss, por lo que no tuvo la oportunidad de informar a Cheney. Quizs cuando lo haga, tambin pueda lograr que el vicepresidente solucione el problema de Curveball lo antes posible.

Los que ms han subido la parada desde el punto de vista retrico dentro del gobierno son Cheney y Goss y han contribuido a esclarecer el delicado problema nacional que tambin est en juego en el creciente debate sobre la poltica exterior de Estados Unidos en la guerra de Irak.

Hace cerca de 40 aos, el premio Nobel Czeslaw Milosz-cuyo libro "The Captive Mind" (la mente cautiva), de 1953, sigue siendo una descripcin inigualable de los males que supone el conformismo intelectual ante el oportunismo poltico, escribi el poema "Incantation" (conjuro), que comienza con estos versos:

La razn humana es bella e invencible.
No hay reja, alambre de pas, destruccin de libros
o sentencia de destierro que pueda vencerla.
Expresa con palabras las ideas universales,
Y gua nuestra mano para que escribamos
Verdad y Justicia con maysculas,
mentira y opresin con minsculas.

Hay un reproche mejor a las evasiones lingsticas de nuestros torturadores autctonos, sus cmplices y apologistas? Alguna vez los medios de difusin estadounidenses necesitaron con mayor urgencia recuperar el desdn de Edgard R. Murrow por esa falsa imparcialidad que "le otorga a las palabras de Judas la misma importancia que a las de Jess"?

Hacer un anlisis crtico del pasado no es revisionismo. Las sociedades maduras y sensatas -al igual que los individuos- aceptan que tienen la obligacin de analizar el pasado para comprender con mayor claridad el presente. No exageramos cuando decimos que esto es un deber moral. La historia, despus de todo, es nuestra memoria colectiva, aunque tenemos que reconocer que, an con la mejor de las intenciones, es inevitablemente selectiva y falible.

Es por eso que Cheney tiene razn al menos en una cosa: falsear deliberadamente la historia solo para obtener mayores ventajas polticas es una perversin social nociva en extremo. Es, utilizando su propio adjetivo hiriente y acertado, "censurable".

Sin embargo, el recuento sincero y la reflexin sobria no constituyen revisionismo, a menos que, por supuesto, ya se est comprometido con el auto engao y decidido a convencer a otros a vivir con esa mentira.

Traducido por Isabel Perea, para Cubadebate




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