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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2018

Elecciones italianas y crisis europea, paisaje a mitad de una batalla

Jnatham F. Moriche
Rebelin


Las elecciones italianas del pasado 4 de marzo arrojaron un resultado a la par concluyente e incierto: el sistema de partidos vigente durante el ltimo cuarto de siglo queda ya irreversiblemente atrs, pero la configuracin del que viene a sustituirle est an en buena medida por definir. Una crisis poltica orgnica en la cuarta economa de la Unin Europea (o tercera, si finalmente el Reino Unido consuma su salida) que tendr inevitables consecuencias sobre el proyecto comn europeo.

Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y la cada del Muro de Berln, Italia fue uno de los pases ms prsperos y avanzados del mundo capitalista, socio fundador de la OTAN y la CEE, pero tambin, con el partido y el sindicato comunistas ms grandes y mejor organizados de occidente, un territorio de frontera en el teatro estratgico de la Guerra Fra. El sistema poltico italiano de posguerra, enteramente sustentado sobre el imperativo compartido de la contencin del comunismo ―tambin en su dimensin ms informal, con la constante intervencin poltica norteamericana y la srdida connivencia entre aparatos de Estado y organizaciones mafiosas―, se desplom en 1992, carcomido por su masiva corrupcin e ineficacia y obsoleto tras la desaparicin del enemigo sovitico, con los maxiprocesos contra la corrupcin conocidos como Mani Pulite o Tangentopoli, para recomponerse a partir de 1994 en torno a la figura del magnate de la comunicacin Silvio Berlusconi.

Durante el cuarto de siglo en que Berlusconi ha dominado la vida poltica italiana como primer ministro o jefe de la oposicin frente a dbiles ejecutivos de centro-izquierda ― adems de como propietario de buena parte de los principales medios de comunicacin del pas ―, sus comportamientos estrambticos, sus alianzas con la extrema derecha o los significativos retrocesos en materia de derechos civiles o eficacia de la justicia han ocupado incontables portadas y debates, pero no han supuesto una verdadera excepcin al marco europeo, ni en trminos econmicos ― ms all de la singular influencia de la economa mafiosa en el pas ―, ni en trminos polticos, con dos grandes partidos neoliberal conservador ― la Forza Italia surgida de la recomposicin personalista del electorado de la Democracia Cristiana en torno a Berlusconi ― y neoliberal progresista ― el Partido Democrtico surgido de las cenizas reagrupadas del Partido Socialista y el Partido Comunista ― , idnticamente comprometidos con el proyecto de construccin neoliberal europea. El inciucio (aproximadamente, apao o chanchullo) entre ambas facciones del neoliberalismo italiano ha sido una versin pintoresca y ocasionalmente incmoda, pero en ningn caso disfuncional, del mismo bipartidismo neoliberal imperante en el resto de grandes estados europeos.

En 2011, la acumulacin de evidencias sobre las conexiones delincuenciales y la agitada vida privada de Berlusconi y, muy sobre todo, sus reticencias a asumir las draconianas recetas de austeridad dictadas por Berln y Bruselas a todos sus socios meridionales, le hicieron perder el favor europeo. Instituciones comunitarias y mercados financieros presionaron concertadamente hasta forzar su dimisin e imponer como sucesor al tecncrata Mario Monti, que se convertira en el primero de cinco primeros ministros sucesivos, de los que ninguno haba sido candidato al cargo en elecciones, avalados por una gran coalicin parlamentaria del centro-izquierda y el centro-derecha, arbitrada por la presidencia de la Repblica bajo la informal pero severa tutela de la Unin, y que han aplicado implacablemente sus recetas de austeridad, cronificando el estancamiento econmico, el desempleo y la pobreza y sumiendo en la frustracin y la rabia a buena parte de la sociedad italiana.

La principal vctima de las urnas del 4 de marzo ha sido el penltimo de esos primeros ministros de gran coalicin, Matteo Renzi, que en poco ms de dos aos ha pasado de aspirar al liderazgo europeo y planetario del neoliberalismo progresista a hundir al Partido Democrtico y sus socios de coalicin de centro-izquierda, que se desploman desde los 345 escaos (de un total de 630) obtenidos en las elecciones de 2013 a solo 122, mientras que su escisin por la izquierda Liberi e Uguali solo consigue 14 y la iniciativa movimentista Potere al Popolo queda fuera del parlamento; por primera vez desde 1913, los partidos de centro-izquierda e izquierda suman menos del 25% del voto emitido, concentrado en las clases medias y medias-altas metropolitanas y casi irrelevante entre las clases populares y en el mundo rural. La coalicin de centro-derecha consigue 265 escaos, pero por primera vez la Forza Italia de un Berlusconi visiblemente agotado queda, con 106 escaos, por debajo de sus socios ultraderechistas de la Lega, que bajo el enrgico liderazgo de Matteo Salvini y con un discurso de derecha proletaria xenfoba y euroescptica, exitosamente orientado a las clases populares ms soliviantadas por la crisis, saltan de 18 a 124, a los que hay que sumar los 34 de la ultraderecha ms tradicional de los Fratelli d'Italia que lidera Giorgia Meloni. El Movimento 5 Stelle, fundado hace una dcada por el popular cmico Beppe Grillo y el publicista Gianroberto Casaleggio al calor de las protestas ciudadanas contra la clase poltica del inciucio, y que en trminos muy aproximados representara una singular combinacin de elementos programticos y estratgicos de Ciudadanos y Podemos declinados en clave euroescptica, es el partido ms votado, pasando de 109 a 227 escaos, y forma en solitario el segundo mayor bloque parlamentario.

En resumen, los viejos grandes partidos se hunden e Italia resta ingobernable. El Partido Democrtico y Forza Italia (sin sus socios de ultraderecha, en principio mutuamente incompatibles con el centro-izquierda) no suman ya escaos para reeditar una gran coalicin que pueda seguir implementando sin resistencia las polticas de austeridad impuestas desde Europa. La coalicin de centro-derecha tampoco dispone de escaos suficientes, y no est an claro qu efectos puede tener entre sus filas un traspaso del liderazgo de Berlusconi a Salvini que se anticipa problemtico. La Lega y el Movimento 5 Stelle s sumaran una mayora parlamentaria suficiente, y comparten al menos parcialmente posiciones restrictivas sobre la inmigracin y crticas a la Unin Europea, pero ni Salvini quiere convertirse en el socio minoritario del pujante Movimiento 5 Stelle ni este, que congrega a electores de izquierda y derecha sociolgica y que con la retirada de Grillo y el nuevo liderazgo del joven Luigi di Maio busca construirse un perfil ms moderado y confiable, quiere tener como socio de gobierno a un partido que, aunque ha modulado su discurso en algunas cuestiones ― distinguiendo entre refugiados e inmigrantes econmicos o anteponiendo una posible renegociacin de los tratados europeos a la salida del euro ―, sigue vinculado a la internacional de Coblenza de las ultraderechas europeas y seala abiertamente a Donald Trump, Vladimir Putin, Viktor Orban o Marine Le Pen como sus referentes. La otra posibilidad numricamente viable, un gobierno del Movimento 5 Stelle y el Partido Democrtico, supondra para el primero una incmoda intimidad con la misma clase poltica tradicional a la que tanto ha criticado y para el segundo una no menos incmoda asuncin de al menos una parte de las posiciones crticas del Movimento 5 Stelle hacia la Unin Europea. Ni una presidencia de la Repblica sobradamente fogueada en setenta aos de composicin de mayoras y gobiernos imposibles parece capaz de resolver semejante laberinto de identidades y aspiraciones contrapuestas.

Parece, pues, que Italia se adentra en un imps de ingobernabilidad ―que podra pasar o no por la composicin de algn gobierno en minora, fragilsimo y fugaz―, que solo podr desatascar una nueva llamada a urnas, cuyo clivaje central sera esta vez, en detrimento del resto de fuerzas polticas, la disputa por la mayora absoluta parlamentaria entre las dos fuerzas de la derecha euroescptica. Como viene sucediendo una y otra vez en todo el continente durante la ltima dcada ―con la feliz pero aislada excepcin portuguesa―, la cerril negativa del centro-izquierda a distanciarse del neoliberalismo y cooperar con las fuerzas situadas a su izquierda bloquea toda posible alternativa a las polticas de austeridad y ensancha las expectativas del populismo reaccionario y la ultraderecha xenfoba, agravando la crisis del ya tambaleante proyecto europeo. Solo con un movimiento de enorme inteligencia y determinacin, capaz de conciliar la defensa del europesmo, la multiculturalidad y la solidaridad con la de los derechos sociales y la redistribucin de la riqueza ― bien mediante un decidido giro a la izquierda del Partido Democrtico, al estilo del nuevo Partido Laborista britnico de Jeremy Corbyn, bien mediante su sustitucin por una fuerza populista progresista con fuerte respaldo entre los movimientos sociales y el municipalismo, al estilo de Podemos ― , podra la izquierda italiana recuperar la iniciativa y jugar un papel relevante en el futuro del pas y de Europa. Por desgracia, nada parece indicar que una u otra cosa estn hoy prximas a suceder.

 

Publicado originalmente en La Marea, 23/03/2018: www.lamarea.com/2018/03/23/elecciones-italianas-paisaje/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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