Portada :: Feminismos :: Teoras y Prcticas Feministas
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2018

Feminismo & Urbanismo
El feminismo que quiere cambiar nuestras ciudades

Nacho Valverde
www.publico.es

El urbanismo de gnero, iniciado en los aos 90, se abre paso en Madrid y Barcelona para corregir el sesgo masculino que ha priorizado las polticas de planificacin urbana.


Despus de varias dcadas de feminismo y de denuncia de la desigualdad que soportan en el da a da, el pasado 8 de marzo las mujeres desbordaron las calles demostrando su capacidad de convocatoria independientemente de la afinidad poltica y del tamao del territorio-. En el urbanismo, la mirada feminista de nuestras ciudades se est abriendo paso en las instituciones tras ms de veinte aos de lucha en el mbito acadmico y profesional.

El diagnstico parte de que el urbanismo no es neutro desde el punto de vista de gnero, y que las principales directrices de la planificacin urbana se han tomado dando prioridad a las necesidades del gnero masculino. A pesar de la masiva incorporacin de la mujer al trabajo, ni desde el rea de urbanismo de las ciudades ni los cambios legislativos a nivel estatal o la ausencia de ellos- han corregido las dificultades de la mujer para compaginar su vida profesional y familiar, obligndolas a elegir muchas veces entre una de las dos caras de su vida.

Esta doble faceta que afrontan las mujeres del siglo XXI tiene su origen en una realidad que qued oculta tras la industrializacin, desarrolla la arquitecta Susana Garca Bujalance: Antes de la revolucin industrial, todo el mundo trabajaba incluida la mujer en el campo o en las tareas artesanales- y aunaban la actividad productiva y reproductiva. Es en ese momento, cuando por primera vez se segrega la esfera del trabajo productivo de la del reproductivo, siendo rentable solamente aquello que produce algo en la fbrica.

El trabajo reproductivo pasa a un segundo plano en la toma de decisiones y los arquitectos varones comienzan a proyectar las ciudades teniendo en cuenta su experiencia vital. Esta grave carencia se muestra en los usos del espacio pblico que realizan los hombres y las mujeres. Partiendo de un perfil de hombre blanco trabajador, que se desplaza de casa al trabajo en su vehculo privado, las ciudades han obviado las necesidades y diversas maneras de vivir una ciudad de la mayora de la poblacin: mujeres, jvenes, nios o ancianos. A nivel estatal, el ltimo censo de conductores de la DGT atestigua las diferencias de movilidad de ambos sexos: mientras que los hombres alcanzan la cifra de 15 millones de conductores, las mujeres conductoras se encuentran en 11 millones. Los hombres urbanistas tenan una visin del espacio residencial como una cuestin de ocio y descanso.

La vivencia de la mujer es muy distinta, los espacios residenciales son lugares donde se hacen tareas de apoyo y de cuidado cotidiano que suponen un trabajo y dedicacin importante. Podemos afirmar que las mujeres utilizan mucho ms la ciudad que los hombres, son las principales usuarias del transporte pblico, utilizan mucho ms todos los equipamientos de salud, educativos, deportivos y comerciales -como usuarias o en tareas de apoyo-, asegura Ins Snchez de Madariaga -experta internacional en materia de urbanismo de gnero-.

En esa lnea, otro estudio de gnero en la movilidad, realizado por dos investigadoras de la Universidad de Mlaga en el mbito de la regin, evidencia cmo las mujeres desarrollan menor apego al uso del coche para ir al trabajo (42% respecto a los varones) realizando ms desplazamientos para llevar y recoger a los nios del colegio (64%), temas mdicos (61%), cargas familiares (56%) o compras domsticas (63%). Los hombres, en cambio, centran sus desplazamientos en coche en cuestiones de trabajo (58%) y ocio (59%). En el uso de la bicicleta y el transporte pblico tambin se aprecian los contrastes de movilidad de ambos gneros, con diferencias de entre siete y diez puntos en favor de las mujeres.

Barcelona y Madrid priorizan la seguridad de las mujeres en las urbes


Uno de los aspectos que ms limita el uso de la ciudad por parte de las mujeres, amn de la dificultad de compaginar una vida laboral con el resto de desplazamientos que ocupan su tiempo, es la percepcin de la seguridad en el entorno urbano. A raz de casos como el de la manada, o el asesinato a las puertas del colegio de su hijo de una mujer a manos de su expareja en Elda, la sensacin de inseguridad de las mujeres ha ido en aumento autolimitndose en sus desplazamientos fuera del hogar.

Pese a esa sensacin, amplificada por el morbo y bombardeo incesante de las televisiones, Espaa se sita entre unos de los pases ms seguros del mundo, con una tasa de 07 homicidios por cada 100.000 habitantes, siendo los hombres las mayores victimas en las calles y las mujeres dentro de casa debido a la violencia machista. Cuando ests en un espacio pblico y tienes miedo de ser agredida, no es lo mismo sentir miedo de que te puedan pegar o agredir como le puede pasar un hombre, que te puedan violar en el caso de las mujeres.

Esto cambia sensiblemente la percepcin y de pronto la ciudad genera miedos que pueden ser reales, en el caso Espaa son irreales, pero la sensacin de miedo limita igual las posibilidades que la ciudad te ofrece. Restringe poder ir a trabajar cuando es todava de noche si no tiene un transporte pblico adecuado, poder volver a casa sola o con tu nio pequeo, explica la arquitecta y docente Susana Garca.

Para paliar esta sensacin de inseguridad, las dos principales urbes espaolas han comenzado a dar sus primeros pasos en el urbanismo con perspectiva de gnero. Importando un modelo llevado a cabo en Toronto o Montreal, Madrid y Barcelona han comenzado a realizar las llamadas marchas de mujeres para detectar las deficiencias de sus barrios. Partamos de la base de que hay un uso cotidiano que en las transformaciones urbanas planteadas desde el ayuntamiento no se ha tenido nunca en consideracin.

Cuando hemos empezado a poner en la prctica las marchas exploratorias, recorriendo los barrios en marchas nocturnas con mujeres, es cuando hemos ido identificando en lo concreto qu significa el uso cotidiano del espacio pblico y cmo lo viven las personas, sostiene Laura Prez regidora del rea de Feminismos y LGTBI-.

Tras ms de diez marchas exploratorias por diferentes barrios de la ciudad condal, las vecinas han detectado deficiencias en los barrios como la falta de iluminacin -relacionada con la percepcin de seguridad de las mujeres-, la dependencia del transporte pblico de muchas mujeres y la necesidad de unas aceras ms amplias para las mujeres que transitan con el carro de la compra, sillas de ruedas o el coche del beb.

La transversalidad en las polticas urbanas, clave para el urbanismo feminista

La seguridad o el transporte no son los dos nicos ejes que explican la fuerza del urbanismo feminista. El principal valor que destacan las expertas en esta disciplina es la apuesta por la transversalidad en las polticas urbanas, regionales y estatales.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona, conscientes de su importancia, decidieron impulsar la creacin de un rea especfico para las cuestiones feministas. No hay ningn rea del ayuntamiento que no est analizado desde la perspectiva de gnero, empezando por los presupuestos, la contratacin pblica, el urbanismo o la economa de los cuidados, desarrolla su responsable Laura Prez. Ins Snchez de Madariaga, como asesora de las principales regulaciones estatales y autonmicas en esta materia, ha detectado varios ejes donde se segregan los usos de la ciudad de ambos gneros.

La dispersin de los servicios pblicos en las urbes modernas, que ha promovido los desplazamientos en automvil, o la seguridad y la importancia del espacio pblico en las mujeres, ntimamente relacionada con la prdida de las habituales relaciones de vecindad en los barrios son algunas de las cuestiones a tener en cuenta. Pero tambin, las polticas de vivienda pensadas para las familias tradicionales, con dos progenitores y uno o ms hijos, obviando las familias monomarentales y la feminizacin de la pobreza con la crisis. Segn el INE, el 80% de las familias con un nico adulto tienen como cabeza visible a una mujer.

Las expertas en esta materia abogan por que el urbanismo de gnero no se clasifique como una moda, ahora que el feminismo est en boca de todos. Parece que ahora hay una voluntad poltica en firme de incorporar la perspectiva de gnero en las ciudades, pero esto no es ni mucho menos novedoso y desde el punto de vista acadmico se lleva trabajando desde los aos noventa, subraya Blanca Valdivia, del colectivo de arquitectas, socilogas y urbanistas Punt 6. El marco legal es bastante consistente, pero es en la prctica donde todava no se ha hecho prcticamente nada.

De lo poco que se ha hecho son las directrices de ordenacin del territorio del Pas Vasco, con elementos estructurales que tienen en cuenta la cuestin de gnero, aade Ins Snchez de Madariaga. Una de las principales acusaciones que ha tenido que afrontar esta visin del urbanismo es la perpetuacin de los roles de gnero que existen en la sociedad.

Respondiendo a la cuestin de si polticas como la armonizacin de la labor productiva y reproductiva de las mujeres amplifica determinados roles, Blanca Valdivia considera que es fundamental visibilizar el trabajo de cuidados y darle un valor social que hasta ahora no ha tenido: El mbito productivo es muy importante, pero sin las actividades de cuidado el mundo se para y el 85% de las personas que cuidan a enfermos y mayores son mujeres. Es una realidad que existe y no se puede ocultar, las mujeres seguimos duplicando a los hombres en el tiempo de dedicacin a las labores del hogar. No hay que normalizar el rol de gnero, la ciudad tiene que asumir los cuidados porque hasta ahora no los haba contemplado, puntualiza la regidora barcelonesa Laura Prez.

En la misma lnea, la arquitecta Susana Garca considera que el problema es que se sigue pensando que el trabajo reproductivo y productivo son mbitos separados: Las tareas reproductivas tienen que tener lugar. Ahora mismo, cuando una mujer tiene un hijo, es ella quien tiene que reducir su actividad profesional. Se trata de que cambie la legislacin y, que el padre y la madre, tengan espacios pblicos de lactancia y de cuidados. Que en las empresas se hayan abierto espacios de cuidado ha sido una conquista feminista que trata de visibilizar la funcin reproductiva, pero que favorece a padres y madres.

Fuente:http://www.publico.es/sociedad/urbanismo-feminismo-quiere-cambiar-ciudades.html


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter