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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2018

Entrevista a Enrique Gonzlez de Andrs sobre Reforma o ruptura? Una aproximacin crtica a las polticas del PCE entre 1973 y 1977 (I)
"Para calibrar la verdadera fuerza de la clase obrera, no parece un buen mtodo disuadirla de ejercerla en los momentos en que se puede inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro

Salvador Lpez Arnal
El viejo topo


Doctor en Historia por la UNED, Enrique Gonzlez de Andrs se ha especializado en las polticas del PCE durante el franquismo y la transicin, sobre la evolucin de la clase obrera y la economa espaola a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, y sobre la temtica de las transiciones polticas. Aparte de artculos publicados en revistas especializadas y en obras colectivas, es autor de La economa franquista y su evolucin. Los anlisis econmicos del PCE y Las transiciones polticas. Enfoque ideolgico y discurso acadmico. Una mirada crtica.

Me centro bsicamente en tu ltimo libro. Lo ha publicado El Viejo Topo recientemente. Mi enhorabuena. Muchas aristas de inters. Me voy a tener que dejar muchas preguntas en el tintero. Muchas.

Multitud de archivos, revistas, literatura primaria y secundaria. Cundo tiempo de trabajo te ha llevado? Por qu has elegido este tema de investigacin?

En primer lugar, quiero agradecerte la oportunidad que me brindas para explicar mi ltimo trabajo, que es una sntesis de mi tesis doctoral, defendida en el ao 2016, y cuyo comienzo data alrededor de los aos 2008-2009. La temtica escogida responde a un intento consciente por esclarecer, siquiera modestamente, uno de los captulos de la historia de Espaa en donde subyacen, an hoy, no pocos interrogantes, excesivos mitos y una cierta escasez de estudios rigurosos desde un punto de vista cientfico. El papel desempeado por el PCE durante aquel periodo, en la medida que fue el partido del antifranquismo, debe ser analizado de forma escrupulosa, lo cual implica una aproximacin crtica, al objeto de evitar que sigan existiendo demasiados interrogantes y excesivos mitos.

Cmo debemos entender los conceptos de reforma o ruptura que usas en el ttulo del libro?

No resulta fcil, en tan breve espacio, contestar la pregunta que me formulas.

Intntalo por favor

A mi juicio, para comprenderlos desde un punto de vista global, es ineludible partir de una consideracin. No se trata tanto de adentrarnos en los conceptos en s sino, en aquel contexto histrico concreto, sobre qu se aplicaban. Si nos referimos al rgimen poltico vigente, la dictadura franquista, la reforma consista en cambiar ciertos rasgos de aqulla sin trastocar sus fundamentos esenciales. La ruptura, por el contrario, trataba de subvertir dicho rgimen, para configurarlo en lnea con los establecidos en las democracias occidentales ms avanzadas. Este tipo de ruptura fue el preconizado por el PCE.

Sin embargo, dichos conceptos aplicados al sistema dominante, el capitalismo, poseen otro contenido. As, la reforma se basaba en modificar las polticas econmicas de los gobernantes franquistas, propugnando la participacin de los lderes obreros de la oposicin antifranquista en su diseo e implementacin, mientras que la ruptura supona la transformacin del capitalismo y la implantacin de un sistema socialista. Este tipo de ruptura fue rechazado por el PCE.

De acuerdo. Es interesante esta distincin que sealas. El interrogante del ttulo parece apuntar a que era posible una poltica distinta, una poltica que apuntara claramente hacia la ruptura. Es as? Las fuerzas antifranquistas estaban en condiciones de aspirar a ms?

En mi modesta opinin, s fue posible otra poltica. En el libro, examino algunos de los acontecimientos polticos y sociales ms relevantes que jalonaron el periodo que va desde 1973 hasta 1977, centrndome en los factores que los propulsaron y los resultados que depararon. Se puede inferir que las polticas llevadas a cabo por los lderes de las organizaciones obreras antifranquistas, entre las que destacan el PCE y Comisiones Obreras (CCOO), fueron un elemento crucial en el desenvolvimiento de aquellos eventos y en cmo finalizaron. Esas polticas, evidentemente, estuvieron muy condicionadas por una determinada estrategia y por un especfico programa.

Uno de los mltiples ejemplos que he escogido se vio con la alternativa que propona el PCE ante la crisis econmica que, en aquellos aos, se estaba instalando en Espaa. Aunque la correlacin de fuerzas hubiera sido desfavorable para las formaciones que luchaban por cambios radicales, argumento que fue utilizado hasta la extenuacin -y que no comparto-, eso no tiene por qu llevar conllevar la renuncia a la exposicin de un programa anticapitalista, en lnea, por cierto, con los estatutos del PCE. Podra haber explicado, pblicamente, que no era factible su implementacin en esos instantes. El problema fue que abander un programa que asuma con absoluta nitidez la lgica del funcionamiento del sistema capitalista.

Y por qu no compartes ese argumento que, segn dices, fue usado hasta la extenuacin?

Antes de responder concretamente, es necesario realizar una puntualizacin. Si uno observa el empleo de esta argumentacin a lo largo de la historia centenaria del PCE, partido en el que me he centrado en este trabajo, comprobar que sus lderes nunca han estimado que se diera una correlacin de fuerzas en Espaa favorable para que la clase trabajadora derribara el capitalismo. Ya fuera en la II Repblica, en la Guerra Civil, a lo largo del franquismo o en el periodo de la transicin hacia la democracia, la dirigencia comunista estimaba que las condiciones existentes en cada uno de dichos periodos no eran proclives para un cambio revolucionario de esa naturaleza. En consecuencia, sostengo que el rechazo del PCE a impulsar dicha transformacin no provena, en lo fundamental, de la constatacin de obstculos objetivos y subjetivos que la imposibilitaran en la fase histrica objeto de estudio.

Es ms, fijmonos en la ruptura democrtica abanderaba por el PCE. Los lderes comunistas consideraron que, debido al desarrollo de los acontecimientos que se fueron produciendo en Espaa y a la evolucin de la situacin internacional coetnea, no fue factible implementar la precitada ruptura, teniendo que desistir de ciertas reivindicaciones fruto de la debilidad de los apoyos sociales a las fuerzas polticas rupturistas. Sin infravalorar estos condicionantes, una explicacin ms profunda se hace imprescindible. Si el objetivo era la consecucin de un rgimen democrtico de corte occidental con un PCE legalizado y con tareas de gobierno para intentar que aqul se consolidara, si el instrumento era la negociacin y unas movilizaciones que no colisionaran con los fundamentos del sistema econmico, si haba que pactar el alcance de la ruptura con los poderes fcticos del pas, si era menester aparcar determinadas reivindicaciones para atraerse, o no atemorizar al menos, a los sectores democrticos de la burguesa, el resultado tendera a asemejarse a la crnica de una muerte anunciada.

En esos precisos momentos, se poda observar que el rgimen franquista mostraba serias grietas en su funcionamiento, cuya mxima expresin era el tono tan virulento y pblico de las desavenencias que se daban entre sus partidarios, que las divisiones de la clase dominante comenzaban a emerger debido a que comprobaban que el control social, que antao garantizaba el aparato estatal, se estaba resquebrajando, que las fuerzas sociales y polticas que luchaban contra la Dictadura tenan un predicamento cada vez mayor con zonas vitales del pas (Euskadi, Catalua, Madrid) agrupando a sectores amplios y muy influyentes de la sociedad. Por tanto, la correlacin de fuerzas no poda ser analizada de una manera esttica y, mucho menos, mecanicista. En determinados acontecimientos de indudable trascendencia, algunos de los cuales estn expuestos en el libro, las organizaciones e individuos presentes en los mismos desempearon funciones decisivas que i nfluyeron en el balance de dicha correlacin, de ah, que resulte obligado captar su intrnseco dinamismo y su evolucin dialctica.

Hacindome eco de una opinin coetnea, coincido con que se utiliz la correlacin de fuerzas desfavorable ms para zanjar buena parte de las discusiones sobre su verosimilitud que para caracterizar un determinado momento tras una pormenorizada evaluacin, teniendo en cuenta que, para calibrar la verdadera fuerza de la clase obrera, no parece un buen mtodo disuadirla de ejercerla en los momentos en que se puede inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

Por qu el perodo 1973-1977? Por la muerte de Carrero Blanco? Por las primeras elecciones legislativas?

Como suele ocurrir con la delimitacin de perodos histricos, cualquier eleccin adolece de cierta arbitrariedad. Sin embargo, estas acotaciones temporales, debidamente fundamentadas claro est, nos posibilitan enmarcar dinmicas sociales, polticas, econmicas que nos ayudan a comprenderlos. Desde el punto de vista poltico, la muerte del que fuera considerado delfn de Franco, el almirante Carrero Blanco, en 1973, supuso un serio varapalo para la continuidad de las principales seas de identidad del rgimen. Tambin en dicho ao, comienzan a emerger claros sntomas de ruptura con el ciclo alcista de la economa espaola, el denominado milagro espaol, en consonancia con la finalizacin del auge de la economa internacional.

En cuanto a 1977, la celebracin, como t muy bien dices, de las primeras elecciones legislativas marc un claro cambio con las pautas intrnsecas de la Dictadura. Asimismo, la colaboracin de los lderes obreros con representacin parlamentaria en las polticas econmicas de la incipiente democracia, los archiconocidos como Pactos de la Moncloa, constituy una diferenciacin sustancial con el periodo pretrito a la hora de intentar resolver los problemas endmicos del capitalismo.

Finalmente, en el mbito social y durante dichos aos, observamos una irrupcin muy notable de la clase trabajadora en la escena pblica, aspecto que se puede corroborar observando las estadsticas oficiales franquistas, adems, naturalmente, de otros sectores sociales como la juventud, las capas medias, etc. Asimismo, se visualizaban serias fisuras tanto entre las llamadas familias polticas del rgimen como entre sectores de las clases dominantes, fundamentalmente grandes empresarios y banqueros nacionales e internacionales, en lo tocante a qu opcin poltica era la ms conveniente para seguir manteniendo su poder y sus privilegios sin la presencia fsica del dictador.

Te centras en este perodo como has comentado pero abres tu exposicin con unos apuntes histricos previos y con el debate Claudn-Semprn-Vicens. Dos preguntas sobre ello si me permites. Por qu fue tan importante la poltica de reconciliacin nacional que propugn el PCE? Fue aceptada por todo el partido? Dio sus frutos? Lo analizado por ti est vinculado de algn modo a esa poltica?

Bueno, no son dos preguntas.

Tienes razn. Son muchas ms. Disculpas.

En cualquier caso, intentar darte una contestacin que englobe todos los interrogantes. La denominada Poltica de Reconciliacin Nacional (PRN), aprobada en 1956 por el Comit Central del PCE -mximo rgano entre congresos-, es considerada en medios polticos oficiales e instancias acadmicas como el punto de inflexin de las polticas de la citada organizacin. Creo que esta valoracin no se ajusta a la realidad histrica. La PRN fue un giro tctico que tuvo implicaciones en las actuaciones que, posteriormente, llev a cabo el partido, especialmente en lo concerniente al abandono de la lucha armada para derrocar al franquismo y a la reinstauracin de las instituciones republicanas. Sin embargo, la estrategia revolucionaria en la que se enmarcaba la PRN sigui inalterable y sta es una cuestin esencial, ya que no podemos olvidar que el PCE justificaba su existencia por ser el instrumento de la revolucin socialista. Consideraba que para conseguirla haba que pasar, al menos, por una etapa previa en la que era menester liquidar las reminiscencias feudales y precapitalistas existentes en el pas. Para ello, era indispensable una poltica de alianzas interclasista, cuyo punto nodal era la incorporacin de los sectores progresistas de la burguesa espaola. Esto significaba que aquellas polticas, actuaciones y reivindicaciones de la clase obrera que tuvieran un componente anticapitalista deberan eliminarse o, cuando menos, esconderlas, al objeto de no atemorizar a los precitados sectores. La propia dirigencia comunista sealaba que haba una continuidad en sus propuestas aliancistas, dado que su estrategia se mantena inclume. La Alianza Obrera y Campesina en 1934, el Frente Popular entre 1936-1939, la Unin Nacional entre 1939 y 1945, el Frente Nacional Antifranquista tras la finalizacin de la Segunda Guerra Mundial y la PRN a partir de 1956, sin olvidarnos de la Alianza de las Fuerzas del Trabajo y la Cultura y el Pacto para la Libertad que completaron la PRN a finales de los aos sesenta, eran jalones de un mismo camino. Podemos apreciar que, a pesar de los distintos escenarios histricos que se fueron atravesando, la apuesta fundamental no vari ni un pice.

Visto con ojos de hoy: quin tena razn en la polmica Claudn-Semprn-Vicens? Haba para tanto? No quedaba otro procedimiento organizativo que la expulsin?

Lo que he querido reflejar en mi investigacin ha sido el inadecuado tratamiento que se hace de la polmica, lo que nos incapacita para su debida comprensin. En un primer acercamiento, resulta imprescindible partir del conocimiento de las fuentes primarias que sustentaban el debate, es decir, de los textos de los promotores del marxismo-leninismo. Cuestin que, estudiando la amplia bibliografa sobre esta controversia, solo puede ser tachada de muy deficiente. En segundo lugar, el aspecto central de la contienda, que no nico por supuesto, reposaba en la diferente estrategia revolucionaria que tenan ambos grupos contendientes. Mientras que, la mayora de la direccin del PCE, encabezada por Santiago Carrillo, defenda la teora de las dos etapas para alcanzar la revolucin socialista, a la que ya me he referido en la anterior contestacin, Claudn apostaba porque la nica revolucin pendiente en Espaa era, precisamente, la socialista. Sin embargo, esta distincin tan relevante es omitida en la mayora de los trabajos e investigaciones realizados a tal efecto.

En cuanto a la expulsin

Por supuesto que haba otras opciones antes que la expulsin! El problema es que estas polmicas en las organizaciones comunistas que validaban el ideario estalinista, como era el caso del PCE, se solan arreglar usando estos mtodos organizativos.

Pero, en aquellos momentos, salvo error por mi parte, el estalinismo no estaba muy bien visto en los partidos comunistas. El XX Congreso del PCUS abra otros escenarios.

Mi opinin, a este respecto, no he podido incluirla en el libro por falta de espacio. Intentar responderte escuetamente.

Adelante, cuando quieras.

El XX Congreso del PCUS se centra en el rechazo a Stalin y a su legado, pero no desde una perspectiva de rgimen poltico, en el que se hiciera una autocrtica de la estrategia aplicada, de los programas aprobados y de las actuaciones practicadas por dicha formacin poltica, sino como producto de las perversiones y desenfrenos personales del que fuera secretario general hasta esos momentos. As, una cuestin tan decisiva como la teora de la viabilidad del socialismo en un solo pas no se cuestiona en modo alguno. El diseo, elaboracin y ejecucin de los planes quinquenales, espinales dorsales de un modelo basado en la planificacin econmica, prosiguen con los mismos rasgos que antes de la muerte de Stalin. Asimismo, la aplicacin de una determinada concepcin del centralismo democrtico se mantiene plenamente vigente.

Una de tus reflexiones: Vamos a huir de ejercicios endogmicos, por cuanto consideramos que una historia interna, en su acepcin literal, resulta insatisfactoria para cumplir los objetivos descritos. Qu hubiera sido entonces una historia interna?

Una historia en la que se prima desmesuradamente el devenir personal de cada una de las personas que han tenido un rol importante en el desarrollo del partido, confirindole unas atribuciones casi taumatrgicas. Una historia que enfatiza las cuitas internas de la organizacin, hasta el punto de que su trayectoria solo es comprensible desde esta ptica. Una historia en la que los acontecimientos van por derroteros totalmente diferentes a las actuaciones y prcticas de la militancia de estas organizaciones. En definitiva, una historia con la que no lograramos entender las polticas del Partido Comunista de Espaa.

Cul fue el programa del PCE durante esos aos? La conquista de la democracia?

El programa, como ya he apuntado, estaba basado en una perspectiva revolucionaria cuyo punto de apoyo central descansaba en la imposibilidad de alcanzar el socialismo en ese perodo. El PCE pensaba que, en aquellas coordenadas histricas, la nica alternativa posible al rgimen franquista era la consecucin de una democracia poltica y social que se mantena dentro del sistema capitalista. Manifest, de manera reiterada, que no quera abolir la propiedad privada, ni tampoco implantar el socialismo, sino un poder democrtico de todas las fuerzas antimonopolistas, entre las que inclua capas de la burguesa espaola.

Y al analizar este perodo, en tu opinin, habra que tener en cuenta la intervencin de los grandes poderes internacionales? Pienso, por ejemplo, aunque no nicamente, en Estados Unidos.

Es un aspecto muy relevante que, desgraciadamente, no he podido abordar en mi investigacin. La intervencin activa de los grandes potencias internacionales, especialmente los Estados Unidos, en el proceso de transicin a la democracia en Espaa es constatable a travs de mltiples documentos internos que ya han sido consultados y publicados. Intentaron propiciar un recambio a la dictadura franquista, cuando ya no hubo ms remedio por cierto, que fuera conveniente para con sus intereses. Ahora bien, en aquellos momentos, tambin lo ambicionaron en otras zonas del mundo y sus resultados no siempre se congraciaron con sus expectativas y deseos. As, en Chile consiguieron derrocar a Salvador Allende en 1973 pero fracasaron totalmente en la intervencin en Vietnam con una derrota clamorosa y sin precedentes. Inclusive, en el Portugal de 1974, no pudieron evitar un proceso revolucionario aunque s encarrilarlo no sin atravesar serias dificultades.

Te cito de nuevo: Entendemos que la explicacin histrica debe adoptar un carcter probabilstico, al incorporar el por qu no se produjeron otros escenarios diferentes al relato de los hechos que fueron aconteciendo y sus manifestaciones. Qu es esto del carcter probabilstico al que haces referencia? Podemos responder de hecho a la pregunta de por qu no se produjo lo que no se produjo? Cmo? Con qu documentacin No resulta muy conjetural toda respuesta? 

Requera una contestacin muy extensa pero, dada su trascendencia, no me resisto a esbozar algunas consideraciones. Los hechos histricos no hablan por s solos, hablan cuando el historiador les requiere, es decir, los elige, los prioriza, los contextualiza. Podramos decir que historiar supone interpretar, y eso incluye a las fuentes documentales. El historiador ya fallecido Julio Arstegui planteaba que la explicacin histrica tiene un carcter probabilstico. Qu quera decir? Por un lado, estar orientada hacia un objetivo que condensase los procesos que, finalmente, se materializaron, pero, por otro lado, contener el por qu no de la materializacin de otras alternativas potenciales, inscritas en la propia situacin histrica. En este sentido, sintetizaba que la verdadera explicacin de lo histrico deba centrarse en (...) Dar cuenta de la probabilidad de que la alternativa materializada lo fuese. As, pues, he apostado por relatar, desde un enfoque dialctico, la dinmica de los procesos que se fueron manifestando a lo largo de un tempo histrico delimitado en este caso, el final del franquismo y los inicios de la transicin a la democracia-, centrndome en las actuaciones del PCE, a la vez que he incluido el por qu no se materializaron otros escenarios potenciales diferentes.

En el apartado II del libro analizas tres huelgas. Una en Navarra; otra en Navarra y en el Pas Vasco, y la tercera en Madrid. Fue tan decisiva la lucha obrera de los trabajadores vascos y navarros? El PCE fue importante en esas luchas?

La eleccin de los tres conflictos sociales que mencionas no responde, en lo esencial, a las propias luchas en s. Por supuesto, fueron huelgas sobresalientes, secundadas masivamente y que pusieron en serios aprietos al rgimen dictatorial. Las he escogido, sobre todo, para que el lector pueda tener una idea ms cabal y precisa del alcance de la intervencin del PCE en aquel periodo. En el caso de las huelgas de Madrid de enero de 1976, la organizacin comunista tena un peso decisivo a la hora de orientar dicho conflicto, puesto que, una parte notable de la dirigencia sindical madrilea militaba y/o simpatizaba con ella. En lo referido a la huelga navarra de 1973, el PCE particip activamente pero sin liderar dicha movilizacin. Las CCOO navarras estaban dirigidas por la Organizacin Revolucionaria de Trabajadores (ORT), de ideologa marxista-leninista pero aplicada segn los criterios del maosmo.

S, recuerdo bien lo que dices.

Finalmente, en la huelga general del 11 de diciembre de 1974 en Euskadi, el PCE se opuso a la convocatoria llevada a cabo por el Movimiento Comunista de Espaa (MCE), tambin de inspiracin maosta, la citada ORT y, en menor medida, la Liga Comunista Revolucionaria (LCR), de tendencia trotskista. A travs de estas tres movilizaciones, en las que el PCE tuvo posiciones muy diferentes, he podido observar ciertos denominadores comunes.

Qu denominadores comunes?

Las reivindicaciones propuestas a la clase trabajadora deban ceirse a aspectos laborales y democrticos, rechazando aquellos que contuvieran elementos anticapitalistas. De ah, que no apoyara la huelga general del 11 de diciembre de 1974. Tambin apostaba porque la direccin de las movilizaciones deba recaer en los cargos legales de los sindicatos verticales franquistas, enlaces y jurados de empresa, oponindose, en no pocas ocasiones, a que recayera en representantes votados directamente en las asambleas de trabajadores, tal y como se pudo presenciar en las huelgas de enero de 1976 en Madrid. EL PCE propona, por norma, que las luchas no se alargaran en demasa, para no quemar a los trabajadores, independientemente del ambiente existente entre los huelguistas, de las posibilidades de generalizacin del conflicto, de la correlacin de fuerzas, etc. Por ello, en la introduccin de mi trabajo, sostengo que un nmero apreciable de luchas obreras tuvieron unos desenlaces muy similares producto, fundamentalmente, de la orientacin conferida por parte del PCE-CCOO.

Respiremos un momento si te parece.

De acuerdo.

 

Fuente: El Viejo Topo, nm. 361, febrero de 2018.



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