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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2018

Cuaderno de poscrisis: 6
Cuatro comentarios sobre el debate de las pensiones

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


El debate sobre el futuro de las pensiones es un tema crucial para el futuro de la sociedad, uno de los campos de batalla donde se dirime nuestro modelo social. Y al que en aos recientes tenemos que volver en una u otra ocasin. Esta nota es por tanto complementaria de la de Francesc Bayo que publicamos en este mismo nmero, y de otras anteriores en la que hemos abordado la cuestin. Simplemente trato de discutir cuatro cuestiones que considero claves para el debate y para construir un discurso alternativo a la vez slido y realista. No entro en una de las cuestiones en la que han incidido los defensores del sistema pblico, el de que detrs de su demolicin estn los intereses del sector financiero, su voluntad de participar del pastel en base a desarrollar los planes de pensiones. Y no entro porque por una parte la cuestin es obvia y ya est bien explicada por mucha gente (Miren Echezarreta y la gente de Taifa ha publicado buenos trabajos en esta direccin). Pero, tambin, porque creo que ms all de este punto hay cuestiones cruciales que merecen por s mismas atencin y propuestas.

1. Pensiones y demografa

El elemento ms usado por los defensores de aplicar un recorte fundamental al sistema de pensiones, el que ha justificado la reforma del PP, es la demografa. Tiene la ventaja, para sus defensores, que aparece como un problema natural, fcil de explicar y de asimilar por mucha gente. El argumento ha sido repetido hasta la saciedad: en los prximos aos se va a jubilar mucha gente, quedar mucha menos gente en el mercado laboral y por tanto los empleados del futuro debern soportar una carga insoportable para mantener a esta masa de gente ociosa que cada vez vive ms aos.

El argumento demogrfico tiene su parte de verdad y su parte de falacia. La parte de verdad es que va a haber una masa creciente de jubilados que requerir renta y atenciones. Y que plantea por s misma dos retos: la necesidad de transferir renta para su sustento y, al mismo tiempo, fuerza de trabajo para garantizar buenos cuidados a una parte de esta misma poblacin.

Lo que en cambio resulta falaz es que la base laboral quede disminuida por el simple efecto de las jubilaciones masivas y la llegada de cohortes poco numerosas al mercado laboral. Este escenario solo es posible en un mundo sin inmigracin (o si el mismo proceso se diera a escala planetaria). Hasta ahora siempre, que se ha producido un estrechamiento del mercado laboral a escala local, regional o nacional ha tenido lugar una masiva inmigracin, y no hay razones para pensar que ahora las cosas van a ser distintas. Pensar que ahora no se va a dar implicara suponer, por ejemplo, que los hoteles cerrarn por falta de personal. Esto no quiere decir que la respuesta vaya a ser sencilla. Un proceso masivo de inmigracin requiere cuando menos de tres polticas combinadas: educativo- laboral (para garantizar un buen reemplazo de las capacidades laborales), de polticas sociales en un sentido amplio (para acoger adecuadamente a la gente) y poltico- cultural (para evitar que el proceso d lugar al rebrote de xenofobias y racismo).

Negar que hay un elemento demogrfico que planea sobre el debate de las pensiones me parece estpido. Denunciar su uso abusivo y falaz no puede llevarnos a tirar el nio con el agua del bao. Lo que hay que explicar a la gente es que una sociedad envejecida tiene un enorme potencial de atraer personal, y que cuanto mejor se organice este proceso migratorio mejor y de manera ms justa se garantizar el buen funcionamiento social.

2. Pensiones y ahorro

En gran parte de la percepcin social persiste la visin de que las pensiones constituyen una cantidad ahorrada en el pasado que simplemente se recupera tras la jubilacin. Ms o menos como las hormigas que acumulan alimentos en el verano para pasar el invierno. Tambin este planteamiento me parece errneo. Las pensiones se pagan siempre con la renta anual. Tanto en el sistema de reparto, donde se pagan a partir de las contribuciones presentes, como en el sistema de capitalizacin, donde se financian con las rentas de capital acumulado por el fondo.

Si la actividad econmica presente decae los dos sistemas se enfrentan a parecidos problemas de liquidez. La nica forma de garantizar pensiones suficientes en el presente es garantizando una actividad econmica y unas normas de distribucin de la renta adecuadas. Lo que hacen las contribuciones presentes es, fundamentalmente, consolidar un compromiso social que hay que mantener en cada momento.

Esta confusin es la que por una parte permite a los defensores del sistema de capitalizacin hacer creer que por el hecho de que se acumule un capital se aumentan las garantas de rentas futuras, sin explicar que los mil elementos que convierten en inestable la actividad econmica bajo el capitalismo pueden propiciar un cmulo de adversidades que pueden ir desde problemas de liquidez hasta la simple y llana destruccin del capital monetario acumulado. Pero tampoco es aceptable pensar que en el sistema de reparto hemos acumulado algn fondo, cuando en realidad hemos estado simplemente adquiriendo el derecho a ser tratados igual que los jubilados presentes. Por tanto, el reto real es disear un modelo de distribucin de la renta que garantice pensiones dignas, haciendo visible que su garanta depende del buen funcionamiento social.

De este argumento deduzco dos cuestiones prcticas. En primer lugar, que el nivel de pensiones no es independiente de los avatares de la actividad econmica y, por tanto, en un contexto de decrecimiento o estancamiento lo que debe plantearse es el debate general sobre las rentas. En segundo lugar, me parece peligrosa la demanda de eximir de impuestos directos a las pensiones con el argumento que ya fueron gravadas en el pasado. Ni est claro que lo fueran dados los diferentes modelos fiscales y de rentas en el transcurso de un lapso de tiempo tan elevado ni se trata de un argumento muy consistente. De hecho, una gran parte de los descuentos fiscales que ha obtenido el capital en las ltimas dcadas se han basado en este argumento de la doble imposicin. Hace pensar que la principal respuesta del Gobierno a los pensionistas ha sido anunciar una desgravacin fiscal cuando ms bien el reforzamiento de las pensiones lo que exige es reforzar los ingresos pblicos.

3. El problema de la financiacin

Hay un evidente problema de financiacin. No slo porque hay ms gente que cobra pensiones y, muchos de los nuevos jubilados, de mayor importe. Tambin porque se ha adelgazado la base de aporte por la cada del empleo y los salarios (sin contar con el uso abusivo que ha hecho el PP de la caja de la seguridad social para financiar generosas subvenciones al empleo). El problema que tienen muchos modelos de Seguridad Social es que basan sus ingresos en los salarios, lo que deja la financiacin ligada a los avatares del empleo. Un cambio en la distribucin de la renta en favor del capital, como el ocurrido en las ltimas dcadas, afecta negativamente a su base de financiacin. Y al mismo tiempo, los sistemas de pensiones acaban por incluir a personas con muy diferente vida laboral, incluso personas que han contribuido muy poco al sistema (durante mucho tiempo el dficit del sistema se generaba en autnomos y agricultura).

Lo que muestra la crisis actual no es la insostenibilidad de algn sistema de pensiones, sino de seguir financindolo exclusivamente a partir de salarios. Cualquier sociedad decente debe garantizar rentas adecuadas a su poblacin. Cualquier sociedad con esperanzas de vida como la nuestra debe pensar que una parte de esta poblacin deber dejar el empleo en algn momento de su vida (volver ms tarde sobre ello). Y, por tanto, lo que debe construirse es un modelo social que garantice este objetivo. La vieja poltica del estado del bienestar, la que disearon los informes de la Comisin Beveridge, confiaron en que polticas de pleno empleo combinadas con una orla de polticas de bienestar (pensiones de paro, enfermedad y jubilacin) garantizaran el logro de este objetivo. Pero el neoliberalismo arruin a la vez la posibilidad del pleno empleo y erosion los sistemas pblicos. Garantizar pensiones dignas exige una nueva arquitectura social, exige cambios profundos en la financiacin pblica y la organizacin de la vida laboral. Sin ellos, la crisis de las pensiones va a ser recurrente. El mantenimiento del poder adquisitivo slo es posible en un modelo diferente del actual. (Y tampoco es necesariamente un objetivo a largo plazo, donde lo que hay que garantizar son condiciones de vida aceptables para todo el mundo, algo que supone combinar prestaciones monetarias, prestaciones directas y reorganizacin de las formas de vida y consumo.)

4. Problemas de equidad

El debate sobre las pensiones y las polticas de jubilacin plantea adems problemas de equidad difciles de soslayar, y que tienen implicaciones diversas. Me centrar en dos: la edad de jubilacin y la cuanta de las pensiones.

La edad de jubilacin es otro de los temas que plantean las actuales reformas, de nuevo con un argumento simplista: como la gente vive ms aos y con mejor salud, se puede trabajar ms tiempo. Lo que esconde este argumento es que ni las condiciones de salud son homogneas ni las posibilidades de empleo a determinada edad son iguales para todo el mundo. Los defensores de este argumento son a menudo profesores universitarios que realizan trabajos poco estresantes y que efectivamente estn en condiciones fsicas de mantener una actividad laboral. Y si tienen algn prestigio, tienen incluso posibilidades de encontrar actividades complementarias tras la jubilacin. Extrapolar esta situacin al conjunto social es una muestra de una enorme ignorancia social (cuando no de un cierto clasismo). Una poltica equitativa debera reconocer las desigualdades de salud y de otro tipo que existen entre diferentes empleos, y modular la edad de jubilacin en funcin de ello. Algo que seguramente tambin implica cambios en la propia organizacin del trabajo.

La segunda cuestin es ms complicada y simplemente la apunto. Una respuesta radical a la cuestin de las pensiones (y posiblemente es una de las que tiene probabilidades de imponerse) pasa por garantizar una renta bsica a todo el mundo. Un igualitarismo en las pensiones que contrasta con las desigualdades laborales. Si el importe de esta renta bsica es suficiente, garantizara al menos un estndar social aceptable. Que ira acompaado de desigualdades en sistemas complementarios de pensiones, seguramente de mayor nivel que el sistema actual que las acota. Lo peor es que cuando se limita a un sistema de mnimos hay el enorme peligro de que el mnimo sea insuficiente y acabemos teniendo un sistema con pensiones indignas que slo una minora podr complementar con planes privados. Si somos muy insistentes en un igualitarismo radical en las pensiones y, sobre todo, si no abrimos el debate de lo planteado en el punto anterior, existen enormes probabilidades de que acabemos teniendo este ltimo modelo. Avanzar hacia el igualitarismo en sociedades donde la desigualdad est socialmente tan legitimada exige posiblemente estrategias sofisticadas que eviten caer en soluciones nefastas.

Fuente: http://mientrastanto.org/boletin-167/notas/cuatro-comentarios-sobre-el-debate-de-las-pensiones



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