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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2018

En torno a la cultura de lo espectacular

Antonio Lorca Siero
Rebelin


Hoy puede adelantarse, sin tratar de pronunciarse en trminos categricos, que las realizaciones del ingenio humano, sus sentimientos y emociones, por citar una parte de su proyeccin cultural, giran en torno a todo aquello que adquiere el tinte de espectacular. De manera que lo que es percibido como tal est animando a culturizar a las masas, aunque no quede clara su funcin ni la forma de cultura. En el proceso juega un papel determinante el capitalismo , que ha impuesto su modelo de cultura dirigido a adormecer en parte el intelecto colectivo, primando el desarrollo comercial de sus empresas. Del otro lado est la masa de consumidores de las sociedades avanzadas, que acepta sin rechistar sus planteamientos comerciales como forma de vida, con la condicin de que se les suministre entretenimiento para aliviar ese vaco que acompaa a las sociedades del ocio. No est excluida de colaborar en el proceso la burocracia , en su propsito, como dice Adorno, de neutralizacin de lo cultural compatibilizndolo con los propios intereses de la administracin. Con lo que la sociedad parece descargar el desarrollo cultural, que debieran asumir libremente sus miembros, en representantes de intereses econmicos y polticos.

Encomendada a las empresas capitalistas la funcin de entretener a las masas, aprovechando para incrementar los beneficios propios, es de esperar que lo cultural no ofrezca consistencia real. El proceso remite a la mercadotecnia para transformar en mercanca todo aquello en lo que se aprecie potencial mercantil -objetos, creencias, ideas y opiniones- para, una vez manipulado bajo las directrices capitalismo-burocracia, enconsertado por la moda y publicitado como novedad, ser vendido como producto cultural de vanguardia para ilusionar al comprador. A tal fin, si la mercanca se etiqueta con un nombre de prestigio comercial, la globalizacin har el milagro y se impondr como producto cultural a nivel universal. Aunque ya cuenta con componente de espectacularidad -el rtulo-, no est de ms usar de la publicidad, tocando el esperpento confundido con lo innovador. De esta manera el negocio avanzar imparable y los consumidores se sentirn complacidos, porque se notan como flotando en el progreso .

As pues, llamar la atencin entra dentro del juego comercial, plenamente asumido por las masas y arraigado prcticamente a nivel universal por las sociedades adelantadas . Lo espectacular tiene gran acogida y vende. De manera que la creatividad se ha de mover en ese terreno, lo que sera aceptable si lo hiciera con libertad. Aunque difcil de sobrellevar la exigencia de la venta, porque las condiciona, ahora el problema reside en quien controla lo comercializable. Se trata del empresariado de prestigio de marca, con poder para determinar qu se vende, puesto que el buen nombre le da la capacidad de manipular el mercado y la voluntad de los consumidores. Lo que est fuera de la esfera econmica del gran vendedor no sirve porque no se vende. Con lo que la tenencia al oligopolio comercial impone su dictadura. Esta ltima avanza, en las sociedades de desarrollo pleno o sociedades del ocio, a travs de la doctrina del consumismo y, en la sociedades rezagadas o laboralmente explotadas, sustituyendo los espacios de ocio por la exigencia de produccin a nfimo coste, que impone una existencia de subsistencia para que los del otro lado conserven su sociedad del ocio.

El problema de la cultura basada en lo espectacular es que el espectculo suele ser emocin de un momento, que se enfra al instante, y cuando se recupera ya ha perdido la gracia, porque acusa el paso del tiempo. Claro est que el proceso de envejecimiento de la mercanca, como se exige que sea relevada por otra, la fiesta contina de manera imparable en tanto el empresariado innove. Al menos, cabe decir que cumple con la funcin de entretenimiento de un auditorio agradecido por sentirse aliviado del peso de la ociosidad, porque sirve para motivar los numerosos huecos que deja la existencia en las sociedades desarrolladas. El espectculo forma parte de la vida y a l no estn dispuestos a renunciar los favorecidos por la tan cacareada sociedad del bienestar. Los miembros de las otras sociedades desfavorecidas no acusan el problema del ocio, al menos temporalmente, porque se les ha condenado a trabajar en rgimen de explotacin a cambio de existir, con lo que apenas pueden acudir a la cultura de lo espectacular que ofrece el capitalismo a los privilegiados.

No cabe hablar de altruismo. Quienes conducen el carro del progreso material pasan la factura, crean su mundo de necesidades artificiales con el correspondiente precio a pagar por los usuarios, encadenados a las modas comerciales. Por si se escapa algo, fomentan lo espectacular de manera permanente a travs de los aparatos de comunicacin, haciendo creer a los usuarios que son ellos los que lo generan, cuando todo es resultado de la misma mquina de produccin. Los ingenuos productores de espectculos creen serlo, cuando quien produce son los otros. Puesto que son estos los que disponen de la capacidad suficiente para airear a los cuatro vientos o simplemente silenciar cualquier ocurrencia. La dependencia de las masas de los medios que permiten la comunicacin y la informacin las hace especialmente sensibles a la manipulacin y a la estupidez, construyendo sobre esta base la nueva cultura bajo la direccin comercial de las grandes empresas.

Las redes, tejidas con los ltimos materiales ms elsticos y resistentes que cualquier acero, han sustituido a las viejas jaulas de hierro, en las que se encerraban a los integrantes de los Estados, y sirven para ser utilizadas a nivel universal. All los sujetos confan sus datos, exponen sus motivaciones y emociones, aportan cantidades ingentes de informacin para que los expertos extraigan conclusiones mercantiles usando maquinaria de ltima generacin. Bajo su supervisin se va construyendo la nueva cultura poltica y econmica, donde lo mercantil, ya sea traducido en votos o en rentabilidad, fija los condicionantes. El acicate es la noticia, casi siempre una versin sesgada de los hechos, lista para desinformar, informar a medias o abiertamente captar seguidores de proyectos comerciales. Los atrapados en las redes, en el uso de una libertad que no les libera, anotan y hablan, dan opiniones que caen en saco roto, salvo que sean patrocinados como personajes dispuestos para la manipulacin, atendiendo a su capacidad para despertar pasiones y sumar seguidores; todo con la pretensin de arrebatarles la racionalidad para entregarla a la simple emotividad. As se fabrica una existencia a la medida de los intereses conductores, canalizando la diversidad hacia la uniformidad, mientras los incautos seguidores se sienten ilusionados porque han creado mundo.

En definitiva, las masas se mueven en la creencia de que construyen una nueva cultura, incluso ms amplia que la definida por Tylor, dispuesta ahora para acoger todas las realizaciones del espritu humano -incluso la estupidez-, pero resulta que creyendo ser constructoras de la cultura son simples espectadoras. Quien la construye son, de un lado, la burocracia que establece las normas de convivencias e incluso las costumbres y, de otro, las multinacionales que venden productos de usar y tirar para satisfacer necesidades naturales o artificiales. Se crean iconos, simples imgenes, modelos de nada en tanto no son tocados por la comercializadora pblica o privada otorgndoles la condicin de vendibles bajo su patrocinio. Lo dems, es decir, aquello que no supera el trmite de la comercializacin, lo que espontneamente producen las masas con el sesgo de cultura autctona, es como si no existiera, salvo que lo acoja bajo su proteccin un patrocinador que lo haga comercialmente rentable.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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