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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2018

Procesos extraviados

Antonio Madrid
mientras tanto


Hace tiempo que en Catalua y en Espaa una parte de las fuerzas transformadoras de contenido poltico y social se encuentran entre el extravo y la frustracin. No creo que hayan desaparecido las ilusiones y las energas que alimentan a estas fuerzas: pese a las repetidas victorias electorales del PP, pese a la sensacin de desnimo y frustracin porque lo que pareca que poda ser no ha acabado siendo (al menos por ahora), pese al incremento de las desigualdades, pese a los recortes sociales, pese al progresivo aislamiento de una parte del independentismo cataln que se enroca en su laberinto al tiempo que pierde capacidad propositiva para agregar fuerzas transformadoras, pese al creciente autoritarismo, pese al adensamiento del silencio y del silenciamiento a manos de posiciones identitarias que apelan a su legitimidad democrtica pero imponen algo tan poco democrtico como es el conmigo o contra m. Tal vez sea por estos peses que urge recordar el sentido de los movimientos sociales en tanto que fuerzas transformadoras.

Las fuerzas transformadoras persisten en forma de indignacin, de compromiso cvico, de rechazo a la resignacin, de voluntad de defender derechos y libertades democrticas, de apuesta por dilogos democrticos que no acaben reducidos a las emociones banderiles. Por fuerzas transformadora me refiero aqu a las voluntades organizadas de miles de personas que asumen y respetan su diversidad y que reclaman un movimiento que plantee actuaciones orientadas a mejorar la vida de las personas. Fuerzas transformadoras que desconfan del y de lo mo qu y que apuestan por un nosotros democrtico que se piense y acte como colectivo transformador. Fuerzas transformadoras en las que las identidades polticas y sociales no se establecen fundamentalmente en claves de banderas espaolas, catalanas, vascas, andaluzas o cualquiera que sea. Sino identidades solidarias que identifican las estructuras de explotacin y tratan de no engaarse acerca de cules son los colectivos y las personas ms perjudicados por el incremento de las desigualdades y los sistemas de explotacin. Fuerzas transformadoras que recelan de los privilegios, porque quienes se instalan en los privilegios difcilmente renuncian a ellos y hacen lo posible para mantenerlos, sea bajo la bandera que sea.

2011 fue el ao del 15 M. Si se piensa hoy como un icono social y poltico, el 15 M, en su diversidad, favoreci la expresin de la indignacin ante los malestares sociales acumulados. Malestares que venan de atrs y que no se solucionaron con el 15 M. Malestares que persisten, como persiste la necesidad social de apostar por mejores estructuras de gobierno. El 15 M fue una expresin de esperanza democrtica desde abajo, impulsada desde organizaciones sociales, desde la gente. No mucha gente inicialmente. Como igualmente lo fueron las respuestas ciudadanas que propusieron en 2002 y 2003 las Plataformas Paremos la guerra contra la participacin de Espaa en la guerra de Irak. Propuestas que pronto prendieron y dieron lugar a una expresin masiva de rechazo frente a la poltica belicista del gobierno espaol de aquellos aos.

En 2010 Stphane Hessel haba apelado a la indignacin moral, social y poltica en un texto que fue tomado como referencia de lo que se llam el movimiento de los indignados. Hessel propuso una mirada amplia, internacional, no nacionalista, para afrontar los males ante los que indignarse, contra los que reaccionar. En su presentacin apelaba a la lucha por los intereses generales que estaban siendo diezmados por el poder financiero y bancario. Identificaba como problemas frente a los que actuar: la creciente brecha entre los muy ricos y los muy pobres (a nivel estatal e internacional), la defensa de los derechos universales y de la dignidad de las personas ms vulneradas (los sin-papeles, los inmigrantes, los gitanos). Y llamaba la atencin contra los medios de comunicacin que fomentan el consumo de masas, el desprecio por los ms dbiles y por la cultura, la amnesia generalizada y la competicin a ultranza de todos contra todos. Propona una insurreccin pacfica y democrtica.

El texto de Hessel conectaba con lo que mucha gente senta y pensaba. Deca: estas cosas estn mal y hay que cambiarlas. No era un texto programtico a modo de libro de instrucciones para el cambio social. Eso haba que construirlo. Y eso no iba a ser fcil. Ni nunca lo ser. La efervescencia del 15 M contribuy a difundir lemas como: "No nos representan", "PSOE y PP la misma mierda es", "Juventud sin futuro", "Sin casa, sin curro, sin pensin, sin miedo", "No somos mercanca de polticos y banqueros", "Lo llaman democracia y no lo es", "Violencia es cobrar 600 ", "Si no nos dejis soar, no os dejaremos dormir", "Reforma electoral ya", "Indgnate!", "Democracia Real YA!", "No somos antisistema, el sistema es antinosotros", "Que se vayan", "Vamos despacio porque vamos lejos", "We are the 99%", "Tu pasividad es tu complicidad", "No tenemos pan para tanto chorizo", "Nietos en paro, abuelos trabajando", "Apaga la tele. Enciente tu mente", "No falta dinero, sobran ladrones", "No es una crisis, es el sistema", "Manos arriba, esto es un contrato", "Dnde est la izquierda? Al fondo a la derecha", "Esto no es cuestin de izquierdas contra derechas, es una cuestin de los de abajo contra los de arriba".

En 2013, Teresa Forcades y Arcadi Oliveres presentan en Catalua el Proceso constituyente. En el manifiesto de convocatoria se deca: queremos contribuir a impulsar un proceso desde abajo que culmine en la creacin de una candidatura unitaria que tenga como objetivo la convocatoria de la asamblea constituyente que necesitamos para hacer una Constitucin nueva para la Repblica catalana, de manera que no sea posible en el futuro que los intereses de unos pocos pasen por delante de las necesidades de la mayora. La propuesta de un proceso constituyente fue recibida por una parte de la gente comprometida en movimientos sociales como la expresin de un camino que poda conducir a impulsar cambios desde las movilizaciones sociales hasta las estructuras polticas. El punto de encuentro en aquel momento no era la reclamacin de la independencia de Catalua. Alguna gente se reuna en asambleas democrticas de barrios, de pueblos, para hablar de lo que perciban que eran los temas importantes y que aparecan enunciados en el manifiesto: poner freno a la especulacin financiera, una fiscalidad justa, salarios y pensiones dignos, reparto del trabajo domstico y de las tareas de cuidado, lucha contra la corrupcin, reforma electoral, vivienda digna, rechazo a la violencia de gnero, reversin de los recortes, potenciar el sector pblico bajo control social, soberana alimentaria, derechos de ciudadana para todos, expropiacin y socializacin de las empresas energticas, que Catalua no tuviera ejrcito y estuviera fuera de la OTAN, medios de comunicacin pblicos bajo control democrtico, entre otras medidas e ideas. Se trataba de una enciclopedia en la que amplios sectores se podan identificar, una vez creyeran que la idea de un proceso constituyente as planteado era viable. Se pretenda como un espacio transversal. Para muchos era un espacio de encuentro, una posibilidad de compartir ilusiones y malestar, una posibilidad de creacin social. No se trataba de excluir ni de fracturar. La lgica era la de la suma social.

El manifiesto del proceso constituyente recoga preocupaciones y aspiraciones que estaban y estn en los movimientos sociales: feminismo, pacifismo, movimiento vecinal, movimiento obrero, ecologismo, las mareas La novedad, una vez ms, estaba en la propuesta de organizarse desde abajo. Una democracia en base a asambleas locales que enviaban sus representantes a las asambleas de mbito territorial ms amplio. Sin duda que haba un elevado contenido utpico, pero la utopa es necesaria para impulsar transformaciones sociales y polticas. La independencia de Catalua no era un objeto de preocupacin inicial, s lo era la transformacin social y poltica. No como cuestin nueva, sino como la continuacin de una ilusin y un compromiso que para mucha gente vena de tiempo atrs.

El auge posterior de las posiciones independentistas pudo ser percibida inicialmente como una palanca de cambio en favor de una transformacin del Estado espaol, de la mejora de su calidad democrtica, de la defensa del estado social Sin embargo, esta posibilidad se ha frustrado, por lo menos en la versin ensimismada del independentismo. Si era posible identificar hace un tiempo una fuerza transformadora compartida que en Catalua, Andaluca, Valencia, Madrid, Pas Vasco, Galicia propona una forma diferente de entender la poltica, y que se expres en las elecciones municipales de 2015 (ayuntamientos de Barcelona, Madrid, A Corua, Cdiz e impact en otros gobiernos municipales y autonmicos) hoy esta potencialidad de un bloque transformador que se piensa como alternativa al PP y al PSOE, y que trata de evitar el ensimismamiento nacionalista, ha perdido fuerza. Lo que poda haber sido una palanca de cambio es hoy ms bien un laberinto en el que las fuerzas transformadoras han perdido su capacidad y voluntad de agregacin.

Se ha impuesto una ceguera de la que es difcil escapar cuando parece no haber otro horizonte que las decisiones judiciales y las proclamas y actos polticos en los que se pudre el debate poltico que tendra que haber sido y no ha sido. Sin embargo, hay ms movimientos sociales que mantienen el carcter de fuerzas transformadoras de fondo. Que suman y proponen, pese al ambiente de extravo y frustracin que se nos pega a la piel para regocijo de las fuerzas conservadoras y los que creen que cuanto peor, mejor.

Las mujeres organizadas en asociaciones y plataformas feministas son una bocanada de aire fresco, de aire que viene de lejos, que mantiene su urgencia, que no se enreda en los colores de las banderas estatales, neo-estatales porque la violencia contra las mujeres, su explotacin, no se frena en una u otra patria, en una u otra bandera. El 8 de marzo fue un momento de esperanza transformadora.

El otro momento de esperanza transformadora ha sido la reivindicacin de los y las pensionistas. En la reivindicacin se habla de lo comn, de la sociedad que estamos construyendo y que vamos a dejar a los que han de venir. Se habla de dignidad compartida, solidaria, que supera el estricto inters particular.

En los dos casos, se trata de fuerzas transformadoras que suman energas sociales que entroncan con las aspiraciones sociales y polticas transversales. Son, y pueden serlo an ms, autnticas palancas de cambio social y poltico en un tiempo de extravo y frustracin.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-167/notas/procesos-extraviados

 



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