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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2018

Mrida ante la blancura del espejo

Cristbal Len Campos
Rebelin


I

En el imaginario social permanece la idea de Mrida como una ciudad blanca por su urbanidad, las descripciones literarias evocan el color de sus casas, limpieza de sus calles y tranquilidad de sus barrios, remembranzas de tiempos remotos que le valieron ser calificada de esa forma, pero seguimos viviendo en esa ciudad blanca que los lbumes fotogrficos y narraciones histricas retratan?, la nostalgia histrica siempre genera espejos cargados de ilusin, los tiempos han pasado y la capital yucateca se ha convertido en una urbe compleja, que enfrenta un sinfn de retos y complejidades contemporneas que van desde el creciente trfico vehicular hasta una clara y cada vez ms reforzada marginalidad de los sectores populares, los espacios pblicos se han significado con otra perspectiva en las ltimas dcadas, en las que convergen el reclamo al poder, la demagogia de los gobiernos y la falta de un anlisis profundo sobre la ciudad que se ha construido, reflejo desde luego, de la realidad yucateca y nacional, cuyos parmetros de modernidad, democrtica e incluyente distan mucho de expresar la realidad de lo que acontece a diario en nuestra Mrida de a pie.

II

Los espacios de Mrida, cada vez ms angostos, como los hogares de los nuevos fraccionamientos, capsulas inhumanas que representan el ideal de desarrollo regido por la competencia entre empresas constructoras, el inters econmico de quienes gobiernan y la evidente falta de respeto a la dignidad de las personas, son una de tantas contradicciones que la urbe yucateca vive, hablar de desarrollo es fcil si lo que se cuantifica es la ganancia generada a favor de quien defiende acciones alejadas del padecimiento y la necesidad, muchas voces han expresado los efectos negativos de esas viviendas y espacios reducidos, pero los odos sordos del poder niegan la realidad eternizando la precariedad de la vida, Mrida desde hace muchas dcadas se convirti en un gran negocio, el privilegio a los intereses privados atentando contra las necesidades populares, es el comn en una ciudad gobernada por la corrupcin y la simulacin, la segregacin social continua su avance, la reutilizacin de los espacios pblicos a permitido a los sectores burgueses apropiarse del uso de escenarios tradicionalmente populares, y esto, lejos de ser un reflejo de la llamada democratizacin urbana, es simplemente un reflejo en el espejo blanco del racismo disfrazado de socializacin. Las clases populares, no tienen acceso a los espacios de la burguesa por la evidente marginacin econmica, no se trata de generar espacios de consumo, se trata de procurar la mejora social, cosa que no se alcanzar jams, mientras los gobiernos meridanos sigan regidos por la lgica del dinero por encima de la dignidad humana.

III

Los policas municipales hostigan cotidianamente a las comerciantes chiapanecas que se ganan la vida vendiendo por las calles ropas artesanales, a eso le llaman gobernar, a eso le llaman Mrida Blanca, cnicos que ocultan quien genera la pobreza en realidad y provoca la necesidad de ganarse el pan por las calles, mientras sigamos callados y fragmentados el poder seguir sirvindose de nuestra indiferencia en el banquete de la impunidad, por qu simulan ante el evidente trfico humano que se enriquece de la explotacin?, acaso esas leyes que dicen respetar no tienen fin humano?, cunto descaro en el baile de las mascaras del llamado buen gobernar, como vieja herencia el racismo se manifiesta en los actos de gendarmes vestidos de inspectores municipales, la segregacin social se manifiesta en los actos acostumbrados por quienes creen que excluir es civilidad, la soberbia es el reflejo blanco en el espejo hipcrita del gobierno municipal.

IV

Recorrer una de las principales avenidas de la ciudad de Mrida, es recorrer una parte de nuestra historia, afirmacin verdadera pero no absoluta, el llamado Paseo de Montejo por costumbre y clara nostalgia colonial, sigue representando una constante contradiccin, las casonas donde vivieran los viejos oligarcas y dueos de las haciendas henequeneras, verdaderos centros de explotacin, hoy cubierta de negocios de inters privado, algunos museos y mayoritariamente de esa constante aoranza decimonnica, contina segregando la memoria histrica de los mayas y de las clases populares. La resistencia ha llamarle avenida NACHI COCOM tal como la revolucin la renombrar a su triunfo en un acto de justicia social, la estatua de los conquistadores que en el remate se ubica, es la clara seal de para quien se ha gobernado en los ltimos aos, desde su colocacin por los gobiernos panistas, gener una polmica inconclusa sobre su significado claramente racista, discriminador y excluyente, una burla para nuestra historia. En una sociedad como la nuestra, donde la cultura maya es parte central de nuestra raz, de nuestra razn de ser y de nuestra memoria, pero sobre todo, es expresin viva, resulta injustificable que hasta la fecha se conserve ese monumento a la ignominia y al cinismo de los gobernantes. Mrida tiene muchos oscuros reflejos de la blancura pretendida por aquellos que se creen castos y puros herederos de la divinidad explotadora colonial.

Cristbal Len Campos es integrante del Colectivo Disyuntivas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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