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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2018

Las dos orillas del Atrato

Camilo Alzate
Colombia Plural


Las dos orillas del Atrato En Riosucio, en el Bajo Atrato, el nuevo y tan viejo- conflicto armado se ha enquistado. Unas 400 familias de desplazados sobreviven en un casco urbano que es testigo de las estrategias de actores armados conocidos y reconfigurados desde 1997.

Reinaldo* estaba en Turbo el 26 de noviembre de 2017, el da que los paramilitares balearon a Mario Manuel Castao delante de su mujer y sus hijos. Mario era dirigente campesino y reclamante de tierras del Consejo Comunitario de La Larga Tumarad. Cuando llegu a Beln de Bajir me llamaron y me preguntaron a quin haban matado. Yo dije que no saba, recuerda Reinaldo, uno de los lderes que particip en la demanda colectiva de restitucin de tierras interpuesta por esa comunidad apenas cinco das despus del asesinato. La persona que me llam me dijo averigte bien porque ac hay un muerto y al parecer es un protegido, continua. Si es protegido y de esta zona tiene que ser Mario Castao, pens yo. Mario era de esas personas que hablaba a campo abierto, no le daba miedo denunciar. Le llegaban muchos a su casa a decirle: No hable, qudese quieto. Le decan que esas tierras eran del patrn, que estaba jodiendo mucho, que no se fuera a lamentar. l no le daba mente a eso.

Tan slo diez das despus del asesinato de Mario unos hombres, al parecer de las Autodefensas Gaitanistas, mataron a Hernn Bedoya, otro de los lderes reclamantes, perteneciente al Concejo de Pedeguita y Mancilla. Aquellas agresiones buscaban frenar la demanda colectiva con la cual las comunidades de La Larga Tumarad quieren recuperar la mitad de las 107.064 hectreas de su territorio que fueron usurpadas por nueve empresarios y ganaderos despus de los desplazamientos masivos que provoc la Operacin Gnesis en el municipio de Riosucio, al norte del Choc, en 1997.

Los paramilitares entraban con el Ejrcito revueltos, uno no saba quin era el paraco ni quin era el soldado, asegura Reinaldo. Entraban atacando, decan que ramos unos hijueputas guerrilleros, mataban al pap, al vecino, delante de la gente. La Operacin Gnesis fue una ofensiva coordinada entre el Ejrcito, la Fuerza Area y las Autodefensas Unidas de Colombia. El tristemente clebre general Rito Alejo del Ro era el cerebro de esta operacin que pretenda pacificar la regin expulsando definitivamente a la guerrilla del Urab y destruyendo su retaguardia estratgica en el Choc y el ro Atrato, algo que consiguieron slo parcialmente en la margen derecha del ro, porque las FARC sigui controlando la orilla opuesta con todos sus afluentes. Los mayores desplazamientos forzados en la historia reciente del pas ocurrieron en esta regin a raz de los bombardeos y masacres desatadas por la Operacin Gnesis. Las cifras oficiales hablan de campos de refugiados de hasta 4.500 almas en coliseos de pueblos diminutos como Pavarand. La Unidad de Vctimas calcul ms de 54.000 desplazados en 1997 slo en Riosucio, el epicentro econmico del Bajo Atrato.

Cuando ya quedaban pocas personas en las comunidades llegaron los comisionistas a comprar tierra. Haba unos que pagaban hectreas a cincuenta mil, a cien mil, a ciento cincuenta mil pesos. Otros daban el mero pasaje para que los propietarios se fueran con la familia completa, explica Reinaldo. Eso fue rpido, ellos no llegaron perdiendo tiempo. La gente sali en el 97 y ya en el 99 los empresarios estaban derribando montaa, sembrando pasto pa potreros. Trajeron motosierristas y trabajadores de otros lados. Haba personas que se paraban en la raya y decan: Yo mi tierra no la vendo porque aqu cri mis hijos, esto es mo, para donde me voy a ir si aqu tengo todo.

Desde que la gente empez a retornar, en la primera dcada de este siglo, hubo los por linderos y reclamaciones. Los campesinos encontraron que sobre sus casas y cultivos ahora haba extensos pastizales cerrados con alambre y repletos de vacas. Los negros de los ros Jiguamiand y Curbarad hallaron plantaciones de palma aceitera encima incluso de las viejas escuelas abandonadas. Era el gobierno de Uribe Vlez, que prometi convertir al Bajo Atrato en un polo de desarrollo igual o mayor al que exista en Urab con el banano, todo merced a empresas como Urapalma y Palmas del Darin, cuyos vnculos con los grupos paramilitares han sido probados en tribunales.

Yo muero aqu, aqu nac, aqu cri a mis hijos, si me van a matar me matan aqu, decan muchos de los pobladores que retornaron. Y entonces entr en vigor la ley de restitucin de tierras a vctimas y desplazados del conflicto armado, y tambin comenzaron los hostigamientos, las quemas de ranchos, los desalojos, las violaciones de mujeres y nias, los asesinatos de lderes y reclamantes que en la regin ya superan la decena. Los ltimos de estos hechos ocurrieron el 16 de marzo, cuando unos obreros del empresario Juan Guillermo Gonzlez quemaron y derribaron la casa de un campesino.

No es la lgica de los noventa, aqu hay tres maneras de actuar, explica el sacerdote Alberto Franco, de la Comisin Intereclesial de Justicia y Paz, explicando la nueva reconfiguracin paramilitar. Est la presin de los ejrcitos anti restitucin, ligados a los empresarios. Estn las guilas Negras, ms cercanas a los militares, y estn las Autodefensas Gaitanistas o Clan del Golfo. Los tres son distintos, operan de manera diferente aunque coinciden en el territorio, hacen acuerdos y se hacen favores.

El modelo se refina, ya no patrullan pelotones de encapuchados con armas hasta los dientes repartiendo el terror en masa. A los paramilitares ahora les basta con instalar una pareja de fulanos en los caseros, con frecuencia reclutados dentro de las mismas comunidades, con frecuencia parientes o vecinos de los lderes que luchan por recuperar las tierras despojadas. Siempre van provistos de celular y pistolas, algunas veces de motos y radiotelfonos. Es lo que se llama un punto, es decir, una autoridad local de los paras encargada de cobrar extorsiones, practicar labores de inteligencia y ejercer control social sobre la poblacin. Varios analistas independientes, activistas comunitarios y defensores de Derechos Humanos coinciden en que hay ms de 45 puntos paramilitares plenamente identificados en los caseros del Bajo Atrato, pero nadie los toca, ni la Polica, ni el Ejrcito por qu? Esa es la pregunta que todos nos hacemos, dice Reinaldo. Nosotros hemos hecho miles de denuncias y ellos se consiguen ah en las comunidades, uno dice al Ejrcito, a la Polica, mire, el fulano es as y as, uno lo describe para que ellos cojan esa persona pero no pasa nada, cuando el Ejrcito llega y ronda ya esa persona sabe quin lo delat.

Segn el padre Alberto Franco, las complicidades entre fuerza pblica, poderes econmicos y paramilitarismo son obvias para quien quiera verlas. l enumera algunas: La presencia de la base militar en Llano Rico, un territorio despojado a las comunidades que fue cedido por Daro Montoya, empresario reconocido; la condena a ms de 30 personas entre empresarios y testaferros vinculados al despojo de la palma aceitera y el desplazamiento forzado; las amenazas concretas a los reclamantes por parte de los empleados de los empresarios, contina el sacerdote. Matan a Mario Castao en su casa y al frente estaba el Ejrcito, pero salieron un da antes del crimen, entonces uno se queda preguntando ah qu pasa? Frente a la base militar estn los paramilitares. O la relacin con la Polica, con la que toman tinto.

El ro Atrato sobre todo el Bajo Atrato ha sido la frontera natural y social de dos mundos contrapuestos, irreconciliables. Uno es el mundo de la selva, de los indgenas y los negros que rodeados de gigantescas presiones intentan conservar sus tierras y formas de vida milenarias adaptadas al entorno natural. El otro es el mundo de los megaproyectos y los latifundios agroindustriales, de la palma aceitera y el banano, de los bfalos y el ganado ceb pastando en las enormes haciendas que los millonarios de Medelln abrieron a golpes de fusil y motosierra, arrancndole el monte a la tierra, arrancndole la tierra a la gente.

En el primero de esos mundos las etnias se organizaron durante los setenta y ochenta impulsadas por sacerdotes y religiosas valientes, quienes hace dcadas comprendieron la importancia de defender un territorio que es sustrato vital de la cultura y existencia de estas comunidades. Los misioneros ayudaron a crear movimientos sociales como la Asociacin Campesina Integral del Atrato (COCOMACIA), la Asociacin de Concejos Comunitarios y Organizaciones del Bajo Atrato (ASCOBA) y la Organizacin de Cabildos Indgenas Waunaan, Katos, Embera Dovida, Cham y Tule del Choc (OREWA), procesos que resultaron fundamentales en la lucha por la titulacin colectiva de las tierras para la gente.

Pero, mientras tomaba vuelo este gran movimiento popular, cuya mayor victoria fue la ley 70 que reconoci a las comunidades afrodescendientes la propiedad sobre sus territorios colectivos en teora blindados del extractivismo y el arrasamiento de las grandes compaas en la orilla opuesta otro mundo, el de los especuladores y negociantes, terminaba la carretera al Urab para que Medelln, capital del capitalismo criollo, tuviera salida al mar y al mercado globalizado con su propio puerto en Turbo, por donde se exportaron y exportan todava millones de toneladas de banano, por donde se importaban la infamia y las armas paramilitares ocultas en las bodegas de los buques de la Chiquita Brands, la misma compaa norteamericana que alent una matanza de obreros en sus plantaciones de Cinaga, Magdalena, en 1928.

Los indios y negros suean con sembrar arroz y ver engrosar sus cacaotales junto al ro, suean con una mejor pesca en la prxima subienda y con armar alguna buena parranda para las festividades de la Virgen del Carmen. Los empresarios de Medelln, en cambio, suean con un canal interocenico que comunique al Atrato con el Pacfico, suean con un ferrocarril destrozando la selva, con un megapuerto en Baha Cupica o Tribug, con redes de interconexin elctrica y la carretera Panamericana entre el sur y el norte de Amrica rasgando por fin las cinagas y la serrana del Darin. Fabulosos negocios que sepultaran al canal de Panam y a las poblaciones de los ros Truand, Salaqu, Cacarica.

Por eso, la guerra se ha encarnizado con este ro y sus gentes. Las Operaciones Gnesis y Cacarica, presentadas como simples maniobras contrainsurgentes, encubran algo ms profundo: los inicios de un laboratorio donde se puso en prctica un modelo poltico y econmico fundado en el despojo, cuyo apogeo llegara aos ms tarde con el famoso Pacto de Ralito.

Herman* vio con sus propios ojos cuando un grupo de indgenas bajaba por el ro Truand en canoas y uno de ellos tena la pierna mocha, rajada por una mina quiebrapatas que los guerrilleros haban sembrado. Despus vio bajar otros con un muerto. Fue en los primeros das de marzo de 2017, cuando se recrudecieron los combates en las cuencas del Truand, Domingod y Salaqu entre los guerrilleros del Ejrcito de Liberacin Nacional y las Autodefensas Gaitanistas. Herman lleg al casero y una vez apag los motores de la lancha se form un tiroteo abajo. La segunda semana de marzo ni l ni sus vecinos aguantaron ms: La gente se haba empezado a venir graneadita para Riosucio. Los ltimos fuimos los del casero Truand Medio, salimos 21 familias de una. Nosotros nunca apoyamos a las FARC ni a nadie, dice refirindose a la postura oficial de la Asociacin de Concejos Comunitarios y Organizaciones del Bajo Atrato (ASCOBA), pero es claro para nosotros que cuando existe un solo actor hay menos riesgo para la poblacin civil, cuando hay dos o tres actores, ah es el riesgo.

Jota dej abandonadas en el Truand siete hectreas de cacao a punto de cosechar, su casa con los enseres, la platanera y los rboles frutales. Sali el 9 de marzo de 2017 una vez supo que a un muchacho apodado Palo, del casero de Clavellino, lo mataron los paramilitares. Ese da estaba yo trabajando cuando escuch las explosiones y el tiroteo. De la comunidad no hubo muertos, de ellos s se escuchaba. Que todos tenamos que salir porque eso se iba a joder, nos dijeron. Ah la comunidad de Clavellino qued sola, la de Pavas tambin, la de Taparal, la de Dos Bocas. En la comunidad de Quiparad cay un indio en una mina, en la de Pichind tambin. Una indgena muri por un cruce de bala entre los elenos y paramilitares. La gente lo perdi todo. El Ejrcito entr pero lo hizo despus de unos meses.

Pedro, representante de una asociacin de indgenas Embera Dovida, cuenta que los mismos guerrilleros le avisaron a la gente por donde no podan moverse: De aqu para all es de ustedes, pero ah est la mina. Pedro coordinaba el retorno de 33 familias embera desplazadas desde los aos noventa que aspiraban volver al Truand. Las primeras diez familias entraron el 3 de marzo y esa misma semana arrancaron los combates; vyanse que los paramilitares vienen subiendo por el ro y los vamos a esperar, les dijeron los guerrilleros, as que ellos huyeron nuevamente hacia Riosucio.

Ni Jota, ni Herman, ni Pedro han regresado al Truand, llevan un ao junto a las cuatrocientas familias desplazadas en el casco urbano de Riosucio, pasando necesidades y aguardando que los grupos armados se retiren, y que alguien limpie de minas y explosivos el territorio para poder volver. Segn le cont a Colombia Plural un funcionario local, la situacin humanitaria ha sido tan grave que la alcalda de Riosucio se qued sin presupuesto ni recursos a mediados de 2017 cuando tuvo que hacerse cargo de la alimentacin de los desplazados pues el apoyo del Estado central era nulo e insuficiente. La ausencia de las FARC caus una agudizacin del conflicto armado, fue peor que cuando estaban. Una de las grandes culpas de la agudizacin del conflicto es el mismo Estado y su fuerza pblica, toda la estructura armada legal del Estado, declara este funcionario. La ocupacin debi ser inmediata, por el contrario lo que se hizo fue dejar la zona al libre albedro de otros grupos.

Decenas de personas en la regin aseguran que hubo un pacto de hermanos entre las FARC y el ELN para que las cuencas de la margen izquierda del Atrato no cayeran en poder de las Autodefensas Gaitanistas. Los elenos nunca haban hecho presencia en la regin, pero la compaa Nestor Tulio Durn del Ejrcito de Liberacin Nacional penetr a mediados de 2015 desde las selvas del Baud y las costas del Pacfico por las cabeceras del Truand. De ah llegaron hasta el resguardo indgena de Peas Blancas y bajaron a los dems poblados del ro y sus afluentes, el Quiparad y el Chintad. El Truand es el ms estratgico entre todos los afluentes del Atrato: por su cuenca se puede llegar fcilmente a Panam, al Pacfico y al complejo de cinagas, caos y ros que comunican con Negu, Napip y Bojay en el Medio Atrato, adems es una ruta clave en el trfico de cocana. Todos los pobladores de la zona con los que conversamos concuerdan en que los elenos patrullaron en conjunto con las FARC durante esos meses por el Truand, combatieron hombro a hombro para repeler con xito una incursin de los paramilitares, quienes en cinco pangas y a la vista de todo mundo intentaron llegar por el ro Salaqu el 9 de septiembre de 2015. Incluso ambas guerrillas convocaron encuentros y reuniones de empalme con las comunidades. A lo largo de 2016, los guerrilleros de las FARC comenzaron a salir hacia las zonas de concentracin acordadas en el proceso de paz y los elenos asumieron el control de las cuencas.

Pero el 3 de marzo de 2017 empez una nueva arremetida de las Autodefensas Gaitanistas a la orilla izquierda del Atrato. Dos botes y una panga repletas de hombres armados entraron por las bocas del ro Domingod, mientras cien efectivos a pie copaban la cuenca del Jiguamiand. Al da siguiente, cruzaron el Atrato ocho botes con 150 paramilitares uniformados y apertrechados de armas largas. A plena luz del da pasaron frente al casco urbano de Riosucio y navegaron a la orilla contraria metindose por la desembocadura del ro Truand, tan slo diez minutos antes se haban retirado dos piraas artilladas y una lancha nodriza del Batalln Fluvial de la Armada. Esa semana arreciaron los combates y en consecuencia ocurrieron los desplazamientos masivos. El ELN declar en un comunicado pblico que haba bombardeado un campamento de los Gaitanistas el 13 de abril en el Alto Truand causando 47 bajas entre muertos y heridos, que fueron evacuados hacia Riosucio, segn la guerrilla, con el apoyo logstico del Ejrcito.

Tanto para los Gaitanistas como para los elenos la estrategia est clara y consiste en copar los antiguos territorios de las FARC a lo largo de todo el ro. Unos dejaron y otros entraron, le explic a Colombia Plural un miembro de la Defensora del Pueblo que recorri el Medio Atrato la segunda semana de marzo verificando la situacin humanitaria en poblados como Puerto Medelln, Puerto Salazar, Tagach, Isleta, Beln y Vegae: Vienen por las cabeceras de los ros, las partes de arriba de la cuenca. En todos los afluentes no estn, pero s van llegando ya. En el ro Arqua ya hay. El Alcalde de Bet ha hecho solicitud de pie de fuerza, no ha pasado nada. El personero ha hecho lo mismo, no ha pasado nada. La Defensora tambin, no ha pasado nada. Hay un espritu del Estado de vivir de todo esto.

El jueves 17 de agosto de 2017 Manuel Ramrez Mosquera, que haba sido presidente de un consejo comunitario, reclamante de tierras y desplazado, sali de Riosucio, en la margen derecha del Atrato, se embarc en un pequeo bote con su hermano y cruz a la orilla contraria. Su propsito era subir por el ro Truand hasta el casero de La Nueva, donde estaba su finca abandonada, para tratar de cortar unos pltanos y alimentos de pancoger con los cuales regresarse. Alguien relata que un tiro sali de la selva y lo mat. Otra versin asegura que fueron dos hombres y que dispararon tres veces. Manuel, que soportaba como los otros el hambre, el desarraigo y las angustias del desplazamiento, slo intentaba retornar a su tierra, aunque fuera apenas durante unas pocas horas. Slo intentaba cruzar de una orilla a la otra.


*Algunos nombres fueron cambiados por seguridad.

Fuente original: https://colombiaplural.com/las-dos-orillas-del-atrato/



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