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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2018

Quiero hacer un evento

Juan Antonio Garca Borrero
Rebelin


A mi amigo Gustavo Arcos le intriga el silencio en que ando metido desde hace varias semanas. No hay nada de misterio: en cualquier parte del mundo organizar un evento implica un gran nmero de tensiones, pero esas dificultades se multiplican cuando el motivo de la cita se vincula a algo que todava no es percibido en su exacta dimensin e importancia, y entre nosotros informatizar la gestin cultural parece todava algo secundario, algo sin inters gremial.

Por eso hace unas tres semanas decid dejar a un lado las redes sociales, y concentrarme en los asuntos de la vida real, que les aseguro que ms angustiosos no pueden ser. Eso ha trado como consecuencia que me entere tarde de todo lo que va pasando a nuestro alrededor. Por ejemplo, me vine a enterar de lo sucedido con la conferencia de la Muestra de Nuevos Realizadores dos o tres das ms tarde, gracias a una joven estudiante del ISA que necesitaba entrevistarme para un documental que est realizando.

Entonces estuve a punto de intervenir, pero otra vez la vida real me oblig a meterme en la bodega para tratar de garantizar esos asuntos que despus de realizado el evento, pocas personas se acuerdan que debieron superarse. Porque aqu habra que recordar que un evento (y esto le sirve a la Muestra de Nuevos Realizadores) no es solo el acontecimiento cultural que durante dos o tres das tiene sus quince minutos de fama en los medios, sino lo que cuesta producirlo, y sobre todo, su legado, es decir, lo que deja en la cabeza de la gente una vez que ha finalizado.

No es gratuito que haya iniciado esta breve nota mencionando lo de mi amistad con Gustavo Arcos. Con esa mencin no solo estoy aludiendo al respeto que me inspira en lo profesional su ya extensa labor docente, sino tambin la satisfaccin que me brinda contar con la complicidad intelectual de quien es hoy uno de los ms notables polemistas cubanos de nuestro mundo cultural. La postura pblica de Arcos me recuerda esa figura examinada alguna vez por Bourdieu, cuando hablaba de aquellos que combaten el efecto paralizador de los sacerdotes de la cultura, empeados en convertir la vida en una suerte de museo donde todos estamos condenados a vivir como simples epgonos de quienes nos antecedieron.

Lo cual no quiere decir que est siempre de acuerdo con los planteamientos de Gustavo Arcos. Al contrario, uno de mis grandes placeres intelectuales est precisamente en establecer con l ese dilogo tenso y enriquecedor que encuentra en las diferencias de ideas la gran oportunidad para seguir pensando crticamente aquello que a la larga tena instalado dentro de m como un prejuicio.

Ahora mismo, es probable que nuestras mayores diferencias se concentren en la percepcin que ambos tenemos del sistema institucional de la cultura en Cuba. Por lo menos en este terreno del cine, han sucedido tantas cosas (o han dejado de suceder, como lo de la Ley de Cine, por ejemplo) que uno tendra que conceder la razn a quienes proclaman pblicamente que este sistema institucional necesita urgentemente una renovacin.

Estoy de acuerdo con esa necesidad de renovar, lo nico que mientras algunos piensan que esa transformacin debe operar ms all de las instituciones, yo pienso que es preciso intentarlo desde dentro. No es el sistema institucional lo que hay que dejar a un lado, sino la manera en que se sigue pensando la gestin institucional en un siglo donde las prcticas culturales se han modificado de un modo radical.

Cuando leo eso de Quiero una Muestra sin ICAIC o algo as, no puedo dejar de sentirme dividido y frustrado. S que hay algo de sentimentalismo aqu, pues como algunos recordarn, tuve la suerte de dirigir la Primera Muestra, y por tanto, al igual que Jorge Luis Snchez o Fernando Prez, me siento un poco padre de todo lo que all suceda.

Pero al margen de ese nimio detalle biogrfico, imaginar una Muestra sin la participacin del ICAIC me parecera una derrota en un doble sentido: al organizar aquella Muestra del ao 2000, el ICAIC supo colocarse en el papel de vanguardia que le corresponda al detectar por dnde comenzaban a bifurcarse los caminos del audiovisual cubano, y por otro lado, hoy que se ha democratizado tanto la produccin, ya el desafo no est tanto en hacer cine independiente (cualquiera lo hace), sino en conseguir mostrarlo, y eso solo se puede conquistar con el respaldo institucional (que existe en todos los pases, ms all del sesgo ideolgico de sus gobiernos, como a ratos nos lo demuestra el MoMA o cualquier universidad norteamericana).

No voy a hablar de Quiero hacer una pelcula, la cual pude haber visto, pero que, lamentablemente, al final no vi por imperativos de la vida real. Basta decir que, en mi opinin, estaramos subestimando la grandeza de Jos Mart si pensamos que un simple bocadillo cinematogrfico puede poner en riesgo todas esas ideas que todava nos inspiran. Mart descansa en la verdad del da a da, y hay que buscarlo no solo en el elogio convertido en ritual, sino en todos los escenarios posibles, incluyendo los adversos, pues como apuntaba Unamuno: Y lo ms opuesto a buscar la vida en la verdad es prescribir el examen y declarar que hay principios intangibles. No hay nada que no deba examinarse. Desgraciada la patria donde no se permite analizar el patriotismo!.

A Mart se le puede atacar con acciones, con palabras, mas creo que el riesgo mayor que hoy corre su legado, en estos tiempos donde nos enteramos de las noticias con la misma rapidez con las que las olvidamos, es la indiferencia ante su propuesta de nacin. A Mart, a la Muestra, o al sistema institucional, habra que defenderlos todos los das, y no solo cuando ocurra algo que nos compulse a cerrar los puos en la plaza pblica.

Por otro lado, pienso que la voluntad de fortalecer el sistema institucional no puede confundirse con el bullying institucional. Una cosa no tendra que ver con la otra, y algunas de las pginas que se han escrito en estos das, ahora que las reviso con algo de distancia, francamente suenan delirantes e inaceptables (para no mencionar algunos de los comentarios generados por esos artculos).

Y viene a mi mente aquello que apuntaba nuestro gran Flix Varela hace muchsimo tiempo, pero que parece escrito ahora mismo:

La injusticia con que un celo patritico indiscreto califica de perversas las intenciones de todos los que piensan de distinto modo, es causa de que muchos se conviertan en verdaderos enemigos de la patria. El patriotismo cuando no est unido a la fortaleza (como por desgracia sucede frecuentemente) se da por agraviado, y a veces vacila a vista de la ingratitud. Frustrada la justa esperanza del aprecio pblico, la memoria de los sacrificios hechos para obtenerlo, la idea del ultraje por recompensa al mrito, en una palabra un cmulo de pensamientos desoladores se agolpan en la mente, y atormentndola sin cesar llegan muchas veces a pervertirla. Vase, pues, cul es el resultado de la imprudencia de algunos y la malicia de muchos, en avanzar ideas poco favorables sobre el mrito de los que tienen contraria opinin. Cuando sta no se opone a lo esencial de una causa por qu se ha de suponer que proviene de una intencin depravada?.

Y ahora regreso a lo que estaba antes de iniciar estas lneas, pues me espera la vida real con todas sus luces y sus sombras. O la gente con sus entusiasmos, sus animadversiones, sus indiferencias, y su apremiante necesidad de ser felices con lo que tengan a mano, que no tiene que coincidir con lo que ahora mismo domina mi cabeza: quiero hacer un evento.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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