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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2018

El fracaso de nuestra institucionalidad

Juan Pablo Crdenas
Radio U. de Chile


La ilegitimidad e insolvencia de un tribunal se hacen ostensible cuando sus resoluciones son determinadas por la composicin poltica de sus integrantes. As como las cortes de justicia del pas se hicieron cmplices y encubridoras de la instalacin de la Dictadura y sus despropsitos, hoy el Tribunal Constitucional, por mayora de sus miembros, se ha consolidado en un gendarme de la institucionalidad determinada por la Carta Magna de Pinochet y solo remozada por los gobiernos y parlamentarios que le sucedieron.

Nuestro Congreso Nacional tiene en el Tribunal Constitucional una tercera cmara con ms poder de resolucin que las otras dos, y lo que decidan los parlamentarios ya ha pasado a ser habitual que lo enmienden los pretendidos jueces institucionales. De la misma forma que el Ejecutivo y la Corte Suprema, as como la propia Contralora General de la Repblica, tienen una supra autoridad en estos magistrados elegidos por su orientacin poltica e ideolgica, ms que por su trayectoria profesional y arraigo tico.

En esta situacin, son los ciudadanos los que siguen interdictos democrticamente hablando, puesto que sus decisiones supuestamente delegadas en sus representantes suelen ser enteramente burladas por un puado de jueces supremos y omnmodos. De verdad, es vergonzosa la forma en que el pas elige diputados y senadores que le arrebatan millonarios recursos al erario nacional, aunque no tengan ninguna capacidad de hacer respetar sus acuerdos. Incluso los ms transversales a las distintas bancadas legislativas.

As como nos abochorna que los moradores de La Moneda sean digitados por las grandes empresas (adems de estar acotados por este Tribunal) tambin lamentamos que nuestras cortes de justicia tengan por encima un tribunal verdugo llamado a interpretar la forma y el contenido de la Constitucin de 1980, sacralizada por la posdictadura que ya se encamina a completar treinta aos. Es decir, mucho ms tiempo que el que se tom en el gobierno quien nos impusiera esta camisa de fuerza institucional.

Entendemos que los ltimos acuerdos del Tribunal Constitucional han incomodado, incluso, a Sebastin Piera y a sus colaboradores. Ni ellos supusieron que los miembros del Tribunal iban a demostrarse tan abyectos a los sectores ms reaccionarios del pas como, por ejemplo, frente a los que postulan el ideal del lucro en la educacin. Se pensaba que lo obrado en esta materia, como respecto del aborto en tres causales, ya era asunto zanjado y que no vala la pena reflotar los incordios en beneficio de una administracin destinada, por sobre todas las cosas, a recuperar nuestra economa y el pleno gobierno de los ms ricos sobre los pobres y la clase media. Esto es, el rgimen en que el dinero y la prctica sistemtica del cohecho sean los que manden, compren las conciencias polticas y les entreguen soberana y seoro sobre toda nuestra geografa a los inversionistas forneos y nacionales.

En este cuadro, tal pareciera que los menos voltiles son los integrantes de la mayora poltica del Tribunal Constitucional. Ellos estn decididos a ser los ms ultras, hasta pasarle por encima a los sectores de derecha que los han avalado constantemente, pero son capaces de discernir que hay asuntos en que deben contemporizar ms con sus adversarios. Demostrar algo ms de flexibilidad para no poner en riesgo el orden vigente que tanto les acomoda y que tambin ha terminado por seducir a los concertacionistas y a la propia izquierda de pasado tan rebelde y vociferante.

Pero estos ltimos incidentes a lo que han contribuido ms es a convencernos de que es la Constitucin vigente la que hay que derribar; as como a abundar en la conviccin de que no vivimos en un rgimen democrtico, esto es en una verdadera soberana popular. Que nuestros supuestos representantes en el Gobierno y el Poder Legislativo son, en realidad, elegidos solo por la mitad o menos de los ciudadanos y mediante el ejercicio de muchas trampas vigentes en la Ley Electoral, como las que todava permiten que el dinero sea el rector de las decisiones que se supone son las que convienen a los chilenos.

Las nuevas autoridades de La Moneda, as como las que los antecedieron, dejaron para el final o para siempre descartada la posibilidad de una nueva Carta Fundamental y, con ello, una asamblea constituyente. As como en tantas cosas, Michelle Bachelet nos hizo la jugarreta de enviar un proyecto en esta materia que ni siquiera alcanz a ser discutido y consensuado por su gabinete o Comit Poltico. Nada ms que para que se registrara que ella supuestamente era partidaria de una nueva Constitucin pero que en ocho aos de gobierno no viera la luz pese a esta estratagema final que solo le sirve a Piera para desestimar completamente la idea de ponerle fin al rgimen poltico, econmico social y cultural tutelado por las Fuerzas Armadas.

Lo ms probable es que ahora el oficialismo y sus adlteres en la oposicin concuerden en negociar ms reformas cosmticas a nuestra institucionalidad, pero que en ningn caso sirvan para emprender autnticas reformas y ms bien consoliden nuestro actual sistema tributario, previsional, as como el lucro en la salud y la instruccin pblica. Que les permita a los militares seguir entretenidos en la adquisicin de material blico, como aquellos aviones de combate de ltima generacin que ya surcan nuestros cielos para deleite de los uniformados y satisfaccin de los polticos afanados en los votos que les proporciona el patrioterismo ms rampln. Mortferas y onerosas aeronaves que, para colmo, se van desbaratando en sus piruetas y acrobacias de tan alto costo econmico y hasta riesgo para la poblacin.

Es hora que las organizaciones sociales y los grupos polticos ms vanguardistas, serios y consecuentes retomen sus movilizaciones por exigir una Asamblea Constituyente de la cual nazca y se legitime una nueva Carta Fundamental. Y que esta vez no se ceda a procesos distractivos como los del gobierno anterior, que solo tuvieron la intencin de aquietar las demandas que prendan de norte a sur para terminar ofreciendo una solucin tarda de la que nadie siquiera sabe de qu se trataba. Y que ha sido, por supuesto, desestimada totalmente por los nuevos gobernantes.

http://radio.uchile.cl/2018/04/02/el-fracaso-de-nuestra-institucionalidad/


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