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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2018

Ambigedad en la jefatura del Estado
Apunte para la reforma constitucional

Juan-Ramn Capella
Infolibre


Una Jefatura del Estado puede adoptar la forma monrquica o la republicana. Y es preciso distinguir entre la monarqua como institucin y los monarcas que la encarnan.

Las dos formas republicanas de gobierno han sido en Espaa efmeras, pero resultado de una convencin, mientras que las dos ltimas restauraciones de la monarqua han sido -no nos vamos a engaar- manu militari: en su momento indiscutibles.

Se podra sugerir que una reforma de la Constitucin del 78 en lo tocante a la jefatura del Estado exige un referndum previo, una decisin popular entre monarqua y repblica. En puridad democrtica, eso es una exigencia que hoy se puede poner a la institucin de la corona, ya que su ubicacin en la jefatura del Estado nunca ha sido objeto en s misma de decisin popular.

Tampoco se puede decir que tal decisin pueda suplirla la propia Constitucin del 78, ya que quienes la propusieron no pudieron pronunciarse materialmente sobre el asunto, impedidos por el artculo 5 de la Ley para la reforma poltica del franquismo que penda sobre sus actuaciones: haba ya un rey y una ley que le permita imponerse a las constituyentes.

Cuestin distinta es si hoy resulta conveniente para la salud poltica de los ciudadanos espaoles (y para la psique de sus personas) el planteamiento prctico de esta cuestin, al ser dudoso que alguna de las dos instituciones, monarqua o repblica, tenga un predicamento muy superior al de la otra en las escaldadas circunstancias del presente, y tambin al no ser fcil que el resultado de un referndum de esta ndole fuera aceptado de manera indiscutida por los sostenedores de la opcin perdedora.

La opcin monrquica, una institucin extraa a la igualdad democrtica, en nuestras latitudes no est momificada como, por ejemplo, en la Gran Bretaa, espejo de monarquas, que ha sabido plegarse casi tanto como es posible al cambio histrico. Y donde la monarqua realiza acciones meramente formales y protocolarias.

De modo que, establecido lo anterior, me limitar a lo menor que no es menor: a sealar algunas deficiencias corregibles del diseo de la institucin monrquica espaola que aparece en la Constitucin de 1978.

Los principales renglones de sta al respecto son: el art. 56,1, cuya primera funcin atribuida al rey es la de "arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones"; los arts. 64 y 65.2, por los que los actos del rey estarn siempre refrendados por el presidente del gobierno o los ministros, etc.; el art. 56, 3, que hace al rey inviolable y no sujeto a responsabilidad; el art. 62 passim y especiamente el art. 62, h, que atribuye al rey el mando supremo de las fuerzas armadas.

Incidental, y de menor importancia, despus de tantas guerras carlistas, es la inopinada resurreccin de la ley slica atenuada en el art. 57 de la Constitucin, que puede capitidisminuir a las mujeres de la dinasta, una mala solucin para un problema familiar; Alfonso XIII, al pasar por peores trances familiares que los del nieto, supo resolverlos mejor. Si hay monarqua, la ley slica aadida es como una mosca en la institucin. All ellos que se las vean con los movimientos antisexistas. Volvamos pues a las disposiciones importantes que recoga el prrafo anterior.

Primero, redundancia: para "arbitrar" ya est el Tribunal Constitucional. Y no se sabe qu es "moderar" el funcionamiento regular de las instituciones. Si el funcionamiento es regular no hay nada que moderar, y si no lo es ya est, como se ha dicho, el Tribunal Constitucional.

Adems salta a la vista, con independencia de lo anterior, la contradiccin entre la funcin atribuida al rey de "arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones" y la obligacin de que sus actos hayan de estar siempre refrendados.

Ninguna monarqua europea, o presidencias no ejecutivas como la republicana de Alemania, tiene atribuida, que yo sepa, la tal funcin de "arbitrar y moderar". Su origen hay que buscarlo ms bien como casi todo lo raro de la Constitucin del 78 en las leyes franquistas: aqu el art 6 de la Ley orgnica del Estado, donde s figura eso con parecidas palabras.

No se puede "arbitrar y moderar" refrendadamente."Arbitrar y moderar" es contradictorio con lo dispuesto en los artculos 64 y 65 de la Constitucin. Por cierto que la constitucin belga (art 78) lo expresa con precisin: "El rey no tiene ms poderes que los que le atribuyen formalmente la Constitucin y las leyes particulares segn la propia constitucin". En Espaa esas leyes particulares no existen: la monarqua est en una zona de anomia: si las cosas van bien, parece una monarqua parlamentaria; si no van bien, el monarca es todava hoy el jefe supremo de las fuerzas armadas y "guardin de la constitucin" (art. 61).

La anmala contradiccin constitucional, entre el refrendo y el "arbitrar y moderar", fue incluso excedida en la alocucin televisada del rey Juan Carlos vistiendo uniforme de capitn general la noche del 23F de 1981, cuando afirm que la corona "no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrtico". Esa intervencin, que dicho sea de paso igual hubiera amparado a Armada si finalmente ste hubiera podido ofrecerse al Congreso como "solucin" de la situacin creada, fue un acto del rey como jefe supremo de las Fuerzas Armadas no refrendado ni consistente con "arbitrar y moderar", sino residuo probable de su legitimidad preconstitucional subsistente por la ambigedad de la propia Constitucin.

Por otra parte la atribucin al rey del mando supremo de las Fuerzas Armadas no tiene parangn en los sistemas parlamentarios, que asignan tal mando al jefe del Gobierno o al ministro de Defensa.

Acto parecido al del monarca del 23 F ha sido recientemente la alocucin del rey Felipe del 3 de octubre de 2017 sobre la situacin en Catalua, ya no como jefe supremo de las Fuerzas Armadas, pero sin refrendo, y discutiblemente consistente en "moderar". Tampoco parece constitucional su presencia y participacin en el foro de Davos: como seal acertadamente J. Prez Royo, el rey no tiene funciones ejecutivas, y las funciones del jefe del Estado y del jefe del Gobierno no son intercambiables.

En cuanto a la disposicin que establece la irresponsabilidad del rey (art. 56,3), que no tendra en cambio un presidente de la repblica, se halla en cierto modo compensada por la posibilidad de que el rey se inhabilitare reconocida por el art. 59,2 de la Constitucin, aunque no hay ley particular alguna que regule garantas y procedimientos de inhabilitacin. Nuevamente tropezamos con la anomia.

Vemos pues que las ambigedades de la Constitucin del 78 han dado lugar a una cultura poltica incompatible con los principios de un Estado social y democrtico de derecho. Es pues necesario reformar la Constitucin para:

a) Eliminar como tarea regia el "arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones";

b) Atribuir al jefe del Gobierno la jefatura suprema de las Fuerzas Armadas;

c) Atribuir a leyes particulares la definicin y el alcance de las funciones protocolarias de la jefatura del Estado, as como los procedimientos de inhabilitacin dada la irresponsabilidad jurdica del monarca.

Estas tres exigencias valdran tambin para una presidencia republicana, salvo que esta s sera responsable de sus actos.

[Fuente: infoLibre.es]



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