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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2005

Un torbellino de creatividad
El Pars de los aos veinte

Lisandro Otero
Rebelin


Pocas ciudades han sido el centro de la creatividad mundial en una escala tan intensa como lo fue Pars en los aos veinte. Haba terminado la Primera Guerra Mundial y una juventud sacrificada pretenda saciar sus apetitos de esparcimiento tras los duros tiempos de la severidad y la sangre. A la vez se desat la imaginacin de los artistas que escogieron la ciudad junto al Sena por sus econmicas condiciones de vida y las facilidades que se ofrecan a la expansin cultural. Muchos norteamericanos acudieron al foco cegados por la vieja Europa liberal que lo aceptaba todo, lejos de los Estados Unidos de la prohibicin, el puritanismo, la mojigatera cuquera y el presidente Harding.

Dos centros principales de reunin atraan en la ciudad: la casa de Gertrude Stein y la librera de Sylvia Beach. Stein perteneca a una rica familia juda y junto a su hermano Leo se dedico a coleccionar arte. Fue una de las primeras promotoras de Picasso y a sus cuadros uni los de Matisse y Braque y de la anterior generacin se aficion a Cezanne. Junto a su compaera Alice B. Toklas mantena un saln que era muy frecuentado por el propio Picasso, Hemingway y Ezra Pound. Sus valoraciones estticas eran muy respetadas y podan edificar o destruir una reputacin en una tarde de comentarios irnicos.

Sylvia Beach fue a Europa con la Cruz Roja americana durante la guerra y despus se estableci en Pars donde abri una librera, Shakespeare & Company, muy frecuentada por Andr Gide, Paul Valry, Jules Romains, Gertrude Stein, Hemingway y F. Scott Fitzgerald. Venda libros pero tambin los prestaba a quienes no podan pagarlos y fue editora. Con su bolsillo public el Ulises de James Joyce y tambin las primeras obras de Beckett.

Esos aos vieron el xito de los Ballets Rusos de Diaghilev y el escndalo tras el estreno del Rito de Primavera de Stravinsky. Jean Cocteau abri su caf Le Boeuf sur le toit y Andr Breton y Louis Aragn fundaron la revista Literatura que dio nacimiento al movimiento surrealista. El rumano Tristan Tzara promova sus escndalos dadastas y la escritora de origen cubano Anas Nin mantena un trrido romance con el proscrito Henry Miller.

En los cafs Le Dome y La Coupole se reuna cada noche la crema de la intelectualidad y Marcel Proust acuda al exclusivo Hotel Ritz con regularidad observando la alta sociedad parisina con la acuciosidad de un relojero. Hemingway viva pobremente en la calle del Cardenal Lemoine, detrs del Panten, y nos leg un cuadro encantador de aquellos aos en su libro pstumo Pars era una fiesta.

La msica tomaba nuevos derroteros con las composiciones de Darius Milhaud, Georges Auric, Poulenc y Honnegger. Eric Satie ideaba sus Gimnopdicas. Juan Gris, Duchamp, Leger, Arp, Picabia y Max Ernst experimentaban con formas y colores. Paul Valery escriba El cementerio marino, T.S. Eliot publicaba La tierra balda y Ezra Pound conclua sus Cantos.

Se pretendi liberar al hombre de las compulsiones civilizadas, del sensualismo rampln y el letargo adonde es conducido por la organizacin social. Los surrealistas queran cerrar el camino a la razn y encontrar el vigor original de cada ser, hallar la reserva de energas, emancipar el espritu sometindolo a una anarqua que le entregara su fuerza vital, su autntica individualidad. Fue un intento de develar la fantasa y el absurdo que subyacen en lo cotidiano, de mostrar la magia que late en la aparente rutina, de hallar lo maravilloso que existe en lo real, hallar lo que de general hay en lo particular, subrayar lo universal en lo nacional.

Fue una era donde se enfatiz la importancia del subconsciente y la irracionalidad, se manifest una realidad diversa a lo evidente. La sublimacin de los sueos y la libre experimentacin con las formas presidieron todos los intentos creativos. Fue un tiempo de ruptura de tradiciones y de invencin sin medida. Ello coincidi con los avances cientficos y tecnolgicos que permitieron considerar otros puntos de vista en la expresin artstica y facilit los medios de elaboracin del producto cultural. La esencia de los smbolos, de las metforas, de la sustitucin de unos valores por otros desemboc en una reforma de la apreciacin y en un arte libre.

Despus, la creacin artstica se politiz con el advenimiento de los totalitarismos y la resistencia necesaria a su noche oscura. La masacre de la Segunda Guerra Mundial termin con aquella era feliz y despreocupada, con aquella fiesta perpetua de la imaginacin.

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