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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2018

Feminismo & Marxismo (I)
Marxismo y feminismo: una perspectiva histrica

Catherine Andrews
http://www.letraslibres.com

La autora nos hace un breve repaso sociohistrico del feminismo desde sus claves tericas y como muchas de estas se han alimentando de la teora marxista.


Siempre me ha fascinado la historia de Olive Schreiner, autora de uno de los textos clsicos feministas del siglo XX (Woman and labour, 1911). Schreiner naci en 1855 en una misin metodista de Cabo del Este (actualmente, Repblica de Sudfrica). Fue la novena de doce hermanos. Su padre, Gottlob Schreiner, era un clrigo alemn; y su madre, Rebecca Lyndall, hija de un ministro protestante ingls.

En la dcada de 1880 Olive vivi en Escocia y luego en Londres, donde se hizo amiga de la hija menor de Karl Marx, Eleanor, y de otras mujeres socialistas en el club londinense Nueva Mujer. En ese periodo empez a investigar sobre lo que llamara ms tarde el problema del trabajo femenil; es decir, la cuestin de la idoneidad de las mujeres para trabajar fuera de la casa, muy debatida entre la intelectualidad europea del momento.

Concluy dicha tarea en 1899 cuando, tras el matrimonio y la muerte de su nica hija, se encontr de nuevo en Sudfrica. Obligada a refugiarse en su casa de manera repentina durante la guerra de los beres, tuvo que abandonar el manuscrito terminado. Ocho meses ms tarde, cuando un amigo fue por el texto, descubri que la casa de Schreiner haba sido saqueada y quemada, y con ella, su libro. Profundamente decepcionada por la prdida de veinte aos de trabajo, Schreiner decidi reescribirlo. Pero la guerra, y luego su mala salud, le impidieron reconstruir el texto en su totalidad.

Al final, opt por reelaborar solo los ltimos captulos, que fueron publicados en 1911. Cuento la historia de Schreiner en calidad de alegora por el tema de este ensayo: la relacin entre el pensamiento marxista y el feminista del siglo XIX a la actualidad. La historia de su libro ejemplifica de manera excelente esta relacin intelectual; su existencia accidentada y llena de violencia simboliza la forma en que el trabajo intelectual de las mujeres se realiza en un mundo an diseado para los hombres. El marxismo y los marxistas no han sido siempre los ms entusiastas partidarios de la causa feminista. Desde el siglo XIX intentaron marcar una divisin entre las propuestas igualitarias del feminismo burgus y las ideas socialistas dirigidas a desmantelar el capitalismo.

El fin de este, argumentaban, terminara con la explotacin de la burguesa sobre la clase obrera y liberara a hombres y mujeres por igual. En La ideologa alemana (escrita en 1846, pero publicada por primera vez en 1932), Marx y Engels plantearon que la primera divisin del trabajo derivaba del hecho de que la mujer se embarazaba y se dedicaba a cuidar a sus hijos. Desde su punto de vista, era una divisin natural de las tareas masculinas y femeninas. Engels retom esta idea ms tarde en El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado (1884).

En este texto, argument que, en el periodo precapitalista, la familia era parte de una comunidad productiva en la que la propiedad se comparta entre todos sus miembros:

La divisin del trabajo es en absoluto espontnea: solo existe entre los dos sexos. El hombre va a la guerra, se dedica a la caza y a la pesca, procura las materias primas para el alimento y produce los objetos necesarios para dicho propsito. La mujer cuida de la casa, prepara la comida y hace los vestidos; guisa, hila y cose. Cada uno es el amo en su dominio: el hombre en la selva, la mujer en la casa. Cada uno es el propietario de los instrumentos que elabora y usa: el hombre de sus armas, de sus pertrechos de caza y pesca; la mujer, de sus trebejos caseros. La economa domstica es comunista, comn para varias y a menudo para muchas familias. [El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, Akal, 2017.]

La transicin hacia el capitalismo implic, de acuerdo con el anlisis de Engels, la esclavitud de la mujer, pues la introduccin de la propiedad privada y el intercambio de trabajo masculino por dinero en el espacio pblico modificaron tambin la relacin en el mbito domstico. Dice Engels:

La misma causa que haba asegurado a la mujer su anterior supremaca en la casa su ocupacin exclusiva en las labores domsticas aseguraba ahora la preponderancia del hombre en el hogar: el trabajo domstico de la mujer perda ahora su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre; este trabajo lo era todo; aquel, un accesorio insignificante. [Las cursivas son mas.]

En otras palabras, se interpretaba la explotacin sufrida por la mujer a manos capitalistas como una extensin de la infligida a su marido. Ella contribua a la produccin de plusvala mediante el cuidado de su marido y la procreacin de la fuerza de trabajo. Asimismo, se le consideraba como el elemento burgus en la familia, en virtud de su papel como consumidora del salario del esposo. Para conseguir su libertad primero tendra que incorporarse al mercado como fuerza laboral, pues de esta manera podra reclamar la parte correspondiente de los frutos de su trabajo.

Engels subrayaba que la emancipacin de la mujer no se hace posible sino cuando esta puede participar en gran escala, en escala social, en la produccin y el trabajo domstico no le ocupa sino un tiempo insignificante. Por consiguiente, el fin socialista debera ser crear las condiciones necesarias para permitir el trabajo de la mujer fuera de la casa, pero no librarla de la responsabilidad natural de su sexo.

La interpretacin socialista del origen de la subyugacin femenil result sumamente importante para las mujeres trabajadoras y socialistas. Desde el siglo XIX, se repite para rebatir los argumentos en contra de la presencia de la mujer en el campo laboral, y para exigir de los patrones salarios igualitarios y mejores condiciones de trabajo para las mujeres. Hasta la actualidad es el motor de buena parte de la accin sindicalista entre mujeres.

El origen de la familia

La teora de Marx y Engels acerca de los orgenes de la familia y el capitalismo tambin ha servido de distintas maneras para el desarrollo del pensamiento feminista fuera del socialismo.

La versin del comunismo primitivo de Engels, segn la cual las mujeres y los hombres compartan el trabajo en condiciones de igualdad, inspir a Olive Schreiner para elaborar una crtica incisiva a los argumentos cientficos de su poca que postulaban la inferioridad fsica e intelectual de las mujeres. Para Schreiner la historia de la relegacin de la mujer al espacio privado era una tragedia, pero tambin una inspiracin para el futuro.

Si bien dedica sus primeros captulos a describir cmo las transformaciones de la sociedad del estado primitivo a la civilizacin decimonnica haban robado a las mujeres su dominio antiguo de la labor productiva y social para convertirlas en una especie parastica del hombre, no pretenda adjudicar este cambio a la supuesta debilidad de la mujer. Al contrario, buscaba resaltar la fuerza femenil, sus contribuciones al progreso de la sociedad y su espritu indomable:

Mientras que el hombre cazaba, o batallaba con el enemigo [...], trabajbamos la tierra. Arbamos el campo, cosechbamos el grano, organizbamos las casas, hilbamos y cosamos la ropa, hacamos las ollas y pintbamos los primeros dibujos, lo que representaba el primer arte domstico de la humanidad; estudibamos las propiedades y usos de las plantas, y nuestras mujeres fueron las primeras mdicos de la raza, como sus primeras sacerdotisas y profetas. [Woman and labour, T. Fisher Unwin, 1911.]

Antes de Simone de Beauvoir, Schreiner apunt que no haba nada natural en la divisin de labores entre hombres y mujeres: entre los animales, las hembras no eran ms dbiles que los machos y haba casos en que ambos sexos compartan la tarea de la crianza. De hecho, para Schreiner, la mujer debera considerarse como el sexo ms fuerte, pues su trabajo era ms laborioso e interminable que el del hombre.

El varn salvaje tena tiempo para descansar en el sol comiendo y bebiendo lo producido por nuestras manos, mientras que la mujer, incluso cuando traa un nio en el vientre, segua trabajando sin quejarse. Ni siquiera aceptaba el argumento de que el rol masculino de soldado o guerrero ilustraba la inferioridad de las mujeres, pues incluso en trminos de la muerte [...] hay mucha ms probabilidad de que la mujer promedio muera en el parto a que el hombre promedio muera en el campo de batalla.

El libro de Schreiner, por ende, era un llamado a las mujeres a no aceptar su estatus subordinado. Deban de inspirarse en el herosmo de sus congneres del pasado que nunca fueron compradas ni vendidas [...] que no conocan el miedo, ni teman la muerte, pero quienes vivan grandes vidas y tenan grandes esperanzas. La salvacin de la mujer consista en volver a realizar trabajo productivo y socialmente til; y, dado que nada del presente ni del pasado sugera que haba relacin entre las capacidades intelectuales y la funcin sexual, no exista cargo al que no pudieran aspirar:

De la silla del juez al escao del legislador; de la sala del estadista a la oficina del comerciante; del laboratorio del qumico a la torre del astrnomo; no hay puesto [...] en el que no aspiremos a meternos: y no hay puerta cerrada que no intentemos abrir; y no hay fruto en el jardn del conocimiento que no vayamos a comer.

La lucha de clases

Las grandes esperanzas de Schreiner y sus compaeras de la primera ola feminista de que la sociedad industrializada ofreciera a las mujeres oportunidades de igualdad mediante el empleo asalariado no se haban cumplido para la dcada de 1960. Ni siquiera en los pases comunistas, donde el nmero de mujeres trabajadoras era mayor que en los capitalistas. Las mujeres, al parecer, no eran oprimidas solo por su irrelevancia econmica.

Haba que buscar otra explicacin para su situacin subordinada. El anlisis marxista de nuevo result muy til para el pensamiento feminista. No obstante, la inspiracin ya no fue Engels y El origen de la familia, sino la teora de la lucha de clases y su funcin como motor de la historia. Las feministas del baby boom estadounidense interpretaron su lucha en trminos revolucionarios y crearon una narrativa en que las mujeres se describieron como una clase oprimida por la supremaca masculina, o bien, por lo que llamaran el patriarcado. En palabras del famoso manifiesto de las Redstockings (Medias Rojas) de 1969:

La supremaca masculina es la ms antigua y la ms bsica forma de dominacin. Todas las dems formas de explotacin y opresin (racismo, capitalismo, imperialismo, etc.) son extensiones de la supremaca masculina: los hombres dominan a las mujeres y unos pocos hombres dominan lo restante. Todas las estructuras del poder a travs de la historia son dominadas por los hombres y orientadas hacia los hombres. Los hombres controlan todas las instituciones polticas, econmicas y culturales, y mantienen ese control mediante la fuerza fsica. Ellos usan el poder para mantener a las mujeres en una posicin inferior. Todos los hombres se benefician econmica, sexual y psicolgicamente de la supremaca masculina. Todos los hombres oprimen a las mujeres.

En este feminismo radical (adjetivo que deriva de la insistencia en identificar la raz de la opresin femenina), la mujer no funga como el elemento burgus de la pareja, como insinuaba Engels. El elemento burgus era el hombre, y el fin del feminismo radical no era otro que desarrollar la conciencia de clase femenina con el fin de promover la destruccin del sistema de explotacin clasista. Segn el anlisis radical, la supremaca de la clase masculina se apoya en la violencia fsica y sexual. Adrienne Rich argument en 1980, por ejemplo, que el fundamento del poder masculino reside en el rechazo a que las mujeres desarrollen su propia sexualidad.

En el patriarcado, la mujer se define a partir del servicio sexual que proporciona al hombre, y nunca en funcin de sus propios deseos. La familia y la heterosexualidad, por consiguiente, no son fenmenos naturales, sino polticos. Las instituciones gubernativas del patriarcado inculcan y reproducen las relaciones de clase. Para Rich, ante la ausencia de eleccin [en su sexualidad] [...], las mujeres no tendrn el poder colectivo para determinar el significado ni la posicin que podra tener la sexualidad en sus vidas [Compulsory heterosexuality and lesbian existence en Signs, vol. 5, nm. 4, 1980].

La interseccionalidad

El llamado del feminismo radical para que las mujeres adquirieran conciencia de su clase y lucharan por su liberacin encontr eco principalmente entre mujeres blancas de clase media en Europa y Estados Unidos. Para otras comunidades femeninas, el discurso de que todos los hombres se beneficiaban de la supremaca masculina no corresponda del todo con sus realidades. Si bien la propuesta de analizar las relaciones entre hombres y mujeres como una lucha entre clases encontr una recepcin favorable entre feministas socialistas, como Zillah Eisenstein y Patricia Connelly, no por ello renunciaron a la tesis marxista de la explotacin econmica en el capitalismo.

Ms bien, incorporaron el feminismo radical en sus argumentos. Eisenstein, por ejemplo, plante la teora de un patriarcado capitalista que postulaba la existencia del patriarcado previa al capitalismo y sugiri que haba una dependencia mutua entre la estructura de clase capitalista y la supremaca masculina. Afirmaba que el socialismo y el feminismo radical obligaban a estudiar la opresin como si las mujeres ocuparan solamente el espacio privado y los hombres, el pblico; es decir, se analizaba el trabajo domstico o el trabajo asalariado; [...] la familia o la economa; [...] la divisin sexual del trabajo o las relaciones de clase en el capitalismo.

La teora del patriarcado capitalista, en cambio, permita a las feministas socialistas reconocer que las mujeres existan en ambas esferas y participaban activamente en ellas. Para las feministas negras, las tesis de la supremaca masculina y del patriarcado capitalista no constituan una explicacin coherente acerca de la situacin de la mujer. Las retricas socialista y feminista radical no incluan referencias a la opresin racista, que consideraban como una explotacin derivativa.

Las socialistas consideraban a esta como producto del capitalismo y las feministas radicales, como resultado del patriarcado. Para las feministas negras de Estados Unidos y las del entonces llamado tercer mundo, era necesario analizar el racismo tambin como parte medular de la lucha de clases. Como explicaron las integrantes del Colectivo de Ro Combahee, un grupo de mujeres negras lesbianas estadounidenses, en su manifiesto de 1977:

Reconocemos que la liberacin de toda la gente oprimida requiere la destruccin de los sistemas poltico-econmicos del capitalismo y del imperialismo, tanto como el del patriarcado. Somos socialistas porque creemos que el trabajo se tiene que organizar para el beneficio colectivo de los que hacen el trabajo y crean los productos, y no para el provecho de los patrones. Los recursos materiales tienen que ser distribuidos igualmente entre todos los que crean estos recursos. No estamos convencidas, sin embargo, de que una revolucin socialista que no sea tambin una revolucin feminista y antirracista nos garantizar nuestra liberacin. [...] Necesitamos verbalizar la situacin de clase real de las personas que no son simplemente trabajadores sin raza, sin sexo, pero para quienes las opresiones raciales y sexuales son determinantes en sus vidas laborales/econmicas. Aunque compartimos un acuerdo esencial con la teora de Marx en cuanto se refiere a las relaciones econmicas especficas que l analiz, sabemos que su anlisis tiene que extenderse ms para que nosotras comprendamos nuestra especfica situacin econmica como negras.

Desde la academia, feministas negras como Angela Y. Davis (Women, race and class, 1981) y bell hooks (Aint I a woman? Black women and feminism, 1981) retomaron estos argumentos para elaborar una historia del capitalismo e imperialismo en Estados Unidos que subrayaba el peso de esa triple explotacin experimentada por las mujeres negras. En 1991, la sociloga Patricia Hill Collins acu el trmino matriz de dominacin (matrix of domination) para explicar cmo diferentes mujeres lidiaban con dichas opresiones.

Actualmente el feminismo identifica este anlisis como interseccional. La nomenclatura deriva del trabajo de la jurista Kimberl Crenshaw quien, siguiendo las tradiciones del feminismo negro, critica la legislacin antidiscriminatoria de Estados Unidos por no contemplar la interseccin de dos o ms discriminaciones en una sola queja.

La nueva terminologa feminista ya no se refiere nicamente a la opresin resultante de las diferencias sexuales, sino tambin a la que emana del gnero.

No obstante, el feminismo interseccional tiene dos corrientes principales: la materialista, que postula que el gnero es el nombre que se asigna a las relaciones jerrquicas de poder entre la clase masculina y la femenina; y la liberal (y posmoderna), que entiende el gnero, al igual que la clase y la raza, como formas de identidad. Las rupturas y los desacuerdos en la discusin feminista actual solo se pueden entender si se reconoce esta distincin.

En suma, el marxismo y el feminismo tienen una historia compartida de largo aliento. Las feministas de distintas ndoles, socialista o no, han adoptado y adaptado los argumentos de Marx y Engels para promover la liberacin de la mujer. Hasta la expresin feminista en boga interseccionalidad tiene ascendencia marxista.

El planteamiento comn es que quieren liberar a la mujer de sus mltiples opresiones ya. No desean esperar a que la revolucin o ningn otro movimiento masculino otorgue la justicia que merecen.

Fuente:http://www.letraslibres.com/mexico/revista/marxismo-y-feminismo-una-perspectiva-historica


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