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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2018

Aspectos tericos en las disputa limtrofe Chile - Bolivia

Manuel Acua A.
Rebelin


PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

No deja de ser curiosa (por decir lo menos) la nula referencia que tanto analistas como comentaristas han hecho a uno de los aspectos tericos ms relevantes en la disputa limtrofe que, desde hace varios aos, sostiene Chile con Bolivia a instancias de este ltimo. Es ms: tal nula referencia no es atributo solamente de este conflicto sino pareciera ser un comn denominador en las relaciones internacionales, tan extraa es su mencin. Nos referimos al carcter de estado que revisten las naciones en litigio y a las proyecciones internacionales que de tal circunstancia se derivan.

En efecto, es de sobra conocido el hecho que tanto Chile como Bolivia son considerados, dentro de la teora social, en el carcter de estados, es decir, estructuras sociales que corriente (y errneamente) se asimilan a vocablos tales como pas o nacin. Porque, en estricta doctrina, dichos conceptos son, por entero, diferentes; un pas no es ms que una divisin geogrfica (y poltica) en tanto la nacin es el pas con sus habitantes, su cultura y su idioma. Y el estado, bueno, la nacin jurdicamente organizada. Al menos, tales son las definiciones que, corrientemente, se entregan en las aulas del derecho.

No obstante, considerados en la calidad antes dicha, se nos presentan dichos conceptos como extraordinariamente mezquinos. Porque estado no es solamente aquello, es decir, una nacin jurdicamente organizada sino algo que va mucho ms all de toda consideracin jurdica. La historia nos ensea otros derroteros.

BREVE BOSQUEJO ACERCA DEL CONCEPTO DE ESTADO.

El concepto de estado, como la generalidad de los conceptos, tiene races histricas. No es una simple elaboracin u ocurrencia acadmica destinada a resolver un intrngulis del derecho sino una realidad que nace en la noche de los tiempos y que comienza con la formacin de las comunidades, luego con la aparicin de los llamados protoestados hasta derivar en una organizacin social construida al amparo de la fuerza: el estado. Porque el estado es una organizacin social coercitiva, histricamente creada al amparo de las armas, una creacin militar. El estado es, esencialmente, fuerza bruta aplicada sobre otros seres humanos, violencia, dominacin. Se explica, as, que sea el estado una estructura social fuertemente jerarquizada y estratificada en donde cada estamento ocupa el lugar que le corresponde dentro del escalafn social. Dems est decir que, en dicha estructura, unos van a mandar y otros a obedecer; consecuencialmente, habr quienes han de producir en tanto otros entregarn a sus subordinados las instrucciones de cmo hacerlo. Como el propio Friedrich Engels lo sealara, el estado no es sino la confesin manifiesta que la sociedad aquella se ha enredado en una irremediable contradiccin de clases sociales que disputan entre s la imposicin de sus propios intereses [1] .

No por otro motivo Poulantzas define al estado como la organizacin de las clases y fracciones de clase dominante para los efectos de su dominacin. El estado es, en consecuencia, una relacin entre seres humanos, una relacin social; dicho de otra manera, una nacin jurdicamente organizada a la vez que unificada cultural y econmicamente, con Fuerzas Armadas que tutelan la conservacin de la misma, entendida por tal una cohesin social que no emana de la libre voluntad de sus asociados sino de la dominacin que un grupo ejerce sobre la comunidad, como tambin lo sealara Engels.

En consecuencia, las disputas limtrofes entre pases no son sino conflictos entre estados, es decir, conflicto entre clases y fracciones de clase dominantes que luchan entre s por la imposicin de sus respectivos intereses. Porque ningn proletario se va a aduear de las costas del Pacfico ni va a instalar grandes factoras para exportar sus productos. Son las grandes corporaciones transnacionales quienes necesitan los puertos que han de construirse en las zonas costeras, las grandes empresas hoteleras que se van a lucrar con las vacaciones de quienes puedan pagar su estada en esos lugares, las grandes empresas mineras que necesitan enviar sus minerales en estado bruto al exterior, en fin. En palabras ms directas, son las mafias dinerarias quienes se mueven tras esas pretensiones, adems de los intereses de las grandes potencias internacionales [2] . Para uno u otro lado. Repetimos: son los interesados en los negocios y las transacciones mercantiles a nivel planetario quienes necesitan el mar, no los trabajadores ni las clases dominadas. No se trata, por consiguiente, una disputa entre un estado bueno y un estado malo, o entre una nacin de izquierda contra una de derecha pues ambos estados no son sino la expresin del ejercicio de la fuerza que los sectores dominantes ejercen sobre el conjunto social. Aunque se quiera manifestar abierta simpata por un estado dirigido (aparentemente) por sus habitantes originarios pues tambin en esos habitantes originarios existen clases que dominan y clases que son dominadas. Porque los intereses de los grandes estados siempre han estado presentes y siempre lo estarn en sus propios conflictos limtrofes; con mayor razn en los que tienen los pases pobres.

La disputa de hoy, pues, no es diferente, a la que se daba hace algunos aos (y se sigue dando), cuando sectores que se autodenominaban izquierdistas entregaban su apoyo a Palestina y condenaban a Israel convencidos que los estados son estructuras sociales homogneas, uniformes, firmemente cohesionadas y asentadas en la existencia de ciudadanos iguales en derechos y obligaciones, y en donde los intereses de clase no tienen cabida. Craso error. Es, precisamente, dentro de los estados donde los conflictos de clase se dan en toda su intensidad y de manera inclemente. Es dentro de los estados, y no en otra parte, donde se realizan los golpes de estado para resolver los conflictos de clase entre sus connacionales.

NATURALEZA DEL CONFLICTO LIMTROFE ENTRE CHILE Y BOLIVIA

Un conflicto limtrofe como el que se produce entre Chile y Bolivia, en donde este ltimo pretende fijar su frontera norte con aquel e ignorar la voluntad de un estado como Per, que colinda hoy con el pas sureo, no es una disputa de las clases dominadas sino de quienes ejercen su dominacin en cada uno de esos estados. En Bolivia, no son los sectores dominados ni menos los indgenas quienes ejercen el poder sino las grandes corporaciones transnacionales que se han formado en el pas andino al amparo del gobierno y cuyos negocios le permiten crecer a niveles que oscilan entre un 4 a un 6% anual, muy por encima de otras naciones. No ocurre de manera diferente con Chile y Bolivia, estados en donde la intensidad de las contradicciones sociales se amortigua bajo el imperio de concepciones chauvinistas que parecen decidir la contienda de las clases que verdaderamente ejercen el poder.

El conflicto es tanto ms extrao cuanto sectores izquierdistas de esas naciones, conmovidos por la condicin de habitante originario de ese pas que ostenta su presidente Evo Morales, identifican los intereses de los sectores dominados con los intereses de su estado/nacin. No lo hacen de manera diferente cuando lo hacan asimilando los intereses de clase de los sectores dominados con los que pareca representar Yasser Arafat; la existencia de sectores que viven lujosamente en la Palestina de hoy, y que poco o nada se preocupan de los sectores ms empobrecidos de esa nacin, hace volver los ojos hacia la divisin de la sociedad en clases sociales e intentar identificar los intereses de clase que realmente existen en esa formacin social.

En Bolivia, no llama la atencin la actitud chauvinista de su presidente (que ha sido capaz de decir sandeces en modo alguno diferentes a las que pronuncian otros jefes de estado) en una poca en que la propia poblacin nacional boliviana rechaza su intento de seguir perpetundose al mando de la nacin [3] . Ni tampoco que su mejor jurista defensor en el juicio de La Haya, el emrito madrileo Antonio Remiro Brotns, haya formulado el 26 de marzo recin pasado esa torpe sentencia:

Ni Dios ni la Corona espaola le otorgaron el litoral boliviano a Chile. La fuerza le otorg ese acceso.

Fue Dios quien le otorg ese derecho a los espaoles para apoderarse de Amrica? La corona espaola, tuvo desde la eternidad el derecho de apoderarse de todos los bienes de los habitantes originarios de Amrica? Son los reyes los nicos autorizados por la Naturaleza para apoderarse de los territorios que poseen ptros seres humanos? Un jurista jams debe olvidar que los modos de adquirir la propiedad territorial en el Derecho Internacional son, precisamente, mtodos violentos como la conquista, la ocupacin, y la accesin, adems de la cesin y la prescripcin. Es lo que aplic Chile, luego de la llamada Guerra del Pacfico. Acaso no es el mismo derecho que aplicaron los espaoles que se apoderaron de Bolivia?

Lo que s llama la atencin es que el vicepresidente de esa nacin, el terico lvaro Garca Linera participe de esos decires y apoye disparates como los que continuamente formula su gobierno [4] . Porque, paradojalmente, Garca Linera es uno de los tericos ms versado en las obras de Nikos Poulantzas. Gran parte de su produccin intelectual contiene elementos conceptuales desarrollados por el malogrado investigador greco/francs y por su discpulo Bob Jessop [5] , especialmente en lo que a estado y clases sociales se refiere, materias que no pudo desarrollar en vida Karl Marx.

Ignorancia suya? Conveniencia poltica? Simple tolerancia u obligacin de participar en esos exabruptos? Lo cierto es que Garca Linera no es un individuo que desconozca las tesis de Poulantzas y, sin embargo, es uno de los primeros en aparecer reivindicando el inters del Estado/nacin boliviano en contra del Estado/nacin chileno. Nada de defender el inters de las clases y fracciones de clase dominadas. Por el contrario: manifiesta voluntad de defender el inters de las clases y fracciones de clase dominantes de su propia nacin, como parte de su labor intrnseca como gobernante.

CLASES Y FRACCIONES DE CLASE SOCIALES A NIVEL PLANETARIO

La cuestin por la disputa de los lmites territoriales no es algo que pueda considerarse materia ajena a la divisin de las sociedades en clases sociales. Ni tampoco algo que deba circunscribirse a los lmites territoriales de una nacin. Porque las clases sociales tambin se manifiestan a nivel internacional. Y se estratifican de acuerdo al lugar que les corresponde, tanto a nivel regional como planetario. No por algo tambin en las distintas regiones del planeta se manifiestan Bloques Regionales en el Poder as como tambin a nivel planetario. Y es all donde se libra la ms violenta y encarnizada lucha de clases por la imposicin de los respectivos intereses. Las guerras no son sino la simple manifestacin del nivel que ha alcanzado la pugna en defensa de aquellos.

Por lo mismo, es comprensible que existan diferencias de trato entre estados en donde unos reciban ms que otros de acuerdo a su posicin social. Porque el trato internacional que se da a un estado africano no es el mismo que se le brinda a uno europeo o aquellos que se brindan los europeos entre s. Las estructuras jurdicas que existen para regular las relaciones entre los estados establecen notorias diferencias de trato. La estructura de la Organizacin de las Naciones Unidas constituye la sublimacin de esa diferenciacin que separa a los dbiles de los poderosos para unificar a la humanidad en esa constante: los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de esa entidad no son representantes de los pases ms pobres sino lo integran ciertas y determinadas naciones. La vieja divisin que se estableciera en la poca de la llamada bipolaridad, entre pases del primer, segundo y tercer mundo, sigue hoy vigente e informa la regulacin de las relaciones internacionales. No es lo mismo pertenecer a un estrato que a otro. Ni tampoco a un estado que a otro. Especialmente en materias limtrofes.

FORMA DE SOLUCIONAR LAS DISPUTAS TERRITORIALES A NIVEL PLANETARIO

Las disputas limtrofes de las naciones adelantadas no se resuelven de la misma manera que ocurre con otros estamentos, sino se mantienen latentes luego de los conflictos que las han originado en una especie de aplicacin in extremis del principio del utis possidetis (como poseis seguiris poseyendo). No hay ni habr, en el corto ni mediano plazo, solucin a los conflictos de Chipre, Gibraltar, Barcelona, pases vascos, Crcega, Malta, isla Kuriles, en fin): todos ellos seguirn poseyendo como hasta el momento lo han hecho. Los lmites son el resultado de confrontaciones blicas y no se mueven del lugar en donde han sido establecidos; permanecen fijos, inalterables, inamovibles. Al menos, para los pases del llamado primer mundo.

Para el segundo mundo, la situacin es diferente: a quienes no satisface la conveniencia de determinados intereses, la sancin es la segmentacin del territorio/nacin: la experiencia de la Yugoslavia de Tito es dramtica; los sectores dciles como lo fueron los de la antigua Checoslovaquia pudieron hacer sus divisiones en forma pactada aunque de todas maneras se les segment. En ese caso, las segmentaciones son bien recibidas porque implican disminuir el peligro de la existencia de uniones que podran amenazar la estabilidad de los pases poderosos.

Es posible pensar que tambin una solucin similar puede aceptarse para los pases del tercer mundo pues implica divisin y, como se ha dicho, toda divisin del eventual adversario es buena para quien permanece unido.

Sin embargo, cuando los acuerdos entre estados subordinados se hacen difciles, las clases y fracciones de clase dominantes a nivel planetario solucionan el problema a travs de sus propios tribunales a los cuales deben acudir los representantes de aquellos. Porque, como lo seala el barn Ulrico de Rudenz, en la obra inmortal de Friedrich Schiller, son ellas dueas del mundo y de sus habitantes:

Es en vano resistir al monarca: el mundo le pertenece [ ] A l le pertenecen las plazas pblicas y los tribunales, los caminos por donde transitan los mercaderes; y hasta las bestias que pisan el pasto del San Gotardo le han de pagar tributo. Sus dominios nos amarran como las mallas de una red.

En efecto, el primer mundo forma sus tribunales donde deben llegar los vasallos del tercer mundo a resolver sus cuitas. Porque son las clases y fracciones de clase dominantes a nivel planetario quienes disponen cmo ha de procederse para resolver las cuitas del tercer mundo. Como lo hacen los vasallos ante el rey.

En esa labor, los estados subordinados deben hacer sus presentaciones judiciales ante un tribunal europeo y enviar hasta all a sus representantes. All debern contratar los servicios de juristas extranjeros que conozcan la forma de fallar o prcticas jurdicas de tales tribunales y redacten las presentaciones judiciales, pagar sus altos honorarios, llevar sus medios de prueba, contratar intrpretes para tomar las declaraciones, y esperar, finalmente, el fallo, que no ser ejecutado por fuerza pblica alguna sino por la mera sumisin de los involucrados en el conflicto, que s se apresurarn a cumplirlo a fin de no realizar un acto que sea disonante con la comunidad internacional.

ENSAYANDO SOLUCIONES A ESE CONFLICTO

Desde el mismo momento en que el conflicto entre Chile y Bolivia comenzara a plantearse (apenas terminada la llamada Guerra del Pacfico), ha existido una multiplicidad de soluciones. Algunas van ms all de las posibilidades reales de llevarlas a cabo. Porque no basta solamente la buena intencin de las personas para encontrar una solucin al problema.

Una de las primeras proposiciones la entrega de un corredor que parte desde Bolivia y atraviesa la regin de Antofagasta, es simplemente irracional pues implica la la segregacin territorial de la nacin, hecho que es, en definitiva, por completo inaceptable. Esta solucin es, igualmente, inviable en cualquier otro sector donde se pretenda romper la unidad territorial de la nacin; conlleva la posibilidad de elevar irresponsablemente la intensidad del problema y una invitacin a los estamentos armados a resolver el conflicto manu militari. Del mismo modo lo son aquellas soluciones que pretenden soslayar el problema hablando de un puente de gran longitud, levantado en esa regin, o un tnel que lleve a los bolivianos desde su pas hasta la costa.

Felipe Portales nos narra que, en 1922, el abogado y acadmico Carlos Vicua Fuentes,

[] dentro de un conjunto de opiniones dadas en el seno de la FECH y que fueron publicadas por el peridico La poca [6]

se atrevi a decir que

[] debe resolverse el problema internacional del Norte mediante la devolucin al Per de las provincias de Tacna y Arica y la cesin a Bolivia de una faja de terreno en Tarapac, para que tenga una salida al mar [7] ,

en lo que hoy se conoce como tierra de nadie.

Portales nos informa que Vicua fue anatemizado por la generalidad de sus contemporneos y separado de su trabajo acadmico en la Universidad de Chile.

No sabemos si la solucin propuesta por aquel brillante maestro era conocida por Clotario Blest y Juan Lechn, en 1952 cuando ambos lderes sindicales (de la CUTCH chilena y de la COB boliviana) propusieron una idea similar que, aos ms tarde, en 1976, sera copiada por el dictador Augusto Pinochet en sus relaciones con el general y dictador boliviano Hugo Banzer en la firma del documento conocido como Los acuerdos de Charaa.

Segn lo expresramos en uno de nuestros trabajos, en esos aos (1952/1953),

El acercamiento entre los trabajadores de ambos pases no iba a eludir el tema de la salida de Bolivia al mar. Una delegacin presidida por Ernesto Miranda, Manuel Collao y Juan Vargas Puebla, viaj al primer congreso de la COB en noviembre de 1954 llevando en su agenda de actividades la tarea de iniciar las conversaciones al respecto. Al ao siguiente, en 1955 y al realizarse, a su vez, el congreso de la CUT, una delegacin boliviana quiso devolver la mano a la visita de sindicalistas chilenos viajando a Chile a fin de retomar una propuesta del diplomtico boliviano Alberto Ostria, de 1950 [8] .

De acuerdo a la referida propuesta,

[] Chile haca secesin de una franja territorio de diez kilmetros al norte de Arica que sera compensada con el uso de las aguas del lago Titicaca con el fin de generar fuerza hidroelctrica para el norte de Chile [9] .

Esta proposicin que, como ya se ha indicado, aos ms tarde, paradojalmente, hara suya la dictadura pinochetista al firmar los llamados Acuerdos de Charaa, tuvo una corta vida. Oscar Ortiz nos lo deja en claro en una entrevista que le hiciera un peridico boliviano,

Eso dura hasta 1957, cuando los sectores ms proclives a una solucin son desplazados y la demanda martima se va diluyendo [] No hay ms, desapareci en 1957, despus sali del mundo sindical. Lamentablemente esta iniciativa se trunc muy pronto [10] .

Pero esa solucin requera el consentimiento de Per, nacin que se neg a hacerlo por estimar que el acuerdo dejaba sin efecto el tratado de lmites que ese mismo pas haba firmado con el nuestro.

En los ltimos aos, no se han planteado soluciones de esta naturaleza.

Existe, no obstante, una proposicin que, sin apartarse de la anterior, confiere a la ciudad de Arica el carcter de capital de una regin de dominio y administracin tripartita ejercidos por las tres naciones involucradas en el conflicto (Per, Bolivia y Chile), a la manera que, en forma similar y en la prctica, lo hacen los pueblos originarios de las tres naciones en la localidad de Visviri para el intercambio internacional de sus productos. Sin embargo, esta solucin, al igual que la anterior, requiere el concurso previo de las tres naciones involucradas. Tampoco ha sido planteada en las conversaciones entre las naciones.

Finalmente, existe todava una solucin basada en normas generales de derecho internacional cual es el arriendo por 99 aos de una seccin de su territorio nacional que puede Chile ofrecer a Bolivia, que incluya un corredor al norte de la ciudad de Arica y prximo a la lnea de la Concordia. An cuando creemos que bastaran, para tal efecto, las voluntades de las dos naciones involucradas en el conflicto (Chile y Bolivia), las normas de la buena convivencia parecen exigir la intervencin (al menos, testimonial) de una tercera nacin que no oculta sus intereses en la regin como lo es Per, por lo que, en resumen, podramos decir que las eventuales propuestas tienen como caracterstica central que

1. En todos los casos, se requiere de la aquiescencia de Per; y,

2. En la generalidad de los casos, se requiere la renuncia explcita o, al menos, la postergacin de las pretensiones de soberana que exige Bolivia para conversar. Con excepcin de la propuesta de la zona de dominio y administracin tripartita de la ciudad de Arica.

Ninguna de estas soluciones resuelve el problema de las clases y fracciones de clase dominantes de las naciones involucradas en el conflicto, pero posterga soluciones de fuerza que, en definitiva, pueden recaer, como es habitual, sobre las clases y fracciones de clase dominadas cuyos intereses jams se toman en consideracin.

MIRANDO HACIA EL FUTURO

Las soluciones basadas en la defensa de los intereses del Estado/nacin, como se ha dicho, tienen como objetivo la defensa del inters de las clases y fracciones de las clases dominantes. Sin embargo, no puede decirse, con liviandad, que tales conflictos no empecen a las clases y fracciones de clase dominadas. Porque cuando esos intereses se contraponen y los conflictos blicos se hacen presentes, sus consecuencias recaen sobre estos estamentos que, siempre y bajo toda circunstancia, aportan su sangre y energas para la solucin de aquellos. Porque, adems, como lo dicen sabiamente los pueblos africanos,

Cuando pelean los elefantes, el pasto sufre las consecuencias.

Argentina es, tambin, un estado que dirigen los intereses dominantes de esa nacin. Argentina, en tal carcter, siempre ha estado interesada en poseer una salida al Pacfico. Es un estado que necesita expandirse y la salida hacia el Pacfico le abre las puertas al comercio con las naciones asiticas. Por supuesto que un conflicto entre Chile y Bolivia (que involucra, de todas maneras, a Per) le significa una oportunidad inmejorable para arreciar con sus pretensiones expansivas como lo ha hecho permanentemente cuando ve que las condiciones le son propicias. Y esa accin puede provocar problemas a la poblacin chilena. Porque, si hay conflicto, las clases dominadas debern entregar sus hijos a los ejrcitos para que salgan stos a proteger el inters de quienes dominan en la nacin.

Por eso, no parece del todo descabellado mirar hacia otros lados y ver las soluciones que han ensayado otras naciones como las europeas, que aplicaron con xito una frmula para la solucin de sus conflictos territoriales consistente en otorgar el derecho al libre acceso de todos sus habitantes y empresas a todo el territorio europeo. Tal vez ha llegado el momento de empezar a empujar una idea similar a aquella que se impulsara en los aos 60 bajo la denominacin de integracin latinoamericana y destruir todas las barreras aduaneras que impiden el libre trnsito de los nacionales por todos los estados latinoamericanos. Es una solucin que beneficia, obviamente, a las clases dominantes; pero es, a la vez un inicio de la unin latinoamericana de las organizaciones sindicales y sociales, algo que debera estar ya realizndose en algn lugar de la Amrica morena.

Santiago, abril de 2018



[1] Vase, al respecto, la obra de Friedrich Engels: El origen de la propiedad, la familia y el Estado.

[2] Vase, al respecto, la noticia de Mximo Flores V. Jimmy Carter renueva compromiso para lograr un acuerdo que d a Bolivia un acceso al mar de 21 de mayo de 2013, contenida en el diario El Da de la misma fecha. Vase, igualmente, la informacin de la BBC en el mismo sentido, de idntica fecha. [3] Para nadie es desconocido el hecho que Evo Morales est interesado en su reeleccin. Hasta el ex canciller Insulza lo ha sealado: lo que a Evo le interesa no es ganar el juicio en La Haya, lo que a Evo le interesa es ganar su reeleccin, y es una lstima, porque cuando estaba en su primer periodo no era esa su actitud. Esto es una campaa poltica y para eso lo mejor para l es ir a sentarse a La Haya, los bolivianos estn mirando la televisin igual que los chilenos. Entonces por cierto que la gente asocia esto con Evo y l cree que con eso va a conseguir los votos. (Vase, de Olea Urrejola, Magdalena: Senador Jos Miguel Insulza: Lo que a Evo le interesa no es ganar el juicio en La Haya, lo que a Evo le interesa es ganar su reeleccin, El Lbero, 28 de marzo de 2018). [4] Vase las opiniones de Evo Morales acerca de la homosexualidad y sobre los calvos (en los pueblos indgenas no hay calvos/El pollo que comemos est cargado de hormonas femeninas) en el peridico espaol El Mundo, de fecha 21 de abril de 2010. El artculo se llama Evo Moral es dice que la homosexualidad es producto de los alimentos transgnicos.

[5] Vase de Bob Jessop su obra State Theory. No conocemos una versin castellana de la misma.

[6] Portales, Felipe: Sanciones a acadmico por propuesta sobre Bolivia, artculo contenido en su libro Historias desconocidas de Chile, Catalonia Ltda., Santiago, 2016, pg. 181.

[7] Vicua, Carlos: La libertad de opinar y el problema de Tacna y Arica, Imprenta Selecta, Santiago, 1921, pg.16. Citado por Felipe Portales en la obra sealada anteriormente.

[8] Acua, Manuel: Principios tericos en las luchas sociales de Clotario Blest, contenido en el libro de Clotario Blest Sntesis histrica del martirologio de la clase trabajadora chilena, Editorial Senda, Stockholm, 2015, pgs. 135 y 136.

[9] Peralta, Pablo: Trabajadores de Bolivia y Chile intentaron resolver el tema mar, entrevista a scar Ortiz en Pgina Siete, peridico boliviano de 23 de marzo de 2012, pg. 6.

[10] Redaccin: Bolivia tiene derecho de ir a los tribunales, entrevista a scar Ortiz, peridico Cambio, La Paz (Bolivia), 23 de marzo de 2012, pg.5.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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