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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2005

El entornalismo, un grave atentado a la justicia

Alfonso Sastre
Gara


Estamos viviendo desde finales del mes pasado una situacin particularmente injusta en el marco, verificable cada da como muy conflictivo, de la situacin en que vive Euskal Herria, en distintos grados y bajo diferentes formas, en relacin con los dos Estados espaol y francs que administran este Pas.

Esto que estamos viviendo, como digo, desde hace unos das, es la presentacin pblica, en un juicio grande y espectacular, de lo que en sus orgenes pudo parecer la lucubracin de cierto juez, que se presentaba as como una persona vanidosa hasta la egolatra, y, al parecer, nada brillante como profesional, a la vista de sus instrucciones de sumarios: es la presentacin en sociedad, en fin, y con toda la fuerza del sistema represivo, de una nocin reprobable y bajo cuyo amparo han florecido siempre los fascismos y toda su parentela, y se han cometido las ms infames injusticias: es la nocin del entorno de lo perseguido per- sonas u organizaciones como un espacio humano sobre el que fuera no slo legtimo sino altamente patritico (al servicio de Espaa, decan los franquistas cuando destruan y mataban los entornos), que cayeran tambin la represin, la prisin y hasta la muerte. Acptese, pues, aunque sea de modo provisional hasta encontrar otra mejor, la palabra entornalismo para definir esta situacin que comporta una terrible y muy temible injusticia y una inmoralidad manifiesta. En el campo de enfrente, para m, los verdaderos revolucionarios siempre tuvieron en cuenta, cuando tomaban las armas, el entorno de sus ataques con sumo cuidado sobre el halo al que podan afectar sus acciones, de modo antagnico a los terroristas de Estado (Gernika, Hiroshima), categora en su forma no armada (por ejemplo, tribunales especia- les) en la que hay que encuadrar el entornalismo que usa su fuerza de modo decidido y consciente precisamente sobre el entorno de los militantes hostiles al sistema. Antagonismo que a m me ha hecho distinguir (que es pensar) entre distintas formas de violencia. Yo siempre he mantenido la necesidad filosfica de distinguir entre la metralleta de un sicario de la represin y la de Che Guevara, por ejemplo, y he usado la nocin de metamorfosis para definir lo que sucede en un arma cuando pasa de unas manos a otras. (Entorno es, en fin, todo lo que hay alrededor de alguien o de algo, sea cual sea la significacin y sean cuales sean las razones de ese estar ah, alrededor, desde la amistad a la ms completa ignorancia de la existencia de aquel vecino. Para el DRAE, entorno es igual a contorno: ambiente, lo que rodea, sin ms).

El cuadro de Goya en el que el gran pintor manifest la realidad de lo que fueron los fusilamientos de la Moncloa en Madrid (1808) es una imagen pattica de una operacin napolenica de castigo contra los inicios de lo que luego fue una guerrilla y su entorno. El entorno en aquel episodio matritense lo compusieron los madrileos en general. Ser madrileo era ser un enemigo de las tropas napolenicas.

De anloga manera, el bombardeo de Gernika fue una operacin contra un entorno compuesto por todos los vascos, y no slo los que eligieron combatir en la defensa de la Repblica Espaola contra el golpe militar. Lo mismo que los bombardeos contra Hiroshima y Nagasaki fueron brbaras operaciones contra el entorno que en ese caso era todo el pueblo japons del Emperador Hiro Hito y la casta militar nipona.

En realidad, este tipo de operaciones definen sin ms lo contrario de lo que desearan definir: la esencia del terrorismo al que dicen combatir y que, en la realidad, ellos practican; esencia que podra ser definida as: terrorismo es aquella actividad de combate sea cual sea su objetivo, reaccionario o revolucionario que prescinde de algunos escrpulos o de todos? al respecto del halo de posibles vctimas de la operacin. Efectivamente, siendo unos y otros actos violentos, no es lo mismo un disparo directo sobre la cabeza de un enemigo aunque el punto elegido sea ese tan estremecedor que es la nuca que poner una bomba en un lugar pblico en el que se supone que puede estar o puede pasar por all en ese momento un enemigo. Es una cuestin de halo de la operacin, o, en el sentido que estamos tratando de definir, de entorno. Durante la guerra de Argelia se dijo que la pequea bomba domstica de mano era el arma de los pobres, para tratar de legitimar estas acciones frente al gran armamento del Ejrcito Francs y a sus mortferas acciones en los barrios tortura includa, que casi nadie dudaba que eran brillantes operaciones militares al servicio de la gran Patria Francesa.

Quien ahora escribe este artculo ha estado casi siempre muy solo en el tratamiento pblico de estos temas desde un punto de vista de izquierda y ello me autoriza ahora a escribir con alguna fuerza moral, ya que no otra, al respecto, y a recoger la idea de que el terrorismo se caracteriza, como acabo de decir, por no tener en cuenta o pasar por ello mirando hacia otra parte que sus acciones pueden herir o matar a gentes que pasan por all, como hemos dicho, o sea, al "entorno" ocasional en cada circunstancia. Irak o Palestina son hoy casos flagrantes de destruccin de entornos, en estos casos de todo un pueblo (genocidio) por unas fuerzas extranjeras terroristas. Pero el terrorista es el otro, como se sabe. Y se supone que en aquella casa vive un terrorista? (es decir, lo que para sus camaradas es un patriota)? Pues se destruye su casa y los alrededores de su casa, con la familia incluida y otros vecinos, ms o menos prximos, e incluso que la muerte caiga sobre otros imprevisibles ciudadanos.

En el caso de este macrojuicio, el entorno de ETA somos todos los ciudadanos vascos, ya de nacencia, ya de adopcin, aun quienes no sabemos nada de esta organizacin armada en su momento actual, y desearamos que declarara una suspensin de sus actividades, pues los procesados son acusados de terrorismo por el mero hecho de estimar que sera justo que el pueblo vasco alcanzara el derecho de autogobernarse ms all de las dudosas posibilidades que ofrecen las autonomas actua- les. Este proceso comporta, pues, una persecucin por razones estrictamente polticas.

Hace algn tiempo recuper el tema de Antgona una herona griega sacrificada por fidelidad ritual a uno de sus hermanos, vencido en una guerra poltica. Cierto que es muy peligroso hoy tambin ser hermano o hermana o madre o padre o hija de un perseguido poltico (dganlo los familiares de los presos vascos dispersos cruelmente por las tierras de Espaa). El halo de la represin destruye o, al menos, malbarata la vida de quienes se ven sometidos a su influencia. Y ahora? Ahora estamos sometidos al maleficio del entorno.

Segn la nocin de entornalismo que aqu propongo, yo mismo pertenezco en grado sumo a ese entorno, y no como cualquier vasco: creo que ms y peor que muchos de ellos, hasta el punto de que me extraa no verme sentado en los banquillos de ese juicio, pues fui un colaborador permanente del diario Egin desde sus orgenes. Para m, era un diario popular y libre, en el que se poda desde criticar seriamente las luchas armadas hasta revelar el horroroso mundo de las torturas policacas. Mi opinin personal era ya entonces que es un principio que toda guerra, hasta la ms justa (defensiva, justiciera...) o patritica, es indeseable; y si es legtimo no ser un pacifista a ultranza, ello es porque los enemigos de la Humanidad los grandes agentes del sistema capitalista no lo son, y estn armados hasta los dientes, y practican la guerra en sus modos ms terroristas como prctica para imponer el dominio del mundo a la barbarie capitalista. Por lo dems, en Egin colaboraban tambin lo que aqu hemos llamado pacifistas a ultranza.

Este juicio en el que el asunto de Egin no es, al parecer, ms que el principio es, por otra parte, una furiosa apologa del silencio, mediante sobre todo el comportamiento intratable de una jueza colrica que desmiente con desdichada elocuencia las virtudes de equilibrio y mesura que se suponen en una persona revestida con tan responsable autoridad pblica.

Yo soy un viejo militante de la paz (que no de la pacificacin de los territorios, claro est!), y muy pronto voy a cumplir ochenta aos, y quiero decir ahora mismo que hoy sera para m un honor acompaar a la crcel a cualquiera de los ciudadanos vascos hoy sentados en el banquillo de ese proceso que supongo yo estar sonrojando a los verdaderos y honestos juristas que profesan cientficamente, con rigor y fidelidad, la ciencia del Derecho.

Tal macrojuicio, si no se suspende y archiva a tiempo, un da se recordar como el gran escndalo jurdico de la Casa de Campo o algo parecido, en los Anales de la Jurisprudencia Espaola.

* Alfonso Sastre - Escritor y dramaturgo



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