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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-04-2018

El problema no es la triparticin de poderes

Eduardo Prez Otao
Rebelin


Desde hace algunos das circula en las redes (como casi siempre sucede en estos casos) una afirmacin de contenido preocupante: Si despus de lo que ha sucedido primero con Dilma y ahora con Lula alguien sigue insistiendo en que Cuba aplique la supuesta divisin de poderes del estado burgus, como leo en la prensa privada que nos leg Obama, o es tonto o es cnico.

No requerira siquiera el menor anlisis de no ser porque ha estado en boca (digmoslo con ms exactitud: en perfiles de Facebook) de importantes figuras del entorno pblico cubano, con lo que ello significa. Esto es: la posibilidad de que tal afirmacin no sea una expresin de paso sino reflejo de un modo de interpretar nuestra realidad y, peor an, de una corriente de pensamiento en un sector del pas.

En esta afirmacin aparecen cuatro elementos que debemos abordar por separado si queremos entender las tesis que ac presentamos: 1) lo sucedido tanto a Dilma Rousseff como a Lula da Silva en Brasil; 2) la divisin de poderes planteada por Montesquieu y asumida por Occidente; 3) la prensa privada legada por Obama; y 4) el hecho de ser tontos o cnicos si se desea que rija en Cuba la triparticin de poderes. Cada uno de estos elementos encierra contenido suficiente para abordarlo desde la realidad cubana.

1) Dilma y Lula (o la cuestin de la izquierda en Amrica Latina)

Pensar que la situacin vivida hoy en Brasil, que dicho sea de paso no es ms que el reflejo de los tiempos que corren para la izquierda en Amrica Latina, tiene como causa directa la triparticin de poderes sera equivalente a creer que la razn que llev a la desintegracin de la URRS (y al fin del socialismo en buena parte del mundo) fueron sus estructuras de gobierno y no quienes las ocupaban.

Seamos ms claros: si responsabilizamos de la situacin que hoy viven las causas de izquierda en el subcontinente (y la regin en sentido general) al modo en que nuestras naciones se han estructurado democrticamente, requeriramos hacer exactamente lo mismo si hablamos del modelo socialista. Tendramos que afirmar con igual seguridad que el sistema generado por el Partido Comunista de la Unin Sovitica (para nada asociado a los postulados de Maquiavelo, o eso nos hicieron creer) fueron la causa primera de su propia desaparicin.

Por tanto, debemos afirmar que la tesis en s misma carece de lgica. Los sistemas polticos y democrticos, sean cuales sean, responden a las voluntades de personas de carne y hueso, con intereses que superan la lgica de las mayoras para imponer las de las minoras. Mxime si estas minoras ostentan determinadas cuotas de poder que les permiten saltarse todas las estructuras y normativas existentes.

El problema brasileo hoy no es el de la triparticin de poderes sino el modo en que las estructuras que representan esa triparticin se han corrompido hasta la mdula, y se han llenado de funcionarios corruptos e inescrupulosos que las han puesto al servicio de intereses particulares y no colectivos.

El propio Lula da Silva ha referido que entre lo errores cometidos durante las gestiones del Partido de los Trabajadores (PT) al frente de los destinos de Brasil, se encuentra la no resolucin de los problemas estructurales del pas, entre ellos la tan necesitada Asamblea Nacional Constituyente que hubiera posibilitado repensar las instituciones y sus funcionalidades.

El entramado institucional brasileo, sin pretender adentrarnos en un anlisis para el cual no tenemos todos los elementos, est a todas luces corrompido. El empleo de los acuerdos, las alianzas y el soborno como modo de lograr consensos y mayoras no llevaron a ninguna parte. Tanto el legislativo como el ejecutivo estaban minados desde el propio origen del gobierno del PT. Aquellos partidos con los que establecieron las alianzas en algn momento terminaron por convertirse en sus peores enemigos. Nada nuevo hay en esto.

No poda tardar que todo ello llegara (o se expresara) en el poder judicial. Una sociedad donde la verdadera separacin de poderes no existe no puede pretender que cuando dos de sus componentes fallan, el tercero resuelva el problema y ponga a los otros en el lugar que les corresponde. A decir verdad, quizs el cncer ya andaba all, anidado desde el propio origen de la democracia brasilea despus de los aos de dictadura. Una limpieza que nunca ocurri acab por esconder basura bajo las alfombras, y en silencio fue creciendo hasta convertirse en lo que es hoy: una montaa de desechos que termina, como siempre sucede, por caer sobre los ms pobres.

La izquierda latinoamericana, dada en no pocas ocasiones a la autocomplacencia y la hipocresa, ha cometido en esto varios errores que a fin de cuentas han terminado por pasarle factura. Mencionemos apenas tres para ilustrar la afirmacin: 1) las alianzas con fuerzas de centro o centro izquierda que nunca fueron tales y que, muy por el contrario, resolvieron situaciones coyunturales para luego volverse fuerzas reaccionarias dentro del propio proceso de cambio; 2) la postergacin de decisiones radicales que permitieran la profunda transformacin de las estructuras polticas y de gobierno, en particular las asociadas a los medios de comunicacin; y 3) la despreocupacin mostrada por desarrollar una verdadera revolucin cultural.

Por tanto, decir que el problema de la izquierda en la regin es culpa de la triparticin de poderes es, cuando menos, intentar cerrar los ojos ante la verdad. No podemos olvidar tampoco que esa misma izquierda lleg al poder y no tuvo dificultades en jugar ese mismo juego que hoy la derecha continental ha aprovechado con tanta efectividad. Es ms, ni siquiera se preocup por cambiar las reglas a las que hoy pudiramos culpar.

2) la divisin de poderes planteada por Montesquieu y asumida por Occidente

Este punto no requerira grandes discusiones si no fuera por el modo en que se ha tergiversado su comprensin. No pretendemos hacer una discusin terico-poltico-filosfica al respecto. Sin embargo, no podemos dejar de lado el hecho de que la propuesta terica de Montesquieu y el modo en que han sido aplicadas, interpretadas y reinterpretadas son cosas bien diferentes.

La adopcin de la triparticin de poderes por los fundadores de los Estados Unidos y su imposicin como forma de ordenamiento, con especial fuerza en los tiempos de posguerra, tergiversaron el modelo en s mismo. Corrompida nos ha llegado, a las naciones latinoamericanas, la versin del filsofo francs.

Una vez ms el problema no es terico sino funcional. La propuesta en s misma debera, como sucede en otras naciones (quizs habra que revisar experiencias menos viciadas como es el caso de algunos estados europeos), permitir la coexistencia de tres poderes que deben trabajar, de modo equilibrado, en funcin del progreso y la representacin de los intereses de las mayoras.

La debilidad funcional del modelo, plagado de influencias econmicas y de intereses que le trascienden, ha hecho fracasar en buena medida la triparticin de poderes como esquema de convivencia democrtica en Amrica Latina y en buena parte del mundo. Nuestras naciones, como dira Jos Mart, pretendieron injertar en las Repblicas el mundo, pero descuidaron que el tronco siguiera siendo el de nuestras Repblicas.

La triparticin no es, ni por mucho, el nico modo en que pudiramos entender la vida en nuestros pases. La sabidura indgena que exista en estas tierras antes de la invasin europea ya daba muestras de saberes ancestrales en cuanto a la gestin de la cosa pblica, por solo mencionar un ejemplo.

Esta tergiversacin absoluta de la esencia de la separacin de poderes ha provocado, en buena medida, el fracaso del modelo democrtico impuesto en esta parte del mundo. Para ser sinceros, tampoco la izquierda, ni siquiera el socialismo europeo cuando fue potencia capaz de imponer modelos, gener alternativas lo suficientemente efectivas que permitieran la organizacin de modos de convivencia donde todos pudieran tener voces y derechos de forma equitativa. Aquello de que todos somos iguales o del pueblo y para el pueblo se diluy en un aparato partidista y de gobierno altamente ineficaz, antipopular a largo plazo e incapaz de generar modelos alternativos de gran calado.

3) la prensa privada legada por Obama

Hay suficientes documentos que demuestran de modo irrefutable cmo el gobierno de los Estados Unidos ha puesto millones de dlares al servicio de la subversin en Cuba. Le ha apostado, en particular, a la generacin de liderazgo entre los jvenes, la formacin de una clase econmica afn a sus intereses y el desarrollo de estrategias de comunicacin en funcin de restar apoyos al gobierno cubano.

Todo esto es cierto y para nada novedoso. En casi sesenta aos de Revolucin la noticia sera que no existiera algn tipo de poltica o directriz encaminada a derrocar el modelo cubano, en una especie de obsesin fatal.

Sin embargo, pensar que la prensa no oficial (llamada por unos alternativa, por otros privada, y por algunos contrarrevolucionaria) es resultado de la visita de Obama y ms an, de las intenciones de Estados Unidos, es no tener en cuenta todas las razones posibles.

El sistema de medios de comunicacin en Cuba es incapaz de satisfacer las necesidades y demandas nacionales. Atada a modos de entender el periodismo y el ejercicio de la comunicacin con races profundamente soviticas, y en ltima instancia utilitarias, le ha sido imposible reinventarse y readaptarse al mundo en que vivimos. Esta ineficacia ha generado, por un lado, la disminucin de su capacidad para formar la opinin pblica en el pas con el subsecuente fortalecimiento del boca a boca como mecanismo de acceso a aquellos contenidos que los medios oficiales no pueden presentarnos. Por otro lado, ha propiciado que emerjan un conjunto de medios fuera del sistema oficial que buscan satisfacer esas demandas.

Es cierto que una parte de ellos ha surgido y se financia de fondos forneos cuyos intereses no son del todo claros, e incluso unos cuantos son abiertamente reaccionarios al sistema poltico y de gobierno en Cuba. Pero tambin es muy cierto que otra parte busca llenar los vacos (muchos, a decir verdad) que ha dejado el modelo de prensa existente en el pas apelando a diversos modos de subsistencia.

Una vez ms, el surgimiento de lo alternativo ha sido consecuencia del actuar de la oficialidad, en buena medida, por la imposibilidad de estos ltimos de responder a las demandas reales de un pas altamente capacitado e informado, que requiere ms y mejor comunicacin cada da. Es ms, hablaramos de la responsabilidad del gobierno y el partido en la ineficacia del actual sistema de medios, donde el oficialismo prima por encima de lo pblico; pero esto es tema para otro da.

El supuesto sistema de medios privados no existe en Cuba desde la visita de Obama. Viene desde mucho antes, solo que, en su estrechez de miras, las estructuras de poder prefirieron meterlos a todos en el saco de los otros en lugar de negociar. Se negaron a darles oportunidades para que diversificaran el panorama comunicativo nacional, en lugar de verse obligados a vivir en la clandestinidad.

4) el hecho de ser tonto o cnico si se desea que rija en Cuba la triparticin de poderes

Quizs sea este el ms preocupante de los puntos contenidos en la afirmacin inicial que, recordemos, ha circulado durante algunos das en las redes cuyo origen se sita en importantes figuras de la vida pblica nacional. Esto refleja cierto grado de intolerancia preocupante pero no novedosa.

El hecho de que alguien en el pas est proponiendo la instauracin de la triparticin de poderes nos obliga a preguntarnos entonces qu modelo de pas, qu modelo democrtico tenemos hoy? Criticar que alguien solicite la aplicacin de cierta teora parte del hecho de reconocer que dicha teora no se ha aplicado, o lo que es lo mismo, partira de confirmar que la supuesta separacin de poderes existente hoy en Cuba (a decir: Legislativo, con la Asamblea Nacional del Poder Popular; Ejecutivo, con el gobierno nacional; y Judicial, con el Tribunal Supremo Popular) no es tal.

Ambas cosas, si acaso, son muy cuestionables: tanto la intolerancia como la existencia de un modelo que responde a las formas descritas por Montesquieu pero que, en su funcionamiento, y ms an en su interpretacin, no son tal.

Que alguien demande hoy en Cuba la triparticin de poderes ni es un acto cnico ni reflejo de alguien tonto. Responde a una demanda que puede considerarse legtima incluso aunque no se comparta, como es mi caso. Expliquemos ambos puntos para mayor claridad.

El socialismo promete al pueblo todo el poder. Sin embargo, no ha podido generar modelos democrticos legtimos y autnticos que revolucionen la gestin de la vida pblica. Por la razn que sea, ni siquiera cuando la URSS como potencia ostent suficiente podero militar y econmico como para imponer sus propias visiones, fue capaz de generar las alternativas que hicieran frente a la clsica triparticin de poderes asumida como bastin del capitalismo.

Cuba, por ejemplo, asumi a todas luces una versin desmejorada de la propuesta de Montesquieu. Modificaciones ms o modificaciones menos, ah estn claramente los tres poderes. Salvo por el artculo constitucional donde se establece que el Partido Comunista es la fuerza dirigente superior de la sociedad, el resto de la estructura adoptada es claramente la misma que se ha asumido en el continente.

El denominado como poder popular, si bien est muy bien establecido en el ordenamiento jurdico, apenas tiene un carcter nominal. No es ms real y efectivo el poder de decisin del ciudadano de a pie en Cuba que en cualquier otro sistema de gobierno en cualquier otra parte del mundo.

La solicitud por tanto de la aplicacin de la separacin de poderes en un pas como el caribeo muestra con claridad que el actual sistema mediante el cual se gestiona la vida pblica no responde a las demandas y necesidades reales (al menos no a las de todos los cubanos). Sobran los ejemplos.

Por otra parte, ya lo hemos dicho con claridad, tampoco es que el modelo de Montesquieu venga a resolver ningn problema por s mismo. No lo ha hecho en ninguna parte del mundo ni lo har. El asunto es de personas y no de planteamientos tericos. Ni la triparticin ni el modelo griego de democracia ni ningn otro va a resolver las carencias mostradas en la gestin del poder en Cuba.

Se requiere un sistema y una estructura autnticamente cubanas, resultante de la experiencia histrica y cuya primera y genuina manifestacin parta del soberano, el nico capaz de reconocer lo que necesita y requiere en cada momento histrico. Urge repensar el modelo de gestin nacional, actualizarlo y adecuarlo a los tiempos que corren. No se trata de americanizarlo ni europeizarlo, sino convertirlo en estructuras funcionales y tiles para el presente y el futuro del pas. En eso no hay ni tontera ni cinismo. 

Eduardo Prez Otao es Licenciado en Comunicacin Social por la Universidad de La Habana y Maestrante en Comunicacin por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de Mxico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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