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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-12-2005

Explotacin de cuerpos y explotacin de la naturaleza

Carlos X. Blanco
Rebelin


EXPLOTACION DE CUERPOS

El "metabolismo" entre el hombre y la naturaleza consiste, en realidad, en una matriz compleja de interacciones que se pueden estudiar como objeto apropiado de una "ecologa humana", antes de la emergencia de la formacin social dentro del curso general de la historia. Esta ecologa humana es un subapartado de la ecologa natural genrica, justo hasta el momento en que la aparicin de jefaturas polticas y estados, y su concomitante fenmeno, la sustitucin de la mera caza de hombres por el fenmeno blico, permite al estudioso entrar en investigaciones histricas propiamente dichas. As pues, la estructura etnolgica de los pueblos, sometida hasta cierto momento (variable segn la formacin concreta) a la matriz de relaciones ecolgicas, se inserta en un flujo de causas estrictamente histricas. Dentro de la historia no (solamente) natural del hombre ya hemos de contar con la apropiacin energtica del trabajo humano ajeno. La guerra nace por la escasez de recursos, o por el ansia de botines. Dentro de los recursos y botines puede encontrarse, desde luego, el territorio y cuanto en l se comprende. Y aqu, tras la conquista, se da la apropiacin de hombres. La relacin entre hombre y naturaleza no acaece ya por mediacin comunitaria, sino por efecto de la esclavitud y por procesos de domesticacin de otros hombres. Las guerras, las jefaturas militares, la organizacin protoestatal, etc. son fenmenos coadyuvantes en este proceso de aprovechamiento del trabajo humano domesticado. La historia del mundo se convierte entonces en la historia de la apropiacin de cuerpos humanos por parte de otros sujetos. Los primeros estados "civilizados", hasta llegar a su culminacin en Roma, van siendo grandes mquinas que, por coaccin y otras tcnicas de control corporal, movilizan la masa ingente de miles y millones de seres humanos. Estos seres domesticados, y el resultado acumulativo de su explotacin, permiten la elevacin de castas militares-aristocrticas y sacerdotales ya enteramente parasitarias y debidamente entregadas al lujo suntuario. La dominacin de razas y pueblos enteros, y, por fin, la explotacin domstica, servil y sexual de la mujer, tienen su origen en esta consideracin estrictamente corporal de los seres humanos capturados y, despus, domesticados. La crianza deliberada de esclavos e hijos de esclavos signific el punto culminante para la historia de la "civilizacin", pues ello supone transcender los mtodos meramente coactivos (postblicos, pudiera decirse) por otras tcnicas de control social que estn en la base de toda organizacin civilizada de la existencia. Aqu, en la consideracin del animal humano como cosa nace la verdadera tcnica social, junto a la socializacin de las tcnicas mecnicas (ya acaecidas muy atrs, en el Homo erectus y en otros tipos de homnidos). La administracin poltica, sumada a los ms diversos mtodos de seleccin de hombres y crianzas, permiten hacer un estado entre aquellos que, por disgregacin fatal, ya han perdido su comunidad. La consideracin del esclavo como mquina que trabaja, y por ende, como cosa productiva y fuente de acumulaciones, no fue la nica. En s mismo, cada cuerpo humano vivo pero apropiado por cada individuo fue un quanto de riqueza, como seala Spengler refirindose al Imperio Romano, con independencia de su efectivo rendimiento productivo. De esta manera, los inmensos mercados de esclavos de la antigedad tienen su contrafigura en el mismo Derecho Romano as como en la ciencia antigua. Una esttica de cuerpos, geomtricamente distribuidos en el espacio, concentrados como en puntos en las manos de hombres ricos y poderosos, masas de carne acumuladas en torno a un punto de poder. El Derecho Romano, precisamente en su tratamiento de los hombres esclavizados como cosas, exhibe a las claras la funcin de todo derecho posterior. Incluso cuando nos las vemos con sus tramos ms decididamente "progresistas", se puede ver que aquello que oculta, niega o pretende superar sigue estando en el espritu y en las sombras de todo el texto. Pues la legislacin que toca a sujetos que, eventualmente no son tomados como tales (como dice Kant, son tomados como medios y no como fines en s mismos) ya habla y reconoce la sombra de situaciones de facto en la cual los hombres son cosas, estrictamente, cuerpos humanos vivientes con todas las posibilidades inherentes a su naturaleza: mquinas productoras y reproductoras, objetos de satisfaccin sexual y diversin, objetos consumibles. La sombra que se pretende expurgar o modificar en la sociedad fue creada histricamente por la misma "mentalidad" jurdica, una suerte de "episteme" dominante que est puesta en marcha por la poltica y la vida productiva de la sociedad antigua. As como en la sociedad productora de mercancas el hombre mismo es, tendencialmente, tratado como mercanca, en la antigua sociedad de cuerpos humanos, la apropiacin, acumulacin, uso y disfrute de los cuerpos humanos es una nota caracterstica. Mucho nos tememos que la evolucin actual del capitalismo tardo, en su fase ultraimperialista, trae consigo la generalizacin cada vez ms tangible y evidente del uso y consumo de cuerpos humanos como motor fundamental de la economa. Los actuales conceptos del derecho y las categoras jurdicas resplandecen todava en las cabezas de los profesores de tica, de los socialdemcratas y de los habermasianos. Pero, esas cabezas todas, junto con los esquemas que albergan, son envases que de continuo desbordan los hechos de la vida social. El trfico de cuerpos humanos que, con inusitada virulencia, reaparece por todo el Mediterrneo, y muy especialmente en el sur de la Pennsula, en pleno siglo XXI no es un hecho nuevo. Es un hecho adaptado al nuevo capitalismo neoesclavista del agro andaluz y levantino. Que truenen y clamen los moralistas contra las nefandas mafias. Pero la misma legislacin que no admite al hombre-cosa, que no admite el trabajo sin derechos laborales, que no admite la existencia (a todos los efectos) de seres que de facto existen, tiene por fuerza que ampliarse hasta el hartazgo por la legislacin no escrita de los moralistas habitantes en el mbito del deber ser.

EXPLOTACION DE LA NATURALEZA

A fines del neoltico ya comienza a verse en ciertos lugares una superacin de las dependencias naturales. De la simple dependencia de una formacin social con respecto a las relaciones ecolgicas se pasa a la aplicacin masiva y forzada del trabajo humano sobre los recursos naturales. Se deja atrs, y en la periferia, el modo de vida aldeano comunitario, plenamente eficaz en lo que hace a la explotacin coordinada de la naturaleza a cargo de varios clanes cordialmente coordinados. Esta fase nueva, blica y apropiadora de hombres-cosa, supuso al mismo tiempo el inicio de una drstica degradacin del medio ambiente en estas primeras sociedades "polticas". La coordinacin militar del trabajo forzado representa un uso acrecentado de recursos ms o menos aprovechables segn el contorno geogrfico: minerales, ros, mar, lluvias, luz solar, suelos, bosques. La degradacin de una parte de la humanidad, sometida a su condicin de mquina para trabajar, fue coextensiva con la degradacin del medio, slo daado severamente en aquellos lugares en que la poblacin escindida en dos, libre o dominada, aument sin cesar. La reproduccin multiplicada de la fuerza de trabajo alter el paisaje, redujo la biodiversidad, oblig al consumo domesticado de plantas, grano, animales, etc. Hoy en da, las tierras baadas por el Mediterrneo son un desrtico reflejo del vergel que otrora debieron ser. El desierto que avanza sin cesar hacia el norte, al igual que los contingentes humanos venidos de Africa, vuelve a recordarnos aquel viejsimo capitalismo agrario que slo se abre camino por gracia y obra de la explotacin de cuerpos. La bomba de natalidad de los pobres es la garanta de los nuevos seores del campo explotado de forma capitalista. La domesticacin de la naturaleza, en suma, fue resultado directo de la domesticacin del hombre. El hombre fue as la primera mquina gratuita (y hoy muy barata) as como capaz de multiplicarse gracias a la sexualidad. La crianza o rapto guerrero de esas mquinas de energa muscular fue la concausa creciente de suelos erosionados, bosques talados, agua distante, escasez de protena animal y de diversidad nutricional. El oriente medio y la cuenca mediterrnea son hoy testigos de aquel proceso que, con extrao entusiasmo, llamamos hoy Civilizacin. El modo de produccin antiguo, de difcil designacin (esclavismo, capitalismo agrario) era no obstante- transparente. Las estructuras imperiales y las dominaciones terratenientes que las apoyaban, exhiban sin ambages a los hombres cultos y a los aristcratas la fiereza de la situacin, y muy pocos debieron sentir asco por aquello que les pareca de todo punto, natural. La peculiaridad de nuestro tiempo capitalista es que ensancha sin cesar la legislacin moral con nimo de falseamiento. Nunca abundaron tanto los tiernos corazones (Solidaridad es la nueva consigna de los buenos), y nunca como ahora aumentaron los sistemas de falseamiento. La falsedad opaca del capitalismo es esencia implicada en su propia existencia. El propio ncleo, profunda base de la totalidad social, es en s una esencia falsificadora. El ser del Capital es su disfraz:

"Es la consecuencia lgica de la alienacin propia del modo de produccin capitalista, que define el capital no como una relacin social (que se expresa en la tasa de plusvala, de explotacin, sino como una cosa) [...] Para suprimir la heterogeneidad del capital-cosa, la economa vulgar se ve obligada a tratar el capital como una sustancia misteriosa (...)" [1]



[1] Samir Amin, Imperialismo y Desarrollo Desigual, Fontanella, Barcelona, 1976, p. 148



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