Portada :: Brasil :: Brasil en lucha con Lula
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2018

Un paralelo entre la historia de Brasil y la historia de su mayor lder histrico
Lula para principiantes

Pablo Gentili
Pgina 12


Brasil no es para principiantes, sostuvo con su potica despiadada Tom Jobim.

Entender este pas exige una inmensa capacidad de imaginacin sociolgica. El Brasil de hoy conserva sus marcas histricas, la sociognesis de un pasado que revive da tras da en la prepotencia de sus lites, en la persistencia de sus estructuras esclavistas y en un sistemtico desprecio hacia la democracia y hacia los derechos de casi todos sus habitantes, transformados en extranjeros dentro de una nacin sin patria.

La historia de Brasil ha sido modelada a golpes y engalanada por narrativas indulgentes que han pretendido explicar lo inexplicable. En definitiva, aunque todo funcione mal, Dios y la alegra son brasileos. Qu ms se puede pedir?

Un pas cuya independencia fue proclamada por un prncipe, hijo del rey de Portugal, que se consagr emperador constitucional y defensor perpetuo del pas. Una nacin independiente que naci como imperio. Un imperio que permanece hasta hoy gobernado por sus dueos.

As, la democracia ha sido una excepcionalidad en la historia brasilea. A falta de democracia poltica y social, Brasil invent la democracia racial, una ficcin doctrinaria que bien podra haber servido para construir el imaginario de una sociedad igualitaria, pero que se transform en el mito que oculta un racismo institucional que transforma a millones de seres humanos en sujetos del desprecio y la exclusin. En la segunda nacin con mayor poblacin negra del planeta, la historia la escriben los blancos, el poder y la riqueza la acumulan los blancos, las oportunidades las secuestran siempre los blancos. Los blancos, esos que viven indiferentes ante la violencia y la segregacin de los ciudadanos y las ciudadanas silenciados, invisibilizados, abandonados: pobres, negros, campesinos, indgenas, mujeres y nias violentadas, violadas, seres humanos sin techo, sin tierra, sin nombre, sin derechos.

Brasil, un pas continental, repleto de golpes. Y de mentiras. Cuando el rgimen militar derroc al presidente democrtico Joo Goulart, en 1964, prometi restablecer el orden institucional en apenas un da. Permaneci en el poder 21 aos. El primer editorial de diario O Globo, despus del golpe, sentenciaba: resurge la democracia.

Y la democracia resurgi, pero dos dcadas ms tarde, sustentada en una ley del olvido y de la impunidad frente a los crmenes militares. Nadie sera juzgado. Nadie condenado. El poder se deleg en un presidente elegido de forma indirecta, sin el voto popular, que muri antes de asumir el cargo, transfiriendo as el mandato a un cacique inexpresivo y gris, con aspiraciones de poeta mediocre y heredero feudal de una de las regiones ms miserables del pas. La democracia quiso resurgir, pero no pudo.

Recin en 1989 se realizaran las primeras elecciones presidenciales desde 1960. Durante casi 30 aos, Brasil haba conseguido vivir al margen de la ms diminuta e imperceptible democracia representativa. Sus lites, sin embargo, explicaban que el perodo de excepcin dictatorial haba constituido un verdadero milagro, y as comenz a ser llamado el particular proceso por el que una nacin que lleg a crecer ms de 30% en apenas un ao, pudo transformarse al mismo tiempo en una de las sociedades ms injustas y desiguales del planeta.

La ruptura

La historia brasilea desde los aos 90 es, ms o menos, conocida. Fernando Collor derrot a Lula con el apoyo solidario de la Red Globo. Collor fue destituido y asumi Itamar Franco, que no hizo casi nada, aunque era bonachn y sola fotografiarse cerca de muchachas sin ropa interior, lo que hizo pensar a muchos que se trataba de un buen presidente. A Itamar lo sucedi el prncipe de los socilogos, Fernando Henrique Cardoso, que tambin derrot a Lula y exigi que, quienes conocan su pasado, olvidaran todo lo que haba escrito. En 1998, Lula volvi a ser derrotado por Fernando Henrique, que adems de avanzar en un plan de privatizaciones, nunca revirti y, en algunos casos, empeor las ya deterioradas condiciones de vida de los ms pobres. Durante sus dos mandatos, la pobreza creci o se mantuvo estable, alcanzando, en 2002, al 31,8% de la poblacin. Ese ao, Lula ganara finalmente las elecciones presidenciales.

El ocaso del gobierno Cardoso signific el agotamiento o, por lo menos, el profundo deterioro de un modelo de acumulacin y dominacin que haba imperado desde la transicin democrtica. A pesar de la crisis del rgimen, las lites brasileas confiaban en que Lula no significara una amenaza a sus intereses corruptos y mezquinos. Razones tenan. El ex lder metalrgico, haba escrito una carta al pueblo brasileo en la que prometa no amenazar la riqueza y las propiedades de los ms ricos, sino desarrollar un programa de inclusin social que sera beneficioso para el pas. Si le creyeron porque no les quedaba otro remedio o porque confiaron en que, finalmente, lo haban derrotado, no podremos saberlo. Lo que s sabemos es que el ex lder metalrgico no minti y desarroll un indito programa de reformas sociales cuyos resultados fueron excepcionales.

La pobreza baj significativamente, reducindose en 12 aos ms del 73%. La llamada pobreza crnica pas del casi el 10% al 1%. Todos los sectores sociales aumentaron sus niveles de ingreso. Los ms ricos, por ejemplo, 23%. Pero los ms pobres, 84%. Brasil dej de ocupar el humillante mapa del hambre de la FAO, ampliando oportunidades y condiciones de bienestar hasta entonces inimaginables entre los sectores ms pobres del pas.

Pero los grandes indicadores sociales, educativos y econmicos, en definitiva, el excelente desempeo de su gobierno, no fue lo que dot a Lula de inmenso reconocimiento y aprobacin. Lo que lo transform en un verdadero mito, en una personalidad de culto y admiracin por parte de los sectores populares, fue el carcter fundacional que adquiri su mandato. Los pobres pueden no codificar la sociologa o la economa con los encriptados cdigos tericos de los intelectuales, pero no por eso son menos sutiles y perspicaces a la hora de comprender su propia realidad social.

Los pobres saben, por ejemplo, que el ingreso tiene que ver con sus capacidades y oportunidades de bienestar. As, operacionalizan esta evidencia en indicadores muy concretos, por ejemplo, tener o no acceso a mayores y mejores niveles educativos, tener posibilidades de acceso al crdito que permite comprar una casa propia o algunos bienes de consumo bsicos, tener energa elctrica, cloacas, agua potable y, cuando exageran en sus aspiraciones de bienestar, poder viajar a visitar sus seres queridos en avin.

Todo esto, que constituye un inventario de derechos y oportunidades bsicas en cualquier repblica moderna, nunca haba estado al alcance de millones de brasileos y brasileas. El gobierno de Lula, y posteriormente el de Dilma, ofrecieron, por primera vez, la oportunidad efectiva de sentirse ciudadanos y ciudadanas a un inmenso contingente de personas que haban sido despreciados, descartados y humillados por unas lites que fingan desconocer su existencia como sujetos de derechos o como simples seres humanos con necesidades elementales nunca satisfechas.

Lula vino a reparar esta injusticia histrica. Y lo hizo con una enorme capacidad de gestin y ejerciendo un fuerte liderazgo poltico, dentro y fuera del pas.

La avasalladora fuerza de Lula tom de sorpresa a unas lites indolentes e ignorantes que suponan que un obrero metalrgico sin instruccin universitaria fracasara en su afn de dirigir los destinos de la dcima potencia econmica del planeta.

En una dcada, Lula y Dilma, redujeron en 53% el dficit de acceso a la vivienda digna. Construyeron ms de 1 milln 700 mil casas populares, universalizaron el acceso a la energa elctrica (en un pas con una inmensa desigualdad energtica), aumentaron significativamente el porcentaje de domicilios con acceso a agua, duplicaron la matrcula universitaria, construyeron ms universidades y escuelas tcnicas que en toda la historia del pas hasta el 2002. Todas estas polticas fueron el resultado de poner a los pobres en el centro del presupuesto nacional, beneficiaron especialmente a la poblacin rural, a las mujeres, los jvenes, las comunidades indgenas y la poblacin negra.

Si quisiramos entender Brasil con ojos argentinos, aunque con enormes diferencias y especificidades histricas, deberamos pensar que Lula cumple un papel mucho ms cercano al que Pern ejerci desde 1946, que al de Nstor Kirchner desde el 2003, ante la crisis del 2001. El presidente Kirchner tuvo un papel excepcional en fundar las bases de una repblica construida sobre los pilares de la igualdad, los derechos humanos y la justicia social. Lo hizo con una gran capacidad de gestin, gobernando un pas en ruinas, pero teniendo como referencia un imaginario y una historia que pretenda ser recuperada o refundada.

Lula no. Lula es el fundador. El gran arquitecto democrtico de un Brasil, que nunca existi.

La poderosa y contundente consigna de que la patria es el otro, es la emotiva sntesis de una dcada de realizaciones que hemos conquistado colectivamente. La sntesis que gana sentido y referencialidad en un pasado comn y se encarna de manera viva en la necesidad de construir un nuevo presente. Es el pasado que se proyecta y se espeja en nuestros grandes lderes democrticos histricos (Yrigoyen, Pern, Evita, Cmpora, Alfonsn), as como en las vctimas de la dictadura y en nuestras heroicas madres y abuelas. Es el futuro posible, ante la existencia de un pasado real.

Ms tarde

Brasil no tuvo ese pasado. Ni ningn otro comparable. Medio siglo ms tarde que la Argentina, Brasil cumpli el mandato que muchas veces les ha cabido en Amrica Latina a los gobiernos populares: ser las administraciones que instalan, construyen y defienden un orden republicano, modernizador y democrtico, frente a la barbarie predatoria que imponen unas lites del atraso que siempre parecen tener nostalgia de la Edad Media.

Lula funda el Brasil republicano. Es el lder que no est dispuesto a aceptar que no haya espacio para todos y todas en un pas de iguales. Y el que, sin tapujos ni remordimientos hipcritas, no tiene miedo de decir que aspira a que todos vivan mejor, que los pobres puedan comer bien, vivir bien, tener sus hijos en las universidades, ser propietarios de las casas en las que viven. Lula no aspira a ser un hippie con onda, predicando una crtica desenfocada a los bienes de consumo. Porque sabe que de ellos depende la posibilidad de hacer de la vida digna una oportunidad efectiva y no una falsa promesa.

Por qu el juez Moro encarcela a Lula sin otra prueba que su propia conviccin? Porque ha sido la estrategia que el poder financiero (improductivo y predatorio), el gran monopolio comunicacional que es la Red Globo, y sectores polticos conservadores (entre ellos, el del ex presidente Fernando Henrique Cardoso) han encontrado para acabar con lo que creen ser un antecedente inaceptable para ese Brasil egosta y mezquino cuyos privilegios siempre han preservado. No aceptan que Lula vuelva al poder. Creyeron que el golpe contra Dilma Rousseff lo hundira. Se equivocaron. Ahora creen que, encarcelndolo, podrn silenciarlo. Tambin se equivocan.

Quieren acabar con ese metalrgico porfiado y persistente que parece no estar dispuesto nunca a rendirse y entregar las armas de la dignidad, la confianza en la poltica y la certeza en el valor de las movilizaciones populares. Pero tambin quieren acabar con todos los Lulas que estn por venir. Quieren acabar con lo que consideran un virus fatal contra sus privilegios y su impunidad corrupta: la posibilidad de que muchos y muchas puedan pensar que, si alguna vez un metalrgico sin escuela, nordestino y pobre, pudo gobernar el pas, otros y otras como l podrn hacerlo.

Estn encarcelando a Lula, encarcelan una idea. Aspiran a encarcelar el futuro. No podrn. No habr espacio en las crceles para esa multitud de hombres y mujeres libres, que seguirn luchando por la construccin de un futuro que les pertenece y nadie podr robarles.

Pablo Gentili es secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/106706-lula-para-principiantes


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