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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2018

Un bufn en la Moneda

Arturo Alejandro Muoz
Politika


Es posible ser un buen gobernante a la vez que payaso egocntrico y centro de las burlas? Sebastin Piera se ha propuesto eso como forma de vida: mucho antes de alcanzar la primera magistratura ya haba causado estropicios dignos de una pelcula cmica, aunque varios de ellos constituyeron delitos calificados.

Las Piericosas han dejado de ser chistosas o humorsticas. De un tiempo a esta parte muchos chilenos se inquietan de los patinazos del presidente de la Repblica. La preocupacin azota a aquellos ciudadanos que en una u otra medida apoyan al actual gobierno derechista. Quienes tienen participacin directa en la actual administracin tambin deben sentir un extrao cosquilleo provocado por el disgusto y el temor, aunque no lo exterioricen.

Disgusto y temor de qu? De constatar que muchas de las opiniones respecto de Piera, vertidas por la gente en la calle y en las redes sociales, tienen asidero real. El temor apunta a que poco a poco cada da con ms fuerza se hace carne en la poblacin la idea bastante razonable de que el presidente tiene un cortocircuito en sabe Dios qu zona de su cerebro.

Ha ocurrido que un mandatario dirija un pas mezclando seriedad con farndula y egocentrismo, pero en los casos conocidos termin siendo un fiasco absoluto. Recordemos al lamentable ex presidente ecuatoriano Abdal Bucaram, o al rumboso ex mandatario brasileo Fernando Collor de Mello, para aquilatar cun peligrosa resulta tal mixtura, no slo para el mandatario sino para el pas en general.

En Europa, Silvio Berlusconi (cuya figura poltica-empresarial muchos chilenos asocian con Piera) ya prob el amargo sabor de ese trago, y no se requiere ser analista poltico a objeto de barruntar las razones del por qu termin mucho peor de lo que l y sus cada vez ms escasos partidarios esperaban.

En el caso que nos ocupa (y preocupa), sabemos que don Sebastin financieramente hablando es un especulador favorecido con la estupenda red social de su hermano Jos, ministro de la dictadura. Centenares de empresarios le deben a la tirana, (y a Pinochet, particularmente) toda su riqueza actual. Adems, para que sus actividades bolicheras pasen desapercibidas a los ojos de las masas, don Sebastin no slo cuenta con el irrestricto y cmplice apoyo de los medios de prensa conservadores: sus adlteres han sabido disfrazar sus turbios negociados con una capa de inefable y meditica estulticia.

La estulticia es espontnea o responde a un estudiado y malvolo plan? La pregunta es pertinente: al destacar el payaseo del mandatario cubren con el polvo del olvido lo acaecido en el Banco de Talca, la sancin de la Superintendencia de Valores y Seguros; las elevadas multas a LAN en USA (cuando Tatn era gerente de la aerolnea); el Caso Chispas, el Pieragate, la colusin de las Farmacias, el escndalo por intervencin presidencial en la ANFP para desbancar a Mayne Nichols y dejar a Bielsa entre la espada y la pared; las torpes y mitmanas declaraciones en la ONU; las increbles y falaces respuestas de Piera al cantante Roger Waters, sus falsas aseveraciones de haber sido profesor en la universidad de Harvard, sus vergonzosas opiniones durante la visita a Chile del entonces presidente Barack Obama, sus inaceptables metidas de pata en algunos de sus viajes al exterior (v.gr., en Alemania: Deutschland, Deutschland, ber alles), su pretensin de ser descendiente de un emperador inca, sus oscuras maniobras en el caso Bancard-Exalmar, y un largo etctera.

Queda en suspenso y sin respuesta la duda principal. Sebastin es un payaso egocntrico y algo desquiciado, o un especulador financiero fro y decidido? Esa es la cuestin.

Cualquiera sea la respuesta, estulticia natural o mero teatro, bipolaridad o variacin luntica, da cuenta de la falta de cordura del mandatario chileno. La mitomana, las contradicciones y las torpezas de todos conocidas (y su enfermiza recurrencia), parecen elementos suficientes para que un pas algo ms civilizado y democrtico que el nuestro, le hubiese retirado del importante cargo que ocupa, o que al menos se plantease la cuestin. Le ocurri a Bucaram, a Collor de Mello y en alguna medida, a Berlusconi.

Piera y asociados, en cambio, confan en la cmoda pusilanimidad del pueblo chileno

En nuestro pas a diferencia de Italia, Ecuador o Brasil no hay coraje para desestibar a un gobierno desquiciado. Por muy extrao y poco cuerdo que sea el comportamiento de quien encabeza el Estado.

En resumen, la derecha empresarial y el bloque de la coalicin ChileVamos estn apostando todas sus fichas a un supuestamente inagotable aguante del pueblo.

2018 Politika | [email protected]



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