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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2018

A propsito de la entrevista a I. Errejn: La reforma ms importante es introducir orden
Cambio dentro de un orden?

Antonio Antn
Rebelin


Iigo Errejn es uno de los dirigentes polticos e intelectuales progresistas ms sugerentes de este momento. Sus aportaciones son siempre un motivo de reflexin, especialmente en estos momentos de bloqueo poltico y necesidad de una clarificacin discursiva y estratgica para el cambio poltico y despus de un ao de su alejamiento de la primera lnea expresiva. Ms all de una valoracin ms general y detallada, estos son solo unos comentarios rpidos a cuatro de sus ideas expresadas en la citada entrevista editada en diario Pblico (4-4-2018), en relacin con su propuesta de orden, la pertenencia nacional y la soberana popular, el sentido del populismo y la hegemona institucional.

En primer lugar, qu sentido tiene apropiarse (y resignificar) significantes utilizados por la derecha con un significado definido como ORDEN frente a desorden neoliberal?. Est bien intentar adjudicar el desorden (popular, social y territorial) al poder neoliberal o conservador y exigir proteccin pblica y seguridad vital (orden) para la gente comn y sus vidas. El problema es que ese significante est asimilado cultural y polticamente a las derechas en cuanto reflejo y gestin de autoridad institucional, lites y estructuras sociales dominantes con el resultado de la subordinacin popular (ordenada) e impuesta bajo el imperio de la actual hegemona institucional liberal-conservadora.

Por tanto, cuando menos, es una referencia ambivalente, de doble sentido, si no se especifica bien su carcter y su funcin en este contexto determinado. Como bien se dice, hay que definir un horizonte claro con un contenido de certidumbre vital para la mayora social. Pero ello significa definir el modelo socioeconmico e institucional, los objetivos estratgicos y el proceso relacional. Lo podemos definir siguiendo el programa poltico de las fuerzas del cambio para esta legislatura, en el que el autor tuvo un papel destacado: cambio democrtico-igualitario y transformacin progresista del sistema econmico-institucional dominante que alumbre una democracia social y econmica, ms justa, solidaria y segura para la sociedad. Habra que desarrollar ms su sentido poltico-cultural de avance cvico: la idea fuerza de cambio (de progreso) frente a continuismo (liberal-conservador) (y ms all del slogan Sonrisa de pas).

En el texto no est claro si la prioridad por el orden subsume, desplaza o complementa esas ideas fuerza de cambio de progreso y democracia social, aunque en el mbito ideolgico-cultural aparece como una nueva alternativa. En todo caso, habra que precisar qu condiciones hay que ordenar (o regular), para quin se reclama (los de abajo y su precariedad) y frente a quin (privilegiados de arriba y su orden y dominacin), as como cundo y para qu (para el proceso de activacin popular y conquista institucional y/o gestin gubernativa); son aspectos que se citan pero que quedan en un segundo plano.

En la tradicin poltica convencional se han utilizado otras expresiones para definir horizontes de una sociedad ms justa e integrada, que son menos problemticas: (socioliberales) cohesin social, seguridad social, bienestar pblico u orden (garantas) democrtico, as como una idea fuerte de bien comn (aristotlico) o el ideal republicano (democrtico e ilustrado) (que cita); por no utilizar la tradicin democrtica de las izquierdas y su modelo de sociedad: justicia social, democracia social avanzada, Estado de bienestar, derechos y garantas sociales y laborales, sociedad libre e igualitaria...

Existen tambin otras referencias ambivalentes como estabilidad o consenso poltico muy valoradas mediticamente pero ligadas al concepto de orden hegemnico del poder establecido y la supuesta neutralidad institucional, y no siempre encaminadas al bienestar social.

Adems, la palabra orden (nuevo) est asociada histricamente a la doctrina nazi-fascista (frente al desorden democrtico-liberal y de las izquierdas de entreguerras) y a los regmenes autoritarios o conservadores. Y la est rescatando la nueva derecha extrema europea.

Estamos ante una fuerte pugna poltico-cultural. La necesidad de un proyecto alternativo definido, de un modelo socioeconmico e institucional diferenciado del bloque de poder dominante, es clara. Pero los esfuerzos de la resignificacin de orden pueden ser baldos o contraproducentes.

Es verdad que la gente necesita orden (seguridad) en sus vidas, no un sistema econmico e institucional autoritario o una normalizacin poltica basados en el orden hegemnico actual, es decir, obediente al poder establecido y sin oposicin cvica o conflicto sociopoltico. O sea, es imprescindible una fuerte participacin ciudadana, el respeto a la diversidad y el pluralismo y una democracia fuerte que garanticen el bien comn o el bienestar social de las mayoras populares. Pero antes que la continuidad del actual orden (institucional y econmico-laboral), se necesita cambio (social y poltico).

La consecuencia de priorizar el orden, aunque sea solo en el campo cultural, es que se difumina el objetivo y la dinmica del cambio del orden institucional real existente por un nuevo reequilibrio o transformacin del poder a un nuevo sistema ms justo, libre y seguro. La realidad del poder y la dominacin es dual. No vale una expresin satisfactoria para ambas partes en conflicto. Su significado est vinculado socialmente a la experiencia popular de su sentido poltico para la mayora ciudadana, reaccionario o de progreso.

La tarea poltica alternativa, por tanto, sera construir una dinmica y experiencia de cambio, una prctica relacional confrontada con las lites dominantes que generan subordinacin, desigualdad, explotacin y precariedad, es decir, destruccin, conflicto, desarraigo o desorden popular. Y, adems, dotarse de una justificacin discursiva y una nominacin clarificadora de un nuevo modelo social. Sin que el motor constructivo sea un horizonte ambiguo, sino una experiencia compartida que avance hacia un objetivo con un significado claro para los intereses y demandas cvicas y un sentido democrtico-igualitario.

La segunda idea problemtica es asociar lo populista con la dinmica hacia la PERTENENCIA NACIONAL, no de clase, popular o cvica que aparecen en segundo plano. Inicialmente, construir pueblo frente a las lites es una polarizacin democrtico-popular anti-oligrquica similar a la lucha de clases o el conflicto social. Ahora se pasa de esa idea previa hacia una posicin de pueblo-nacin, transversal entre las capas populares con los grupos de poder (de la nacin) y sin adversarios.

Frente al individualismo extremo, el desarraigo social y la subordinacin en las estructuras sociales tradicionales es imprescindible reforzar los vnculos sociales, el sentido de pertenencia e identidad colectiva y el talante democrtico e igualitario. Los lazos comunitarios no necesariamente derivan hacia dinmicas nacionalistas. No obstante, en el texto el momento populista se justifica por el ascenso de los movimientos nacionales. Y la alternativa es la soberana popular en una Europa renovada (y ecolgica) basada en un New Deal (nuevo trato o contrato social).

Aqu las respuestas se quedan cortas respecto a dos cuestiones cruciales. Una sobre las tendencias principales: la cogobernanza o integracin solidaria y democrtica en la construccin de la UE, embarcada en la recomposicin de una nueva lite dominante europea (bajo hegemona alemana y de las derechas) con las tensiones, acomodos y reajustes inevitables, pero con el horizonte de una democracia dbil y poco social y solidaria. Otra sobre la alternativa de una democracia social avanzada o, como mnimo, de una Europa ms justa, solidaria, democrtica e integrada, superadora de los nacionalismos excluyentes y del cosmopolitismo (o europesmo) ingenuo y subordinado al ncleo de poder liberal-conservador.

Pero, desde el punto de vista fctico, la realidad y la tendencia dominante es el fantasma del populismo? Por otro lado, hay tambin un embellecimiento de la construccin nacional: Hay algo potencialmente popular y democrtico en la reunificacin de las pertenencias nacionales aunque es fundamental el matiz 2): instituciones para preservar el pluralismo poltico.

En tercer lugar, est bien diferenciar y definir la pugna entre dos populismos distintos, aunque Errejn resalta su diferenciacin por su esencialismo o constructivismo, no tanto por su sentido poltico: reaccionario y democrtico-progresista. Podramos hablar de populismo de derechas y de izquierdas (Ch. Mouffe), o de populismo de clases dominantes y clases dominadas (E. Laclau); aunque tambin existen populismos centristas-liberales, nacionalistas (o estatistas) y de extrema derecha (o autoritarios) y extrema izquierda (o soviticos) As, el populismo no es una ideologa ni una orientacin poltica sustantiva definida, y es compatible con (casi) todas ellas.

El POPULISMO es, sobre todo, una lgica poltica de polarizacin, sin definir el sentido y la estrategia poltica de los dos campos contrapuestos. Por ello debe ir acompaado de una orientacin estratgica, una vinculacin sociopoltica y una dinmica relacional especficas. As, hay que hablar de populismos en plural, muchos contradictorios entre s por su carcter sustantivo. Esa lgica de confrontacin de dos actores nosotros/ellos-, sin precisar su sentido poltico (progresista o reaccionario) no debera ser el eje principal clasificatorio de las tendencias poltico-sociales. El incentivo es dar por supuesto que es la tendencia ganadora en la historia y que refuerza la representacin de ese campo. Pero es dbil para legitimar un liderazgo o una teora transformadora por lo sustancial, su carcter democrtico-igualitaria.

No obstante, en cuarto lugar, aun con ese elemento parcial de recomposicin de la representacin poltica, que no del poder econmico, el interrogante es el presente y futuro inmediato de la HEGEMONA institucional y poltica. Pero la tendencia principal en Europa no es la desaparicin o la posicin subalterna de la representacin tradicional liberal-conservadora, con los nuevos apoyos centristas o socioliberales, y su prdida de hegemona institucional a favor de otros actores (populistas, de un tipo u otro). Y la respuesta (parece) es que no, al menos a corto plazo y aunque se difumine la continuidad del poder establecido y haya reequilibrios diversos.

Por tanto, s existe una amplia deslegitimacin popular de las clases polticas dominantes, incluso del propio proyecto europeo, y es evidente su necesaria recomposicin apelando al pueblo (y/o la nacin), o sea su relegitimacin; pero el ncleo dominante de la UE y su proyecto neoliberal se estn reforzando.

Para seguir con el principio de realidad, la dinmica principal parece que va ms bien por la consolidacin del bloque de poder establecido europeo y su representacin poltica en torno a la tradicional y renovada lite dirigente: Merkel -hegemnica- con acompaamiento negociado- de SPD y Macron; es decir el gran centro-derecha y la subordinacin nacional y de clase del resto de lites perifricas y del sur, incluido la socialdemocracia, con su ambivalencia ante su encrucijada. No obstante, la mayor subordinacin y contencin es hacia sus mayoras ciudadanas, sus demandas y las fuerzas democrticas y de progreso. Y ello aun con la presin, por un lado, del populismo de derecha extrema, las dinmicas disgregadoras, autoritarias, xenfobas y nacionalistas, que pugnan por un reacomodo, y por otro lado, de la necesaria activacin del bloque progresista, alternativo o de izquierdas que necesita un horizonte (un modelo y una estrategia) ms preciso y slido.

Las fuerzas del cambio son insuficientes hoy para garantizar una alterativa institucional, especialmente gubernamental y europea. Hay que transformar la situacin masiva de desigualdad y precariedad y evitar la consolidacin de la involucin social y democrtica. La alternativa de progreso y cambio democrtico exige firmeza y cooperacin para desplazar la hegemona institucional de las derechas. Pero dos no cooperan si uno no quiere, o impide un acuerdo equilibrado o exige un sometimiento a la otra parte. Es uno de los nudos a desatar y el dilema de la direccin socialista: gran centro continuista (naranja) o acuerdo de cambio de progreso (morado). El cambio debe ser sustantivo, aunque sea limitado y lento. Y puede desarrollarse mejor en el mbito municipal y autonmico. El avance progresista en ellos ser la condicin para abordar mejor la prueba de fuego de cambio gubernamental. Bienvenido sea el comienzo de este debate estratgico.

Antonio Antn. Profesor de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid. Autor de El populismo a debate (ed. Rebelin): http://www.rebelion.org/docs/234831.pdf

@antonioantonUAM

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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