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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-04-2018

En apoyo a Rommy Arce
Cuando se disiente, se protesta; cuando se odia, se ponen querellas

Pedro Lpez Lpez
Pblico.es


El odio, como el amor, es un sentimiento humano que ningn cdigo penal va a evitar. Ni se puede obligar a amar ni se puede prohibir odiar. Todos hemos odiado a jefes, compaeros de trabajo, lderes polticos o sindicales, personajes pblicos o personas de nuestro entorno. Es inevitable, no se puede decretar la abolicin del odio y tipificarlo en el cdigo penal. Esto no obsta para que algunos grupos que han sido objeto de odio colectivo (judos, gitanos, homosexuales, mujeres) gocen de proteccin, habida cuenta de experiencias histricas que muestran cmo han sido objeto de estigmatizacin calificndolos de ladrones, degenerados, criminales hasta conseguir que su hostigamiento e incluso su exterminio sea tolerado por el cuerpo social ms extenso porque este los percibe como infrahumanos, y por tanto carentes de derechos. As, los genocidios han contado con el recurso de estigmatizar antes de exterminar. Parece normal que calificar perversamente a un colectivo o a un individuo por su pertenencia al mismo sea castigado, dada la dilatada experiencia de genocidios que tiene la Humanidad. En ese contexto es comprensible y deseable que los colectivos vulnerables obtengan una proteccin que evite que puedan ser agredidos grave e impunemente.

Cosa distinta es que nuestro gobierno del PP vaya estirando jurdicamente la nocin de odio hasta alcanzar a cualquier expresin disidente un poco subida de tono. Tampoco es que sea un invento pepero, el PP no inventa nada, no hace ms que seguir la estela de represin que se va extendiendo por toda Europa y Estados Unidos. Eso s, el PP es alumno aventajado en todo lo que se refiera a represin, igual que en lo que se refiera a hacer negocios turbios con lo pblico (la conspiracin contra lo pblico debera ser delito, pero este delito ni est ni se le espera en el cdigo penal, habr que esperar a una sociedad justa) y a otros estropicios sociales.

Subidos a la ola de represin cuya cobertura viene dada por los delitos de enaltecimiento del terrorismo, humillacin a las vctimas del terrorismo, ofensa a los sentimientos religiosos e incitacin al odio, que se van estirando como el chicle, algunas asociaciones, sindicatos y otros grupos, cuya agresividad denota con excesiva frecuencia un odio sdico hacia sus crticos, se han aficionado a poner querellas contra todo el que los cuestione, sea por va de argumentos, sea por va de canciones, sea por va del humor.

Algunos ejemplos pueden ilustrarnos. No parece que los gobiernos israeles, que supuestamente representan a la poblacin israel, tengan mucha simpata por los palestinos, a los que si no odian, lo parece bastante. Sin embargo, son ellos los que acusan de odio y de terrorismo a los palestinos. Los gobiernos israeles cuentan con la solidaridad de los aparatos judiciales en diversos pases, como el nuestro. As, pudimos leer en la prensa hace pocos meses que la fiscala consideraba que un acuerdo aprobado por Comproms, PSOE y Canviar Xeraco-Podemos llamando al boicot de los productos israeles poda ser constitutivo de un delito de odio. Y la fiscala se qued tan ancha, as son los torquemadas de la justicia.

Pero la justicia espaola, que tiene no dos sino varias varas de medir, no considera que haya nada parecido al odio cuando el obispo de San Sebastin compara con el Daesh a un grupo que no le resulta muy simptico los pederastas?, no!; los corruptos?, no! Se trata de los ateos radicales. Yo, que soy ateo desde hace muchos aos, no tengo ni idea de qu es ser ateo radical, pero tengo alguna idea de lo que son los catlicos radicales o los musulmanes radicales., ambos adversarios de cuidado. Estos pueden asesinarte, los otros pueden arruinarte la vida con una querella, y eso que predican el amor al prjimo, como si los no religiosos no furamos capaces de amar al prjimo, y sin poner querellas a los que nos odian.

En una entrevista de Cristina Fallars a Lidia Falcn en este mismo peridico el pasado 31 de marzo, esta matiza muy bien la diferencia entre una amenaza y un mal deseo hacia una persona. Si dices a alguien explica- te voy a matar, puede haber un delito claro de amenazas, pero si dices me gustara verte muerta, la cosa cambia radicalmente, y considerar esta expresin delito es entrar en un terreno irrespirable para la libertad de expresin.

Una de los ltimos episodios de nuestro bien engrasado aparato judicial (aunque en algunos asuntos parece que se atasca con mucha facilidad) es llamar a declarar a la concejala de Ahora Madrid Rommy Arce por unos comentarios en unos tweets que suscribiramos decenas de miles de personas, pero que a varios sindicatos policiales les parecen constitutivos de delitos de injurias, calumnias e incitacin al odio. De paso, se querellan contra Monedero y contra Ramn Espinar, este ltimo por decir que no hemos estado a la altura de los Derechos Humanos en cuanto a tratamiento de inmigrantes.

De continuar por este camino, los sindicatos policiales, poco dados a aceptar las crticas de los ciudadanos ante posibles abusos policiales, pronto empezarn a poner querellas a relatores de Naciones Unidas, al Defensor del Pueblo y a todo lo que se les ponga por delante, porque, de hecho, las actuaciones policiales abusivas y que reflejan racismo institucional han sido recogidas en informes de rganos de Naciones Unidas, de Amnista Internacional, de SOS Racismo e incluso de Critas y otras organizaciones defensoras de los derechos humanos. Un estudio de la Universidad de Valencia en colaboracin con varias instituciones constataba el racismo y la xenofobia institucional en las identificaciones policiales por rasgos tnicos. Es un estudio de 2013, quizs algn sindicato policial debera querellarse por incitacin al odio, aunque la querella se complicara: habra que querellarse con la editorial que lo public, con el coordinador del estudio, con las instituciones que lo financiaron (Universidad de Valencia, Generalitat Valenciana, HURI-AGE). Cmo es posible que la justicia acepte a trmite una querella de este tipo?

No s si algn miembro de estos sindicatos que han denunciado estaba tambin en el grupo de whatsapp que hace unos meses salt a la prensa por unos comentarios que rezumaban algo ms que odio contra la alcaldesa de Madrid y otras personas. Como ejemplo: Ojal sea ella una de las vctimas la prxima vez. Ella y el indeseable de su marido [esto, tras los atentados de Catalua], a lo que aade otro simptico compaero: Su familia primero xfavor, seguido de otro mensaje lleno de cordialidad: Ojal explote la sexta con todos ellos dentro q ese da este tambin pablo iglesias y rufian [reproduzco los mensajes tal cual, sin corregir la ortografa]. El juzgado de instruccin nmero 42 de Madrid no vea delito en estas conversaciones, parece ser que el juez era un amante de la libertad de expresin de estos policas. Seguro que la mayor parte de sus compaeros tampoco vean ah ms que sana libertad de expresin.

Los colectivos vulnerables pueden ser estigmatizados por rasgos tnicos, por orientacin sexual, por gnero lo que no vemos en ningn sitio es el odio por profesin, como quiere nuestro ministro de interior y nuestros cuerpos policiales, adems de las jerarquas eclesisticas. Uno puede tener expresiones de odio hacia los peluqueros, los taxistas, los carniceros o los toreros, y no hay rastro de delito en ello, pero cuidado con odiar a policas, guardias civiles, militares o religiosos. A qu viene esta hiperproteccin en una sociedad pretendidamente democrtica? Sin embargo, estos mismos ofendidos quieren barra libre para odiar a Carmena, a Garzn, a Espinar o a Rommy Arce. Lo grave no es esto, lo grave es que cuenten con la connivencia de la justicia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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