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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2018

Lula, destructor del hambre

Carlos A. Villalba
Rebelin


Sonren,se reconocen, muchos se abrazan; tienen historias compartidas, situaciones horribles y pequeos milagros disfrutados en conjunto. Representan el trabajo humanitario en Latinoamrica y el Caribe y estn en So Paulo, la ciudad ms rica de Amrica Latina, segn su PIB en trnsito a triplicarse para 2020 y la tercera de las Amricas en poblacin, con 21.893.053 de habitantes con su periferia agregada, solo superada por las multitudes de Nueva York y Ciudad de Mxico.

Es un da nublado en ese marzo de 2007 y el mundo humanitario de la regin deambula por los pasillos del Memorial de Amrica Latina, un conjunto de seis edificios que configuran una de las obras ms impactantes de la ciudad y de la obra de Oscar Niemeyer, el arquitecto que dom el hormign a fuerza de curvas.

Pasaban cosas en la regin, y en Brasil -desde el primer da de 2003- un obrero metalrgico haba iniciado su trabajo de empujar fuera de la pobreza a 29 millones de personas, la proeza de reducir la desigualdad en un pas como el suyo, desparejo hasta el horror, y lograrincluso que la clase media pasara a constituir el 51% de la poblacin.

En el Auditorio Simn Bolvar se discuta sobre las respuestas conjuntas a los desastres y la forma de fortalecer a los sectores ms vulnerables de la sociedad. Nadie era ingenuo en ese lugar y en ese momento de la Historia y consideraban a la pobreza es la madre de todas vulnerabilidades; proclamaban que ningn desastre es natural, sino producto del modelo de produccin de cada sociedad, desencadenado, solo en algunos casos, por eventos que pueden serlo; apostaban todas sus fichas a la organizacin y a la participacin de la comunidad en la bsqueda de soluciones de largo plazo y en la respuesta a los problemas de coyuntura y reivindicaban a la asistenciahumanitaria contra la asistenciadirigida, pregonada en ese momento, como en la actualidad, por Estados Unidos, su Comando Sur y su IV Flota.

Empalmar las mangueras

Uno de los expositores baj del podio, afloj el nudo de la corbata que estaba muy poco acostumbrado a usar, busc con la mirada al responsable brasileo de asistencia humanitaria, vio que asenta con la cabeza y sali del saln. Haban quedado en encontrarse en el bar del Memorial, que herva en charlas que se daban en los idiomas de los cinco continentes; el portuol era el puente entre el brasileo y el argentino. Pidieron el centsimo caf del seminario y esperaron, hablando de cualquier cosa.

Lo vieron entrar, gigantn, el representante regional del organismo encargado de distribuir alimentos entre las poblaciones carenciadas del mundo y las afectadas por guerras, huracanes, terremotos, inundaciones, deslaves llegaba con unos minutos de atraso, empapado de transpiracin, con su sobrepeso estrujado en su traje de funcionario internacional. Su cometido era lograr una donacin significativa de granos para su organizacin; Brasil iba a hacerla, en realidad iba a dar continuidad a una prctica profundizada desde haca cuatro aos.

Sentado como embajador de una potencia mundial, con la economa nacional trepando hacia el techo del mundo que solo ocupan los volmenes de Producto Bruto de China, Estados Unidos, India y Mxico, el brasileo plant el inters de su pas en ser proveedor de alimentos del sistema de las Naciones Unidas, adems de ser donante. Solidario, quera, adems, jugar en las grandes ligas del sistema mundial y hacer respetar el esquema productivo de su pas.

Del otro lado de la mesa, estaba el comisionado del mayor organismo de ayuda humanitaria que lucha contra el hambre en todo el mundo, con una distribucin anual de alimentos superior a los 3 millones de toneladas, comprados o recibidos en donacin de 92 pases y una inversin anual cercana a los 5.500 millonesde dlares, una cifra superior al Producto Bruto de pases como Liechtenstein, Barbados, Liberia, Cabo Verde, Repblica Centroafricana, Andorra, Belice, Guinea-Bissau, Islas Caimn o Groenlandia.

Los dos jugadores de ajedrez conocan las reglas, pero lo disimulaban. El representante de la mole internacional quera pactar un nmero y cerrar el acuerdo, comprara tantos miles de toneladas, a determinado precio y cerrado el trato, las famosas planillas excel que imperan en los nuevos gobiernos de la regin y en el sistema de las Naciones Unidas. El delegado de un pas soberano, ms interesado en ayudar a que su pueblo comiese, por lo menos, dos veces al da, estaba decidido a incluir en la negociacin las nuevas caractersticas inclusivas del modelo que impulsaba el gobierno del presidente Lula, que en la lucha contra la desigualdad rompi con lgicas establecidas en el mercado de produccin y comercializacin de alimentos.

El 84,4% de las explotaciones agrcolas del pas estn en manos de la agricultura familiar que en 2014 por ejemplo, produjo el 37% del PIB del sector agropecuario. Hasta ah lleg la negociacin y empez la discusin, primero terica, luego logstica. Uno aceptaba incluir a Brasil en el esquema de compras del organismo global, con adquisiciones a gran escala a las gigantescas exportadoras granarias (Norberto Odebrecht, Bunge Alimentos, BRF Foods, Cargill. Louis DreyfusCommodities, JBS Friboi, NideraSementes, Coamo, Minerva, Caramuru, Marfrig, Souza Cruz, entre las primeras 100 empresas del pas). Un gran cheque, gigantescas bolsas, decenas de barcos, palo y a la bolsa.

Del otro lado del tablero lo frenaron, la venta se compondra de modo proporcional a los porcentajes de produccin de cada sector; ah terciaba la agricultura familiar, con un 37% del PIB del sector agropecuario, gracias al trabajo de los 4.367.902 de unidades agrcolas familiares, 84,4% del total.

Lo entendieron, y le presentaron el siguiente obstculo. Cmo vamos a hacer para acumular miles de toneladas que traern tambin miles de campesinos en bolsitas?, fue la pregunta-rechazo, de un sistema que no incluye como variable de su modelo de negocios la participacin activa e igualadora de un Estado. Sencillo, nosotros nos encargamos de limpiar, controlar la calidad, acopiar y embalar los granos; despus se cargan, claro pero imposible de comprender.


Ah intervino el hasta ese momento silencioso tercero, fue una suerte de traductor, ya no entre un chino y un latino, sino entre dos sistemas que no se complementaban. De un lado el internacional, que quera enchufar una manguera gigantesca para chupar la compra de una vez y del otro el lulista, que respetaba a las campesinas y campesinos productores, sin dejar a nadie afuera por pequeo que fuese su aporte. A la tara conceptual se agregaba la incomprensin del papel del Estado como igualador, como rampa para que los sectores con menos posibilidades puedan subir las escaleras.

El arquitecto que amaba las nubes

La negociacin lleg a feliz trmino, ese boceto de acuerdo subi hasta los mximos niveles de una y otra parte y se suscribi el acuerdo; Brasil seguira con sus aportes solidarios para paliar las consecuencias de los desastres socionaturales, mantendra el apoyo a los programas internacionales que fomentasen su propuesta de hambre cero y se convertira en proveedor de alimentos del sistema de la ONU, con respeto a su propio modelo productivo.

Quedaron cinco tazas de caf vacas y tres botellas de agua aniquiladas en la mesa del bar del Memorial. Los negociadores ajustaron sus corbatas y volvieron a los salones diseados por Oscar Ribeiro de Almeida de NiemeyerSoares, ese mestizo tpicamente brasileo, segn su propia definicin, que dedic ese edificio a Amrica, bajo el doble emblema del Parlamento Latino y de la Mo, la escultura monumental de una gran mano que sangra, herida con la forma del cono sur americano.

Al Viejo le hubiese gustado ser el cuarto de esa mesa; entre lo amigos que siempre destac en pblico se contaron el presidente Juscelino Kubitschek, Fidel Castro, el poeta Pablo Neruda, el poeta y msico Vinicius de Moraes y Lula da Silva de quien reivindic su compromiso con los meninos da rua, con las mejoras de la vida en las favelas y por el empeo puesto en lograr para Brasil el campeonato del mundo de ftbol de 2014 y los Juegos Olmpicos de 2016 en Ro de Janeiro, concretados poco despus de su fallecimiento, el 5 de diciembre de 2012.

El maestro que vea cielos, formas efmeras o vapores de agua sobre los lienzos en los que trabajaba y a los que trataba de extraerles propuestas y diseos, como Miguel Angel a los mrmoles de Carrara en los que les encontrel David o La Piedad, fue un hombre vital como pocos; cuenta la ancdota de un ingeniero argentino que lo visit pocos aos antes de su muerte que trat de ser corts y lo alent con un ya quisiera yo llegar a su edad con su vitalidad; seco, Niemeyer le reconoci apenas con un s, pero usted puede coger.

Operaciones

Lo que aqu se relata, todo real, fue apenas un escarceo poltico y tcnico entre un modelo global de ayuda humanitaria sin integracin de las comunidades, convertidas en actores reales de la construccin de herramientas y de su propia agenda social, sin participacin y ni organizacin popular- y las propuestas de uno de los gobiernos de esa etapa que, junto a la Argentina de la redistribucin de rentas, el Ecuador de la Revolucin Ciudadana, la Bolivia Plurinacional y la Venezuela Bolivariana, traccion las mayoras hacia una vida mejor.

El jefe y motor de esa experiencia brasilea hoy est entre rejas, por la mera conviccin de una justicia que no encuentra pruebas pero sabe a quienes debe encarcelar para que el vivir bien que pregona el Papa Francisco no vuelva a tener gestores de peso. El Programa Mundial de Alimentos sigue distribuyendo ayuda, sin preocuparse por los mecanismos igualitarios de distribucin; puede contabilizar las toneladas de alimentos que arroja desde un avin pero no est en capacidad de contar la cantidad de personas que lo recibieron. Los dos pases representados en aquel bar, trabajaron en conjunto durante una dcada tratando de incorporar a las comunidades al proceso de distribucin integral de la ayuda humanitaria y de los mecanismos de seguimiento y monitoreo; en el caso argentino la propuesta cuaj en una propuesta denominada Almacn San Joaqun, en referencia a la localidad del Departamento de Beni, Bolivia, afectado por las inundaciones en 2007.

Tanto cambi la coyuntura en pocos aos que hasta en una provincia argentina, la nortea Salta,gobernada por Juan Manuel Urtubey, se vivieron las mismas escenas que en la guerra del Golfo o que se repiten en los pases ms pobres de Africa cuando se arrojaron bolsas de comida desde un helicptero a integrantes de diversas comunidades y pueblos originarios, abandonados a su suerte en la localidad de Las Vertientes, una de las zonas castigadas por las inundaciones en marzo de 2018.

En los lienzos del tiempo actual, tipos como Niemeyer, seguramente encontraran las seales de la construccin de nuevos edificios sociales poblados por las mujeres, los hombres y los nios ms humildes de la regin, los miles de Lula que nacen y nacern a partir de las 22 del sbado 7 de abril de 2018.

Carlos A. Villalba es periodista y psiclogo. Investigador argentino asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico. Fue coordinador general de Cascos Blancos, organismo de Asistencia Humanitaria Internacional del gobierno argentino entre 2003 y 2013.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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