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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2018

Sin vergenza (o de emociones, moral y poltica)

Jos Mara Agera Lorente
Rebelin


No s si vivo en un pas serio lleno de personas tristes o en un pas triste repleto de personas serias
(Javier Prez Andjar en el programa A Vivir que son dos das de la Cadena SER)


En textos pasados he mostrado mi visin crtica sobre los efectos que un exceso de emotividad puede causar en el mbito de la vida pblica. De acuerdo con un digamos modelo de concepcin ilustrada de la democracia entiendo que se debe procurar abordar las cuestiones y conflictos polticos al nivel que sea segn un enfoque racional, el cual en principio debiera facilitar el dilogo y el consenso en el que basar las soluciones que buscamos y los proyectos que contribuyan a una mejor convivencia. Ahora bien, esto no me impide asumir la obviedad de que el ser humano es, por naturaleza, emocional pues los afectos son los estados de nuestra psique a travs de los cuales evaluamos las diversas situaciones por las que nos hace atravesar la multitud de avatares que la vida nos presenta; asimismo no se puede soslayar la evidencia del enorme poder de las emociones para impulsar la accin de los individuos que las experimentan. Esa su tendencia intrnseca a la accin en ciertos afectos ms que en otros est implcita en la propia etimologa que parcialmente comparten emocin y motivacin que las vincula al movimiento (motus), o sea, a la accin.

Quiere decirse que hay que contar con las emociones para lo bueno y para lo malo; hay que saber reconocerlas, valorarlas en lo que tienen de vnculo primordial con la vida y en lo que pueden suponer de lupa distorsionadora de nuestra percepcin y juicio respecto de la realidad. No se puede pretender desde un racionalismo simplificador y trasnochado que uno puede colocarse ms all de la afectividad, porque sta, al final, opera sobre nosotros lo reconozcamos o no. El balance entre la emotividad y la racionalidad es irrenunciable si se quiere gozar de una vida inteligente, es decir, una vida buena, y sospecho que es un componente integrante de eso que desde la filosofa prctica ha sido siempre un ideal: la sabidura.

Puede ocurrir que falle el juicio en su vertiente racional a la hora de la toma de decisiones que da origen a muchas de nuestras acciones? Claro que s; y entonces la emocin tiene que acudir a rescatarnos del error en que podramos incurrir. En la pelcula de 2015 titulada Irrational man Woody Allen nos pone magistralmente ante el hecho de una desorientacin de la razn que conduce al personaje un profesor de filosofa nada menos, es decir, un seor intelectualmente sofisticado a cometer un asesinato. Cuando reconoce su culpa ante una alumna que lo admira, sta admite que no tiene forma lgica de demostrarle por qu est mal lo que ha hecho, pues efectivamente el sujeto que ha eliminado era un mal bicho por lo que el crimen que ha cometido se podra considerar una buena obra. Al justificarse el homicida diciendo que matar a ese hombre era lo ms razonable ella le replica: no puedo rebatir tus argumentos, pero no tengo que pensar en nada, porque siento que eso no est bien. En efecto, cualquiera ha tenido la ocasin de experimentar ese sentimiento del que brota la expresin eso no est bien. Este sintagma marca una valiossima frontera moral, siempre revisable ciertamente, siempre objeto de crtica y hasta de controversia, sobre todo en sociedades tan dinmicas como las nuestras actuales en las que las veloces innovaciones tecnolgicas nos colocan ante novedosas opciones cuya valoracin seguramente no se puede realizar aplicando sin ms los esquemas morales tradicionales. De todos modos, en muchas de las ocasiones en las que esas cuatro palabras son pronunciadas no sabra decir si las ms o las menos lo que las respalda es un sentimiento o conjunto de sentimientos, no razones; compasin, culpa o vergenza sustentan una valoracin que se precisa inmediata y poderosa capaz de conducirnos a proceder moralmente. No son argumentos, pero tienen un indudable valor prctico y son imprescindibles en toda sociedad si se quiere que sus individuos puedan identificar, sin necesidad de tener que confeccionar una tesis doctoral sobre tica, esos principios cuyo seguimiento mayoritario mantiene en buen nivel sus mnimos ticos. Son las que el filsofo noruego Jon Elster, en su libro Tuercas y tornillos, llama emociones intensamente sociales y a las que atribuye un rol importante en la operacin de las normas sociales. Son ellas las que en primera instancia previenen contra el riesgo de impunidad ante conductas lesivas contra el bien comn. Tras la vergenza y la culpa est el temor a la punicin, a la mirada de los otros que solidariamente constituyen la comunidad moral. Como Elster seala certeramente: Las emociones importan porque nos conmueven y perturban y porque mediante sus vnculos con las normas morales estabilizan la vida social.

Quiero reparar ahora en la vergenza, a la que el autor citado le dedica suculentas pginas en otro libro suyo repleto de sutilezas que lleva por ttulo Alquimias de la mente. En l esa emocin social que es la vergenza se disecciona certeramente a mi modesto entender, sealndose que lo que la despierta es algo que normalmente genera en otras personas el desprecio, el escarnio o el aislamiento. Quiere decirse que, de alguna manera, se requiere la presencia de los otros explcita o implcita para que esa emocin brote (tambin valdra imaginarse expuesto a los otros para experimentarla). Cito de nuevo a Elster, certero y sin dejar lugar a dudas: En el caso de la vergenza, existe una conexin causal entre lo que otras personas realmente sienten y lo que el agente siente. En cuanto a la tendencia de accin asociada a esta emocin, el impulso inmediato es el de esconderse, huir, achicarse cualquier otra cosa para evitar ser visto. Si uno no puede huir el suicido puede ser la nica solucin. Ahora bien, siendo esta la tendencia automtica o primaria, reconoce el filsofo noruego y con l yo creo que todos con la suficiente experiencia moral que caben otras reacciones como el intento de reconstruirse o mejorarse a uno mismo. A veces, la vergenza puede desencadenar una conducta agresiva, como forma de recuperar el equilibrio de condiciones del agente respecto de los otros; es decir, como seala Bernard Williams citado en el susodicho libro: Humillando a otra persona, uno puede intentar defensivamente reparar y, comparativamente, incrementar el sentido de vala personal hecho aicos. Igual que cuando un animal se ve atrapado, atacaremos sin ms remedio al no existir escapatoria posible, aunque el primer impulso siempre sea salir corriendo.

Estos das estamos siendo testigos los ciudadanos de este pas del ensimo episodio de palmaria inmoralidad que se representa en el escenario poltico. Nosotros, espectadores atnitos y perplejos, vemos cmo una persona que est al frente de una institucin pblica de gobierno regional miente descaradamente, sin el ms mnimo indicio de sonrojo. Es verdad que, cumpliendo con la tendencia de accin primaria propia de la vergenza que seala Elster, la seora Cristina Cifuentes estuvo desaparecida y muda durante algunos das; quiz lleg a sentir vergenza, pero ya lleva bastantes das durante los cuales su conducta es una contundente prueba de lo atinado del anlisis de Williams, cuando advierte de que quien ha sido cazado en su nuda deshonestidad puede muy bien reaccionar con el ataque. En el caso de la interfecta, dirigido contra la prensa digital, la oposicin poltica, y todo ello acompaado de una estrategia retrica que tiene por finalidad culpar nicamente a la Universidad Rey Juan Carlos de todo lo que huele mal en relacin a su archifamoso mster.

Pero y si en verdad no siente vergenza ninguna? Recordemos que Elster dixit en el caso de esta emocin la causa de que la seora Cifuentes pueda sentirla reside en qu sienten realmente otras personas respecto de lo que ella ha hecho. He aqu la clave a mi juicio. Basta con or las declaraciones de sus compaeros de partido y ver el abrazo con el que le ha obsequiado el jefe del mismo en la fiesta que celebraron todos el fin de semana en Sevilla para saber lo que siente realmente esa gente que ella tiene como grupo de referencia. No ha lugar, pues, a la vergenza.

Ello tiene un coste para la ciudadana de este pas en trminos de debilitamiento de los lmites morales y, por ende, de prdida de estabilidad, pues recordemos son los vnculos entre las emociones como la vergenza y el cumplimiento de las normas los que otorgan estabilidad a nuestra vida social, ahorrndonos entre otras cosas conflictos que nos quitan fuerzas para entregarnos a los proyectos que nos mejoran.

Nuestro nclito presidente del gobierno, que siente que el asunto del dichoso mster de la seora Cifuentes representa una polmica bastante estril, asegura cada vez que tiene oportunidad que Espaa es un pas serio; lo que tengo por incompatible con ser una sociedad sin vergenza. O s?

Jos Mara Agera Lorente es catedrtico de filosofa de bachillerato y licenciado en comunicacin audiovisual.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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