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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2018

La irrompible alianza PP-C's
La mentira ms verdadera o el cuento de la mujer valiente

Santiago Alba Rico
Ctxt

Como la burladora de Stendhal, mientras sostena un papel falsificado en la mano, Cifuentes peda que la opinin pblica la creyera a ella y no a su desnudez clamorosa


Cuenta Stendhal en Sobre el amor la ancdota de un marido que sorprendi a su mujer desnuda y debajo de otro hombre y que, apenas comenz a protestar, se vio descabalgado de su clera por la ms absurda e inesperada de las respuestas: no es lo que parece. Primero tmida y a la defensiva, cada vez ms atrevida ante el estupor del marido, la mujer fue volteando la situacin, contrariada al principio, luego digna, por fin enrabietada, hasta que, vctima despechada, sali de la habitacin furiosamente ofendida: crees ms en lo que ves que en lo que yo te digo. No te lo perdonar jams.

Esto es lo que hoy se llama producir un hecho alternativo, operacin que no opone dos enunciados contradictorios sino que, frente a un hecho incuestionable, convierte un enunciado paralelo en un hecho ms verdadero. En el caso de la mujer sorprendida en brazos de su amante, esa palmaria desnudez ertica ceda su realidad fctica su condicin de hecho ante la acumulacin espumosa de palabras que, amontonadas ante la mirada perpleja del burlado, iban levantando y levantando una montaa, y ello de tal manera que, tras esta transustanciacin, el nico hecho presente en la habitacin, puro y duro, era la indignacin de la esposa, su despecho ante la injusticia conyugal, la falta de confianza del marido. Un hecho tiene muy poca realidad al lado de una emocin valiente, excitada y expansiva.

El caso del mster de Cifuentes cualquiera que sea su desenlace, incierto mientras escribo estas lneas da la medida de esta ruptura casi antropolgica. No creo que Cifuentes sea una mentirosa. El mentiroso es una figura antigua, un poco enternecedora, cuyas mil variantes se han disputado, durante siglos y en distintos niveles y grados, la libertad radical inscrita en el corazn del lenguaje: la libertad de no decir la verdad. Hay mentiras piadosas, mentirijillas de batalla o de supervivencia, silencios mendaces, mentiras preceptivas y hasta mentiras ticamente superiores. Se puede mentir a un paciente o a un enamorado para que no sufra. Un nio puede mentir para librarse de un castigo y un jugador para engaar a un rival. Se puede callar o mentir como parte inalienable de un protocolo jurdico: al igual que en el tribunal de Osiris, en nuestros tribunales est permitido mentir porque todo derecho garantista entiende que los hechos deben ser probados, no confesados. Y se puede mentir tambin porque a veces, de no hacerlo, el mundo perdera una pizca de luz verdadera, como en el famoso poema de Gabriel Aresti: siempre dir la verdad/me rompern los labios/ pero yo nunca mentir/y si alguna vez/digo una mentira/ ser para que el sol no se oscurezca... o ser digo yo para salvar de la persecucin a un judo, cualquiera que sea su origen; o para no denunciar, ni siquiera bajo tortura, a un hombre justo.

La poltica es esencialmente mentirosa porque se hace con frases; y de hecho no sobrevivira a la transparencia pura. Pero lo que ha hecho Cifuentes no es mentir. Como la burladora de Stendhal, mientras sostena un papel falsificado en la mano, la presidenta de la Comunidad de Madrid peda reclamaba, exiga que la opinin pblica la creyera a ella y no a su desnudez clamorosa. Su valenta indignada produjo un hecho alternativo ms veraz que su fraude universitario: una emocin paralela, sin anclaje en la materia, que se materializaba en su propio enunciado y en la que, por eso mismo, caba mucha ms gente que en cualquier acontecimiento visible y mensurable. Cifuentes es muy inteligente y no se engaa a s misma; no es que, en el calor de su indignada protesta, acabara creyndose lo que deca. Crea en la consistencia fctica de ese calor; crea en ese otro hecho que ella haba fundado con su intrpida lengua de cortar amarras: el de su despecho, su victimismo, su fatigoso desvelo de veinte aos por el bien de los madrileos. Es ese hecho solidsimo y paralelo y no la mentira lo que ovacionaron los militantes del PP en la Convencin Nacional del partido; y lo que emocion humanamente a la propia Cifuentes cuando respondi desde la tribuna a los sin duda merecidos aplausos. Creemos en Cifuentes aunque mienta; creemos en Cifuentes porque incluso sus mentiras son valientes, sinceras y verdaderas. (Y si ahora la dejamos caer no ser por sus mentiras, tan nuestras, sino obligados por el empujn interesado de nuestro rival y aliado: C's).

Este es el radical salto adelante que estamos viviendo y del que las mentiras verdaderas de Cifuentes son slo un indicio ms: hacer poltica no consiste ya en mentir dentro de un orden; no consiste ya en sustituir unos enunciados por otros ni unos hechos por otros; consiste en sustituir un hecho por un enunciado o, lo que es lo mismo, un hecho dbil por un hecho ms fuerte. Es muy grave. La burla performativa de la mujer stendhaliana era, despus de todo, un asunto privado y por ello nos resulta bufa y hasta picante. Su coraje negacionista hizo poco o ningn dao. El caso de Cifuentes (o de Trump) tiene que ver, en cambio, con el fin de la poltica incluso con el fin de la mentira como efecto y condicin de la esfera pblica. Hay gestos, en efecto, para las que hace falta un coraje sobrehumano: para matar a un nio, para violar a un hijo, para prevaricar desde un tribunal de justicia, para mentir desde un peridico; para fundar una verdad ms verdadera, ms all de los hechos, desde la tribuna de un Parlamento. Estos son los gestos que, como el de Prometeo, transforman la civilizacin; imprimen un nuevo giro al mundo; alteran por completo la sensibilidad colectiva y los marcos de consenso institucional que hacen inteligible y seguro el universo comn. Prometeos al revs, nuestros nuevos polticos estos s que son nuevos estn transformando la esfera pblica y esto no es tan nuevo en un charco de ranas intensas, viscosas y vocingleras.

La produccin de hechos alternativos como eje de la novsima vieja poltica es inseparable, como su resultado y su causa, del descrdito de los marcos institucionales (de los tribunales a los medios de comunicacin) y se presenta, a derecha e izquierda, como victoria del irracionalismo antiilustrado y de la afiliacin identitaria. Slo hay algo ms fctico que un hecho y es un sentimiento; slo hay un hecho ms verdadero que cualquier hecho: una emocin. La verdad, deca Berlusconi, no cambia nada; y no cambia nada porque, cuando ya la conocemos y no podemos hacer nada con ella, la verdad ms verdadera pasan a ser las emociones. Es muy importante, sin duda, gestionar polticamente las emociones y el partido que no sepa hacerlo quedar sin demora fuera de juego. Ahora bien, no debe olvidarse que lo propio de una emocin es no distinguirse de otra, salvo en intensidad; y que a igual intensidad son todas igualmente verdaderas. No se puede deducir la verdad del cristianismo de la disposicin de sus primeros secuaces al martirio porque todas las religiones se sostienen en la tendencia fantica al sacrificio. Los linchadores se emocionan sinceramente. Los militantes del PP que ovacionaban a Cifuentes se emocionaban sinceramente. Los mafiosos, cuando celebran las bodas de sus hijas, se emocionan sinceramente; y no menos sinceramente se emocionan los espaolistas y los independentistas en sus respectivos recintos y con sus respectivas banderas; y no menos los solidarios con Palestina que los solidarios con Israel; y no menos las feministas, los anti-racistas y los anti-imperialistas en sus movilizaciones que los machistas y los racistas en sus fraternales cotarros de celebracin supremacista. De una emocin intensa por muy intensa que sea no podemos extraer ninguna diferencia poltica.

As que propongo volver a los hechos: los periodistas a buscarlos, los jueces a definirlos bien, los polticos a incluirlos en sus programas y en sus decisiones. Y todos nosotros a trabarlos con nuestras emociones e incluso, si es posible, a ponerlos al mando de nuestras intensidades (salvo en el ftbol y en el amor, donde podemos, y hasta debemos, prevaricar en favor de cuerpos concretos). Cada vez hay ms gente que se siente buena al margen de los hechos y que sucumbe por ello, a veces con justa rabia, a los hechos alternativos. La justa rabia es, de hecho, el hecho alternativo. En realidad, la poltica de los hechos alternativos de Trump y Macri a Orbn, Le Pen y Salvini consiste en hacer que la gente se sienta buena al margen de los hechos: buena al margen del dolor de los refugiados, buena al margen de las desigualdades, buena al margen de la justicia y sus trabajos incluyentes. No podemos despreciar a esa gente ni su bondad desanclada porque somos, nos guste o no, nosotros mismos; y en ese sentido hay que dar ah tambin la batalla, so pena de entregar el terreno a la derecha destropopulista (iliberal o neofascista) que campa a sus anchas en toda Europa. Pero tenemos que volver a los hechos; coserlos de algn modo al discurso y a las instituciones de manera que no nos equivoquemos, guiados por la intensidad emocional, y acabemos creyendo que el no-derecho es un derecho alternativo y la dictadura una democracia alternativa y Cifuentes -Cifuentes- una universitaria alternativa. Yo soy un poco Lula. Yo soy un poquito Corbyn. Yo soy bastante Yassin Al-Haj Saleh. Y bastante Ada Colau. Y soy no s Ahed Tamimi y Angela Davis. Y soy tambin porque los han encarcelado mediante hechos alternativos y no porque comparta sus emociones intensas Oriol Junqueras y Jordi Snchez y Tamara Carrasco y los otros independentistas perseguidos. Yo no soy Cristina Cifuentes. Las diferencias entre unos y otros, y de todos con Cifuentes, no pueden explicarse a partir de mis sentimientos sino de eso que -antes de HA, antes de los Hechos Alternativos- llambamos Derechos Humanos, democracia y justicia social. En cuanto a la poltica, su tarea debe ser la de trasladar a los cuerpos vivos, y en un contexto social siempre enredado y nunca elegido, todas esas diferencias.

Santiago Alba Rico es filsofo y escritor. Nacido en 1960 en Madrid, vive desde hace cerca de dos dcadas en Tnez, donde ha desarrollado gran parte de su obra. El ltimo de sus libros se titula Ser o no ser (un cuerpo). @SantiagoAlbaR

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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