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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-04-2018

Del mito, de la tica, de la pica y de la esttica

Eduardo Luque Guerrero
Crnica Popular


Asistimos al ltimo o al penltimo acto de un procs que camina entre la tragicomedia y la farsa, una situacin donde la tica poltica desaparece sumergida por el torbellino de la propaganda. An esperamos que alguien explique y se haga responsable de la farsa que supuso hacernos creer que la UE nos recibira con los brazos abiertos, que la ONU nos reconocera o que las empresas o bancos no se iran. Es evidente la falta de la ms elemental tica poltica. sta, que implica siempre memoria y rendicin de cuentas, ha sido manipulada y falseada. Para el independentismo, slo queda un recurso para mantener la tensin social: la apelacin a la pica. Desgraciadamente para unos y afortunadamente para los ms, el comportamiento de la mayora de los encausados se ha convertido en un vodevil por ms que torticeramente se retuerzan los trminos; as, las huidas se convierten en exilios y la bsqueda de la salvacin personal se transforma en astucia poltica. An tenemos fresca en la retina el juramento de los Consellers del gobierno Puigdemont, conjurndose a no dar un paso atrs, a llegar hasta el final a cualquier precio y el conseller Santi Vila abandonando el navo pocas horas despus.

La casta dirigente catalana carece de pica: los rugidos de len, los grandes discursos, los llamamientos a la resistencia, las declaraciones altisonantes, se convierten en maullidos de gatito enfrentados a la judicatura. Las proclamaciones de la Repblica y el llamamiento a la restitucin de los presidentes (ya llevamos tres: Puigdemon, Sanchez y Turull) son siempre simblicas. Aquellos o aquellas que, desde la tribuna de la institucin, anunciaban solemnemente Queda proclamada la Repblica Catalana huyen aterrados, cuando han podido, a refugiarse en un laberinto de legalidades internacionales, pagado seguramente con dinero ajeno. El miedo a perder los privilegios paraliza. Los cargos intermedios del gobierno de la Generalitat, han aceptado (eso s, lacito en la solapa) el dolorossimo artculo 155. Nadie se ha rebelado.

El independentismo ha quedado enredado en sus propios mitos. En voz baja, se reconoce que la actual situacin no tiene solucin de continuidad pero, en voz alta, se siguen haciendo proclamas altisonantes. Las declaraciones de los dirigentes de ERC y el enterrador de CiU (Artur Mas) van en este sentido. Las declaraciones de Artur Mas, proponiendo una salida al estancamiento actual, tienen un mucho de venganza personal, de vendetta poltica. El diputado Juan Tard y Pere Aragons, nuevo hombre fuerte del partido republicano (detenido Junqueras y huida nadie sabe dnde Marta Rovira), apuntan en esa direccin.

Puigdemont se ha convertido en una autntica piedra en el zapato que impide salir del atolladero actual. Sus apelaciones continuas a la resistencia numantina ocultan el miedo a perder la nica baza que le queda: su escao. Sin l sera un preso ms que en muy pocos meses sera olvidado y al que se sacara de procesin cuando conviniese, como al brazo incorrupto de Santa Teresa. El previsible incremento de las acciones vandlicas de la CUP a travs de los CDR abonar la tesis del uso de la violencia. El peligro de enfrentamiento civil si sigue la insurreccin, tal y como seala Iceta, es ms real de lo que parece. Es un argumento que no beneficia en absoluto a los presos que, al igual que la cobarde huida de Marta Rovira, ha significado un agravamiento de las disposiciones contra los que no pudieron huir. El independentismo est transitando del esperpento al cinismo, pasando por la cobarda de algunos de sus lderes, aunque los medios a sueldo pretendan dorar la pldora.

De tanto forzar los trminos, de tanto hacer girar los conceptos en este maremgnum de proclamas y gritos, las palabras y las ideas han dejado de convertirse en referentes de una tica desparecida y van camino de perder tambin su valor esttico (s, las palabras tambin tienen esttica); lo nico que va quedando es el chascarrillo rufianesco, vaco de propuestas, como nico argumento. Desaparecida la tica, slo queda la apelacin a la emocin colectiva, alimentada por los medios afines y el sentimiento victimista. Para una parte de la poblacin catalana, el procs hace tiempo que dej de ser un anhelo poltico para convertirse en una nueva fe con sus ritos, sus smbolos, sus trnsitos y pasos de dolor (ms ficticios que reales) en la esperanza de alcanzar la taca eterna. Se est generando un mito.

Todo esto sera un esperpento digno de Valle Incln si no hubiera provocado tanto sufrimiento personal. Y no me refiero al de los dirigentes polticos procesados, sino al de tantos catalanes que han tenido que vivir en sus familias o en su crculo ms ntimo un enfrentamiento social con tintes de tragedia. Cuntas familias enfrentadas, cuantas amistades rotas! Este es uno de los resultados del procs; el ms evidente, pero no el ms importante.

Ahora comenzamos a intuir lo cerca que la ciudadana estuvo, y est, del enfrentamiento social. Las conversaciones intervenidas a los Mossos, en las que se referan a la necesidad de detener como fuera a la Guardia Civil, incluso usando las armas, o aquellas otras que hablaban de revitalizar Terra Lliure, muestran que el peligro del desbordamiento de la situacin era y es muy real. La ciudadana catalana est dividida casi por la mitad. El Independentismo consigui una flaca mayora parlamentaria, pero no la mayora social a la que aspiraba. Los casos de corrupcin de la casta dirigente precipitaron un proyecto que se vena gestando desde haca dcadas bsicamente por la propia inaccin del Estado.

En la prctica, la falta de un proyecto viable y la carencia de una pica poltica en la casta dirigente es la responsable de la fractura interna del independentismo. Se evidenci en las votaciones del 22 de marzo (el discurso del presidenciable ms pareca un epitafio que un discurso de investidura). La candidatura de Jordi Turull era de entrada una investidura fallida, gracias a la abstencin de la CUP. La fractura del bloque independentista se evidenci. La situacin de parlisis es total. Al independentismo slo parece quedarle la opcin de la huida hacia adelante, pero slo simblica. El propio presidente del Parlament (autntico hooligan del independentismo) se guarda muy mucho de cometer el ms pequeo desliz que lo ponga frente a los tribunales. En esta Espaa, segn ellos, tan profundamente franquista las garantas procesales y el derecho a la libertad de expresin les permiten hablar, manifestarse u organizarse sin que pase nada.

Como ya hemos dicho, detrs de este enfrentamiento farisaico entre supuestas legitimidades, espaola y catalana, se ocultan otras razones, otros objetivos. Es un diseo que se asienta en el reparto del poder entre una casta dirigente (espaola, catalana o vasca tanto da) cuyo objetivo es comn: mantener el estatus quo y las formas de apropiacin y dominacin. Un modelo que funcion durante cuatro dcadas pero que se frustr con la crisis de 2008. La corrupcin y la podredumbre de un sistema poltico basado en el saqueo de lo pblico qued al descubierto y, con ese descubrimiento, la ciudadana pona nombre y apellidos a los responsables.

El ao 2011 representa un salto cualitativo, el 15M hizo temblar estructuras. El 15 de junio de ese ao, Artur Mas y su gobierno hubieron de acceder al Parlamento en helicptero. El movimiento de los indignados no tena la potencia econmica que tienen ahora la Asociaci Nacional Catalana u Omnium Cultural. Las organizaciones de los indignados no eran organizaciones subvencionadas por la Generalitat; eran estructuras sociales con una fuerte conciencia reivindicativa, capaces de sealar a los responsables y mostrar las contradicciones de un sistema que se tambaleaba. La ausencia de una izquierda capaz de ver sus potencialidades como elemento de transformacin, permiti redirigirlo. Fue preciso cambiar el foco. Era obligado gobernar la ira; as aparecieron nuevas fuerzas polticas a derecha e izquierda, que, aunque presuman de ser un cambio, han demostrado no ser ms que un vulgar recambio.

Se hizo necesario disear una enorme jugada de ingeniera social. Segn los datos confiscados a los Mossos d Escuadra (y que se queran destruir en la incineradora del Bess en octubre de 2017), el 25 de noviembre de 2011, se organiz una reunin entre los mximos representantes de CDC, encabezados por Artur Mas, y miembros de Uni Democrtica donde se plante la necesidad de desviar la presin social hacia otros objetivos. A finales de diciembre de ese mismo ao se convoca otro encuentro, al que asistieron, adems de dirigentes de CDC, tres hijos del expresidente Pujol (Jordi, Oriol y Josep). De la nota interceptada por la Guardia Civil a los Mossos descuadra se desprende que son informados un grupo de personas afines a los crculos empresariales, econmicos y de la comunicacin. Segn consta en el documento intervenido, CDC pretenda ocultar todo el entramado de cobros de comisiones (los denominados caso 3% y caso ITV). Este proceso, iniciado por CDC, tena como prioridad tejer alianzas con la patronal Femcat, con destacados miembros de la Judicatura y de la Fiscala. As mismo participaban la Iglesia y partidos polticos como el PNV. El papel de los sacerdotes trabucaires y la jerarqua catlica merecen un anlisis aparte.

En ese momento ya haba aflorado la corrupcin de CDC en el caso Palau. Durante el mandato de Pujol (1999-2003), CiU haba obtenido no menos de 6.6 millones en concepto de comisiones ilegales. Para Juan Martn Seco la corrupcin tiene en Catalua caractersticas propias puesto que es sistmica. Hay un proceso simblico. El nacionalismo ha servido de tapadera a la corrupcin y sta ha servido para hacer pas. La crisis evidenci el desfalco que se ha producido en lo pblico. El gobierno de Artur Mas, que haba firmado con el PP el pacto de estabilidad, se mostr como un alumno aventajado y suscribi los mayores recortes sociales de la historia reciente de Catalunya. La situacin social se tensa. El gobierno convergente se tambalea, Artur Mas se saca un as de la manga y propone un Referndum de autodeterminacin para el 2012. El procs inicia finalmente su andadura. Tiene bases fuertes: una importante financiacin, la mayor parte proveniente de las arcas pblicas. Tiene estructuras policiales y parapoliciales que le permiten acciones de inteligencia y contrainteligencia. Se efectan seguimientos a dirigentes de la oposicin, al propio ministro del interior y al delegado del gobierno en Barcelona. Se cuenta con el apoyo de sectores de la patronal, que aseguran una financiacin paralela. Los medios de comunicacin son puestos al servicio de la causa, sin rubor, sin disimulo, la televisin catalana, abandonada todo veleidad de neutralidad, acta como un ariete meditico, las cifras que llegan a cobrar los voceros de la prensa asombran.

El procs est permitiendo la aparicin de una nueva clase poltica. Asistimos a un relevo en las fuerzas que han de gestionar el modelo neoliberal en nuestro pas. Ciudadanos se dibuja como la fuerza poltica destinada a mantener la hegemona de la derecha. La falta de definicin de la izquierda, en especial de Podemos (ahora sus dirigentes dicen transitar hacia el peronismo), sus vaivenes continuos, su posicionamiento en Catalunya a favor de la independencia; en definitiva, su falta de claridad y visibilidad poltica han desorientado completamente a su electorado, ayudando indirectamente al crecimiento de Cs no slo en Catalunya sino tambin en el resto del estado. Los sectores populares no se reconocen en una fuerza poltica que apoya al independentismo, que ahonda la ruptura social y el discurso supremacista que le acompaa. Podemos, cuyos dirigentes se muestran tan rigurosos con el PP en materia de corrupcin, no han tenido ningn escrpulo en situarse al lado de Convergencia y prestar su colaboracin al secesionismo cuando lo ha necesitado. La postura de Podemos es en realidad una impostura. Pero todo esto no es slo responsabilidad de una nica fuerza poltica. Los vaivenes del PSC con sectores perfectamente intercambiables con CiU, ha tenido una enorme responsabilidad en este proceso. Pascual Maragall dibuj un proyecto muy similar al soado por la derecha nacionalista, ERC o ICV siguieron la estela marcada. Los tripartitos de izquierdas no representan, en el aspecto nacional, ms que la continuidad del proyecto diseado en su momento por Jordi Pujol y lo que l representa. Su silencio frente a los casos de corrupcin de los que se tena constancia (Acaso el tripartito no saba del saqueo del Palau? Acaso ignoraba los negocios de la presidenta Marta Ferrusola y sus hijos?) es clamoroso. La rectificacin de Maragall frente a Artur Mas sobre la denuncia del primero por el 3% ejemplariza como la poltica social se ha supeditado en los ltimos aos al valor simblico de lo nacional.

La situacin se cosifica. El escenario no se mueve. El PP quiere asegurar una baza electoral mostrando a Puigdemont descendiendo en Barajas como detenido. Los ministros de Rajoy se hacen presentes en las procesiones ms insignes de Semana Santa. Se pretende con este giro frenar la hemorragia de votos hacia Ciudadanos y fidelizar a su voto ms conservador. El enfrentamiento con el Independentismo cataln le es til en esta coyuntura al igual que a la derecha catalana, que ha podido doblegar el movimiento popular y ocultar su responsabilidad en el saqueo de Catalua. Todos salen beneficiados. Hasta cundo?

Eduardo Luque Guerrero. Licenciado en Pedagoga y Psicopedagoga.

Fuente: http://www.cronicapopular.es/2018/04/del-mito-de-la-etica-de-la-epica-y-de-la-estetica/



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